Tema Central 2019-06

Modernización, Movimiento Obrero y Popular en Cali, primeras décadas del Siglo XX


Por: Jairo Henry Arroyo Reina
Catedrático del Departamento de Historia
Universidad del Valle




Al fondo, edificio redondo en Chipichape, único en América Latina.
Foto: http://citce.univalle.edu.co/PAGINA_ESTACIONES/infraestructura.html


El Siglo XX, y en nombre de la modernización, también se redimió el territorio y las experiencias en el espacio; la creación de una nueva unidad política administrativa como el Departamento del Valle del Cauca y Cali como su capital (1910) fue una clara expresión de estos nuevos tiempos. La articulación entre los factores estratégicos: Ferrocarril del Pacífico -unido al Rio Cauca y a la red de vías carreteables-, Puerto de Buenaventura y el Canal de Panamá lograron dinamizar el mercado interno regional y contribuir a la modernización de la provincia de Cali a la luz de os efectos de la producción y comercialización de un producto como el café en las primeras décadas del Siglo XX.

El desarrollo de las diferentes vías de comunicación interna, la abundancia de tierras fértiles y ríos caudalosos, la articulación al mercado mundial a través del Océano Pacífico, la presencia institucional estatal en su doble rol de recaudador de impuestos y financiador de la inversión pública, y el impacto generado tanto por el Ferrocarril del Pacífico, que lograba extenderse por el Sur Occidente del país-como por el Muelle de Buenaventura-, generaron ventajas comparativas y condiciones plenas para un desarrollo mercantil y urbano, que logró traducirse rápidamente en una extensión de las relaciones salariales y en fuerte demanda de una red de servicios públicos; para la tercera década del Siglo XX ello se hizo evidente.

Este conjunto de factores a medida que insidian en la dinámica del mercado interno igualmente traían consecuencias en el delineamiento urbano del espacio citadino y en la estructura ocupacional de sus gentes que por más de un siglo deambulaban entre haciendas, riberas de ríos, mangones y aguaceros torrenciales. De esta forma las prácticas comerciales de la moderna galería (1897) y la navegación por el Rio Cauca dieron paso al Tranvía Municipal (1910) que entró trepidando entre grandes fincas, semovientes y arboledas apenas reconocidas; cinco años después, el ferrocarril y su estación, al calor del carbón, creaba las condiciones urbanas y estratégicas para la aglomeración de un conjunto de actividades fabriles, comerciales y de taller que no solo permitieron la producción de un nuevo mundo alejado de la plaza central, pero de obligado trayecto, también la concentración de cientos de personas que venían trajinando la esclavitud, en los esteros de los ríos (por ejemplo, Rio Cauca y el Palo), las haciendas y las minas al calor del mestizaje y la búsqueda de nuevas formas en dónde anclar la vida. Así surgió la carrera octava de Santiago de Cali, así nacieron los barrios obreros y populares de la ciudad: el Barrio Obrero, El Piloto, Santander, Benjamín Herrera.


Tranvia a vapor, al frente de la antigua estación del Ferrocarril, año 1920.
Foto: http://ferrocarrilescolombianos.blogspot.com/2015/10/el-tranvia-vapor-de-santiago-de-cali.html


El trabajo, igual que la gente, se multiplicó intensamente en el pueblo con pujos de ciudad: trabajadores de las minas de carbón, trabajadores del ferrocarril y el proletariado de la construcción que para ese entonces, y de acuerdo a las demandas del creciente desarrollo urbano, empezaban a cobrar importancia. Y qué decir de las prostitutas, los choferes, los artesanos que trabajaban por su cuenta, así mismo como los diversos trabajadores de la plaza de mercado. Era innegable el aumento creciente de una población salarial que empezaba a figurar en las minas de carbón, trilladoras, fábricas locales, talleres, almacenes y en el sector de la construcción, aunque, igualmente, es notorio también el surgimiento de un puñado de importantes industrias (Cementos Del Valle. S. A. Eternic Pacífico S. A., La Garantía A. Dishington S. A., Industrias Textiles de Colombia, Industrias textiles “El cedro”, Mariano Ramos & Cia., Fábrica de dulces “Colombina”, Consorcio de Cervecerías Bavaria S. A., Carvajal & Cia., Editorial América, Fábricas de velas “La campana” de Ignacio Arango, Fábricas de velas “La campana” de Ignacio Arango, Compañía Colombiana de tabaco, Fábrica de calzado “El tigre”, Solórzano hermanos, Fábrica de calzado “El pacífico”, Fábrica de calzado “El vencedor”, M. A. Ayala E. & Cia. LTDA., “Jabones la Victoria”, A. LLoreda & Cia S. A., Fábrica de jabón Varela, Fábrica de jabón Varela, Oso. Valentin Burrowes, Venus. Tenorio & Ortiz, Compañía Croydon del Pacífico S. A., Compañía de Tapas “Corona” S. A., Droguería y laboratorio J. G. B., Industrias Metálicas de Palmira S. A., El Marañón S. A., El Marañón S. A., Cartón de Colombia, Eternic del Pacífico, Eveready de Colombia, Eveready de Colombia, Unión Carbide S. A. No podemos dejar de lado la existencia de cerca de seis periódicos y el impacto en el mercado laboral local de los ingenios azucareros y paneleros) que si bien es cierto para la época no tenían el liderazgo en la generación de empleo, aportaban a la experiencia de modernización en la ciudad.

También se abrió paso la formación de una importante clase media constituida por profesionales, comerciantes, políticos, el cuerpo consular, empresarios industriales y trabajadores oficiales, entre otros, ubicados con oficina, vivienda y labores en la ciudad para estas décadas. Igualmente el desarrollo urbano generó otro tipo de servicios y ocupaciones como las cafeterías, bares, panaderías, restaurantes, teatros, talleres, hoteles, heladerías y librerías, que dinamizaron la economía local siendo un claro indicativo del desarrollo del mercado local, dejando atrás la imagen de ser una población amable pero afligida con habitantes tristes y sombríos, como la describía el Conde Gabriac en sus recorridos por estas tierras en la segunda mitad del Siglo XIX, pasando a ser la ciudad más importante del Valle del Cauca.

Pero las contradicciones propias de este desarrollo mercantil, que continuó sosteniendo los privilegios sociales tradicionales con un fuerte déficit en su diferenciación y en los procesos de secularización, tuvo su expresión en los movimientos sociales de la época. En poco tiempo los miembros de la dirigencia local y regional posicionados de gobernaciones, el Concejo Municipal y la Asamblea, la Cámara de comercio, Sociedad de mejoras públicas y sus negocios privados trajeron las “victorias”, el tranvía, las bicicletas y los automóviles, construyeron calles, carreteras, puentes y muelles, edificaron los teatros, crearon el acueducto moderno, se convirtieron en gerentes y contadores de empresas y bancos, construyeron los clubes sociales, adornaron con palmeras las avenidas de la ciudad, fundaron el cuerpo de bomberos, presidieron las instituciones de caridad, enseñaron en el colegio de Santa Librada, trajeron el cine a la ciudad, importaron equipos y herramientas e introdujeron una serie de bienes materiales y simbólicos consumidos fundamentalmente por ellos.

Mientras tanto el desarrollo urbano y mercantil de la ciudad, presidido por el comportamiento patrimonialista y patriarcal de sus elites dirigentes, permitió poner en escena a nuevos actores sociales, que no tardaron en hacer visibles sus intereses e ideologías a través de los movimientos que ellos protagonizaban. Las huelgas de los trabajadores del ferrocarril (1926, 1927, 1933, 1934, 1935), las obreras de “La garantía” (1931, 1933, 1937) y los obreros de la “Cervecería Colombia” (1928); los paros de las obreras en las trilladoras de Café (1934); las huelgas de los zapateros (1933, 1935) y los choferes (1927, 1929, 1930, 1933); las movilizaciones de los mineros (1930, 1931) y los vendedores y vendedoras de la plaza de mercado (1928, 1930, 1932); las marchas de los desempleados (1929, 1930, 1932), marchas contra los intereses de la Compañía Colombiana de Electricidad (1930, 1931), por la defensa en la construcción de los talleres del ferrocarril en el barrio obrero (193) y por los ejidos de la ciudad (1924) hacían evidente el surgimiento de nuevas representaciones que chocaban contra los valores patriarcales y paternales de las estructuras sociales en el poder, y que no tenían cabida solo en los partidos políticos tradicionales.


Foto: http://lapalabra.univalle.edu.co/homenaje-ignacio-torres-giraldo-1893-1968/


Los trabajadores de la fábrica Calzado Amazonas, también, se lanzaron al paro (1934)-un año antes lo habían realizado los zapateros que laboraban en la fábrica de calzado El tigre y de Fortunato Nader-acompañando unos meses después a sus compañeros del Sindicato de zapateros en el paro local del mes de marzo que movilizó centenares de personas, según la crónica del periódico Relator. Al final del año se movilizaron los panaderos-encabezados por los que trabajaban en La Madrileña, con excepción de la panadería colombiana, de Juan B. Quintero-y para el año siguiente los trabajadores de las sastrerías pararon por iguales razones: mejores pagos, condiciones de trabajo, planchas eléctricas y un mínimo de libertades laborales. Entre sumas y restas, tratando de confrontar el discurso patronal, le declararon a un periódico como Heraldo Industrial que en negocios Como Moda Inglesa o en cortes de paño León Campana, Globo y Águila los patrones cobraban por vestido completo (saco, chaleco y pantalón) entre $ 48 y $ 55 pesos: invertían, aproximadamente $ 14 pesos, mientras un cortador se ganaba $ 130 pesos mensuales en una producción de cuarenta vestidos al mes por taller.

Así es que en las primeras décadas del Siglo XX en el Valle del Cauca y su capital se había configurado un fuerte movimiento sindical conformado, entre otros nombrados, por el de costura, tipógrafos y artes gráficas. El liderazgo del movimiento se expresaba a partir de reconocidas organizaciones sindicales como, según Ignacio Torres Giraldo, el del Ferrocarril del Pacífico, sindicato de mineros y el fuerte sindicato de trabajadores de la construcción-o de Alarifes-que lograron expresarse en un periódico como El obrero del Valle (1923) y bajo la dirección del albañil Marco T. Camacho, un liberal de izquierda según la nomenclatura de Torres Giraldo. El periódico La humanidad (1925), la Cooperativa Obrera de Producción y de Consumo (1925) y la gira de María Cano a Cali que logró una concentración importante de personas a la hora de su llegada en la antigua estación del ferrocarril, fueron otras expresiones de la cultura política que adquirió el movimiento de los trabajadores; paulatinamente las movilizaciones y protestas fueron encontrando en la dirigencia de los liberales de izquierda, socialistas y comunistas profundidad y nuevos derroteros en el contexto modernista de los barrios obreros de la ciudad y el país.

Los miembros del partido comunista habían logrado hacerse voceros de la inconformidad de miles de ciudadanos que peleaban un lugar más igualitario en los procesos de modernización nacional. También lideraban las concentraciones y las marchas, conformaron los sindicatos y lograron sacar adelante los periódicos como verdaderos voceros de las demandas y los pensamientos de la naciente izquierda. Para 1931 fueron capaces de presentar una plancha a la Asamblea Departamental. Se presentaban como PARTIDO COMUNISTA DE COLOMBIA-SECCIÓN DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA-COMITÉ REGIONAL PROVISIONAL DEL VALLE DEL CAUCA. En esta coyuntura electoral se presentaron entre principales, primeros y segundos suplentes dirigentes como Guillermo Hernández, Rafael Ospina, Miguel A. Quintero, Agustín Morales Valencia, Vicente Hurtado S., Salvador Barbosa, Rafael Quintero, Salvador Madrid y Ramón Torres.

Los dirigentes más carismáticos que podemos reconocer a la cabeza de estas nuevas expresiones de la cultura política nacional en la ciudad y los barrios obreros fueron: Julio Rincón, de origen caucano (-1951) e Ignacio Torres Giraldo del viejo Caldas (1893-1969). Ignacio estuvo directamente comprometido en el Valle y, especialmente, en Cali primero, con la creación del Partido Socialista Revolucionario (PSR) y luego con la formación del Partido Comunista Colombiano (PCC). Igualmente en las organizaciones sindicales de oficios como la de los obreros ferroviarios del Ferrocarril del Pacífico, y otras de carácter obrero-artesanal como fue el caso de los mineros, los constructores, trabajadores de la galería, las lavadoras de ropa y luego en la organización del primer Congreso Obrero Nacional (CON. 1924) Fue el gestor de un periódico como La humanidad y su nombre fue coreado-en lo que Relator tituló como El mitin del barrio obrero-por amigos y enemigos, en la sala del concejo municipal de la ciudad (1926). Para ese entonces los habitantes del barrio obrero se movilizaron por las calles de la ciudad pidiendo respeto porque el concejal Borrero Sinisterra y el personero municipal Mario Fernández de Soto, se habían referido en malos términos a los moradores del barrio: “Horda de forajidos”; “bribones”; “lazareto de la ciudad” “terror de las gentes honradas”. La movilización del día miércoles tuvo la vocería de Cruz Bravo, un moreno-como lo describió el cronista del periódico-quién leyó una hoja con el objetivo de resarcir el “honor de hombres, mujeres y niños”; ese día Torres no pudo hablar porque los concejales no lo consideraban obrero. Ignacio aprendió sastrería, carpintería y tipografía, todos esos saberes, incluyendo los conocimientos de economía política, lo convirtieron en un maestro formador en las escuelas sindicales.

Julio Rincón-que firmaba sus artículos de prensa como obrero sastre-estuvo al frente de un cúmulo de movilizaciones y concentraciones en la ciudad: por la construcción de los talleres del ferrocarril en el barrio obrero, contra la Compañía de luz y energía eléctrica, por la defensa de los ejidos de la ciudad, defensa de los colonos de La Elvira, la Casa del pueblo, contra la explotación de las trabajadoras del hogar, movilizaciones en la crisis de los años treinta, acompañó las diferentes expresiones sindicales y, particularmente, en la lucha por la vivienda para los habitantes más pobres, defensa que realizó en compañía de Alfonso Barberena y que dio origen a la Central Nacional Provivienda. Estas posiciones también fueron defendidas desde su curul como concejal de la ciudad en varias oportunidades, sobre todo en los cinco periodos que van desde 1937 hasta 1947. Y en los artículos que escribió en el periódico El liberal. “El camarada Rincón”, como lo llamaban irónica y despectivamente desde Relator, escribió memorandos, cartas y documentos para campesinos, sindicalistas, obreros, artesanos y mujeres pobres que buscaban defenderse o favorecerse ante situaciones inesperadas. Sus capacidades de liderazgo, vocería y oratoria estuvieron al servicio de la educación, ilustración y favorecimiento de los sectores más populares.


El Gráfico, No. 684, abril 26 de 1924. (Fotografía huelga de tranviarios), p. 1340.
Foto: http://bibliotecanacional.gov.co/es-co/colecciones/biblioteca-digital/exposiciones/Exposicion?Exposicion=Imprenta,%20prensa%20obrera%20y%20lecturas%20populares%20a%20comienzos%20del%20siglo%20XX#Huelgas%20y%20protesta%20social


También otros nombres son mentados a la hora de dar cuenta de los movimientos populares de la época. José T. Calderón, reconocido por sus escritos en el periódico El liberal; Agustín Morales Valencia, Secretario general del Comité Regional del partido comunista (1931) y el médico Neftali Arce, de reconocida ilustración, pues daba a conocer sus conocimientos científicos y sociales con tono crítico en los diferentes periódicos de la época. Las mujeres no solo acompañaban los movimientos reivindicatorios, también se convirtieron en protagonistas de los mismos. Los paros de las trilladoras y lavanderas, y las huelgas en La Garantía, Industrias textiles El Cedro e Industrias Textiles de Colombia dieron buena cuenta del aporte del proletariado femenino al movimiento popular y sindical.

Debemos recordar que estas protestas y reivindicaciones de movimientos urbanos se gestaban y desarrollaban al mismo tiempo que los movimientos agrarios; en el Departamento del Valle del Cauca en los diferentes espacios de ambas orillas del rio Cauca los movimientos agrarios se presentaron por problemáticas que tuvieron que ver con la resignificación del territorio y los nuevos y viejos problemas de asimetría social que la modernización empezaba a plantear. La vida en lo urbano, también, empieza a definir políticamente el desarrollo de habitus y de nuevos procesos cognitivos a los recientes moradores de la ciudad. Por eso las marchas, las concentraciones, los paros y las huelgas son los símbolos políticos de las personas que necesitan reivindicar la vida ante las nuevas reglas que va a plantear el mundo moderno.

Las concentraciones en la ciudad se hacían en el Parque de San Nicolás, Santa Rosa y en la plaza de San Francisco. Los dirigentes van a lanzar cohetes al aire para llamar la atención, utilizan arengas, volantes y carteles para comunicar sus ideas y principios. Algunos cocinarán alimentos a la orilla del rio Cali y los comunistas construirán calendarios con fechas especiales para conmemorar el día del trabajo, la revolución de octubre y la “masacre de las bananeras”; buena estrategia para construir el tiempo. Al terminar las marchas y concentraciones, muchas de ellas multitudinarias, cuando no eran detenidos y llevados al Manicomio en calidad de presos, los comunistas se dirigían al “acreditado” (así se refería el cronista del periódico) Café Hamburgo, del camarada Ramón Z. Casas, dónde celebraban comiendo pasteles y dando continuación a sus temas de conversación. Así aconteció en una “concentración comunista” presidida por Luis Vidales, en diciembre de 1933; el periódico aprovechó para objetivar las disposiciones particulares, elocutivas e ideológicas utilizando expresiones irónicas y estigmatizantes como “… nos conquista la forma como este muchacho, gran poeta y gran agitador, defiende sus ideales con indignación de convencido”.

A mediado de la cuarta década del Siglo XX la dirigencia sindical llevó acabo el Congreso Obrero de transportes y que permitió la creación de la Federación Nacional de Obreros de trasportes con sede principal en la ciudad de Cali. Hacia finales de la década las condiciones se dieron para sacar adelante III Congreso Nacional del trabajo (1938) posicionando a Cali rápidamente como un centro importante de los movimientos populares y sindicales a nivel nacional; poco tiempo faltaba para que la voluntad organizativa de alarifes y mineros diera paso a la formación de la Federación de trabajadores del Valle del Cauca (FEDETAV) Ya no se trataba de simples parroquianos o de “la rebeldía de las masas”, la agencia de una dirigencia que trataba de resistir y proponer nuevas representaciones y organizaciones en la asimetría impuesta por la modernización. A las marchas, concentraciones, reinados, propuestas de nuevos calendarios, sociabilidad en los Cafés se articularía la música antillana (que viajaba en barcos y ferrocarril) y el futbol que, a partir de la radio y la prensa, daban cuenta de resignificaciones del tiempo y el espacio, y nuevas experiencias que continuarían cambiando el habitus, la capacidad cognitiva y la historia de los cuerpos.


El Gráfico, No. 816 1927. (Fotografía manifestación obrera,enero 29), p. 604.
Foto: http://bibliotecanacional.gov.co/es-co/colecciones/biblioteca-digital/exposiciones/Exposicion?Exposicion=Imprenta,%20prensa%20obrera%20y%20lecturas%20populares%20a%20comienzos%20del%20siglo%20XX#Modernizaci%C3%B3n%20e%20industrializaci%C3%B3n


NOTA:
Elaboré este texto con algunos fragmentos, casi que textuales, de mi libro Historia de las prácticas empresariales en el Valle del Cauca. Cali 1900-1940 (2006). Tomé información de periódicos como Relator (años: 1926, 1931, 34 y 35) y Heraldo Industrial (1935) Igualmente Los Inconformes, de Ignacio Torres Giraldo (1978) Bogotá: Editorial Latina, Tomo 3.

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