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En abril, ciclo de cine y religión en el Centro Cultural Comfandi

 

La religión bajo la mirada de grandes directores

 

Por Fernando Córdoba, Coordinador del programa Cine y Filosofía

 

Gracias a su alto poder  de influencia, la Iglesia ha logrado capotear fuertes críticas y denuncias durante sus largos siglos de existencia. Sin embargo, el  advenimiento del cine, la masificación de la información, la crítica y la abarrotada papelera de acusaciones han revelado las principales contradicciones de la imagen de la sagrada institución.

Por éstas razones, y otras más, el programa Cine y Filosofía de la Fundación Filosofía y Ciudad y el Centro Cultural de Cali  realizará, todos los lunes del mes de Abril a las 6:30 p.m., en el Centro Cultural de Comfandi, el ciclo Disquisiciones religiosas:

 

Uno de los cineastas más preocupados por satirizar las contradicciones doctrinarias de la Iglesia fue Luis Buñuel: Nazarín, Viridiana, El discreto encanto de la burguesía, Bella de día, Tristana y La vía láctea son una muestra representativa de ello. Jean Luc Godard también escandalizó a la comunidad católica mundial con su filme, Yo te saludo María, hecho en Canadá, sobre una supuesta venida de Jesucristo a nuestro tiempo. Martín Scorsese cuestionó la divinidad del hijo del Señor en La última tentación de Cristo, originando serias protestas y la prohibición de la exhibición en muchos lugares del planeta, incluyendo a los Estados Unidos.

 

Muchos otros directores han develado; unos con creatividad, como Federico Fellini; otros con sarcasmo: Pier Paolo Pasolini; algunos sin caer en los extremos: Roberto Rossellini, Luchino Visconti, Bernardo Bertolucci y Michelangelo Antonioni; o con una visión eminentemente política, la del realizador griego Costa Gavras, famoso por sus obras antitotalitaristas, la maniquea relación Iglesia-Estado.

 

Recientemente, El crimen del padre Amaro (Carlos Carrera, 2002 México.) causó una acalorada polémica en el mundo hispano. Lo más significativo de este caso es que el tema de la corrupción en una institución con la fuerza que tiene la Iglesia en el mundo de habla hispana, ocurre en  momentos en que a nivel mundial se denuncian sin cesar transgresiones a la moral cristiana de infinidad de sacerdotes pedófilos.

 

Pero no es El crimen del padre Amaro la película de la cual quiero hablar. Se trata más bien de Los demonios, de Ken Russell, el primer filme que presentaremos en el ciclo Disquisiciones religiosas, el lunes 2 de abril nos transportará a ese oscuro momento de la humanidad desde donde la Iglesia ha venido ejerciendo prácticas abominables. La función de las religiones es mantener por fuera de sus feligreses cualquier posible intromisión del mal. Durante la época medieval, si ésta tarea de la Iglesia fallaba, se invitaban exorcistas y demás funcionarios clericales para expulsar demonios y otros seres espirituales. La impactante película de Russell en ningún momento se aparta de este trasfondo temático para relatarnos las aventuras y desventuras del padre Grandier (Oliver Reed). Éste es un osado sacerdote que se opone a la maquinaria Iglesia-Estado, al tiempo que disfruta de la admiración de las féminas de la amurallada ciudad de Loudon. Precisamente, su valiente oposición al derrumbamiento de las murallas que protegen la ciudad y el negarse a reconocer el hijo de una de sus amantes, serán el inicio del derrumbamiento del sacerdote Grandier.

 

Con irónica sorna, Ken Russell describe fílmicamente cómo la mayoría de las personas de Loudon van siendo progresivamente influenciadas  por aquellas aves de mal agüero que han representado a una de las religiones de mayor influencia en la humanidad .

Aunque está remoto  aquel tiempo en que Nietzsche sentenció “Dios ha  muerto”, en este momento no se trata de negar su existencia, sino comprender a partir de cuál perspectiva se creó esta ficción, y porque en la actualidad el tema de la religión y poder, o religión y política, vuelve a escena.