Tema Central – La Melodía Secreta: Un Poeta En El Laberinto De La Política

La Melodía Secreta: Un Poeta En El Laberinto De La Política

Sobre su más reciente investigación, la biografía del líder político caucano Natanael Díaz (1919-1964), el sociólogo e investigador Luis Carlos Castillo concedió esta entrevista especial para La Palabra – WEB y Radio -, en la que destaca los hitos más sobresalientes de su periplo como político, abogado, periodista y poeta. Castillo lo valora como una de las figuras políticas de la negritud más importantes que tuvo Colombia durante la primera mitad del siglo XX.



Por: Redacción La Palabra




Natanael Díaz (1919 – 1964), político, abogado, periodista y poeta caucano.


Darío Henao (D.H.): ¿Quién fue Natanael Díaz? ¿Cuáles fueron sus actuaciones más importantes en la historia de nuestro país en la segunda mitad del siglo XX?

Luis Carlos Castillo (L.C.C.): Después de esta investigación de largo aliento, llevada a cabo a lo largo de casi dos años, habiendo consultado un volumen grandísimo de documentos tanto de orden periodístico como también en libros, gacetas, periódicos y entrevistas en profundidad sobre la vida y obra de Natanael Díaz, podemos concluir que Natanael fue una de las figuras políticas más importantes de la negritud que tuvo Colombia durante la primera mitad del siglo XX; incluso un poco más, pues murió el 14 de julio de 1964. Es una de las figuras más brillantes, sin duda, de aquella generación de negros que salieron a la luz pública en la década de los años 1940, con un conjunto de acciones y de producción intelectual y poética que hoy estamos descubriendo en la Academia, que nos permiten concluir que fue uno de los grandes personajes del siglo XX colombiano.

Natanael Díaz nació el 25 de abril de 1919, en un pequeño poblado de antiguos esclavizados al norte del departamento del Cauca, en una vereda que se denominaba Hueso de Pata, en la zona rural de lo que actualmente es el municipio de Villarrica. Ese asentamiento de antiguos esclavizados fue el resultado de la descomposición de la hacienda esclavista de trapiche de la segunda mitad del siglo XIX. Era una gran hacienda, tal como fue la Hacienda de Japio, tal vez la hacienda esclavista de trapiche emblemática de lo que se llamó en su momento la Gran Provincia de Popayán, porque esa hacienda esclavista se originó en las tierras que en su momento, durante el período colonial, la corona entregaba a los conquistadores por haber desarrollado las luchas de exterminio de la población indígena. Esta hacienda esclavista se mantuvo cerca de tres o cuatro siglos, pues inició en el siglo XVI y concluyó hacia el siglo XX. Esta hacienda esclavista, en su momento de esplendor, estuvo constituida por cerca de 1300 hectáreas y pudo tener hasta más de 1000 esclavizados laborando. La estirpe de los Díaz y sus ancestros nacieron en el seno de esa hacienda esclavista, y por ello Natanael es uno de los descendientes de esclavizados de esa gran estirpe que se originó en esa hacienda esclavista de Japio y en el asentamiento en el cual nació Natanael, en Hueso de Pata, asentamiento derivado de una de las haciendas esclavistas llamada Quintero, que fue una subdivisión de la gran Hacienda de Japio.

Natanael fue nieto de María Crisóstama, mujer cuya madre había sido esclavizada y que tuvo en su cuerpo las huellas de la carimba; hijo de Arcelia Díaz, la hija de María Crisóstoma. Nació en una de esas fincas del campesinado negro que se constituyeron como tal durante la segunda mitad del siglo XX. Natanael, pues, hay que tenerlo muy claro, fue un descendiente de esclavizados, pero fue el más brillante de la estirpe de los Díaz y de la generación de hombres negros del norte del departamento del Cauca. ¿Por qué? Porque alcanzó extraordinarios logros desde el punto de vista político, literario y también del movimiento de la negritud en Colombia. Natanael estudió derecho laboralista en la Universidad Externado de Colombia y realizó estudios de filosofía en la Universidad Javeriana en Bogotá. Fue representante a la Cámara durante tres periodos críticos de la historia nacional: entre 1945 y 1947, representando a la fracción popular del liberalismo de izquierda; entre 1949 y 1951, como representante del gaitanismo, y entre 1960 y 1962, representando a la gente negra del norte del Cauca, periodo este último en el cual fue vicepresidente de la Cámara de Representantes, hecho significativo porque fue el primer hombre negro del siglo XX colombiano en ocupar dicho cargo, que ya había sido ocupado por el negro de origen guajiro Luis Antonio Robles en la segunda mitad del siglo XIX.

Natanael se destacó como pensador y militante radical de la negritud y de las vertientes políticas radicales del liberalismo popular. Esto es muy importante tenerlo en cuenta: fue uno de los precursores del movimiento de la negritud en Colombia. Fue íntimo amigo y compañero de lucha de Manuel Zapata Olivella durante más de veinte años y también compartieron el interés por la literatura, en particular por la poesía, pues Natanael fue uno de los más destacados poetas negros de la primera mitad del siglo XX colombiano. En su vibrante autobiografía titulada ¡Levántate Mulato! Por mi raza hablará el espíritu, Manuel dice que Natanael fue el precursor de la negritud, y sin duda, tenía toda la razón cuando le otorgó ese título honorífico. ¿Por qué podemos afirmar que Natanael fue el precursor de la negritud? Creo que por dos razones centrales. En primer lugar, porque ejerció un activismo político intenso desde 1940 en pro de la negritud y en contra del racismo; y en segundo lugar, porque pensó políticamente el gran problema de la discriminación racial tanto en el continente como en Colombia, al igual que los problemas de la democracia y la relación de esta con la raza tanto en América Latina como en Colombia y en Estados Unidos.

D.H.: Cuéntanos sobre el Día del Negro, que estuvo precedido por la carta de Natanael al vicepresidente de Estados Unidos Henry Wallace, sobre su importancia y significación.

L.C.C.: Esta carta contribuye a que Natanael sea considerado el precursor de la negritud en Colombia. En efecto, hacia el mes de abril de 1943, vino a Colombia el vicepresidente de los Estados Unidos, Henry Wallace, como parte de una gran gira que hizo por Centroamérica y América Latina para ganar aliados en la confrontación mundial que en ese momento se desarrollaba contra el fascismo y el nazismo. Cuando Wallace llega a Colombia, Natanael escribió un texto titulado “El mensaje de un negro colombiano al vicepresidente Wallace”, documento seminal del pensamiento de la negritud en Colombia, y lo digo porque en ese texto, que sale de la pluma de Natanael y que es, además, un bello texto desde el punto de vista literario, trata problemas que eran cruciales en ese momento para América Latina, e incluso, para el mundo, porque en ese texto se refiere a los problemas del racismo en Estados Unidos y al problema de la raza a nivel continental, e introduce una reflexión que es importantísima en la interpretación del carácter de la democracia que se estaba ejerciendo en ese momento tanto en Colombia como en América Latina y Estados Unidos: la relación entre democracia y raza. Natanael dice que no es posible concebir la democracia sin resolver el problema de la discriminación racial. Cuando escribió ese texto estaba pensando en la situación de los negros en Estados Unidos, de sus hermanos de raza linchados y perseguidos en ese país cuando el racismo casi que estaba en su mayor esplendor.

Después que Natanael escribe ese documento seminal del pensamiento de la negritud, decide crear junto con Manuel Zapata Olivella (quien adelantaba estudios de medicina en la Universidad Nacional), Delia Zapata Olivella (con quien estudió arte y arquitectura en la misma universidad), Marino Viveros (quien estudiaba medicina en la misma universidad), Helcías Martán y con unos compañeros estudiantes negros de la Universidad Externado de Colombia, el Día del Negro el 20 de junio de 1943, como una forma de protesta a nivel nacional por el linchamiento y muerte de dos obreros negros que habían sido asesinados en Chicago (Estados Unidos), convirtiéndose así en un día emblemático para la lucha de la negritud en Colombia. Esa es la importancia de esos dos eventos; pero también al lado de la celebración del Día del Negro con sus compañeros de lucha, Natanael creó el Club del Negro, inspirado en organizaciones que para ese momento se estaban construyendo en Nueva York para apoyar a aquellos negros que migraban del sur de Estados Unidos, zona esclavista por excelencia, los cuales se crearon como grupos de apoyo. Recogiendo esta experiencia, Natanael y su amigo de lucha Manuel, crearon también el Club del Negro en Bogotá. Estos fueron actos pioneros, seminales en la historia de la negritud en Colombia que son considerados como actos fundacionales del movimiento de la negritud en nuestro país.

D.H.: Háblanos acerca de la participación de Natanael Díaz en los hechos del 9 de abril de 1948, cuando asesinan Jorge Eliécer Gaitán, el jefe del liberalismo que estaba en pleno ascenso, y que indiscutiblemente iba a ser el presidente de la República, y que, como producto de esa participación, cuando aquel regresa a Puerto Tejada, le cobran por haber llamado a los negros del norte del Cauca y de Puerto Tejada a vengar la muerte de Gaitán.

L.C.C.: Sí, en efecto ese fue un evento muy importante de la historia nacional y de la vida de este gran hombre negro que fue Natanael Díaz, quien fue el principal representante del gaitanismo en el norte del Cauca cuando Gaitán es asesinado el 9 de abril de 1948 de cuatro disparos propinados por Roa Sierra, como hacia la 1:30 de la tarde. Este magnicidio produjo en Bogotá un levantamiento popular denominado El Bogotazo, pero también hubo otros levantamientos en todo el país, y ese acontecimiento marcó uno de los momentos más críticos de la historia contemporánea de Colombia. Prácticamente la ciudad fue destruida como reacción de los sectores populares en repudio al asesinato del líder liberal. Natanael, tal vez el gaitanista militante más representativo del norte del Cauca, junto con Diego Luis Córdoba, se tomó la Radiodifusora Nacional junto con estudiantes de la Universidad Nacional y también con estudiantes de la Universidad Externado de Colombia, porque en ese momento Natanael era estudiante de derecho en la Universidad Nacional, pero al mismo tiempo era representante a la Cámara. Una vez se produce la toma, envía un mensaje político a los negros del norte del Cauca y, específicamente, a los de Puerto Tejada. El mensaje decía: “¡Macheteros del norte del Cauca, salgan a vengar la muerte del líder Jorge Eliécer Gaitán, quién ha sido asesinado por la oligarquía blanca colombiana!”. Un mensaje político muy fuerte que tuvo un gran impacto tanto en el norte del Cauca como en Puerto Tejada, porque este último vivió también su pequeño bogotazo, ya que allí se vivió un levantamiento de los negros, en su mayoría liberales gaitanistas , pero también por la figura gaitanista que representaba Natanael Díaz. Puerto Tejada también fue semi destruido con casas saqueadas e incendiadas. Esa orden que emitió Natanael la recoge muy bien Miguel Torres en su trilogía, específicamente en el segundo libro titulado El incendio de abril, donde menciona, en la página 110 de la primera edición de la editorial Tusquets, cómo fue que los estudiantes se tomaron la Radiodifusora, refiriéndose a Natanael Díaz como “el poeta de Puerto Tejada”, pues ya en ese momento Natanael había publicado en el año 1946 su gran poema “Arcilla para un nuevo hombre”. Esa orden que emitió desde la Radiodifusora Nacional tuvo consecuencias políticas muy grandes para él, pues a partir de allí se convirtió casi que en un perseguido político, y meses después, cuando regresa a Puerto Tejada hacia el mes de diciembre de 1949, cuando estaba en todo su esplendor la Violencia y había una campaña de persecución contra los liberales como reacción a todo lo que estaba aconteciendo y la reacción que se presentó con El Bogotazo, entonces se declaró una persecución contra los dirigentes liberales en el marco de lo que conocemos como la Violencia. Natanael fue detenido en Puerto Tejada un 29 de abril de 1949, conviertiéndose en un preso político privado de la libertad durante seis meses, de los cuales dos pasó en la cárcel de Popayán y cuatro en la cárcel de Cali. Luego sale de la prisión en buena medida gracias a la gestión de la dirigencia política liberal de ese momento, y porque también sus compañeros de lucha política en el norte del Cauca presionaron para que su líder fuese puesto en libertad. En la cárcel, Natanael escribió un bello soneto titulado “Noche de siempre”, en el que transmite las ansiedades que le producían esas noches eternas en prisión, en las que se sentía como un león enjaulado porque siempre fue un gran activista político y un gran escritor de poesía.


Rosario Saldaña con su hija Carmen Arcelia paseando por la Plaza de Caycedo de la ciudad de Cali.
Foto: Archivo Familia Díaz-Saldaña.


D.H.: Quisiera preguntarte, porque me une mucho a esta historia, sobre la famosa casa mítica en el barrio Bretaña de doña Rosario Saldaña, esposa de Natanael, una vez muerto en 1964. Hagámosle un breve homenaje al papel que cumplió doña Rosario, madre de cinco hijos: Augusto, que fue profesor de filosofía de la Universidad del Valle; Natanael hijo, biólogo de la misma universidad; Omar, profesor de matemática y física y ahora del Departamento de Filosofía; Arcelia, que estudió química en la misma universidad, y Eduardo, que estudió derecho en la Universidad Libre de Bogotá. Con ellos compartimos una relación extraordinaria en esa casa mítica, el centro de la vida de Natanael y de nosotros, que tuvimos la oportunidad de conocer a doña Rosario, quien nos contaba todas esas historias, a veces con dolor, a veces con ternura, otras tantas con altivez y con mucho orgullo. Cuéntanos un poco sobre la vida de Rosario Saldaña, nuestra mítica doña R.

L.C.C.: Esta biografía tiene unos antecedentes remotos que se remiten precisamente a esa casa que acabas de mencionar, ubicada en el barrio Bretaña, que fue la gran casona de Rosario Saldaña y Natanael Díaz. Doña R., como le decíamos, fue su gran amor. Un amor que inició desde sus años mozos, pues cuando Natanael era estudiante de bachillerato en el colegio de la Universidad del Cauca, por allá en el año 1937, ya le enviaba a Rosario unas cartas de amor bellísimas que denotaban, a sus 17 años, una gran inclinación por la poesía y la buena literatura, y por supuesto, un gran amor hacia Rosario. Doña R. nació en Puerto Tejada y fue la quinta de cuatro mujeres, a quienes les llamábamos las Saldaña. Estudió en un colegio similar a la Normal de Señoritas, en Caloto, donde formaban sus estudiantes para ser maestras y siguieran la carrera en el Magisterio.

Se casó con Natanael en 1947 y tuvieron una brillante descendencia, como lo mencionaste previamente. Tuvieron cinco hijos: el primero fue Augusto, quién fue profesor en nuestra Universidad; el segundo fue Natanael; el tercero Eduardo, nacido en 1951; el cuarto fue Omar, también profesor de nuestra Universidad, nacido en 1953, y la última fue Carmen Arcelia, nacida en 1955 y egresada también de Univalle.

Después de varias estadías en Bogotá, Cali y Popayán, pues el fuerte activismo político de Natanael le impuso una movilidad constante, finalmente se instaló con su familia en Cali y vivieron en esa gran casona del barrio Bretaña. Esto es muy significativo porque esa gran casona se convirtió durante las décadas de los 70 y 80 en el centro de reuniones de los jóvenes vinculados políticamente a la izquierda, en las que expresaban sus pensamientos románticos y programaban acciones políticas y democráticas para transformar la sociedad colombiana. En esa casona, Darío y yo conocimos a doña Rosario, a quién le decíamos doña R de manera respetuosa y reverente. Cuando estábamos por los 20 años de edad, en esa casa doña Rosario y sus hijos nos relataban quién había sido Natanael como político, poeta, dirigente sindical y pionero de la negritud. La biografía que escribí tiene, pues, sus orígenes remotos hace 40 años en esa casa emblemática del barrio Bretaña, donde, repito, nos reuníamos aquellos jóvenes románticos que queríamos transformar el mundo a través de la acción política legal.

D.H.: Otra cuestión alrededor de esa casa mítica del barrio Bretaña es la relación que tuvo doña Rosario en la lucha política con Natanael. En la biografía destacas estos temas cuando fue perseguido. Ella fue un apoyo muy grande. Cuéntanos cuando les toca salir de Puerto Tejada porque sus vidas corrían peligro debido a la violencia política y cómo acompañó la vida azarosa de su marido Natanael, tan inmerso en la dureza de la lucha política de esos años.

L.C.C.: Natanael fue un gran dirigente político, como lo hemos dicho anteriormente. Fue el principal representante de los sectores populares negros en la corriente del gaitanismo y confrontó políticamente al régimen conservador del momento, lo que le acarreó, por supuesto, la persecución política. Eran aquellos momentos de la Violencia en la que los pájaros, como le llamaban en ese entonces a los sicarios del régimen, desarrollaban sus acciones criminales matando a dirigentes liberales, a lo que estos reaccionaron también asesinando a los conservadores. Natanael, como dirigente político público, también fue objeto de persecución política, la cual se extendió a su esposa e hijos a tal punto, que se decía que no había que dejar ni siquiera la semilla, lo cual significó la persecución a Rosario Saldaña y sus primeros hijos, Natanael hijo y Augusto. Así que tuvieron que huir de Puerto Tejada por los años 1949, 1950, cuando Natanael estaba prisionero en la cárcel de Cali. Natanael le dice a Rosario que la persecución contra los liberales sigue siendo muy fuerte y que teme por sus vidas, por lo que le pide huir de Puerto Tejada y esconderse en Cali. Rosario salió disfrazada de Puerto Tejada con el pequeño Natanael, a quien le decían El Tocayito, y con Augusto, a quien le decían Tuto, para que no los identificaran como los hijos de Natanael Díaz. Entonces doña Rosario consiguió una casa con sus amigas de lucha política por el barrio Guayaquil de Cali, y allí se escondieron durante varios meses tratando de huir de la persecución política a la cual fueron sometidos.

D.H.: Háblanos de uno de los legados más hermosos que dejó Natanael Díaz: su poesía. Hay una serie de poemas muy bellos, como “Arcilla para un hombre nuevo”, “No conozco el mar”, “La niña negra”, entre otros.

L.C.C.: Natanael fue un gran poeta negro, y tal como lo digo en la biografía, murió muy joven, a la edad de 44 años. Si la muerte no hubiese acabado con tanta inteligencia tan tempranamente, hubiese descollado como uno de los principales poetas negros de Iberoamérica; pero aun así dejó poemas que, desafortunadamente, están en buena parte inéditos, pero los pocos que han visto la luz demuestran, por su factura poética, el gran poeta que fue Natanael Díaz. Su vena poética le venía desde muy joven. Las cartas que le escribía a Rosario son la demostración documental de la inspiración poética que tenía desde muy joven, siendo estudiante universitario en la ciudad del frío, Bogotá, en la Universidad Externado de Colombia. Acompañaba el estudio de los clásicos del derecho con la lectura de los grandes literatos y poetas negros. Era admirador y estudioso de la poesía de Rilke y también de los grandes escritores y poetas norteamericanos negros, como por ejemplo Richard Ray y Langston Hughes, de quien admiraba profundamente su poema “El negro habla de los ríos”. También leyó a Nicolás Guillén y a los poetas negros colombianos que lo antecedieron. Conocía la poesía de Candelario Obeso y de Jorge Artel. Todo esto fue una profunda fuente de inspiración para escribir su poesía, pero sin duda Natanael tenía una vena poética desde muy joven, alimentada con la lectura de estos grandes literatos y poetas negros, y eso se conjugó, por fortuna, para producir una de las mejores poesías de la negritud en Colombia.


Natanael Díaz (centro) al lado de Diego Luis Córdoba.
Foto: Archivo Familia Díaz- Saldaña.


Quisiera contar una anécdota. En una de sus tertulias, el gran poeta Aurelio Arturo, quien para algunos es considerado como uno de los mejores poetas colombianos, leyó el siguiente soneto:

Naufragio de la luz en la tersura de su cuerpo que nombra mar y viento.
Ánfora de penumbra y movimiento para guardar la ola y su dulzura.
Temblor en el andar, firme y madura euritmia aprisionada en el momento.
De su paso que guía el pensamiento por caminos de música segura.
Desmayo del crepúsculo en sus manos océano en sus ojos y lejanos.
Paisaje de palmera desgarrada.
¡Y en la boca racimo de luceros fruteciendo de cálidos veneros,
su risa de lucerna evaporada!

Un amigo de Aurelio que estaba en la tertulia y que conocía la estructura de su poesía, le dijo: “Pero Aurelio, ese soneto es como extraño, no me suena que sea de tu autoría”. A lo que Aurelio contestó: “No. Yo hubiese querido escribir este soneto, pero no es mío, es de Natanael Díaz y se llama “Niña negra”, uno de sus poemas más bellos”. El poema más conocido de Natanael se titula “Arcilla para un hombre nuevo”. Lo escribió en la década de los años 1940 y vio la luz en el año 1946 en la Revista de América. En sus tantos regresos a Puerto Tejada, Natanael recitaba este poema a sus compañeros de lucha política en el famoso Café del Negro Barona. Debo decir que cuando el poema vio la luz, fue muy bien recibido por la crítica literaria del momento. “Ha nacido un gran poeta negro”, se dijo.

Arcilla para un nuevo hombre

Esta arcilla.
Esta arcilla amasada por la bestia del hombre
con lágrimas sórdidas
y desatadas venas de mujeres y niños.
Esta arcilla.
Esta arcilla es propicia
para forjar un hombre nuevo.

La otra arcilla,
la primigenia arcilla, la del láveh inexperto,
era apenas propicia para el lirio
que la lluvia florece;
para el pez que habla idioma de espumas;
para la alondra que despierta al aire;
para el perro!
Pero no para el hombre
que levanta la mano cuando quiere;
que germina futuros,
que aspira a ser Dios,
que perpetúa al hombre!

Esta arcilla presente
Sí es profunda en la sabiduría del hombre,
porque ha visto el alba de su engendro,
la mañana del parto,
el mediodía del amor,
la tarde de sus ansias,
la noche de su muerte…
Todo en el hombre!

Y sabe que el engendro es doloroso,
que el parto es doloroso
que la esperanza es dolorosa.
Oh, que la muerte es total!
Y que por tanto el hombre de la primera arcilla
es cruel porque tiene martirios en las venas
y manos con zarpas,
y risa como puñal,
y pies y caminos al dolor.

Con esta sabiduría de siglos.
Con esta posesión de la muerte.
Con este navegar en la sangre.
Con este desgarramiento de lágrimas.
Con esta miseria,
esta arcilla de ahora es profunda
con el conocimiento del hombre!

Y al forjar un hombre nuevo,
no lo haría con esta de la primera arcilla,
-arcilla sin sabiduría- que dio manos al hombre
para quebrar el lirio, para empañar el agua donde duerme la estrella.

Un corazón que tiene
la forma de una herida eterna,
que guarda rencores en sus ríos
y en su árbol de carne una serpiente.

Una boca en que canta la maldición de su canto.
Unas pupilas hondas que amortajan cadáveres.
Unas plantas que ansían transitar por la carne
de la tierra, imprimiendo el pavor de sus pasos.
Unos gritos que quiebran la escultura del cuello
Y destrozan suspiros y mutilan palabras.

Esta arcilla de ahora
-que todo lo conoce-
puede crear un hombre.
En las pupilas hondas, colocaría estrellas
para encender la noche perenne de la carne.
Y en la boca pondría para incendiar el beso
un cirio que dijese la agonía del llanto.
Y en las manos, jardines que florezcan escarnio,
cuando el hombre pretende edificar cadáveres.
Y en las piernas, océano para licuar sus pasos,
si va tras el llamado nocturno de la sima.
Y en los brazos, -memorias de unas alas antiguas- dos potencias de alas para escalar el astro.
Y en las plantas, que saben los caminos curvados, un discurrir de cielos, de aromas y de música.
Y en el pensamiento,
donde la mano inútil de la primera arcilla
puso Alba y Crepúsculo,
Caos y Verdad
Todo mortal y Nada eterno.
esta arcilla de ahora colocaría
-solamente, oh!
el Alba infinita de todas las claridades detenidas.
Es el instante del octavo día!



Natanael Díaz con Fidel Castro en el segundo aniversario de la Revolución Cubana.


Su poema “No conozco el mar” es fundamental y uno de los más hermosos que escribió Natanael. En las conversaciones que hemos tenido con el profesor Darío Henao, quién es doctor en literatura y una voz autorizada de la literatura negra, en algún momento me ha dicho que sin duda la factura de este poema está a la altura de la poesía de Langston Hughes, quien escribió en esos procesos tan bellos del llamado Renacimiento de Harlem, y figura como su poeta más representativo. Un poema que prácticamente casi no ha circulado, pero de gran factura poética, sobre todo por su gran contenido:

No conozco el mar

¡No conozco el mar…!
no aquel mar de líquidos espejos
que copiando los peces se impacienta!
¡no conozco el mar…!
no aquel mar en que cantan las sirenas
en idioma de espumas y tormentas!
Ignoro el mar de angustia que cruzaron
en carruaje de ausencia mis abuelos
los negros; pura imagen de la noche,
¡beoda de silencios!
vencidos más allá de las palmeras,
viajaron sin saber, como no saben,
el rumbo de sus pasoso, las estrellas.
¡y cruzaron un mar…!
un mar, un mar que solo sabe
vender el barco de la pena
Fue el mar de su angustia desolada
al dejar su paisaje de palmeras…
y al no hallarlo entre el cielo y las espumas,
ni en los húmedos ojos de la amada
en su mirar de místico misterio,
pensaron que su tierra abandonada,
envíolo por debajo de las aguas
en una fuga errátil de bohemios.
¡Por eso aquí al llegar, cavaron y cavaron
en busca de sus altos cocoteros!
hallaron perlas, diamantes y luceros
dormidos en el fondo de las minas
pero nunca, jamás entre sus ruinas,
el paisaje de esbeltos cocoteros.
Más un día el relente de lágrimas,
salidas de sus ojos sin quererlo,
fecundó en el valle la esperanza
de ver de nuevo las palmas, desoladas
allá en el África, eterna en el recuerdo,
Y al fin gozaron los “esclavos” … y gozaron
y al ver en sus ensueños renacidos…
Yo he nacido aquí; por eso ignoro
la hermosa vanidad de mis abuelos.
¡Yo no conozco el mar…!
no aquel de líquidos espejos
que copiando los peces se impacienta
yo no conozco el mar…!
yo no conozco el mar
no aquel en que cantan las sirenas
en idiomas de espumas y tormentas!
Ignoro el mar de angustias que cruzaron
en carruaje de ausencia mis abuelos
los negros pura imagen de la noche,
¡beoda de silencios!

Ni tampoco la plácida mañana
en que vieron crecer entre los huertos
la palma que guardaron en el cofre
eterno, de su cálido recuerdo
no conozco el mar
ni tampoco la plácida mañana
de mis negros, los negros mis abuelos.




Natanael Díaz como vicepresidente de la Cámara de Representantes.
Foto: Archivo Familia Díaz Saldaña.


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