Tema Central Enero 2020

El Instituto Para La Paz Y La Intervención Social

El pasado 18 de diciembre de 2019, el Consejo Superior de Univalle aprobó la creación del Instituto para la Paz y la Intervención Social, gestionado por la Facultad de Humanidades y la Escuela de Trabajo Social, con el apoyo de grupos de investigación de cinco facultades y dos Institutos. La Palabra habló con Victor Mario Estrada, director de la Escuela de Trabajo Social, y el actual director y gestor del Instituto, Adolfo Álvarez, sobre los propósitos y esferas de actuación del Instituto. Un proyecto de interés nacional.


Por: Equipo La Palabra




De izquierda a derecha: Luis Carlos Castillo, Victor Mario Estrada, Raquel Ceballos, Adolfo Álvarez y Dario Henao Restrepo, quienes asistieron al Consejo Superior de Univalle para la aprobación del Instituto.


La Palabra (LP): ¿En qué momento surge el proyecto de tener un Instituto para la Paz y la Intervención Social en la Universidad del Valle, adscrito a la Facultad de Humanidades?

Adolfo Álvarez (AA): Podríamos hablar de un antecedente más próximo y uno más lejano. Muy rápidamente señalo unos puntos y obviamente el colega Víctor Mario los podrá ampliar.

El antecedente próximo tiene que ver con la creación del Programa de Paz de la Universidad del Valle (UV) Meléndez 2016, al inicio del primer período de la rectoría del doctor Edgar Varela. Un grupo de docentes habíamos planteado, desde antes, la idea del programa para agrupar esfuerzos en el contexto de lo que ya se veía venir: el postacuerdo, el postconflicto entre FARC y gobierno colombiano. Se trataba de recoger esfuerzos, iniciativas, experticias y experiencias de la Universidad, a través de sus grupos de investigación en este campo de la construcción de paz. Para esto contribuyó la experiencia que tuvimos con la Universidad de Granada, un convenio de cooperación que incluía la posibilidad para que un grupo de docentes hicieran primero un curso de expertos en estudios de paz y conflictos, y luego continuaran hacia una línea de doctorado; inicialmente se habló de un Doctorado en Paz y Conflicto. En ese convenio fue muy importante Francisco Muñoz, quien lideraba el Instituto de Paz de Granada. Siempre nos animó a que comenzaramos a trabajar en la idea de un centro de estudios y de un instituto para la paz y nos ofreció todo el apoyo. Ese es el contexto más próximo que posibilitó la creación del Instituto de Paz e Intervención Social.

Un contexto más lejano lo configura una importante tradición de más de 30 años en la cual distintos grupos de docentes, entre ellos el emblemático intelectual Estanislao Zuleta, junto con investigadores como Ángelo Papaccini, Rodrigo Moreno, Humberto Vélez, Álvaro Camacho, Germán Colmenares y Jorge Hernando Melo. Todos de alguna manera comenzaron a abrir espacio para una reflexión; primero sobre el conflicto, la guerra, el tema de derechos humanos y en menor medida sobre la paz. Tal vez el que estuvo más cerca de eso fue Estanislao Zuleta, cuyo aporte no hemos terminado de calibrar, de sopesar en toda su significación, porque él fue unos de los primeros que asoció el tema de democracia, la transformación de conflictos y el reconocimiento del otro. Digamos que hemos tratado de conectar ese pasado con este proceso reciente.

Victor Mario Estrada (VME): Para nosotros fue un acontecimiento muy importante haber tenido la oportunidad de establecer relaciones con el Instituto de Investigación sobre Paz y Conflicto de la Universidad de Granada, porque a partir de ese seminario que menciona el profesor Álvarez, que duró un año – durante el 2013 – se terminó con un título de Expertos en la Gestión de la Paz y de los Conflictos en Colombia. Quienes hicimos parte de este seminario liderado por Paco Muñoz, pudimos entender el significado de la ruptura epistemológica de abordar el tema de la paz con relación a la violencia. En el pasado habíamos hechos en Univalle muchas publicaciones sobre el tema de la violencia, pero entender que había que abordar la Paz desde la Paz y no dedicarnos a estudiar la violencia, sino a deconstruir también las violencias, significaba una ruptura epistemológica, ontológica y praxiológica, y eso lo entendimos indudablemente muy bien con este seminario que involucró a un grupo de estudiantes jóvenes, quienes hicieron parte del Doctorado en Paz y Conflictos en un convenio que la Universidad del Valle firmó con Granada, y en ese proceso ingresamos algunos profesores, entre ellos nosotros.


De izquierda a derecha: Adolfo Álvarez y Victor Mario Estrada.


LP: En el actual proceso del postconflicto, cuando viene funcionando la JEP y se afrontan no pocas dificultades para quienes dejaron las armas, ¿cuáles pueden ser las apuestas y el campo o radio de acción del Instituto para la Paz y la Intervención Social?

AA: La agenda del Instituto, en la que uno de sus ejes es el seguimiento a los acuerdos, a la institucionalidad de los mismos y a lo que deriva de eso, le apuesta de manera más amplia a trabajar el tema general de la cultura de paz, la convivencia intercultural, la mediación, el dialogo social, y lo que tiene que ver con las regiones: el tema de la paz territorial. En este horizonte, la agenda tiene que ver con temas de investigación; pero lo novedoso del Instituto y el giro que hemos dado tiene que ver con intervención: queremos potenciar el conocimiento desde la acción de la praxis. Colombia tiene una base muy fuerte en ejercicios de construcción de paz, tenemos movimiento de paz, tenemos unas iniciativas de paz y tenemos un laboratorio vivo, pero hace falta más reflexión, más investigación asociada a la intervención. De esta manera la agenda pasa por los acuerdos, pero va más allá de los acuerdos. Tomemos, por ejemplo, el tema de de la cultura de paz. Los indicadores de la debilidad de esa cultura de paz y convivencia se expresan no solamente por los hechos y realidades del posconflicto, del postacuerdo, de la reincorporación de los excombatientes armados, sino de muchas otras expresiones en nuestra sociedad. Así pues, la agenda del Instituto es una agenda de investigación, de intervención y diálogo con las comunidades. En la Facultad de Humanidades se hace prioritaria el fortalecimiento de la formación en este campo a partir de seminarios, de posgrados liderados por grupos que están en el Instituto, como también fortaleciendo líneas en las maestrías que ya existen en Filosofía, Trabajo Social y Psicología, que ha trabajado mucho sobre sobre eso, y la posibilidad de hacer lo propio en el Doctorado en Humanidades; incluso, de avanzar hacia la creación de un Doctorado en Paz e Intervención Social.

LP: Sobre lo que ha planteado el profesor Álvarez, de ir más allá de la agenda del postconflicto, ¿qué nos puede ampliar, profesor Víctor?

VME: Creo que la sociedad colombiana no es una sociedad violenta, como dicen algunos biólogos y psicólogos que naturalizan la violencia. La sociedad colombiana es una sociedad que podríamos caracterizar como de alta conflictividad sociopolítica. Este es un asunto histórico. El profesor Álvarez lo plantea muy bien al proponer ir más allá de la particularidad del conflicto armado interno. El Instituto puede y debe contribuir generando conocimiento precisamente de esa alta conflictividad sociopolítica existente, y ese conocimiento tiene que ser un punto de partida para asumir la transformación de los conflictos en diversos ámbitos. Evidentemente no solo hay conflictos interculturales, sino que hay conflictos interétnicos, hay problemas concretos en el departamento del Cauca, donde hay conflictos interétnicos ligados también al tema de la tierra, un elemento muy importante para tenerlo en cuenta. Ahora, partimos de que hay que generar un conocimiento, pero un conocimiento para la acción, porque los estudios de la paz se piensan como una ciencia aplicada que implica ligar conocimiento y acción en términos de la intervención, pues al Instituto se le abre un amplio panorama: poder intervenir directamente, atendiendo problemas concretos derivados del conflicto armado interno, como conflicto particular que no se puede asimilar a la conflictividad sociopolítica existente en la sociedad. Todos los conflictos armados en el mundo hay que asumirlos como conflictos particulares, y así lo plantean los teóricos que se han dedicado a estudiar este asunto.

Según cifras oficiales, este conflicto dejó más o menos 8 millones de víctimas. Con esa población hay que trabajar en acciones de reparación y de construcción de memoria, de intervención psicosocial y de atención en situaciones de crisis. Esto, por ejemplo, le abre una amplia perspectiva a muchos programas de pregrado y postgrado que pueden contribuir generando conocimiento sobre este tema, pero sobretodo, adelantando acciones orientadas de intervención social que permitan hacer frente a esa situación. Lo otro es que también el Instituto podría, a mediano y largo plazo, contribuir en la construcción de políticas territoriales de paz y de políticas locales. Políticas regionales de paz porque hay que tener en cuenta las particularidades no solo de la dinámica que ha tenido el conflicto armado, sino de otros elementos referentes que estamos resaltando en esta conversación. En Colombia, aunque el conflicto se ha cerrado en un acuerdo con una organización, no se ha logrado resolver, pues toca solo la conflictividad armada, y desde el punto de vista de aportar a la construcción de políticas públicas de paz territoriales en este campo, es muy interesante porque indudablemente hay que promover acciones orientadas a promover la calidad de vida. No hay que olvidar que paz significa ante todo defensa de la vida, implica que hablemos de transformación pacífica de conflictos, implica que hablemos de no violencia.

LP: Existen grupos de investigación de las distintas facultades de Univalle vinculados al Instituto. ¿Cuál es su papel y cómo aportan a los proyectos del Instituto?

AA: En buena hora la Facultad de Humanidades nos apoyó e incentivó para que estuvieramos en ella. El Instituto es muy novedoso en la Universidad porque recoge grupos de cinco facultades y dos de los Institutos; es decir, hay una gama muy amplia de colegas que han venido trabajando directa o indirectamente con este campo. Tenemos el gran reto de generar una comunidad académica común de todos estos grupos. El objetivo es articular y proyectar el trabajo de las comunidades académicas, los grupos de investigación, docentes y estudiantes de postgrado y pregrado, en el desarrollo de programas de investigación/intervención y formación para consolidar el campo transdisciplinar de estudios en intervención social para la paz.


Víctor Mario Estrada.


LP: Sobre desarrollos académicos posibles, ¿cuáles programas podríamos adelantar para dinamizar el Instituto que está adscrito a la Facultad de Humanidades?

VME: El Instituto tiene que ayudar a fortalecer la introducción de esta temática como campo en la formación de pregrado y postgrado. Como el Instituto no se visualiza con programas académicos propios, sí tenemos que trabajar o incidir en los programas de pregrado para que el tema de la paz se aborde desde la formación de pregrado. La Universidad debe introducir reformas en los procesos curriculares que asuman el tema de la paz, lo que implica también revisar cómo estamos formando a los estudiantes en tiempos de paz, qué tipo de fundamentación estamos dando. Es claro que para poder avanzar en procesos de paz, tiene que cambiar nuestra visión de la realidad. En este campo el Instituto, a mediano y largo plazo, puede llegar a tener una incidencia muy grande desde el punto de vista académico, lo que traerá un efecto en la realización de trabajos de grado en pregrado y en los trabajos de postgrado a nivel de especialización, maestría y doctorado. Esa articulación con las maestrías y los doctorados podría generar un conocimiento relevante desde el punto de vista social que le permita a la Universidad irse reposicionando en su relación con el entorno. Yo creo que también se abre la posibilidad de interlocución académica con varias universidades del suroccidente colombiano, para poder desarrollar proyectos conjuntos.

LP: El Instituto sin duda va a pemitir que la Universidad juegue un papel de referente en el cambio de mentalidades, en la formación de una cultura de paz. ¿Cómo puede contribuir dentro de la Universidad?

VME: En lo inmediato el Instituto tendría que contribuir a no solo a generar conocimientos, sino también a desarrollar acciones por parte de los actores que integran la vida universitaria porque, en determinadas ocasiones, algunos de esos actores tienden a convertir la Universidad en un campo de violencia. Por tanto, se hace necesario no solo la mediación sino también promover procesos de transformación de conflictos internos que permitan que diversos actores de la comunidad universitaria nos encontremos y definamos pautas orientadoras sobre la forma de convivir en el espacio universitario. El mismo Consejo Superior y el Consejo Académico insistieron en que se esperaba una contribución del Instituto en ese sentido, e incluso en el Académico se fue más allá cuando se señaló que era necesario que el Instituto tuviera presencia en las sedes regionales, entendiendo que las sedes están en subregiones, y esas subregiones también tienen conflictividades particulares. El hecho de que el Instituto comience a operar en el suroccidente colombiano, abre la posibilidad de que nosotros reestablezcamos y reposicionemos la relación de la Universidad con el entorno en términos de la proyección social y extensión, pues la proyección social hay que entenderla como el aporte que la Universidad puede hacer en procesos de transformación social, cultural, política y económica. El tema de la paz aquí aparece muy bien porque nos permite justamente articular todos estos determinantes que tienen incidencia en la vida territorial. Por último, en una facultad de Humanidades es muy importante que hablemos del tema estético y del tema artístico, porque indudablemente contribuyen a construir vías para la paz y la convivencia. Todas las manifestaciones artísticas permiten crear una contribución muy importante en las catarsis que hay que llevar a cabo cuando la sociedad ha atravesado, y sigue atravesando, un conflicto como el colombiano. Esas manifestaciones artísticas ligadas a la construcción de paz nos van a permitir, de alguna manera, no solo a facilitar las necesarias catarsis, sino también, incluso, sanar las heridas.

LP: ¿Qué se espera de este Instituto, a corto pazo, para trabajar en todo un proyecto tan grande y tan ambicioso como el del Instituto?

AA: Tenemos un reto muy grande porque queremos consolidar un campo de conocimiento, fortalecer unos procesos de intervención y conformar un trabajo formativo pedagógico. Vamos a requerir herramientas, recursos, contar con el tiempo de los colegas, de los docentes, mucho apoyo de la Universidad, mucho apoyo de la Decanatura de Humanidades. De hecho lo estamos teniendo. Nos vamos a mover nacional e internacionalmente para buscar apoyos. Este año vamos a hacer algunas cosas fuertes sobre mediación, algunos talleres, seminarios, porque como dijo Víctor Mario, nos interesa el tema íntimo de nuestra propia vida universitaria y lograr, incluso, a propósito de la transformación del currículo y de la reforma curricular, tener ofertados uno o dos cursos a la comunidad universitaria, y probablemente a la externa, sobre educación, cultura de paz, transformación de conflictos, violencia, entre tantos asuntos. Vamos a conformar un voluntariado para la paz, para hacer muchos procesos de mediación, de transformación pacífica dentro y fuera de la Universidad. Son retos grandes y seguramente si contamos con la apertura que hemos tenido desde un comienzo del Consejo Superior, del Académico, de la Rectoría, de la Decanatura de Humanidades, de la Escuela de Trabajo Social, de los colegas docentes, de estudiantes y trabajadores, vamos a ir abriendo un espacio y consolidando un proyecto que es de muy largo plazo.




Adolfo Álvarez.

Suscribirse

* indicates required
/ / ( dd / mm / yyyy )