Tema Central Abril 2019

Violencia de género
Una radiografía de Cali y el Valle del Cauca

En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el Centro de Investigaciones y Estudios de Género, Mujer y Sociedad de la Universidad del Valle, realizó un panel titulado Las cifras de la violencia de pareja en Cali, 2018.
Acciones locales y regionales para enfrentar las violencias contra las mujeres, en el que se presentó el panorama de la violencia de género en la región, además de lo que se está haciendo desde la institucionalidad para mitigar este flagelo.


Por: Óscar Hembert Moreno Leyva
Licenciado en Historia




En Cali, 6 de cada 10 mujeres sufren o han sufrido a lo largo de sus vidas algún tipo de violencia de género.
Foto: http://imparcialoaxaca.mx/oaxaca/216311/apenas-el-17-de-casos-de-violencia-contra-la-mujer-son-denunciados-en-oaxaca/


En comparación con El Salvador, país que cuenta con estudios consistentes y equivalentes a los realizados en Cali, las tasas de violencia contra las mujeres son mucho más altas, lo que hace crítica la situación de violencia de género en nuestra ciudad, pues 6 de cada 10 mujeres sufren o han sufrido a lo largo de sus vidas algún tipo de violencia de género, lo cual se constituye en un problema de salud pública serio. Esta es una de las conclusiones parciales que arroja el informe presentado por las profesoras Rosa Emilia Bermúdez y Jeanny Posso, del Centro de Investigación y Estudios de Género, Mujer y Sociedad. Este estudio se hizo conjuntamente con la Subsecretaría de Género de la Alcaldía de Cali, con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y avalado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS).


El problema: Las cifras de violencias basadas en género de Cali y el Valle del Cauca

El instrumento utilizado en la investigación fue la Encuesta Multipaís, aplicada por primera vez en Colombia, la cual intenta capturar información acerca de las violencias de género, principalmente las que se ejercen desde las relaciones de pareja y otros agentes, contra las mujeres de Cali en el año 2018. El objetivo general de este estudio, afirma la profesora Bermúdez, está en relación a poder tener una primera línea de base de conocimiento frente al fenómeno de la violencia contra las mujeres en Cali, partiendo de los datos de prevalencia de la violencia física, psicológica, económica, de control y sexual, que contribuya principalmente a la toma de decisiones de la Alcaldía de Cali, particularmente de la Subsecretaría de Género.

Un objetivo específico es fundamentalmente caracterizar al grupo de mujeres que participan del estudio, producir el conjunto de estadísticas y comparar estos resultados para tener un marco de referencia frente a otros estudios que se han hecho en otros países. Otro objetivo específico es la posibilidad de considerar algunas de las variables más significativas que influyen en la comprensión de la violencia de género, tales como el nivel educativo, la condición étnico-racial y la situación socioeconómica, pues se parte del hecho de que esta es una ciudad multirracial y por lo tanto, las violencias no se viven de la misma manera. En cuanto a la variable educación – afirma Bermúdez – manejamos la hipótesis de que un mayor o menor nivel de escolaridad está bastante asociado al hecho de estar en mayor riesgo de sufrir violencia de género. En cuanto a la variable socioeconómica, por ejemplo, cabe resaltar el hecho de que hay un porcentaje muy alto en el oriente de la ciudad, de mujeres que se dedican a los oficios del hogar, lo que marca una brecha en términos de dependencia económica, pues no reciben ningún tipo de ingreso o remuneración, lo que las pone en mayor vulnerabilidad a raíz de esta situación de dependencia, constituyéndose así una brecha clara entre las mujeres del oriente y la ladera, con respecto a las mujeres del corredor norte-sur, en donde el porcentaje de mujeres que se dedican solo al hogar es más bajo, pues son más las mujeres que están trabajando y por lo tanto, tienen mayor autonomía en términos económicos, lo que las hace menos vulnerables.



Panelistas del evento Las cifras de la violencia de pareja en Cali, 2018. Acciones locales y regionales para enfrentar las violencias contra las mujeres, realizado el pasado 7 de marzo en la Universidad del Valle.
Foto: Óscar Hembert Moreno Leyva


De acuerdo con las zonas de la ciudad que se establecieron, afirma la profesora Posso, se puede ver un primer resultado que cuestiona un poco las hipótesis que se tenían inicialmente, porque se pensaba que la zona del oriente, por las múltiples vulnerabilidades que sufren las mujeres, iba a presentar las mayores tasas. Sin embargo, lo que se encontró es que tanto en las violencias para toda la vida, como en los últimos 12 meses, en todos los tipos de violencia se presentan las mayores tasas en la zona de ladera. Esto muestra que esta zona requiere mayor atención por parte del gobierno local y departamental. Las mayores tasas de violencia de pareja para toda la vida en todas las modalidades, se dan en la zona centro ladera rural; en segundo lugar, en las mujeres de la zona oriente, y por último, las mujeres del corredor norte-sur.

Al contrario de lo que esperábamos – prosigue la profesora Posso – es decir, que las mujeres identificadas como negras, mulatas o afro, iban a presentar las mayores tasas por estar expuestas a mayor vulnerabilidades de todo tipo (menores tasas educativas, mayores tasas de desempleo, mayores niveles de pobreza), lo que encontramos es que son las mujeres indígenas las que muestran las mayores prevalencias, tanto a lo largo de toda la vida, como en el último año, a pesar de que se constituyen en un minoría poblacional.

Una de las conclusiones parciales que arroja la encuesta es que todas las mujeres están expuestas a las violencias de pareja, independientemente del nivel educativo, aunque con ciertos matices. Por ejemplo, las mujeres con niveles de estudios primarios y secundarios están más expuestas a todas las modalidades de violencia en comparación con las mujeres universitarias, quienes están más expuestas a la violencia emocional, lo cual pueden contrarrestar un poco más porque cuentan con más herramientas que las mujeres con solo educación primaria y secundaria.

El estudio trabajó con una muestra representativa de 2.500 encuestadas pertenecientes a la zona oriental, corredor norte-sur y la zona de ladera. La encuesta se realizó a mujeres desde los 15 a los 64 años de edad. En cuanto a las tipologías de violencia, se consideraron cinco modalidades: la violencia emocional, la de control, la económica, la física, y por último la violencia sexual.

La violencia emocional consiste en todos aquellos actos en los que se insulta y se hace sentir mal a las mujeres, ya sea menospreciándolas, humillándolas delante de otros, amenazándolas verbalmente o golpeándolas, hiriéndolas a ellas o a alguien que es importante para ellas, y no hablarles o ignorarlas. La violencia de control es toda aquella que restringe el contacto de la mujer con sus familiares o amigos. Es ese control permanente de querer saber dónde está, el celo, la molestia por las sospechas frente a lo que se hace ante una posible infidelidad, tener que pedir permiso frente a ciertas actividades propias de la vida cotidiana, medidas coactivas sobre las mujeres, e incluso, el hecho de criticar y estar todo el tiempo en función de controlar todos sus actos. La violencia económica tiene que ver con el proceso de vigilancia de cómo se gasta el dinero, la amenaza de quitarle el apoyo económico en cuanto a los asuntos familiares, la prohibición de estudiar, de trabajar, controlar en qué se gasta el dinero de la casa y la disputa por el patrimonio familiar. La violencia física es golpear, abofetear, lanzar cosas para hacer daño, empujar, arrinconar, jalar el pelo, golpear con el puño, patear, arrastrar, propinar golpizas, intentar estrangular, quemar a propósito, amenazar con usar – o usar- una pistola, un cuchillo, etc. Y por último la violencia sexual, que consiste en forzar a tener relaciones sexuales, usando para ello la amenaza, sujetándola o dañándola, acceder a tener relaciones sexuales sin desearlo por el miedo a lo que le podría hacer su pareja en caso de no acceder, forzarla a hacer algo sexual, incluso distinto al coito vaginal, que la mujer no quiere hacer.


Para el Valle, en lo que va del 2019, se han registrado 116 casos de violencia física, 124 de violencia psicológica, 8 de violencia sexual, 12 de violencia económica, 229 de violencia intrafamiliar, 28 de maltrato infantil, y 28 de violencia patrimonial.
Foto: http://www.amnoticias.com.mx/nacionales/9604-dia-de-la-eliminacion-de-la-violencia-contra-la-mujer-hoy


Por su parte, la psicóloga Luz Adriana Ramírez, de la Secretaría de la Mujer, Equidad de Género y Diversidad Sexual, dio cuenta del panorama de las cifras de la violencia basada en género en el Valle del Cauca y lo que se está implementando desde la Gobernación del Valle para contrarrestar esta problemática. Para ello, desglosó los factores psicosociales asociados al fenómeno en el departamento. Tenemos una cultura patriarcal persistente – afirma Ramirez -, sobre todo en el norte del Valle. Hemos visto que las mujeres y sectores LGBTI de zonas rurales están sufriendo muchísimo por esta cultura; otro factor es la violencia intrafamiliar, que presenta índices muy altos: en el 2018 se dieron 5.640 casos denunciados, lo cual es una cifra bastante preocupante teniendo en cuenta que muchos casos no son denunciados. La salud mental es otro factor, además de la dependencia emocional por parte de mujeres y hombres. Vemos que hay relaciones de pareja demasiado tóxicas, posesivas, controladoras, y conductas celotípicas que llevan al feminicidio. También identificamos falta de garantías para el acceso a la justicia, ya que no todas las víctimas logran acceder al servicio de la ruta de atención de la manera que el Estado esperaría, pues, por ejemplo, nos encontramos con funcionarios poco sensibles e ignorantes frente al tema. Por ello nos hemos encontrado con mujeres que no creen en la justicia ni piensan que denunciar les puede salvar la vida, pero hemos trabajado muchísimo en eso.

En 2016, en Valle del Cauca se presentaron 19 casos de feminicidios tipificados, y se cerró el 2018 con 36 casos, lo que revela un aumento considerable del 195%. Cali es la ciudad que presenta un mayor número de feminicidios. Las denuncias aumentaron en un 22%. En el 2018 se tiene un reporte de 415 casos de violencia física, 323 de violencia psicológica, 553 de violencia intrafamiliar, 131 de maltrato infantil, 6 de violencia económica – y se sabe que hay muchísimos más – , 16 de violencia sexual, y 2 de violencia patrimonial, para un total de 1446 casos. En lo que va del año 2019, se han registrado 116 casos de violencia física, 124 de violencia psicológica, 8 de violencia sexual, 12 de violencia económica, 229 de violencia intrafamiliar, 28 de maltrato infantil, y 28 de violencia patrimonial, para un total de 525.

En cuanto a las acciones que se están implementando desde la Gobernación del Valle, se resaltan, entre otros, el Consultorio rosa y el Observatorio de Género (OGEN). El Consultorio rosa es un programa que funciona en el Hospital Universitario del Valle (HUV) – afirma la psicóloga Ramírez -, donde atendemos solo a víctimas de violencias basadas en género. La víctima llega y es atendida en toda la ruta institucional: Medicina Legal, Fiscalía, trabajadores sociales y psicólogos, lo cual permite que la mujer no sea revictimizada, que pueda ser atendida en un solo lugar, y que se le pueda brindar toda la atención y protección necesaria. Por otro lado, tenemos una plataforma llamada Observatorio de Género (OGEN). Esta plataforma es diferente a todos los observatorios conocidos, pues no solamente se pueden ver las estadísticas en números, sino que permite conocer el caso cuando ingresa a las Comisarías de Familia y el proceso que tiene la ruta de atención, hasta el momento que tiene las medidas de protección, y lo más importante es que genera alertas y también qué tipo de medida de protección debe tener la víctima para garantizar su vida.



El Valle del Cauca cerró el 2018 con 36 casos de feminicidios tipificados, aumentando en 195% con respecto al 2016. Cali presenta el mayor número de casos.
Foto: https://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/detener-la-violencia-contra-mujeres-y-ninas-cuota-pendiente-en-latinoamerica-articulo-725008


Una de las soluciones: Casa Matria. La Casa de las Mujeres

Casa Matria es un espacio creado por la Subsecretaría de Género de la Alcaldía de Cali, para promover los derechos humanos de las mujeres y la construcción de un municipio libre de violencias basadas en género.

En cuanto a la atención a las mujeres víctimas de violencia, – afirma Carolina Cediel, psicóloga y Coordinadora del servicio Modalidad día de Casa Matria -, nosotras partimos del modelo de intervención ecológico feminista. Nuestra base es la perspectiva de género y lo hacemos desde el enfoque de derechos humanos y seguridad humana para tener una resignificación de las violencias desde la intervención.

La Modalidad día atiende a las mujeres que no se encuentran en un riesgo de muerte. Son mujeres que requieren un acompañamiento psicosocial y jurídico frente a las diversas violencias que viven, para agenciar la ruptura del ciclo violento. Casa Matria cuenta con la posibilidad de brindar representación legal, ya sea desde lo penal como desde lo familiar. Cuando las mujeres llegan a Casa Matria son atendidas por una dupla profesional. Lo hacen así para no generar un doble discurso y no incurrir en un proceso de revictimización, cuenta Cediel, a pesar de que son conscientes de que esta va a ser imposible no manejarla en la ruta de atención, pero intentan menguarla desde la atención que se les brinda.

La Modalidad acogida – explica Diana Cortázar, psicóloga y Coordinadora del Hogar de Acogida – es un espacio temporal en el que brindamos protección inmediata por un determinado tiempo, que generalmente puede ser de quince días, un mes, dos meses, dependiendo de la situación de las mujeres, garantizando el acompañamiento del restablecimiento de derechos y disminución de la exposición de riesgo extremo que afecta la integridad o vida de las mujeres mayores de edad, víctimas sobrevivientes de violencias basadas en género, y de su grupo familiar o personas dependientes de ellas. Además de la casa que tenemos en Juanambú, y de la que está próxima a construirse en el oriente de la ciudad, también tenemos otra casa que es un hogar de acogida al que son remitidas, ya sea por la Modalidad Atención Día, o directamente a través de otras instituciones u organizaciones. Cuando la mujer decide ingresar al hogar, nosotras le brindamos la atención. Tenemos un equipo de psicólogos, abogados, trabajadores sociales, enfermeras, pedagogas, fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales a disposición de las mujeres.

Nos basamos en el modelo de intervención ecológico feminista. Es decir, vemos el tema de la violencia desde un punto de vista más holístico, desde la sociedad. Específicamente lo que trabajamos tiene que ver con temas como la justicia y la institucionalización de las violencias. En la parte de comunidad, que es el mesosistema, trabajamos el contexto en el que se dan las relaciones por fuera de las familias (el barrio, el trabajo, el estudio) y la identificación de factores potenciadores de las violencias. En la parte de la familia, que es el microsistema, trabajamos la caracterización biosocial (edad, raza, sexo, entre otras), y también relaciones próximas (relaciones de pareja y familiares). En la parte individual, que es el cronosistema, trabajamos o revisamos el momento en el que se ejerce el acto violento, los antecedentes generacionales de la violencia y antecedentes de salud mental que puedan presentar las mujeres que estamos atendiendo.


Casa Matria. La Casa de las Mujeres. Barrio Juanambú, Cali.
Foto. Óscar Hembert Moreno Leyva


Para terminar, Cediel esboza las bondades del modelo de intervención ecológico feminista. Nos permite hacer una revisión de qué capacidades fortalecer en las mujeres que viven violencias; pero para poder saber qué capacidades o potencialidades cuentan, necesitamos reconocer primero en qué fase del ciclo de la violencia están; en segundo lugar, cuáles son las violencias que las mujeres están viviendo, pero también cuáles son las que reconocen, y así mismo también entender si las violencias que están viviendo tienen unos antecedentes generacionales, por sus parejas o por las relaciones que establecen en el recorrido de su vida. Para esta fase se decidió no solamente hacer una intervención individual porque sentíamos que faltaba algo más respecto también a las posibilidades de la Subsecretaría, por lo que se creó un espacio de atención terapéutica grupal. En la fase familiar, lo que intentamos hacer desde trabajo social, es sensibilizar a las familias o a las redes de apoyo cercanas o próximas a la mujer frente a los temas de violencia. Las mujeres que son acompañadas pueden generar rupturas del ciclo violento mucho más rápido y contundentemente que las que afrontan el proceso en soledad. Por ello se creó el espacio Si es con ella, es contigo, destinado para fortalecer las redes de apoyo de las mujeres.




Mujeres tejiendo mándalas en Casa Matria el pasado 22 de marzo, día en que celebraron su cuarto aniversario.
Foto: Óscar Hembert Moreno Leyva

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