Reportaje – El Amazonas se quema y no parece importarnos

El Amazonas se quema y no parece importarnos

A la fecha los incendios en la selva amazónica continúan avanzando. ¿Qué lugar ocupamos frente a esta crisis ambiental y humanitaria?


Por: Daniela Páez Avilés
Licenciada en Literatura




La selva amazónica en llamas.
Foto: https://90minutos.co/prayforamazonia-ola-incendios-amazonas-21-08-2019/


A mediados de septiembre la selva amazónica se sigue quemando. De enero a agosto del presente año los datos satelitales del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales Brasileñas (INPE) contabilizaron 82.285 puntos de incendio en un 51,9% de la selva. Estos datos han encendido las alarmas, no solo en el territorio de los países vecinos (Bolivia, Brasil y Paraguay), sino a nivel internacional, pues representan un aumento de más del 80% de las conflagraciones registradas en el Amazonas desde el 2013.

Esta información ha sido difundida en decenas de artículos, tanto de periódicos como de revistas especializadas alrededor del mundo. Sin embargo, la selva se sigue quemando y ya no parece importarnos. Las publicaciones al respecto, en un inicio abundantes, han pasado a un segundo plano. Ya no podemos estar al tanto de la situación actual de la selva a través de los medios conocidos, a no ser que nos interese y podamos entender los datos de sitios más especializados (INPE, NASA). Ya no hay más hashtags del #prayfortheamazon, o publicaciones de famosos presentando fotografías de los incendios en la selva. Los citadinos hemos preferido voltear la mirada y seguir con nuestras vidas: tomar el café o el jugo en el vaso desechable de plástico o icopor y usar el pitillo y la bolsa plástica que, tras ser desechados, continuarán su camino destructivo en los océanos.

A lo largo de la historia los seres humanos hemos demostrado pericia para evadir nuestras responsabilidades y buscar culpables. Ante la situación crítica de la selva amazónica los juicios han caído especialmente sobre el jefe político de Brasil, Jair Bolsonaro, cuyo periodo de mandato, iniciado en enero del 2019, ha coincidido con el aumento del porcentaje de la deforestación del Amazonas en un 90% y de las conflagraciones en los porcentajes ya mencionados. El presidente, que se autodenomina de tendencia política de centro, ha dado mucho de qué hablar durante este corto lapso por sus ideas de ultraderecha. Al igual que Trump, Bolsonaro niega la existencia del calentamiento global (científicamente demostrado), y, por tanto, la región amazónica no ha estado exenta de sus ambiciones capitalistas: explotación desmedida de recursos minerales y su aval a ganaderos y madereros para talar y quemar áreas extensas, incluso en territorios indígenas. Primero tumban los árboles y cuando están secos los queman, explicó el profesor y experto en cambio climático, Paulo Artaxo; dado que sacar la madera desde lugares tan remotos en la selva es muy difícil, “quemarla resulta más fácil”.


El presidente francés Macron y el de Brasil, Bolsonaro, protagonistas de fuerte confrontación verbal por la situación del Amazonas.
Foto: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-49476627


Y es que Brasil se ha convertido en el mayor exportador mundial de carne de res. Según la Asociación Brasileña de Industrias de Exportación de Carne, sus ventas al exterior alcanzaron un récord de 1,64 millones de toneladas en 2018, siendo China, Egipto y la Unión Europea sus principales compradores. Solamente entre 1997 y 2016, Brasil aumentó sus exportaciones de carne de res 10 veces, tanto en peso como en valor. Por otro lado, las actividades agrícolas representan alrededor de 6,5% de la superficie deforestada. Brasil, que ya era el mayor exportador de soya del mundo, alcanzó un nivel récord de ventas al exterior en 2018, con 83,3 millones de toneladas: un 22,2% más que en 2017, según el Ministerio de Economía. Este desempeño se debe principalmente al apetito de China, el primer cliente de soya brasileña, sobre todo la modificada genéticamente. Según Greenpeace, Europa también compra la soya brasileña a fin de utilizarla en la alimentación animal. La ONG denunció en junio una “adicción” europea a estas exportaciones del grano de América del Sur, utilizado en particular para granjas industriales.

Irónicamente, el primero en emitir juicios fue el presidente francés Emmanuel Macron, quien denunció públicamente la ineficiencia del mandatario brasileño en la protección de la selva. A lo anterior añadió que la crisis del Amazonas no se trataba únicamente de una cuestión política nacional, sino internacional, pues, al ser la selva amazónica la más grande del mundo, el papel que cumple en la regulación del clima y en la producción del oxígeno que respiramos, era asunto de todos. Bolsonaro recibió mal estos comentarios y denunció la propuesta del presidente francés de establecer un acuerdo con el G7, como “una reminiscencia de una mentalidad colonial que era inapropiada en el siglo XXI”. La disputa entre estos hombres escaló a niveles personales, por lo que al decidir el G7 aportar 22 millones de dólares para combatir el fuego y reforestar el bosque perdido, Macron mencionó que Bolsonaro debía pedir perdón por sus insultos y, este último, tras un rechazo inicial del aporte, lo aceptó a condición de que fuera Brasil quien tomara las decisiones sobre cómo utilizarlo sin alguna intervención internacional. Dos hombres de poder revelaron que para ellos la crisis ambiental era menos importante que sus egos.

Según la WWF (Fondo mundial para la naturaleza), el Amazonas es el hogar de más de 40000 especies de plantas, 2,5 millones de especies de insectos, 427 especies de mamíferos, 1293 especies de pájaros, 378 especies de reptiles, 427 especies de anfibios y 3000 especies de peces, en su mayoría endémicos. No obstante, la grandeza de esta selva de 6,7 millones de km2 no reside únicamente en la exuberante biodiversidad que abriga, sino en el papel fundamental que cumple en la absorción de una gran parte del CO2 que producimos y en la liberación de más del 20% del oxígeno que respiramos. Como si fuera poco, la gran cantidad de humedad que recoge la selva genera la “evapotranspiración”: proceso en el que enormes cantidades de agua almacenada en árboles y plantas se evaporan para conformar las nubes que nutren con aguas limpias los suelos y ríos hasta llegar a los océanos.


El Amazonas es el hogar de más de 40000 especies de plantas, 2,5 millones de especies de insectos, 427 especies de mamíferos, 1293 especies de pájaros, 378 especies de reptiles, 427 especies de anfibios y 3000 especies de peces, en su mayoría endémicos.
Foto: https://misanimales.com/la-biodiversidad-del-amazonas-el-rio-mas-vivo-de-la-tierra/


Ya podemos suponer entonces, las terribles repercusiones de estos violentos incendios: menos vapor de agua significa menos lluvias, lo cual conlleva inevitablemente a temporadas de sequía más extensas y regulares, mayor probabilidad de incendios y, por tanto, a la gran dificultad de cultivar los suelos cada vez más expuestos a la erosión. Las opiniones de los expertos no son alentadoras, pues, al ser la selva amazónica de tipo húmedo-tropical, la mortandad de árboles y recuperación del terreno se hace más extrema al hallarse en constante exposición a las altas temperaturas del fuego. Brigitte Baptiste, exdirectora del Instituto Humboldt en Colombia, mencionó que se necesitan por lo menos 200 años para que algo de lo que ha sido destruido se regenere: “Los procesos naturales de lluvia y sequía seguirán, estos últimos generando estrés hídrico y un aumento en el riesgo de conflagraciones. Y si a ello se le suman políticas y práctica de quema, los bosques no van a volver”.

Ante semejante tragedia los pueblos indígenas de la Cuenca del Amazonas han declarado una “emergencia ambiental y humanitaria”. Argumentan que, mientras el modelo económico imperante siga usando el planeta como un banco de recursos, sus luchas por la conservación de la selva serán en vano. Por ello, denuncian fuertemente el irrespeto a la soberanía de sus territorios provocado por políticas de gobiernos como Brasil y Bolivia (siendo este último el detonador de los incendios) que amenazan con expandir la frontera agrícola. Finalmente, nos invitan a todos los actores sociales, públicos y privados, a “actuar en unidad para intervenir y ponerle freno a esta amenaza contra la vida en todas sus formas, la cual ya tiene en inminente riesgo de extinción a más de 506 Pueblos Indígenas y a las miles de especies de flora y fauna a causa de los focos de incendio que han incinerado más de 700.000 hectáreas de bosque después de casi 18 días de desatención y prevención y que, según datos preliminares, ha dejado a más de 100.000 indígenas damnificados”.

Los pueblos indígenas conforman el 5% de la población mundial y es este mínimo porcentaje quien se encarga de proteger el 82% de la biodiversidad. Pero, ¿qué sucede con los que conformamos el otro 95%? ¿Lo que sucede en la selva amazónica es únicamente responsabilidad de Jair Bolsonaro?, ¿o también del 55,13% de votantes que lo eligieron? La declaración de los pueblos indígenas concluye así: “El equilibrio de la Madre Tierra depende de la Cuenca Amazónica, permitir la devastación de la misma, implica el exterminio de la Humanidad”.

El viernes 6 de septiembre se reunieron en la ciudad de Leticia los presidentes de Ecuador, Bolivia, Perú y Colombia, además del canciller de Brasil, el vicepresidente de Surinam y el Ministro de Recursos Naturales de Guyana, con la determinación de firmar un pacto de protección del Amazonas. En este, afirmó el presidente Iván Duque, se comprometían a detener, mitigar y enfrentar a la minería ilegal, el narcotráfico y la extensión ilegal de la frontera agrícola, además de colaborar científica y tecnológicamente en la realización de una agenda conjunta que les permitiera llevar a cabo las acciones necesarias para lograr el objetivo pactado.

Estos líderes son los encargados de designar las políticas que destruyen o protegen la selva, pero somos nosotros quienes los elegimos. El Amazonas no es solo la Gran Madre de los 506 pueblos indígenas o de los miles de especies de fauna y flora que la habitan. La selva también es nuestra Madre, pues es ella quien nos da la vida. Si con nuestras acciones y deseos egoístas continuamos contribuyendo a su destrucción, ¿podremos alimentarnos de la tierra seca? ¿Podremos beber del agua que hemos envenenado?




Mujeres indígenas protestando en Brasil por las políticas de Bolsonaro, a propósito de la crisis del Amazonas.
Foto: http://www.resumenlatinoamericano.org/2019/08/23/brasil-mujeres-indigenas-defienden-el-amazonas-y-denuncian-a-bolsonaro-video/

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