Reportaje – Revolución molecular ¿disipada?

Revolución molecular ¿disipada?



Por: Jorge Bejarano Useche
Doctor en Filosofía
Universidad del Valle




Félix Guattari (1930 – 1992), psicoanalista, filósofo, semiólogo, activista y guionista francés.
Foto: https://psicologiaymente.com/reflexiones/frases-felix-guattari


Hace ya varios días se ha vuelto “viral” en varios medios de comunicación una expresión muy rara que llama a gritos un esclarecimiento por parte de los académicos: “revolución molecular disipada”. ¿A qué se refiere? ¿Qué quiere decir? ¿Qué significa? ¿A qué disciplina corresponde? ¿Para qué fines y usos se está utilizando? Se hace necesario abordar y esclarecer su significado en la actual coyuntura colombiana porque, además, por ejemplo, la Universidad Militar Nueva Granada emitió a través de sus redes sociales el 19 de febrero de 2021 un conversatorio llamado “La revolución molecular disipada y cómo enfrentarla” (no siendo esa la primera vez en la cual dicha institución ha entrado en relación con ese concepto). Quisiéramos entonces aquí, en función de intereses académicos y pedagógicos, trazar una distinción entre los términos “revolución molecular” y “disipada” para un acercamiento de comprensión al fenómeno en cuestión.

El término “revolución molecular” originalmente se atribuye al psicoanalista y militante francés Félix Guattari. Este término es retomado por el entomólogo y publicista chileno Alexis López Tapia -quien acuña la expresión “disipada”, tomada a su vez de Hans Magnus Enzensberger, lo cual demuestra un uso y una modificación del término guattariano-, quien fuera en dos ocasiones el conferencista invitado a la Universidad Militar Nueva Granada. Es, por lo tanto, apremiante hacer esa distinción en la noción “revolución molecular disipada”.

Así, por un lado, creemos que no es necesario explicar aquí en qué consiste ese nuevo uso que se hace del concepto guattariano -al añadirle la expresión “disipada” al concepto original “revolución molecular”-, dado que todos sabemos, a todas luces -y así lo vivimos y experimentamos todos los días en la actual coyuntura- que se trata de un uso neonazi y fascista. Lo que aquí quisiéramos, por otro lado -y a modo de ejercicio académico de esclarecimiento-, es mostrar más bien en qué consiste la revolución molecular en su sentido originario, es decir, en el sentido que le da Félix Guattari, para demostrar de esa forma su diferencia irreductible con respecto a los diferentes usos que se ha hecho de ese concepto -como, por ejemplo, el ya mencionado uso teórico por parte de Alexis Lopez o el uso práctico, así lo creemos, por parte de ciertas instituciones colombianas-.

En el año 1994 la editorial de la Universidad del Valle, bajo la rectoría del doctor Jaime Galarza Sanclemente, publicó la traducción del libro La révolution moléculaire de 1977 de Félix Guattari. La traducción fue realizada por un grupúsculo de no-filósofos y fue la primera en lengua española en el mundo. Demostraremos aquí, además, que dicho libro y dicha traducción no son causa sino efecto y consecuencia de los diversos fenómenos que padece nuestra realidad actual desde hace ya varios años, puesto que en los diferentes usos del concepto guattariano se le quiere imputar una responsabilidad sobre las diferentes crisis que ha vivido el mundo y la humanidad, sobre todo en los últimos años. Responsabilidad, a nuestro juicio, inexistente.

Así, en este libro, Guattari pone en funcionamiento, a mi parecer, no una sola “revolución” -que sería la “molecular”-, sino al menos tres revoluciones implícitas en la noción “revolución molecular” y que la explicarían: primero, una revolución filosófica (es decir, la puesta en construcción de otra concepción del “ser” como, usando sus mismos términos, “diferencial caósmico”, y no más como “revelación” fenomenológica o “develación” heideggeriana); segundo, una revolución psicoanalítica (o sea, otra concepción de la “mente”, del “deseo” y del “inconsciente” como “máquina” y no más como “estructura” edípico-freudiana), y tercero una revolución política (es decir, otra concepción de lo “social” como -en sus términos- “práctica ecosófica” y no más como, por ejemplo, “lucha de clases” marxista). Como podemos ver, rápidamente, la revolución molecular de Guattari es una tesis que mezcla dimensiones tanto ontológicas, ecológicas, científicas, políticas, éticas, psicológicas, artísticas como mass-mediáticas de nuestra actualidad – o sea, la actualidad de la segunda mitad del siglo XX- entre otras; dimensiones que configuran lo que él llamó “Capitalismo Mundial Integrado” (CMI). Por lo cual, sus análisis y diagnósticos son más bien, repetimos, un efecto y no una causa de las grandes y complejas crisis que atraviesa el mundo contemporáneo desde inicios del siglo XX y que, por lo demás, tienden cada vez más a agudizarse, desembocando en las manifestaciones y protestas de estos últimos años -sobre todo las que antecedieron la crisis sanitaria del covid-19- y que evidenciaron una crisis generalizada del sistema capitalista neoliberal. En esas condiciones, habría que decir que las revoluciones tanto filosófica, psicoanalítica como política que propone Guattari en su “revolución molecular” se tornan, mucho antes que indeseables o impertinentes, por el contrario cada vez más necesarias y acuciantes para un mundo que, prácticamente, lo está perdiendo todo: los valores éticos, el futuro, el medio ambiente, la economía, la espiritualidad, en fin, las posibilidades de vida sobre la Tierra. En ese actual estado de cosas y de perdición continua -que ya dura varios años desde las pasadas guerras mundiales- no le queda más a la población excluida, humillada, empobrecida y explotada por décadas, que la dignidad; no le queda más que un grito desesperado de rebelión y de resistencia ante la pérdida de las posibilidades de vida, ante la infamia, la ignominia, la vergüenza, la injusticia, la opresión, la violencia, la desigualdad, la crisis y la decadencia que se han normalizado.

Pero expliquemos un poco más esas, a mi parecer, al menos “tres revoluciones” propias a la “revolución molecular” guattariana para entender mejor por qué la revolución molecular es un efecto y no una causa de las actuales “revoluciones”.


La revolución molecular, texto seminal del psicoanalista francés Félix Guattari, publicado por primera vez en 1977.
Foto: https://conejito.mundofranquicia.mx/1091652/


Primero: el elemento de la “revolución filosófica” nace de un contexto paradójico de “modernidad” donde el estado de crisis y de puesta en crítica de los propios presupuestos es, precisamente, un presupuesto y una constante de la modernidad misma. Dicho de otra manera: es propio a la modernidad pensarse como “constante cambio”, como “constante novedad” y “modificación” de sus propias nociones y concepciones del mundo y del ser humano. Tanto es así, que el contexto intelectual de la filosofía contemporánea no ha hecho más que agudizar esa “inestabilidad” o “crisis de fundamentos” (como, por ejemplo, en el “nihilismo”) propia a la modernidad y a la cultura occidental, hasta llegar a no hablar más en términos de formas dominantes o “molares” identitarias, esencialistas y substancialistas del tipo “Hombre”, “Política”, “Imagen del Mundo”, “Dios”, etc., sino más en términos de procesos moleculares de singularización, de subjetivación, de, en fin, “micropolíticas”, donde ni siquiera se cree ya en un “Mundo” como idea totalizante o englobante. La idea de “Mundo” ya no es más que una vieja idea, clásica, de la Razón kantiana, si bien la contemporaneidad, después de Nietzsche, se aferra desesperadamente a la necesidad de creer en este mundo y de “permanecer fieles a la Tierra”. La verdad es que el “mundo” ha cambiado de naturaleza, precisamente porque su cambio es no cesar de cambiar, es permanecer en estado de crisis, en una “caosmosis” que explicaría mucho mejor los fenómenos “mundiales”. Guattari lo que hace es solamente diagnosticar esa condición de crisis constante propia a la modernidad y a la contemporaneidad; de ahí que proponga la noción compleja de “diferencial caósmico” para ayudar al pensamiento a afrontar dicha situación caótica que ya no es ni siquiera objetiva o subjetiva, sino, precisamente, caósmica. Se trata pues de un mundo tras-fronterizo molecularizado donde cualquier concepto, cualquier percepto o cualquier afecto es una multiplicidad de conexiones múltiples y de resonancias ético-existenciales, es decir, es una multiplicidad que implica un modo de vida que él denomina “ecosófica” y que compromete cualquier lugar del planeta, cualquier punto del espacio-tiempo. El pensamiento de Guattari no es, pues, ni ajeno a las actuales -y ya de larga tradición- teorías científicas del caos, ni a las actuales teorías filosóficas de la complejidad, ni a las estéticas singulares del arte contemporáneo: todas ellas reivindican lo “molecular” -es decir, nuestros devenires como contenidos de nuestros deseos- más allá de lo “molar” -o sea, nuestras formas identitarias como contenidos de nuestras representaciones-.

Segundo: el elemento de la “revolución psicoanalítica” surge a su vez de la necesidad de reinventar las ya caducas teorías freudianas sobre el inconsciente. Ante la ausencia del Mundo ya mencionada, y sumada a la crisis teológica y religiosa heredada por las teorías nietzscheanas y marxistas, el problema que afronta el psicoanálisis freudiano deviene en realidad -como herencia incluso leibniziana, kantiana y schopenhaueriana- el problema de la disolución del Yo, de eso que Michel Foucault llamaba, por ejemplo, “la muerte del hombre”, frente a lo cual ya no nos queda más que el problema de los acontecimientos y de las multiplicidades (como por ejemplo en Riemann), el problema de los procesos inconscientes de subjetivación (como sumisiones) o de los procesos de singularización (como modos de existencia y de resistencia a los poderes establecidos, sean estos disciplinarios, biopolíticos o de seguridad y control a través de, por ejemplo, la gestión inconsciente y micropolítica de todos los pequeños miedos, de la banalidad cotidiana, de la “normalidad”, de los “microfascismos” que inundan los corazones, etc.). El inconsciente es entonces, para Guattari, maquínico, colectivo y deseante, transversal a todo el conjunto social. Lo que llamamos “Yo” no hace en realidad más que conectar flujos: flujo de dinero, flujo de capital, flujo de vida, flujo de trabajo, flujo de lenguaje, etc. Entonces, ante un mundo caotizado y un “Yo fisurado” -cuya tradición, como ya mencionamos, viene, por ejemplo, entre otros, de la modernidad kantiana cuando plantea la escisión entre lo empírico y lo trascendental-, en la contemporaneidad, después de Nietzsche, Marx y Freud, solamente nos quedan las conexiones, los “agenciamientos”, los “grupúsculos”, las multiplicidades. El individuo biológico, el sujeto deseante, el “Yo” metafísico entonces se molecularizan, se disuelven; pierden su forma esencial y substancial, se deshacen como en un diferencial infinitesimal, en un proceso de individuación que es siempre colectivo, múltiple, deseante, maquínico y enunciativo, y que se abre continuamente a una zona intensiva e indiscernible que es un potencial pre-individual, un “cuerpo sin órganos” anterior a cualquier forma englobante, reconocible o totalizante como derivada o como integral -como, por ejemplo, en la forma de identidad de un “Yo” o de un “Organismo” como integral o derivada de las relaciones diferenciales que le preceden. Se trata, en última instancia, de pensar el individuo, la subjetividad y el Yo como diferencia.

Y tercero: el elemento de la “revolución política” emerge de forma mucho más violenta y evidente desde la modernidad con, por ejemplo, la “revolución francesa”, o en la contemporaneidad con el famoso “mayo francés”. La concepción de lo social como “práctica ecosófica”, como política constructivista, maquínica social y transversal, como reactivación de sus procesualidades y devenires busca, entonces, en su “revolución molecular” -que es ante todo una revolución ética, es decir, de los modos singulares de existencia-, pensar de otra manera las caducas, jerárquicas y piramidales maneras de concebir lo social como “lucha de clases”: el poder como poder político es microfísico, micro-político, molecular. Atraviesa todo el campo social y todo el campo del deseo, es transversal tanto a dominados como dominantes, tanto a gobernados como gobernantes. El poder no pertenece a nadie, no es localizable ni es asignable a ninguna forma definida o identitaria: es molecular, difuso, y no molar o englobante. El poder en su polo potencial o esquizoide es por lo tanto necesariamente “menor” o “minoritario”, pero en su polo despótico o paranoico es “mayoritario” o perteneciente a los grandes conjuntos. Es decir que el Estado como forma molar es la resultante o la derivada, la integral de todas estas variables o diferenciales moleculares que viven y resisten caósmicamente. Y contrariamente a las tesis de Foucault, para Guattari lo primero en una sociedad no es la resistencia, sino la huida, la fuga: el hecho que todo se fugue por todos lados. El deseo entonces se compone maquínicamente con lo social sobre un suelo caósmico que también es maquínico pero que está en fuga. Ahí el ser humano, infinitamente maquinado, está molecularizado como multiplicidad y singularidad, sin una forma y sin una identidad determinadas, definidas o definitivas: más bien está siempre en devenir, haciéndose, en una composición procesual o de individuación. Por eso es que, precisamente, la molécula humana -por decirlo así- es susceptible de devenir sujeto u objeto de los poderes dominantes que captan esas moléculas, que les otorgan una forma y una identidad fijas a través de determinados procesos de subjetivación o de dominación, a través de una modulación procesual donde todo se juega. Se trata del inconsciente maquínico, y las luchas contemporáneas devienen entonces luchas donde lo que está en juego es la producción del sentido y del sin-sentido, de la subjetividad misma, y no de la conquista formal o formalizada de ningún poder, porque nadie puede poseerlo, ya que es microfísico y molecular: pasa por todos sin excepción.

Como podemos ver, ya estamos en condiciones de entender, así sea un poco, lo que es la revolución molecular guattariana: un asunto maquínico de los nuevos modos de existencia y de singularización, a la vez filosóficos, deseantes (o afectivos) y políticos. Todo lo contrario a un fascismo, a un micro-fascismo o a un neo-nazismo. Ya sabemos entonces por qué es tan peligroso hacer uso de las tesis guattarianas para fines militares o políticos a través de un uso fascista o micro-fascista donde toda vida corre el riesgo de comprometerse y de ahogarse, de hundirse en un agujero negro. Por lo demás, para cerrar, queremos hacer nuestras las palabras de Maurice Nadeau: “Yo percibo que la palabra de Guattari no puede traducirse, ni glosarse, ni resumirse. Su palabra golpea de pleno, aclara, traza vías, responde a las cuestiones que nosotros planteamos ante las fallas del marxismo o del psicoanálisis […] es un aspecto de esta Revolución Molecular a la que apela el autor y fuera de la cual será imposible, en efecto, alcanzar una nueva salud para las sociedades en crisis.” (Nadeau, Maurice. En: Genosko, Gary, Deleuze and Guattari: critical assessments of Leading Philosophers, Library Binding, 2001, p. 539. Bruno Bosteels, From Text to Territory : Felix Guattari’s Cartographies of the Unconscious, en Deleuze and Guattari : New Mappings in Politics, Philosophy, and Culture, E. Kaufman, K.J. Heller (eds.), Minneapolis : University of Minnesota Press, 1998, pp. 145-74.)




Con este trino, el expresidente y exsenador Álvaro Uribe Vélez confundió a sus seguidores en redes sociales al referirse a la “Revolución Molecular Disipada” como una amenaza para el país en la coyuntura del actual paro nacional.
Foto: https://www.opinioncaribe.com/2021/05/04/revolucion-molecular-disipada-sabe-que-significa/

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