|
Rogelio Salmona: el
constructor de imaginarios públicos

El pasado 4 de Octubre murió Rogelio Salmona. El
arquitecto más importante de nuestro país dejó un
legado único pues sus obras evidencian el interés
por el espacio público y su contribución al
patrimonio cultural en Colombia es innegable. Adiós
al creador de espacios y emociones contenidas.
Por Adriana Castellanos Olmedo
De los aspectos biográficos que se destacan de la
vida de Rogelio Salmona encontramos relevante su
contacto con Europa y en particular con Francia. No
sólo porque allí nació en 1929 (hijo de padre
español y madre francesa), sino también porque en
esta ciudad estudió arquitectura (después de
estudiar tres semestres en la Universidad Nacional,
en Bogotá) nada más y nada menos que en el estudio
de Le Corbusier y se inspiró en las grandes
construcciones de ese Europa.
Después de su periplo por tierras europeas, Salmona
volvió a Colombia y se comprometió a tal punto con
el país que llegó a ser considerado como el gran
arquitecto del último siglo en Colombia, gracias
principalmente a su propuesta de considerar la
ciudad como un espacio abierto y accesible a todos.
A sus 78 años, después de una vida dedicada a
sentir, pensar y crear la ciudad, Salmona deja de
existir en este mundo dejando atrás innumerables
premios y reconocimientos, pero lo más importante es
el recuerdo que deja en quienes lo conocieron y
compartieron con él, amigos y colaboradores que no
paran de asegurar que antes de ser un gran artista
era una gran persona.
SU OBRA
Lo que más se destaca de su obra es el frecuente y
especial uso del ladrillo y concreto a la vista,
aunque el material de sus construcciones lo define
el lugar de las mismas. También ha usado ampliamente
el agua como elemento conector, mediante canales,
piscinas y estanques.
De igual manera su trabajo se caracteriza por esa
necesidad de privilegiar los espacios públicos así
como por tener una conciencia pluralizada, buscando
que la mayor cantidad de personas tuvieran acceso a
su obra y permitiendo que sus edificios siempre
estén abiertos para todos los que quieran
recorrerlos.
En los edificios pensados y construidos por Salmona
siempre está presente la unión entre material,
funcionalidad, geografía, historia y espacialidad,
es decir, siempre que pensaba una obra lo hacía en
correlación con el entorno y el contexto del lugar
donde iba a construir.
En palabras elaboradas al recibir la Medalla
Alvar Aalto en marzo del 2003, otorgada por
primera vez a un latinoamericano, Salmona enfatiza:
“En un país pobre (no me gusta usar términos como
'subdesarrollo') pero con una hermosa y diversa
geografía y una gran calidad y calidez humana, la
arquitectura tiene que encontrar soluciones para
cada región y ser capaz de establecer una simbiosis
entre necesidades existenciales, culturales,
geográficas e históricas. Soluciones difíciles de
poner en práctica con sabiduría, belleza y solidez,
pero de primera e impostergable necesidad para
aligerar el trauma de problemas mayores como la
guerra, el hambre, la salud o cualquiera otra
incomprendida e incomprensible manifestación de la
miseria.”
Por su inmensa obra recibió premios además de la ya
mencionada medalla Alvar Aalto, la medalla
Manuel Tolsá de la Universidad Autónoma de
México, el premio a la Trayectoria Profesional en
Arquitectura de la II Bienal Iberoamericana de
Arquitectura y cuatro Premios Nacionales de
Arquitectura en Colombia. Además, fue designado
miembro honorario del Instituto Americano de
Arquitectos.
LA FES
En más de tres décadas este arquitecto diseñó y
ejecutó un gran número de obras en varias partes del
país, la mayoría en la ciudad de Bogotá. Destacamos
las siguientes creaciones: En 1959, diseñó el
conjunto de apartamentos El Polo, con el arquitecto
Guillermo Bermúdez Umaña. En 1962, diseñó el Colegio
de Bachillerato de la Universidad Libre. Entre 1964
y 1970 proyectó las Torres del Parque. En 1969, la
casa Alba, en Bogotá. Entre 1978 y 1982, La Casa de
Huéspedes Ilustres en Cartagena, que obtuvo el
Premio Nacional de Arquitectura en 1986 y fue
distinguida como el proyecto latinoamericano más
importante realizado en la década de los años 80. En
1983, diseñó el Centro Jorge Eliécer Gaitán. En
1984, el Museo Quimbaya en Armenia (Premio Nacional
de Arquitectura en 1988). En 1989, inicia el
proyecto para la sede del Archivo General de la
Nación.
En 1990 obtuvo el Premio Nacional de Arquitectura
por la sede para la Fundación para la Educación
Superior (FES) en Cali, obra proyectada con los
arquitectos Pedro Alberto Mejía, Raúl H. Ortiz y
Jaime Vélez. Actualmente en esta edificación
funciona el Centro Cultural de Cali, espacio que
hace parte de la cotidianidad de los caleños donde
se realizan distintos eventos a nivel cultural y
donde como en muchos de los lugares creados por
Salmona, se tienen las puertas abiertas para el
enriquecimiento estético y espiritual de la gente de
la ciudad.
En 2001 se inauguró la biblioteca Virgilio Barco.
Sus últimos trabajos fueron el Centro Cultural del
Fondo de Cultura Económica y los planos del segundo
edificio del Museo de Arte Moderno.
Rogelio Salmona nos deja como legado su obra. Una
obra orientada al goce y funcionalidad espacial, una
arquitectura que se conjuga con la geografía y con
la historia del entorno de la edificación. En cada
ladrillo de sus construcciones deja grabada su
intención de crear para la gente, de pensar la
ciudad y de abrir espacios para el uso y disfrute
público:
“Nuestros problemas son tan grandes como nuestras
responsabilidades. En ese sentido, la ética debe ser
absoluta. No tenemos derecho a dilapidar esfuerzos
ni ideas en obras de inspiraciones fugaces. No
tenemos derecho a destruir paisajes hermosos,
deteriorar ciudades frágiles que no han tenido el
tiempo de consolidarse y menos de singularizarse. La
presión del capital y del mundo industrializado, con
sus indudables beneficios, solo pueden ser
matizados, digeridos y transformados para nuestro
bien.”
Rogelio Salmona. |