Reportaje – La vacuna contra el coronavirus ¿Un cuento chino?

La vacuna contra el coronavirus
¿Un cuento chino?

Después de los estragos causados por el Covid en todo el mundo, la vacuna ha surgido como una esperanza para detener la enfermedad y regresar al fin a la tan anhelada normalidad. Sin embargo, el corto tiempo en que se desarrolló y sus posibles efectos adversos despiertan sospechas en muchas personas.



Por: John Restrepo Aparicio
Estudiante de Administración de Empresas




Foto: https://cutt.ly/QlN6Py6


La escena del noticiero es perturbadora. Una enfermera se desmaya minutos después de recibir la vacuna contra el Covid. Aunque se recupera al momento y explica que padece de desmayos frecuentes, el primer sospechoso de causar la recaída es la propia vacuna, cosa grave para una cura que debería salvarnos, no enfermarnos más.

Sucesos de este tipo han avivado la desconfianza y promovido un curioso sentimiento antivacunación en todo el mundo. Incluso los expertos parecen estar divididos al respecto. En medio de este panorama, el ciudadano común no sabe cómo actuar ante un virus que ha contagiado a 100 millones de personas. Crecen las soluciones mágicas, el agua de hierbas, los rituales místicos y también los muertos. Lo cual nos muestra una verdad de golpe: la enfermedad no es solo un problema médico, es un problema social.

A la par de los altos índices de contagio, el sistema de salud ha tenido que lidiar con un enemigo insospechado: la desinformación. Pese a ser la generación con más acceso al conocimiento en la historia, una mezcla de incredulidad, miedos y prejuicios nos han hecho especialmente vulnerables a creer en mentiras dichas como verdad. Suena a locura, pero el consejo de un presidente de inyectarse límpido para tratarse el virus, llevó a más de 100 casos de intoxicaciones en Estados Unidos. Y no es broma.

Una encuesta del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), realizada en noviembre del 2020, reveló que el 45 % de la población colombiana no desea aplicarse la vacuna. Son números preocupantes para la que se supone será la principal herramienta para combatir el virus. Aunque nuestra ciencia médica es mejor y la historia de la vacunación es de larga data, aún existen personas en contra de estas medidas preventivas, y los argumentos para hacerlo son de todo tipo. Entre los mayores motivos para tal desconfianza están los posibles efectos negativos y el corto tiempo que se empleó para desarrollarla, insuficiente para realizar estudios necesarios, comprobar sus efectos secundarios y asegurar su eficacia. Lo peor, para complicar las cosas, es que muchos de estos argumentos en contra de la vacuna son parcialmente ciertos. Hay una mezcla de medias verdades, pero conviene aclarar algunas cosas.

El principal argumento en contra son los posibles efectos adversos de la vacuna, algo ciertamente posible pero cuestionable. Prácticamente todos los medicamentos pueden hacernos algún daño, hasta el acetaminofén. Está escrito en cada caja, en la parte de atrás, en las contraindicaciones. La razón por la cual los seguimos usando es porque la proporción de personas a las que les llega a pasar algo malo es muy baja, y los beneficios de usarlos son superiores a los riesgos.

El segundo argumento es el corto tiempo en la cual se desarrolló la vacuna. Normalmente podría tardar hasta 10 años en elaborarse, superando con éxito todas las fases de desarrollo y estudios de seguridad. Sin embargo, el Covid hace parte de una familia de virus muy parecidos entre sí a los cuales ya se les había empezado a hacer la vacuna: el Sars y el Mercs. Las vacunas actuales contra el coronavirus están basadas en esas dos. En otras palabras: ya tenían parte del trabajo realizado. La falta de estudios también es algo parcialmente cierto. Todas las vacunas pasan por estudios de fase 3 antes de ser comercializadas, aunque la situación hizo que muchos de estos controles se relajaran. Incluso la agencia estadounidense FDA aceptó flexibilizar las restricciones para aprobar más fácilmente las vacunas. Lo mismo hizo el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (INVIMA) en nuestro país, institución que también las aprobó bajo una condición especial de emergencia.

¿Y entonces qué? Después de examinar argumentos a favor y en contra, tomar la decisión de vacunarse puede parecer como apostar en un casino. Incluso hay quienes dicen que vacunarse no servirá de nada porque el virus evoluciona y ya hay otras cepas. Pero esto sí es falso. La vacuna sí sirve para dar cierta inmunidad al cuerpo. Para eso la hicieron. Aunque el tiempo de eficacia es corto (se calcula unos 8 meses) y aún hay dudas sobre si detendrá el contagio, el medicamento sí ayuda a prevenir la enfermedad al menos por unos meses. En algo sí coinciden los epidemiólogos: la vacuna por sí sola no detendrá el virus y deberán seguir aplicándose los controles sociales que se han venido realizando hasta ahora.

Al final, vacunarse o no hacerlo depende de cada quien. Aunque haya argumentos válidos en ambos lados de la balanza, lo que no tiene sentido en pleno siglo XXI, y después de tanto conocimiento en investigación médica, es negar la utilidad de una alternativa que potencialmente puede detener la pandemia, como ya lo ha hecho en el pasado frente a otros padecimientos como la polio, la viruela, el sarampión y varios más; enfermedades que fueron prácticamente erradicadas por la vacunación. Si bien hay muchas dudas sobre la vacuna contra el Covid, la enfermedad y todos sus muertos son muy reales. Y eso, no es un cuento chino.

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