Tema Central – Jaime Galarza Habla De La República Liberal De Alfonso López Pumarejo

Jaime Galarza Habla De La República Liberal De Alfonso López Pumarejo

El ex rector de la Universidad del Valle, Jaime Galarza Sanclemente, desde el Museo Alfonso López Pumarejo, en la ciudad de Honda, concedió esta entrevista para el especial de La Palabra 30 años, sobre la importancia y vigencia del legado del dirigente liberal. El doctor Galarza participó de la comisión El río Cauca visita al río Magdalena, conformada por profesores del Instituto CINARA, el director de la Escuela de Música, Alberto Guzmán, y estudiantes del Taller de La Palabra.



Por: Equipo La Palabra





La Palabra (L.P.): Estamos aquí en el Museo Alfonso López Pumarejo, al lado de su busto. Uno de los grandes estadistas, sino uno de los más importantes de la historia republicana colombiana, especialmente del siglo XX. Aprovechamos esta visita, doctor Galarza, en su condición de estudioso de las ideas políticas, de las constituciones y de la historia de Colombia, para que nos hable de la importancia de este hombre para el país, para la República, ahora que hemos recorrido tan bello museo.

Jaime Galarza Sanclemente (J.G.S.): Paradójicamente, el dr. Alfonso López Pumarejo, para mí, el estadista más importante que tuvo Colombia en el siglo XX y uno de los tres o cuatro grandes hombres que ha tenido este país, nació en el año de la Constitución de 1886, que fue una constitución de origen conservador, autoritaria, y que en mis años mozos, como muchos colombianos, la combatí porque tal vez no tenía los elementos suficientes para entender el porqué de esa constitución tan autoritaria, tan centralista, pero repasando la historia de Colombia (hay mucha bibliografía, indudablemente), uno se da cuenta que esa propuesta política era fundamental para el momento que atravesaba el país. Si no se hubiera expedido esa constitución, Colombia se hubiera balcanizado, como sí lo hizo Guatemala, que dio origen al Salvador, a Honduras, a Nicaragua, Costa Rica, etc.

Las élites regionales siempre conspiraron contra el centro, contra la posibilidad de unificar el país y hacer ellos sus propias políticas en una pretensión vana, de querer un Estado federal, que fue uno de los equívocos mayores en su temprana juventud en Colombia. Sin tener en cuenta que el federalismo aquí era imposible por cuanto los mercados regionales eran casi que inexistentes. En los EE.UU el federalismo es apenas necesario porque cada una de las siete colonias que dieron origen a la federación eran países, con su propio mercado, con su propia manera de organizar las leyes, con sus propios cuerpos colegiados, con su propia administración de justicia y prácticamente eran independientes unos de otros. La federación era un mecanismo para unificar, no para dividir. Acá no. Acá Popayán tenía un mercado, acá Cali era otro mercado, Cartagena otro mercado, Bogotá otro mercado, en Antioquia había otro mercado.

Esos mercados era necesario unificarlos, pero no se podía hacer por medio del pacto federal, por cuanto las élites disputaban territorios en ese momento y todavía no se habían afianzado con propuestas de desarrollo para sus regiones, y en cierta medida, no fue la misma historia de los Estados Unidos, donde las regiones, los estados, se desarrollaron de manera independiente, repito, autónomos uno del otro. Entonces, la idea federal realmente no funcionaba acá.
Esa propuesta de Núñez y de Caro fue importante, pero a un precio muy grande, que fue el precio de un régimen autoritario que en cierta medida limitaba los derechos humanos, las libertades públicas, pero que con el tiempo esa constitución se fue convirtiendo en una constitución nacional. Y el primero que rompe, como diría el maestro Dario Echandía, el espinazo a la carta del 86, es la reforma promovida por el dr. Alfonso López Pumarejo de la Constitución del 86, esa reforma de 1936 y luego la de 1945. Y en ese momento la Constitución, que era una institución de origen conservador, comenzó a convertirse en una constitución de origen nacional.

Luego viene la reforma del 57, del 68 y las propuestas de reforma del presidente Turbay Ayala y Alfonso López Michelsen, que en buena parte recogió la carta del 91. Es decir, esa constitución en cierta medida nos había puesto de acuerdo sobre lo fundamental, en el decir del político conservador Alvaro Gómez Hurtado. Eso se rompió y viene la constitución del 91, que nos ha llevado a una situación de volvernos a poner de acuerdo sobre lo fundamental. Es decir, a volver a hacer las discusiones que ya en cierta medida habían sido superadas un siglo y medio atrás. El dr. López Pumarejo, repito, nace en la época en que se expide la constitución, nace en 1886.

Ahora bien, ¿cuál es su importancia política? Su importancia política radica en haber recogido y unificado en una propuesta democrática, las cuatro o cinco vertientes del proceso revolucionario colombiano. En su orden fueron: primero, había aparecido la clase obrera, había hecho la huelga de las bananeras y se había fundado la Central Obrera de Trabajadores (CTC) en 1930. Luego, la Iglesia fundó la UTC para contraponerla, muchos años después.
Ese movimiento obrero que estaba en ascenso recibió mucho apoyo del régimen de la República liberal, indudablemente. Se expidió una legislación laboral, entre otras cosas, mucho más avanzada que la de Estados Unidos. En Norteamérica, por la misma época, reventaban las huelgas con bates de béisbol, la mafia y el mismo gobierno orquestaban eso, llegaba a los piquetes de huelguista y los levantaba a bate. Acá no, acá teníamos ya un código laboral. Eso es muy importante tenerlo en cuenta.

El segundo movimiento que se puso en ebullición en Colombia, en esa época, fue el movimiento de la juventud democrática, que quería y luchaba por la modernización del país en cuanto a las instituciones propias de la sociedad civil, un matrimonio civil, ampliar el espectro de derechos humanos, un poco más de libertad a ese régimen opresivo de la Iglesia católica entre nosotros. Ahí militaron personas como Germán Arciniegas, Alberto Lleras Camargo y otros que se me escapan en este momento.

Ese movimiento era muy importante cuando Enrique Herrera, el primer presidente de la República liberal, llegó al poder en 1930. Luego viene el movimiento que canalizó Jorge Eliécer Gaitán, que es el movimiento de los desplazados que llegaban a las ciudades en busca de mejores oportunidades de empleo, mejores condiciones de vida, y que, al no tener el país el desarrollo necesario, se convirtieron o se fueron convirtiendo en cordones de miseria, tal como los conocemos hoy en día. Gaitán fue el vocero, en un sentido populista, como se entiende hoy, de esos sectores.

Luego viene el movimiento campesino. Los campesinos comienzan a organizarse en sindicatos, en cooperativas, en mutualidades, en fin, todas las formas posibles de la organización social se dan en el movimiento campesino, en el Sumapaz, en el sur del Tolima, en el Valle del Cauca, en Antioquia, en el Cauca, en el norte del Cauca. Todos esos movimientos sociales confluyeron en la propuesta de López Pumarejo, quien había tomado la dirección del partido liberal y había dicho que seguirían otro camino con respecto a sus antecesores. Se refería al general Rafael Uribe Uribe y el general Benjamín Herrera, quienes siguieron el camino de las armas y fracasaron; es decir, se refería a la Guerra de los Mil Días, que perdió el liberalismo. Entonces había que seguir otro camino, que no era el de la lucha armada, sino el del trabajo y la posibilidad electoral. Ya lo había dicho Rafael Uribe Uribe antes de la Guerra de los Mil Dias: “Si no se abren las compuertas por parte de este Congreso para que el partido liberal participe en la contienda electoral, va a haber una guerra”. Dicho y hecho, como una pitonisa. La guerra comenzó con un levantamiento del partido liberal de Santander, luego siguió el Tolima, luego Antioquia, la Costa Atlántica, y se formó la guerra.

Esa guerra fue desastrosa para el liberalismo. El conservatismo triunfó en linea, instauró una hegemonía impresionante, y en el año 30 fue derrotado por una división. Allí llegó el momento de modernizar el país, y ese momento lo tuvo con el dr. López Pumarejo, quien era el jefe natural del partido liberal y fue presidente en dos oportunidades, como ya se dijo acá, y de una u otra manera, formó una generación de politicos que tuvieron largo aliento hasta bien entrado el siglo XX, tales como Alberto Lleras Camargo, Dario Echandía, el mismo Carlos Lleras Restrepo, Julio César Turbay, quien en ese entonces era un simple concejal de una de estas poblaciones de Cundinamarca, pero era un lopista de primera, y en cierta medida dio aliento para el movimiento revolucionario liberal que impidió que el partido liberal, después de esa derrota en la insurrección de 1948 cuando ocurre el Bogotazo por el asesinato de Gaitan, no hubiera caido en el ostrasismo. Quien oxigenó al partido liberal fue el movimiento revolucionario liberal del hijo del dr López Pumarejo, el dr Alfonso López Michelsen. Es decir, esa es mas o menos la situación que se sigue allí porque estamos en pleno Frente Nacional, que luego se acaba, y el partido liberal y las ideas liberales de intervención del Estado en la economía, de desarrollo de una industria nacional, de modernización de las instituciones de la sociedad civil, de democratización de la cultura, de la economía, de la política, comienzan a hundirse, por cuanto llega un señor de Pereira, “una ciudad donde no han enterrado el primer abuelo”, como decía un amigo mío en la Universidad, pues qué tradición puede tener, y ese señor enterró el partido liberal porque agenció las políticas contrarias del partido, que son las de intervención de la economía, la regulación del trabajo, y la ampliación, cada vez más importante, de los derechos humanos. Estamos asistiendo a un liberalismo que es prácticamente teoría y práctica de gobierno de ese entonces.




Jaime Galarza Sanclemente, ex rector de la Universidad del Valle, junto a una fotografía de Alfonso López Pumarejo en el museo que homenajea su vida y obra, ubicado en Honda, (Tolima).
Foto: Marino Canizales


L.P.: Queremos preguntarle sobre muchas de las propuestas de López Pumarejo y de la llamada República liberal, que no se pudieron concretar. En pleno siglo XXI muchas de ellas se tienen que levantar, se tienen que concretar. ¿Cuál es su opinión sobre este punto? Porque son muchas las cosas que Colombia no pudo concretar de esa República liberal, del pensamiento de hombres como López Pumarejo.

J.G.S.: Jorge Gaitan Durán, un gran poeta, escribió un pequeño folleto que se llama La revolución invisible, refiriéndose precisamente a las ideas postergadas o a los planteamientos postergados hechos por la República liberal, y en especial, por el dr. Alfonso López Pumarejo. Esas ideas todavía siguen vigentes. Aunque muchas se quedaron en el papel, otras pudieron aplicarse. En el debate político de la Colombia actual estas ideas y propuestas vuelven a ser tenidas en cuenta. Cito un solo ejemplo por su peso: la postergada reforma agraria que nunca se ha podido concretar, con intentos fallidos desde el primer gobierno de López Pumarejo en 1936.

L.P.: Estamos aquí en una ciudad como Honda, que fue el ombligo de la economía colombiana por su relación con Bogotá y el exterior a través del río. ¿Qué importancia le das a todo esto? Sobre todo de cara a lo que nos depara urgentemente este país.

J.G.S.: Precisamente la élite, el jefe o el dirigente de esa élite que conformó lo que se llama en la historia política del país la República Liberal, su familia hizo fortuna aquí, en Honda y en el Magdalena, porque eran comerciantes, y eso es muy importante. Hasta última hora el río posibilitó que pudieran conformarse capas medias ilustradas, pues López Pumarejo fue más que ilustrado porque lo educaron en Londres. Ahora nosotros no tenemos necesidad de eso porque tenemos buenas universidades; de vez en cuando un muchacho va a Estados Unidos o a Inglaterra, pero casi todos nuestros profesores van a estudiar a otros países europeos. Es decir, aquí una hay élite en la universidad, en las clases medias, suficiente para recuperar el río, no tanto como una arteria importante para el comercio ya, sino como símbolo de la fundación de la nación. El reino español entendió que el río era necesario para explorar el territorio, ocupar el territorio, y poder comunicarse con el exterior. Sí el imperio español entendió eso e hizo lo posible porque eso se diera, parte de la República en el siglo XIX también lo hizo y hasta hace muy poco tiempo esto era una arteria importante. No ya comercialmente, pues está la aviación, están los ferrocarriles que se construyeron, las carreteras para que transitaran las tractomulas de la General Motors, pues para eso las hicieron. Es decir, el río sigue conservando su importancia como símbolo de la nación. Yo creo que eso es lo que hay que rescatar, lo que hay que inocularle a las nuevas generaciones. Un país no se construye de la noche a la mañana echando cuentos: un país se construye como lo que presentó el Instituto CINARA de la Universidad del Valle con el proyecto sobre la extracción de agua en lecho del río Cauca, haciendo pequeños o grandes proyectos en ese quehacer diario cotidiano que, entre otras cosas, hace la universidad colombiana y hacen sectores medios. Así es como se construye una nación. Por supuesto, el diálogo y cooperación del río Cauca y el río Magdalena es muy importante porque es como levantar de nuevo a esos dos ríos. Si logramos hacer y decir: “Ustedes hacen parte con nosotros, con los negros, con los indios, con los blancos, con los mestizos, con los mulatos, de la nación colombiana, junto con el territorio y la naturaleza”, llegamos a tener y completar una verdadera nación democrática e incluyente. Esa es la importancia, para mí, de este encuentro que hemos tenido con el río Magdalena: plantear tareas acá y en el río Cauca, de rescate de nuestros dos grandes ríos. No solamente es limpiar el río de la turbiedad, limpiarlo de toda la basura que en un momento se vierte sobre el Cauca como el Magdalena, sino que además toca mejorar sus cuencas, y mejorar sus cuencas es rehabilitar la naturaleza que existía en el momento en que la nación colombiana se comenzó a construir.

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