Tema Central – “El río Magdalena es un río mestizo, andino y caribeño, un río de los negros, los indios, los mulatos y los mestizos, un río de baile, de canto, de tambora” Germán Ferro Medina

“El río Magdalena es un río mestizo, andino y caribeño, un río de los negros, los indios, los mulatos y los mestizos, un río de baile, de canto, de tambora”

Germán Ferro Medina
Director del Museo del Río Magdalena

A través de las instalaciones de un museo ubicado en Honda-Tolima, el antropólogo e historiador Germán Ferro Medina ha dedicado sus esfuerzos investigativos a narrar la historia del río Magdalena mediante las voces y los rostros de las comunidades que habitan sus cuencas. En entrevista con La Palabra en radio, Ferro nos cuenta sobre su experiencia como director del Museo del Río Magdalena y, además, nos da detalles de su encuentro con el autor canadiense Wade Davis.



Por: Equipo La Palabra
Transcripción: Natalia Candado López
Estudiante de Licenciatura en Literatura, Univalle




Germán Ferro, antropólogo e historiador, director del Museo del Rio Magdalena. Honda (Tolima).
Foto: La Palabra


La Palabra (L.P.): Bueno, estamos aquí con Germán Ferro, el director del Museo del Río Magdalena en la ciudad de Honda, donde se encuentra el equipo de La Palabra haciendo un especial para el periódico, la radio y un documental. Con base en el recorrido por las instalaciones, queremos hablar un poco con Germán sobre su experiencia. Empieza contándonos sobre tu vinculación. ¿Cómo llegaste a trabajar aquí y qué tal ha sido ese proceso tan extraordinario de dirigir un museo tan hermoso como es el del río Magdalena?

Germán Ferro (G.F.): Creo que es también una pregunta sobre mi experiencia profesional y de vida, ¿no? Conocí el río desde muy pequeño, mi padre me lo presentó en Girardot y creo que eso me marcó de alguna manera. Él se encontraba emocionado, como ingeniero, por ese gran puente férreo que está allí; un hecho de modernidad, de comunicaciones, etc. Y después en mi trabajo como antropólogo y como historiador, me fui encontrando con el río en todas partes, el río me fue llamando. No hay región de Colombia en la que de alguna manera el río no atraviese o establezca un vínculo importante con ella. He estudiado Antioquia, he estado en el Magdalena, en Barranquilla, en el Huila, en Tolima y el río siempre ha estado allí. Entonces, en ese proceso de indagación sobre un río-región, un río-territorio en movimiento, me dio muchas luces para pensar a Colombia. Llevo quince años aprendiendo del río, viajando a través de él, en todo su trayecto; precisamente encuentro la experiencia del viaje como un método de investigación, sin duda por ser la tradición antropológica, pero también el viajar por el río, navegar, dialogar con su gente, con sus pueblos, estar en su nacimiento, en Bocas de ceniza; todo eso me fue dando como un gran interés para transmitir lo que he aprendido, es algo muy importante en mi larga vida de profesor. Creo que hay una tarea necesaria en la pedagogía, una tarea de compartir con los colombianos qué es ese río, porque veo que lo desconocen mucho, y ahora estoy en el campo de los museos. Me ha aburrido mucho el aula formal y creo que hay otros espacios mucho más vigorosos para desarrollar esa tarea pedagógica con la ciudadanía en general, no solo con los estudiantes que entran a sus universidades, sino unos espacios mucho más incluyentes para el turista, para el visitante interesado, para el extranjero, entre otros. Creo que hay espacios de pedagogía mucho más potentes, entonces estoy metido en ello. Por eso he llegado a Honda, un lugar privilegiado para pensar el río.

L.P.: Hay un trabajo que tú hiciste, creo que es tu tesis doctoral, sobre la arriería, muy vinculada al río. Cuéntanos un poco sobre eso, sobre esa investigación que es previa a tu llegada a Honda para dirigir el museo, es decir, hace más de seis años.

G.F.: Sí, mi tesis de antropólogo fue sobre Antioquia y creo que fue un gran aprendizaje para comprender la construcción de una región marcada por los caminos de arriería que definieron ese gran territorio. Allí empecé a ver el río como un elemento fundamental de transformación de esta rica región y su actividad comercial. Encontré allí al Magdalena, en los caminos que me llevaron a él. Entonces regresé al río y vi que era la gran puerta para conectarse con esa región y poco a poco, en los estudios regionales, como te señalaba, el río ha sido fundamental. En mi investigación, y precisamente lo que tratamos de hacer aquí en Honda, muestro que el Magdalena es clave en Huila, en el Tolima, en el Macizo colombiano, pues es un gran camino de comunicación, de conexión, de transformación de ese mismo paisaje. Entonces, tenemos un escenario muy potente para pensar a Colombia.

L.P.: Me decías que pasaste por la maestría en historia de la Universidad del Valle, cuando era dirigida por el maestro Germán Colmenares. Háblanos de ese paso por ahí. ¿Qué significó para ti haber tenido un maestro como Germán Colmenares y haber estado en esa maestría?

G.F.: Magnífica experiencia. Fue en el año 1987. Germán crea esa maestría en historia, es la primera cohorte y encuentro a Colmenares, a quien había leído mucho como antropólogo, su muy sesuda y juiciosa investigación histórica, fundamentalmente el periodo colonial. Tuve el lujo de que fuera precisamente el director de esa maestría. Por eso viví dos años en Cali. Para mí la experiencia de la Universidad, a la que le tengo mucho afecto, fue maravillosa. Uno de bogotano no entendía muy bien una universidad con piscina, tampoco el enorme y fuerte calor que hace en Cali, pero resultó de allí una experiencia muy interesante. No solo académica, con unos excelentes profesores que acompañaron a Germán en ese proyecto de maestría, sino también lo que significa mirar el país desde una región. Entonces yo ya pensaba a Colombia desde Bogotá, he pensado a Colombia desde Antioquia, donde he vivido y trabajado muchos años, y en ese momento, pensar a Colombia desde Cali, desde el suroccidente colombiano, desde esa ciudad permeada por el mundo del Pacífico, fue muy interesante y muy valioso para mí, y tengo mis mejores recuerdos de ese proceso de investigación. Germán Colmenares estaba en ese momento en un proceso muy rico de replanteamiento, muy valioso y entusiasta con el mundo cultural. Él mismo decía que estaba cansado de contar negros…




Fachada del Museo del Rio Magdalena.
Foto: La Palabra


L.P.: Es cuando escribe Las convenciones contra la cultura: Ensayos sobre historiografía
hispanoamericana del siglo XIX, que es la apertura de él a otras cosas que lastimosamente acabaron con su muerte.

G.F.: Exactamente. Veo a un Germán lúcido, muy inquieto por leer a los antropólogos. Me acuerdo que estaba muy entusiasmado con Michael Taussig y nos invitaba a los grupos minoritarios de antropólogos que estábamos haciendo esa maestría para hablar de eso. Él quería hacer un replanteamiento y una hermenéutica a los números de su larguísima carrera como historiador económico, para pensar una historia más desde lo simbólico, desde el mundo cultural, y bueno, me encontré con Germán en su mejor momento y aprendimos mucho de él y de su grupo de profesores, entre esos, también he comentado que pedimos para la maestría a Jesús Martín Barbero, Jorge Orlando Melo, Pacho Zuluaga; en fin, fue un tiempo maravilloso, de mucho aprendizaje y también de pensar a Colombia desde la región. Creo que es algo que nos falta mucho en el país, y eso me fue motivando a hacer lo que hago ahora: pensar en esas grandes regiones que están enlazadas a través del Magdalena.

L.P.: Obviamente tu experiencia, dijéramos caleña, te debió haber vinculado al río Cauca, que vuelve a ser ahora tema de lo que queremos realizar contigo en esta bicuenca, como la llamaba Juan Guillermo Garcés en nuestra conversación de anoche. Pero primero, quiero preguntarte acerca de esa relación y la importancia de que pensemos al río Magdalena en relación con el Cauca.

G.F.: Por supuesto que no hay que hacer ningún malabar académico para saber que pertenecen a una misma cuenca, ¿no? El río Cauca es un tributario del Magdalena. Sin embargo, su inmensidad y su gran recorrido por otro sector de Colombia lo convierte en un río con una cierta independencia del propio Magdalena. Es un enorme río con otra historia distinta. Lo conocí en Antioquia. El río Cauca atraviesa todo el departamento, también en Caldas y ahora lo conocí desde el Valle. Pero también desde las fuentes escritas, desde la literatura, tú sabes muy bien, desde María o, desde hace poco, a través de la musicalidad de los poemas de León de Greiff, quien viajó a Bolombolo y a toda esta región donde se encontraba trabajando, ligada también al desarrollo ferroviario. Y bueno, como te comentaba en otro momento, he estado en el instante en que el Cauca le entrega sus aguas al Magdalena y viví un momento muy emocionante…
L.P.: Sí, cuéntanos esa bellísima historia…

G.F.: De emoción geográfica, digo yo, siento ahora muchas emociones geográficas, porque es estar en el lugar y presentir, intuir o reconocer la importancia de él en muchos momentos de la historia que ha tenido ese punto, ¿no? Y creo que es una manera muy sensible que he ido aprendiendo de sentir el lugar, eso que los italianos y los arquitectos identifican como la “fuerza del lugar”, y allí sentí eso: los dos ríos con sus grandes historias, dramas, procesos civilizatorios, culturales y económicos, nacen en el mismo lugar y luego se encuentran en un larguísimo recorrido. Volverse a encontrar, o estar en ese punto donde ellos vuelven a ser uno solo, fue muy emocionante. Me tiré desnudo en ese momento, quise vivir ese lugar de esa hermandad entre los ríos de una misma cuenca. Creo que hay una tarea pendiente, eso sería lo más interesante, establecer un diálogo comparado entre los dos ríos, entre esas dos experiencias, repito, civilizatorias de construcción de territorio, etc., un diálogo entre esos hermanos que nacen en el mismo lugar y, aunque recorren por vías distintas, vuelven a encontrarse. Para desde allí crear puntos de confluencia bastante útiles y demostrar cómo hemos manejado esos ríos. Es una experiencia por vivir, por eso me siento tan emocionado de hablar contigo. Ustedes vienen desde ese río Cauca a visitar el Magdalena y hay muchas tareas por hacer, para investigar y también para compartir con los colombianos esa realidad de un país de ríos, insisto mucho en eso. Siempre miramos el país por sus cordilleras y montañas, pero este también es un país fundamentalmente de ríos.

L.P.: Bueno, visitando el museo encuentro una experiencia muy bonita, que es como subirse a un barco por el río Magdalena, teniendo la oportunidad de estar como capitán y viendo tan bellamente esas fotografías que nos van narrando la historia. Haznos un pequeño recorrido simbólico de lo que es la estructura de este museo para entusiasmar a nuestros oyentes del Cauca y de todo el Pacífico.

G.F.: La tarea museográfica es apasionante, interviene un equipo profesional amplio, todo con un objetivo: transmitir de manera emocionante, asombrar al visitante e invitarlo a conocer. Eso es lo que hace un museo, tiene que dejar de ser un espacio aburrido al que lo llevan a uno del colegio obligado, de objetos viejos o exóticos. Un museo es un espacio para la emoción, el conocimiento y la reflexión. Sobre esas pautas planteamos una renovación total de este museo que existía antes y era más bien vetusto y colegial, a un museo que invita al visitante a viajar por el río en una escala pequeña y a entender toda esa dimensión sobre una antigua bodega de puerto. El museo está planteado en dos grandes salas: una pensada como el río, su geografía, su gente, su fauna, su vegetación, sus artes de la pesca, los pescadores, la historia de la conquista, todos sus afluentes, es un viaje de inmersión en el río. Por eso está allí pintado en la pared, y bueno, es importante pensar toda esa enorme dimensión integral del río. Y lo acompaña la otra sala que es un buque, ¿no? De manera muy sencilla, no me interesan museos llenos de cosas virtuales, sofisticadas, de oprimir botones y todo eso que se ha puesto de moda, pero que termina poniendo histérico al visitante, y, además, los aparatos siempre se dañan. Entonces, de manera muy sencilla, se recrea un buque en toda la sala para mostrar lo más importante del Magdalena, que fue su navegación. Y allí, sobre una idea tan simple como tener el timón, que permite al espectador sentir que está en el barco a través una experiencia sonora, navegamos por el río y por la historia del mismo Magdalena. En su tarea de navegación, está mostrando su transformación tecnológica, cultural, del desarrollo de otras experiencias de navegación como la aviación. En fin, lo que significó toda la tarea exportadora a través del río. El museo es un viaje y una diversión mientras se aprende de Colombia.




Sala del Museo del Rio Magdalena en la que se recrea la parte interior de un buque.
Foto: La Palabra


L.P.: En la visita que nos hiciste ayer, una visita guiada de tres horas, en donde tu relato nos hizo sentir lo que había ahí en ese viaje histórico, geográfico, emocional, social; bueno, tiene muchos niveles. Pero hubo uno que me impresionó muchísimo, es cuando llegas a un poster con los protagonistas del río. Háblanos de eso, del concepto que te llevó a realizarlo y lo que significa, porque la explicación que diste me pareció hermosísima.

G.F.: Sí, quisiera resaltar esto que me preguntas porque en realidad el nombre de la colección permanente que plantea el museo es Navegación y rostros de un río mundo, donde estamos haciendo el énfasis en hacer visibles los rostros que han marcado la historia del río, esos rostros que una historia oficial ha negado y desprecia. Por lo tanto, se podría decir que rompemos con ese carácter hegemónico y colonial para hacer visible a otros sujetos en un dispositivo también de reconciliación con una memoria de país perdida. Entonces, habla el mundo indígena, habla un bracero, que son las personas que llevan del bulto literalmente y que hicieron posible el comercio a través del río. Se muestran los bogas, gente negra, zamba, que durante muchos siglos movieron el Magdalena, y tuvimos la fortuna de encontrarnos con un rico archivo que iban a botar, eso no es gratuito, del rostro de la navegación, de esas fotografías de las famosas cédulas de navegación que tenía toda la gente que se metía en la tripulación de los barcos. Ese panel que está allí y que tú mencionas, en el centro del buque, es como un gran punto luminoso del museo, donde se hace el reconocimiento a ese pueblo mestizo de origen campesino, indígena, negro, gente joven, gente muy sencilla que le apostó al río y a navegar por sus cauces en esos grandes buques, a aprender a ser marineros, llamados vaporinos también, porque navegaban en los vapores. A mí me emociona mucho ese panel, se lo pude transmitir a ustedes, porque allí está como un espejo de la gran Colombia, ¿no? De la Colombia mestiza, del pueblo que le apuesta a la construcción de este país. Y digamos, desmarcándonos un poco de esa idea siempre de la historia de los grandes héroes, de los grandes personajes, de los individuos, para pensar al río como un hecho colectivo. Allí están sus rostros hermosos de principio del siglo XX, que nos miran y nos apelan a transformar nuestra manera de vivir y de ver a nuestro país.

L.P.: He vuelto a hacer el viaje por el río de la mano de Wade Davis en su libro Magdalena. Tú tuviste aquí a Davis, en el museo. Ayer hablábamos de eso con Juan Guillermo Garcés y Luis Enrique Larrota. Háblanos de ese paso de Wade por acá, de lo que conversaron. Teniendo en cuenta que nos entrega un libro tan bello, ¿cómo fue la relación que él tuvo en ese proceso previo, es decir, durante la investigación para escribir el libro?

G.F.: Sí, fue una experiencia maravillosa y un honor para mí poderlo recibir. Ya me habían anunciado que él quería hablar conmigo y estar en el museo. Él es una persona muy famosa y reconocida, entonces casi que fue un encuentro en secreto. Estuvimos dos días prácticamente encerrados en el museo conversando. Para mí fue un disfrute enorme hablar entre colegas, con su gran capacidad de escucha y con todo su amor por Colombia. Ese diálogo que también fue entre ríos, por supuesto, yo ya había leído su libro El Río, de su experiencia en el mundo amazónico y de su experiencia de viaje por Colombia siendo muy joven. Entonces, encontrarnos ya mayores y en un dialogo antropológico, en un diálogo de viajeros, con su interés por aprender del Magdalena, lo encontré maravilloso, merece mucho respeto su búsqueda, su manera de querer aprender y al tiempo transmitir. Estamos en el mismo escenario de pedagogía, ¿no? Él hace una pedagogía del río a los colombianos que resulta muy interesante porque su voz es autorizada y reconocida. La voz del extranjero a veces se oye más, él es muy carismático y desde ahí construimos una relación de afecto y respeto importante. Estuve acompañándolo en muchos momentos, en sus preguntas e inquietudes con referencias bibliográficas, con correcciones y ajustes del texto, pero sobre todo me sentí muy emocionado por la manera como él presenta esta ciudad de Honda como un lugar clave dentro del río, sus muy buenas maneras de hablar del museo y de las referencias que hace a mi persona. Ha sido muy bonito y emocionante, creo que ese libro va a marcar una disposición distinta de los colombianos frente al río. Es un fenómeno de ventas y todo el mundo está ansioso por verlo, ya habíamos tenido el libro en inglés y su traducción la estaban esperando hace mucho, y ahora, en castellano, es un fenómeno de consumo muy interesante. Que la gente quiera leer con ansiedad un libro sobre el Magdalena es un fenómeno muy excepcional en Colombia, que leemos tan poco, y bueno, creo que el gran llamado de afecto que hace Davis es pedirle a los colombianos, en la riqueza de ese río, el río de nuestra historia, es que a partir de él podamos reconstruir unos escenarios mejores de vida, de calidad y de paz para nuestro país; y es algo en lo que coincidimos totalmente, lo hablamos en esas largas charlas y su libro es casi que un mandato a los colombianos, un mandato con mucho cariño.




Colección titulada Navegación y rostros de un río mundo, en la que se visibilizan los rostros que han marcado la historia del río. Museo del Río Magdalena. Visita del equipo La Palabra.
Foto: La Palabra.


L.P.: Sobre la población del río, no solamente la actual, la del siglo XIX, sino la de la Colonia y la población prehispánica, creo que hay un recorrido y una mirada muy rica de parte de Davis en el libro, y me llamó mucho la atención el destaque que él le da a los bogas, a los braceros, tú lo haces también en el museo, y tiene mucho que ver con eso que Manuel Zapata Olivella en El hombre colombiano llamaba la “tri-etnicidad colombiana”. Háblanos de eso.

G.F.: Creo que una observación juiciosa del río nos deja ver esa condición triétnica, ¿no? Que va construyendo un país, no solamente es una diversidad racial o de tipos, sino fundamentalmente un país construido con ese legado y con esa impronta de las comunidades afro llegadas de forma esclavizada aquí al país, también de la presencia indígena. El río es eso, un río mestizo, un río que es andino y caribeño al mismo tiempo, un río que conecta todos esos mundos, un río de los negros, un río con toda su tradición cultural, de baile, de canto, de tambora; pero es también un río muy andino con una influencia muy fuerte del mundo hispánico, y es un río indígena, reapropiado y resignificado por ellos. Me parece interesante tu observación en este tema, porque allí estás viendo una aproximación muy valiosa para pensar a Colombia desde el río, pues lo que este nos ofrece no es simplemente una afirmación, sino una realidad muy nítida de lo que somos los colombianos.

L.P.: Por último, hemos hablado del proyecto que tenemos que realizar en octubre, seguramente es la idea de hacer un pequeño seminario acá en Honda, en tu museo, entre el río Magdalena y el río Cauca, trayendo a algunos investigadores y, por supuesto, a nuestros estudiantes del periódico para que hagan crónicas sobre el río. Cerremos con esta invitación, ¿qué podríamos hacer?

G.F.: El museo, que no es mío, es el museo de todos, es un espacio para el encuentro, así lo considero. Allí tenemos un centro de investigación y una biblioteca muy bien armadita sobre el río. Creo que siempre hay que seguir investigando, el museo es eso, investigación que se hace a través de la discusión, de la conversación con análisis crítico. Me encanta esa idea de poder dialogar con ese mismo río en su otro afluente, el Cauca, creo que de allí podríamos sacar muchísimo provecho, aprendizaje de un diálogo comparado. Entonces, están las puertas abiertas a tu propuesta, pues la encuentro muy interesante. Un diálogo entre estudiosos del río, entre interesados y también entre jóvenes estudiantes que se enamoren de esa experiencia de país, pues es la tarea que tiene el museo.




German Ferro, director del Museo del Rio Magdalena.
Foto: La Palabra


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