Reportaje – Sí, las mujeres trans son mujeres

Sí, las mujeres trans son mujeres:
Testimonios de transfobia en el campus universitario
El baño que derramó la copa

Un acto transfóbico en los baños recién remodelados escala a un pico mediático entre la comunidad universitaria, permitiendo una visibilización del atropello de derechos de las mujeres y hombres trans pertenecientes al alma mater. Desde la cotidianidad de una mirada incómoda, comentarios en redes sociales y el sinsabor del rechazo académico, luchas que en la mayoría de los casos deben enfrentar solos y solas.



Por: Seb M Coronnel
Estudiante de Lic. en Literatura




Mensajes en una de las puertas de los baños de mujeres ubicados en Cafetería Central, Universidad del Valle, sede Meléndez.
Foto: Facebook.


La comunidad estudiantil de la Universidad del Valle había perdido la cuenta de los días, entre paro nacional y protestas, que llevaban esperando para poder usar de nuevo los tan concurridos baños de la cafetería central, corazón del recinto académico. El regreso a clases dispuso al estudiantado del espacio renovado, pasaron algunas jornadas hasta que el 4 de febrero en las horas de la noche, una reconocida Fan Page de Facebook denunció que en las puertas del baño de mujeres había mensajes de odio hacia las personas trans: (“LOS TRANS FEMENINOS NO SON MUJERES”, “¡Respeten los espacios exclusivos!”, “#Síalaabolición”, “#Noalgénero”, “EL TRANSACTIVISMO ES MISOGINÍA” y “AUNQUE SE VISTAN DE FALDA O LEGGINS ¡NO SE ADMITEN PENES EN EL BAÑO DE MUJERES!”.) Intimidantes, agresivos y sin tacto es posible reconocer en el criterio de quienes lo hicieron una conciencia directa, adjudicando dicho acto a una ideología surgida dentro de un foco radical especifico. Se utilizaron los mismos argumentos que proclaman los colectivos con postura TERF. “El Feminismo Radical Trans Excluyente (TERF por sus siglas en inglés) originados en los años 70 y se expande tanto en ideas como en integrantes hasta llegar a la actualidad, en donde las posturas TERF, abiertamente transfobicas, son defendidas por algunas feministas”. Enfatiza Leah Muñoz, redactora de la rúbrica “Géneros y sexualidades” de “La Izquierda Diario”, Argentina: “Este feminismo se caracteriza por rechazar a las personas trans y por buscar la exclusión de mujeres trans de espacios feministas y, en otros momentos de la historia, dichas feministas han demandado a los gobiernos, como en Estados Unidos, que se retire la atención médica y legal a las personas trans”. Sin embargo, se debe tener en cuenta las diferentes posturas y reconocimientos dentro de las esferas feministas. Esto lo sugiere Diana Marcela Vélez Pérez, licenciada en Filosofía. “Cuando me enuncio como feminista radical inmediatamente la mayoría de las personas me dicen: ah, eres transfóbica. Seguramente mucha gente al leer esto lo afirmará y lo pensará así. Al tachar a las mujeres feministas radicales como transfobicas se les pone una letra escarlata, estigmatiza y anatemiza. Aclaro que no me considero experta frente a ningún tema y asumo esta postura como una postura política desde la cual dialogo con otras posturas”. Diana expone el caso de algunas feministas radicales como Kate Millett, quien analiza aspectos como el sistema sexo-género, la cultura, la educación, la sexualidad, la pornografía y la prostitución, temas que hacen parte del debate que tiene el feminismo en la actualidad. “Cuando me declaro feminista radical, centro el eje de mi análisis en mi experiencia como nacida mujer e identifico las diferentes opresiones que atravieso en relación con otras mujeres: mujeres negras, indígenas, trans. El debate es interesante y he conocido personas con las que es posible dialogar frente al tema. Sin embargo, en este tipo de coyunturas siempre da lugar a las generalizaciones. Generalizaciones del tipo feminista radical es igual a transfóbica La transfobia es innegable, mentiría descaradamente si te dijera que no existe, claramente a las mujeres trans se les excluye y se les relega a un lugar determinado en razón de su identidad de género. Cuando me enuncio como feminista radical mi intención no es negar la existencia de las personas que han decido transitar de un género a otro”.

En respuesta al acto transfóbico los comentarios de rechazo, indignación y tristeza entre los estudiantes dieron paso a debates álgidos, creando y consolidando un espacio de reflexión que se viralizó a la velocidad que Internet nos tiene acostumbrados. Al día siguiente l@s manifestantes no reprimieron más su demanda. Un grupo trans se tomó las paredes con mensajes que hacían un llamado a la dignidad, al respeto. Con la rabia apretando sus rostros, consolidaron sus derechos en aerosol negro. Ambos baños portan ahora la leyenda: “Sí, las mujeres trans son mujeres” y “Furia Trans” cubre espejos y lavabos. “Para entender la cuestión se deben tomar el punto de vista genético y la representación exterior” Aporta Liliana Arias, Investigadora y Directora del Grupo de Investigación en Salud Sexual y Reproductiva de la Universidad del Valle. “Las mujeres y hombres trans son aquellas personas que no hallan en su representación física y biológica una concordancia con el sentir interior que funda la construcción de su identidad. Personas con el alma en el cuerpo equivocado si así lo queremos ver. La mujer transgénero es una persona que para los demás actantes en su círculo social (familiar, académico, profesional) ha nacido como hombre, dicha afirmación solo se basa en lo biológico. Ahora, si lo biológico es la base para una sociedad que no reconoce el trasfondo social o psicológico del individuo trans, las opciones desde el estándar médico internacional buscan ofrecer una solución física y estética que permita aflorar una experiencia de vida real. Entonces, una vez la persona inicia su tránsito hay tres pasos que caben dentro de las opciones de los estándares una vez se cumplan todas las pruebas psicológicas, se tenga en cuenta la historia de vida y el proceso intrapersonal: primero, empezar a vestir ropa femenina o a su gusto, comportamientos acordes a su sentir. Dejarse crecer las uñas y el cabello. Segundo, el cambio corporal a partir de hormonas. En el caso de la mujer trans se bloquean los andrógenos al implementar estrógenos, lo cual produce crecimiento en las mamas, existen casos de atrofia en el pene e incluso se puede complementar con cirugías de carácter estético, terapias para modular la voz, etc. Por último y agregado a todo lo anterior está la reasignación de sexo. Proceso donde se retiran los genitales asignados al nacer”.

De nuevo las redes sociales sirvieron de trampolín, apuntando todo lo ocurrido hacia un pico mediático, causando tendencias incluso en Twitter, donde más estudiantes compartieron las fotografías de lo sucedido. En esto último recae la crítica de algunas integrantes del movimiento trans de la Universidad del Valle. Ellas acuden al hecho de reconocer en los mensajes del baño una suerte de florero de Llorente, ya que todos los días las personas trans deben lidiar con una secuencia de malos tratos causados por la ignorancia, la confusión y el odio que expresan las personas que no conciben ser empáticos porque hay un recelo a lo diverso. Una compañera estudiante trans de Comunicación Social y Literatura comparte su sentir al exclamar “Conozco varios casos, una estudiante de trabajo social. Su directora de práctica se negaba a aceptar su identidad. Siempre la trataba como hombre, usando su nombre antiguo. Ella insistía a la profesora, pero ya cansada le sienta un ultimátum, exigiendo ser tratada como una mujer. La respuesta de la profesora fue enviar una carta exigiendo su renuncia como directora de la estudiante. La chica quedó sin poder continuar su ciclo de práctica profesional”. Ella reconoce que las formas de transfobia pueden variar hasta el punto de pasar desapercibidas gracias a la normalización de ciertos comportamientos. El mero acto de no respetar el uso de los artículos definidos con los cuales ellas o ellos se sienten acogidas, o acogidos, puede ser el causante de grandes tormentos en la vida de una persona de un grupo social vulnerable. “La reacción de la universidad muestra una victoria mediática para la lucha por los derechos trans en la Universidad, que las personas expresaran su rechazo denota algo importante, pero al mismo tiempo es una victoria hipócrita, porque de igual manera muchas de las personas que afirman apoyar a través del mismo discurso demuestran que no les interesan nuestras identidades, como le ocurre a la parte institucional que solo porque es mediático ahora sí lo condena”.


Integrantes del Movimiento Trans Univalle en plantón realizado en los baños ubicados en Cafetería Central. Universidad del Valle, sede Meléndez.
Fotos: Facebook.


No obstante, otras compañeras ven en lo “viral” una oportunidad para poder acercarse a las personas en situación de desconocimiento de las realidades trans. “Tengo entendido que hubo muchos comentarios en las redes sociales”. Opina una estudiante trans suscrita al programa de Historia: “La verdad me sorprende que hay gente más abierta a apoyar los temas que afectan a las personas trans, como que hay una mayor apertura”. Al finalizar su intervención ella agrega: “La universidad está en un constante diálogo de ideas y ese diálogo permite que exista la posibilidad de reflexionar. Porque se pueden generar acciones colectivas directamente en la estructura social, y sepan que las personas trans no están solas”.

Valerie Summer Herrera es un nombre que resuena en las paredes, nombre del rostro que vela la entrada del Instituto de Educación y Pedagogía. Es el retrato de una estudiante trans, afrocolombiana de Licenciatura en Educación popular. Así se define ella misma mientras sentada en la frutería comenta con serenidad. “Cuando comencé mi tránsito fue que inició la violencia, en comparación a cuando me identificaba como un hombre gay. La primera fue cuando me sacaron de un baño acá en mi facultad. Una compañera de mi misma carrera, pero de semestres superiores, en medio de gritos y de insultos quiso sacarme del baño del IEP. Otra compañera que estaba conmigo se indignó muchísimo, ella no podía creer que era verdad. Con la ayuda de un chico del programa empezaron a exigir al instituto que hiciera algo frente al caso. Crearon un espacio al que llamaron y abro comillas, ‘comité de convivencia’. Toma aire algo indignada y continua: “Me pareció una falta de respeto que lo trataran como un tema de convivencia. ¡Era de discriminación! Yo ya había gritado a los cuatro vientos que era trans, todos sabían, yo ya no me sentía segura en el baño de hombres. La compañera no tenía derecho a amenazarme. Yo me sentí censurada, no lo querían ver como un acto de discriminación. Recuerdo que no me dejaron grabar, era yo sola en frente de muchos funcionarios. Lo que más me aburre de todo es ver el bajón en mi promedio académico en el momento que inicié mi tránsito, yo siempre ocupé los mejores puestos. Ya nadie quería trabajar conmigo, otra situación de odio”.

Al cuestionar la reacción de la comunidad universitaria Valerie responde. “Yo quiero dejar claro que siempre ha habido mensajes transfóbicos en los baños. Que ahora se escandalice porque el tema trans es mediático, ya sabes los pros trans o Aliados. Siempre ha habido mensajes de odio, siempre ha habido situaciones de odio contra nosotras en esta Universidad. El semestre pasado en los baños de la biblioteca, hubo una pinta en contra de las travestis, nadie dijo nada. Siempre ha habido mensajes y acciones”. Al recoger las ideas de todas, el llamado apunta a una reparación en la estructura social, donde los mecanismos y órganos gubernamentales permitan a las personas trans contar con la credibilidad de hacer valer sus derechos, desde la capacidad de denuncia hasta la aplicación de capacitaciones y educación en diversidad de género a partir de caracterizaciones basadas en procesos etnográficos, que validen las intervenciones en la población afectada. “Lo que pasa es que aún es un tema de opinión y no de derechos. A mí no me importa qué opine señor funcionario público, señor profesor… Lo que me interesa a mí son mis derechos. Hace falta escucharnos, escúchennos a nosotras, reúnanse con nosotras”. Así concluye Valerie, con un llamado a la justicia social.

En respuesta por parte de la Universidad y apelando a un modo de intervención institucional, se replican los comunicados emitidos desde el Consejo Académico de la Universidad del Valle el día 6 de febrero a través del correo institucional: “La Universidad del Valle, como escenario de encuentro académico y multiestamentario, reconoce y respeta la diversidad sexual en todas sus manifestaciones. En su proyecto institucional se ha propuesto ser una universidad incluyente en la cual se reconozcan las amplias formas de diversidad que están relacionadas con las identidades de géneros y las orientaciones sexuales de las personas(…)”. También el Centro de investigaciones y Estudios de Género, Mujer y Sociedad se manifestó al respecto: “Rechazamos los actos de transfobia y discriminación que se presentaron el día martes 4 de febrero en los baños de la Cafetería Central. Seguiremos luchando para que actos como este no ocurran, ya que facilitan la reproducción del modelo hegemónico-patriarcal en nuestro campus universitario…”.




Valerie Summer. Mural realizado por los estudiantes en honor a la lucha transgénero. Instituto de Educación y Pedagogía. Universidad del Valle.
Foto: Seb M Coronnel.

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