Reportaje – El tren vuelve a Cali

El tren vuelve a Cali

Con la terminación de los estudios de prefactibilidad, se inicia la gestión de un tren de cercanías o tranvía para la ciudad. El proyecto estará unido al actual sistema de transporte MIO, conectando los municipios vecinos de Jamundí, Yumbo y Palmira, movilizando a 3 millones de personas. Pero, ¿será una realidad o terminara siendo un elefante blanco como tantos otros proyectos?



Por John Restrepo Aparicio
Estudiante de Administración de Empresas




Citadis Spirit, de 42 metros de longitud. Cuenta con la capacidad para transportar 346 pasajeros. Modelo de tren propuesto en los estudios de prefactibilidad.
Foto: https://www.elpais.com.co/cali/asi-seria-el-tren-de-cercanias-que-conectaria-a-con-sus-vecinos.html


Si alguna vez has ido por carretera a Jamundí, sabes que puede ser un dilema. La misma vía es usada por comerciantes, transportadores y particulares, con lo cual los trancones son cosa del día a día y un trayecto de una hora termina siendo de dos. Tales problemas pusieron a la clase política regional, en cabeza de la exgobernadora Dilian Francisca Toro, a revisar las distintas soluciones al problema de movilidad. Aprovechando un millón de dólares donados por la embajada francesa, más unos recursos propios, se juntaron los 2,5 millones necesarios para los estudios iniciales. El resultado es un ambicioso proyecto de transporte e integración regional para 15 años, pero también es un recordatorio de problemas y desafíos muy caleños para llevar estas esperanzas a buen término.

La idea planteada en este primer análisis, llamado estudio de prefactibilidad, es usar las viejas vías ferroviarias que ya tenemos y están en desuso, para impulsar por ahí un tren tipo tranvía. Se trata de un vehículo similar al metro, pero más pequeño y económico, el cual atravesaría la ciudad de norte a sur, conectándose con los municipios vecinos de Jamundí, Yumbo y Palmira. Al tener las cuatro localidades interconectadas, se formaría una poderosa alianza regional, integrando cómodamente sus servicios y valores agregados. El plan busca articularlo con el actual sistema de transporte MIO y también con el soñado metro de Cali, de tal manera que pueda usarse cualquiera de ellos con el mismo pasaje, como sucede en Medellín, donde tienen los tres sistemas funcionando al mismo tiempo. Esto disminuiría la congestión en los actuales buses y aumentaría la velocidad de desplazamiento. Si todo avanza bien, el proyecto terminaría en el 2025 con la primera línea Cali-Jamundí, y para el 2035 con el resto. Si todo va bien.

Es harto conocido en el país cómo muchos de estos proyectos terminan siendo solo eso, unos diseños en el papel. El metro de Bogotá, por ejemplo, lleva haciéndose desde los años 80 cuando se realizaron los primeros estudios bajo la presidencia de Julio Cesar Turbay, o sea unos 40 años de nada. La financiación, es de lejos, el principal problema. Bajo las leyes colombianas se exige a los sistemas de transporte públicos ser rentables, y con las propias ganancias, pagarse a sí mismos. Aunque esto no es necesariamente malo y busca evitar que la Nación llegue a pagar los costos excesivos en caso de una mala planeación o corrupción, si termina por poner en aprietos a los gobiernos locales, quienes deberán sacar dinero de sus presupuestos para sostener el sistema en caso de una baja demanda. Por lo tanto, si el proyecto resulta muy arriesgado, podrían optar por no apoyar su construcción. Algo similar ocurrió con el MIO, donde se esperaba movilizar a unos 900.000 pasajeros, pero en sus mejores días tan solo llegaron a unos 400.000, lo cual explica en parte sus problemas financieros. Al respecto, un análisis del transporte público en el mundo muestra cómo casi todos son subsidiados por los gobiernos para sostenerse y ofrecer un pasaje económico y accesible. La discusión de cómo se reparten estos gastos, está en veremos.

Sumado a lo anterior, las vías donde se espera usar el tranvía, ya han sido ocupadas en muchos casos por particulares. Aunque técnicamente estas tierras son de la Nación, algunas de ellas, en la más escandalosa corrupción, ya fueron vendidas y revendidas por desconocidos. Recuperarlas va a tomar mucho tiempo, aumentando los ya grandes costos iniciales. También se espera protestas de los actuales transportadores, tanto de los formales como de los informales (piratas), para quienes el nuevo proyecto sería una competencia y una merma a sus ingresos.

Quizás el más complicado de todos estos problemas es luchar contra la mentalidad política de nuestros mandatarios. Todas las dificultades mencionadas se pueden solucionar con voluntad política y una buena gestión. Pero está en cada alcalde de los cuatro municipios y la Gobernación hacerlo realidad. Si alguno llegara a considerar otro proyecto como más importante, pueden dejar el tren de cercanías archivado en algún escritorio hasta que alguien más lo rescate. Aunque ningún gobernante querría llevarse el crédito de haber detenido un proyecto de tamañas dimensiones, lo cual juega a nuestro favor.

Después de estos primeros análisis siguen los estudios de factibilidad, los cuales darán más detalles sobre los costos del proyecto y se pasaría a la fase de construcción. El tren de cercanías es una buena opción para la región, además de hablar de modernidad y desarrollo en la ciudad. Ignorado casi siempre en los discursos y análisis técnicos, está el tema de la grandeza y el orgullo que proyectamos. Siendo una de las tres ciudades principales (Medellín con metro y el de Bogotá en proceso), Cali no podía quedarse atrás. Pese a no ser una solución masiva, es una alternativa intermedia para mejorar la movilidad. Si tendremos un nuevo sistema de transporte, amanecerá y veremos. Pero hay razones para ser optimistas.

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