Reportaje – La Derrota De La Pobreza En China

La Derrota De La Pobreza En China

En febrero del presente año, el presidente Xi Jinping anunciaba con propiedad el fin de la pobreza extrema en China. Tamañas palabras en un país con tantas complejidades generan suspicacias, pero también el interés por ver cómo una superpotencia llevó a cabo un meta mundial como esa.



Por: John Restrepo Aparicio




“Es un milagro humano que quedará en la historia”: Xi Jinping, presidente de China.
Foto: https://bookmarc.ca/category/donald-trump/


Hablar de la superpotencia es una labor tan vasta como el tamaño de su nación. Mas allá del comunismo, los productos made in China, las películas de Kung Fu y más recientemente el Covid, el país es de una complejidad abrumadora, con sus mil millones de habitantes repartidos en 55 etnias diferentes, algunas de las cuales viven en territorios tan apartados y son tan distintos por su cultura e idioma que más bien parecen otros países. Estas dificultades y diferencias marcan drásticas desigualdades en sus habitantes, con una zona rural en la periferia sumida en la pobreza y una zona urbana más rica, la China pujante de las noticias que se va a comer el mundo. Con lo cual el país padecía una dolorosa ironía: un país rico, pero con gran parte de sus habitantes sumidos en la pobreza.

Para entender un poco el porqué de este desbarajuste hay que remontarse un poco a la historia del país del Rio Amarillo. A la muerte de su líder Mao Zedong, se abandonó el rígido comunismo lanzándose a una apertura económica, un capitalismo de bases socialistas dirigida por Deng Xiaoping, convirtiéndose en una nación de empresas exportadoras, nuevos ricos y una emergente clase media, la superpotencia que todos conocemos hoy. Sin embargo, este desarrollo no sucedió por igual en todo el país, centrándose más en las zonas urbanas y cercanas a la costa, más propicias por su salida al mar para el comercio. También las diferencias étnicas entre sus habitantes, con algunas regiones sufriendo conflictos y hasta con deseos de independizarse (Tibet y Sinkiang, por ejemplo) hicieron que las políticas no llegaran con el mismo ritmo a todas partes. Ambas situaciones contribuyeron a dejar una enorme cantidad de personas en las zonas rurales sin la posibilidad de subirse al desarrollo económico.

En ese contexto, en el 2013, el actual presidente Xi Yinping lanzó una serie de ambiciosas políticas bajo el nombre de “Alivio preciso de la pobreza”, encaminadas a sacar a la nación de la escasez y convertirla en lo que ellos llaman una “sociedad moderadamente prospera”, un país poblado en su mayoría por una gran y pudiente clase media.

El primer paso en la lucha contra la pobreza fue conocerla. Se dieron a la tarea de recolectar información en todos los poblados sobre quiénes eran las personas más necesitadas, un proceso enorme en el que trabajaron tres millones de personas, creando bases de datos y visitando el terreno casa por casa. Quienes se encontraban en las zonas más alejadas podían ser trasladados a zonas más cercanas al cono urbano con transporte y vivienda gratis, donde podrían acceder más fácilmente a servicios sanitarios y sociales. Todo esto fue pagado por el gobierno. Para mejorar sus ingresos, algunos de ellos recibieron subsidios para generar emprendimientos, en tanto otros recibieron empleos directamente.

También se cambiaron los modelos de negocios de las empresas. Algunas fueron alentadas a incluir a sus empleados de tal manera que pudieran comprar parte de la compañía. De esa manera los propios trabajadores pasaban a ser propietarios, recibiendo una parte de las utilidades cada año. Así, siendo también dueños de la empresa para la cual trabajan, no solo reciben más dinero, sino que también se motivan más a trabajar bien y a hacer que las cosas funcionen.

Aparte de lo anterior, la población rural fue inscrita a un servicio de salud. Se crearon hospitales en regiones apartadas y se construyeron fábricas para dar empleo a estas personas bajo la consigna “10000 empresas ayudan a 10000 pueblos”, un genial ejemplo de integración horizontal donde el sector privado apoya el desarrollo local de las comunidades. Los resultados han sido asombrosos: cerca de 100 millones de personas superaron la pobreza extrema, de los cuales 68 millones son campesinos.

Por supuesto, un programa así no estuvo exento de críticas. Para algunos, esta forma de erradicar la pobreza dando dinero, simplemente no funciona en el largo plazo. Para otros, el Estado simplemente “maquillo” las estadísticas. El indicador con el cual miden la pobreza la ubican en ganar 1,52 dólares al día, muy por debajo del 1,9 fijado por el Banco Mundial, siendo parte de la ya conocida propaganda del partido comunista chino, interesado en mostrar siempre el lado amable del Gobierno.

Pese a las críticas, millones de personas se han beneficiado de estas políticas. La estrategia china muestra que cuando se quiere, se puede; y el apoyo decidido de los gobiernos permite sacar a la gente de la pobreza y mejorar su calidad de vida. Si bien los resultados de las políticas pueden haber sido demasiado exagerados para la realidad (todos los gobernantes hacen cosas así), es cierto que se ha mejorado la calidad de vida de sus habitantes desde hace bastante años, y eso es innegable. El mundo podría tomar ejemplo de ellos, aprender de sus errores y aplicar sus aciertos en otras partes. Ciertamente el triunfo de un país contra un mal tan universal como la pobreza, es más bien un triunfo de todos, de la humanidad.

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