Reportaje – Colombia a un año de la pandemia

Colombia a un año de la pandemia



Por: Isabel Tamayo
Estudiante de Economía




En 2020, la producción anual colombiana se redujo en 6.8% con respecto al año anterior.
Foto: https://cutt.ly/lx5tLVR


Hace un año, en marzo de 2020, se confirmó el primer caso de covid-19 en Colombia: una joven procedente de Milán (Italia). La rápida propagación de los contagios despertó un falso dilema: ¿economía o salud? El gobierno, temeroso de las implicaciones de una cuarentena generalizada, fue uno de los últimos países de América Latina en decretar el Estado de Emergencia y el Aislamiento Preventivo Obligatorio el 17 de marzo de 2020. La pandemia ocasionó un efecto dominó catastrófico sobre la economía. Al quedarnos en casa, sectores productivos como la hotelería, el turismo, el comercio, el transporte y el entretenimiento, vieron afectadas sus actividades ante la contracción de la demanda de bienes y servicios. Fue así como muchas empresas entraron en crisis o incluso quebraron, viéndose obligadas al despido masivo de sus trabajadores. Los altos índices de desempleo supusieron un importante recorte de ingresos para todos. Según la revista Portafolio, Colombia retrocedió diez años en materia de avances sociales. Ante la crisis, el gobierno en conjunción con el Banco de la República, buscó soluciones para enfrentar el crítico horizonte que teníamos por delante. Ante la perspectiva de la vacunación masiva y la esperanza por una pronta recuperación económica, a un año después de la pandemia, revisemos algunos de los efectos que tuvo la crisis sanitaria sobre la economía colombiana.

La infección del sector productivo

En 2020, la producción anual colombiana se redujo en 6.8% con respecto al año anterior. Aunque lo parezca, tal cifra es más que un número. Ese porcentaje, inofensivo a la vista, es símbolo de la contracción económica más importante que hemos vivenciado desde la crisis de 1999, cuando el Producto Interno Bruto (PIB) se redujo en 4.2%. De las doce actividades económicas que tiene en cuenta el DANE para calcular el PIB desde el enfoque de la producción, cuatro crecieron y ocho se contrajeron. En el primer apartado, encontramos algunas ramas del sector primario como la ganadería, la agricultura y la pesca (+2.8%). También aumentaron las actividades financieras y de seguros (+2.1%); las gestiones inmobiliarias (+1.9%) y la administración pública, de defensa, educación y salud (+1%). En el segundo apartado, encontramos actividades que se contrajeron gracias al choque negativo que implicó la pandemia, como la construcción (-27.7); la explotación de minas y canteras (-15.7%); el comercio al por mayor, al por menor y otras actividades (-15.1%); actividades artísticas y de entretenimiento y otras (-11.7%); la industria manufacturera (-7.7%); actividades profesionales, científicas y técnicas (-4.1%); información y comunicaciones (-2.7%) y suministro de electricidad, gas, vapor y aire acondicionado (-2.6%).

Los síntomas: el desempleo

La contracción del sector productivo implicó una crisis en muchas empresas. Dada la naturaleza de la actividad económica en la que se desempeñaban algunas organizaciones, estas no pudieron ajustarse a la modalidad de teletrabajo, e incluso sucumbieron en el acto. Esta crisis condujo a un despido masivo de trabajadores. Según el DANE, en el primer trimestre de 2020, Colombia presentó un índice de desempleo del 12.6%. A partir del cuarto mes del año experimentamos un aumento dramático de estas cifras: en abril, el desempleo fue de 19.8%; En mayo, alcanzamos máximos históricos con una tasa del 21.4%. Afortunadamente, a partir de junio la situación comenzó a mejorar. Noviembre y diciembre se coronaron como los meses más prósperos, dentro de la crisis, en cuanto a este indicador, con una tasa promedio del 13.3%. No obstante, en enero de 2021 la tasa fue del 17.3%, un repunte preocupante.

Las cifras indican que las mujeres y los jóvenes han sido, hasta ahora, los mayores damnificados en el terreno del desempleo en la era covid-19. Al cierre de 2020, las mujeres se vieron afectadas con un desempleo del 20.4%, y lo jóvenes con una alarmante tasa del 24.4%. C. Nicole Mason, directora del instituto de Investigación de Políticas para Mujeres de EE.UU ha acuñado un término para calificar la recesión: She-Cession (Recesión de ella o Recesión femenina), pues algunos de los sectores económicos con mayor participación femenina, como el de los servicios, se vieron en la obligación de clausurar sus actividades, resultando en el desplazamiento de la fuerza laboral de las mujeres a causa de la pandemia (Armine Yalnizyan, directora de The Future of worker). Karen García Rojas, economista colombiana y especialista en género se pone de acuerdo con tales argumentos en el artículo ‘‘Recesión femenina: la caída en escalera de las mujeres en el mercado laboral colombiano’’.


Los trapos rojos comenzaron a aparecer a lo largo de los barrios, en las fachadas de las casas: el hambre más atroz había entrado por la ventana.
Foto: https://h13n.com/en-barrios-perifericos-de-medellin-sacan-trapos-rojos-para-pedir-ayudas/


Las secuelas: retrocesos sociales

La falta de empleo ocasionó que muchas familias padecieran una dramática disminución de sus ingresos. Aquellas personas que encontraban su sustento diario en actividades laborales informales, como la venta de arepas en las esquinas y de manjares en carritos de dulces, se enfrentaron a una cuarentena generalizada que profundizó aún más su situación ya crítica. Es así como los trapos rojos comenzaron a aparecer a lo largo de los barrios, en las fachadas de las casas: el hambre más atroz había entrado por la ventana. Según el DANE, en 2019 el indicador de pobreza fue de 35.7%. De acuerdo con proyecciones del Banco Mundial, en el país este indicador podría escalar al 45.5%. Tal porcentaje, aparentemente inocuo, significaría un retroceso de diez años en la lucha contra la pobreza (Portafolio, 2021). Según Alicia Barcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL, ‘‘La pandemia ha evidenciado y exacerbado las brechas estructurales y, en la actualidad, se vive un momento de elevada incertidumbre en el que aún no están delineadas ni la forma ni la velocidad de la salida de la crisis. No cabe duda de que los costos de la desigualdad se han vuelto insostenibles y que es necesario reconstruir con igualdad y sostenibilidad”.

La medicina: el trabajo conjunto entre el gobierno nacional, el Banco de la República y el sector de la salud

El estallido repentino de la pandemia obligó al Gobierno nacional y al Banco de la República a buscar soluciones para mantener a flote a un país que palidecía. El Gobierno puso en marcha un instrumento llamado política fiscal expansiva, que en otras palabras significa aumentar el gasto gubernamental para activar la economía. La declaración del Estado de Emergencia dio origen al Fondo de Mitigación de Emergencias (FOME), que se ha encargado de financiar al sector salud. De acuerdo con Portafolio (2021), ‘‘se pasó de 5.346 camas UCI a 12.002 en toda Colombia, con corte al 4 de marzo; y territorios que no tenían UCI ahora tienen esta oferta, como es el caso de Chocó y Buenaventura. Sobre los equipos médicos (…) son 5.131 los ventiladores asignados, 4.211 monitores, 50 equipos de rayos x portátil, 5.612 bombas de infusión, 1.025 camas UCI, 1.000 camillas, 57 desfibriladores y 11 ecógrafos’’. Adicionalmente, el Gobierno mostró cierta preocupación por los sectores vulnerables de la población mediante el ofrecimiento de alivios económicos extraordinarios entregados directamente a los beneficiarios a través de la modalidad de giro. Este es el caso de programas como Familias en Acción, Jóvenes en Acción, Colombia Mayor e Ingreso Solidario.

Por otra parte, para proveer de liquidez y preservar el funcionamiento del sistema financiero, una de las medidas que puso en marcha el Banco de la República fue la disminución de la tasa de interés de política monetaria a un mínimo histórico desde 1991: una tasa de 1.75%. A través de esta medida, el Banco de la República pretende incentivar el consumo de los hogares y la inversión de las empresas. Según Munir Jalil, de BTG Pactual, ‘‘Una vez que la banca privada acople su tasa de interés a la fijada por el Banco de la República, los productos crediticios se harán más baratos, lo cual incentivará a los agentes económicos a tomar los préstamos. Con estos préstamos los hogares consumirán o las empresas invertirán reactivando la economía’’.

En conclusión, hace un año se confirmó el primer caso confirmado de covid-19 en Colombia. Los contagios no se hicieron esperar, y el Gobierno nacional, en pro de la salud pública, se vio obligado a implementar una cuarentena generalizada para frenar el alcance del virus. La mayoría de los sectores productivos entraron en recesión ocasionando una pérdida masiva de empleos. Las personas en condición de vulnerabilidad han sido las mayores damnificadas por la pandemia: Las mujeres y los jóvenes presentaron las tasas de desempleo más altas; La informalidad laboral se acrecentó y los índices de pobreza y desigualdad se profundizaron. Esta compleja situación social supone un retroceso de diez años en materia de avances sociales, y un reto para tener en cuenta a la hora de buscar soluciones para la reactivación económica. El Gobierno nacional y el Banco de la República trabajaron en conjunto para hacer frente al complejo panorama. El Gobierno financió al sector de la salud aumentando la capacidad hospitalaria para atender a los enfermos. Además, financió al sector productivo y puso en marcha programas sociales para ayudar a la población vulnerable. Por su parte, el Banco de la República se encargó de preservar el funcionamiento del sistema financiero a través de la disminución de la tasa de interés para así incentivar el consumo de los hogares y la inversión de las empresas.

Suscribirse

* indicates required
/ / ( dd / mm / yyyy )