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Rebeldes antes que colaboradores. Así sea.

Los últimos días de una guerra, el silencio de la
iglesia católica y la insurrección de dos curas. Dos
películas, ‘Roma, ciudad abierta’ de Roberto
Rossellini y ‘Amen’ de Costa Gavras, ambos
documentos artísticos de denuncia.
Por: Gustavo Adolfo Zapata Rico*
El cine tiene todo para ser considerado un universo, un
mundo o una realidad paralela a la nuestra. Por ello
es posible imaginar que los personajes de diferentes
películas puedan coincidir, tanto en sus angustias
como en los espacios que habitan. Esto sucede con
‘Amen’ de Costa Gavras y ‘Roma, ciudad abierta’ de
Roberto Rossellini. La primera, estrenada en 2002
–no muy difundida en Colombia-, y la segunda,
instauradora del neorrealismo italiano al finalizar
la Segunda guerra mundial. Aunque ambas películas no
tratan específicamente de lo mismo, coinciden en la
ocupación alemana en Roma, permitiéndonos disfrutar
y pensar en ellas los mismos temas: Hombres con una
fe firme ante la corrupción de sus Iglesias, y Dios
como algo incomprensible.
‘Roma, ciudad abierta’ cuenta la historia de Manfredi, jefe
de la resistencia italiana; Pina, viuda y madre,
rebelde ante la ocupación; y Don Pietro, un cura
comprometido con su fe y colaborador de la
resistencia. El filme fue rodado en decorados
naturales con muy pocos recursos técnicos, lo que no
le quita dignidad artística; por el contrario,
manifiesta, mediante un guión implacable con la
realidad, los alcances de lo humano en una situación
de opresión. ‘Amen’, la película de Gavras, nos
presenta a Gerstein, un químico que trabaja para las
SS dinamizando el exterminio judío, sin estar de
acuerdo y sufriendo todo el tiempo por ello. Eso
por el lado de los nazis. En la Iglesia católica
encontramos a Riccardo, un sacerdote ingenuo ante el
silencio (por tanto complicidad) de la Iglesia
frente al genocidio. Riccardo y Gerstein se alían
para intentar detener el exterminio al pueblo judío,
para ello ponen en riesgo sus vidas y desafían a las
autoridades que los rigen.
Fe versus deber
En ‘Roma, ciudad abierta’, Don Pietro es encarado por el
Mayor nazi. Éste le dice que sus acciones atentan
contra los alemanes, contra aquello que
supuestamente debe respetar. Pero el cura se ha
tomado a pecho lo aprendido en su doctrina y sirve a
quienes considera su propio pueblo invadido. Esto
envuelve al personaje en una situación de ilegalidad
y actos clandestinos, pero su experiencia de Dios
esta por encima de los dogmas de una Iglesia, actúa
según lo que le parece justo, siempre con fe en su
Dios, hasta el último momento, sin ignorar las
fatales consecuencias.
Celeste Negarville, Sergio Amidei, Federico Fellini y
Roberto Rossellini son los guionistas de esta obra
cinematográfica. Ellos crearon en Don Pietro un
símbolo de la resistencia y de la fe sin compromisos
burocráticos. Encontramos en este personaje el
planteamiento de que un hombre no tiene por qué ser
una extensión fiel de su institución: es un rastro
de valentía y entrega.
Riccardo Fontana, el clérigo creado por Costa Gavras y
Jean-Claude Grumberg –guionistas de ‘Amen’- es otro
ejemplo de insubordinación y compromiso con su fe.
En relación con Don Pietro, vemos en Riccardo una
mayor angustia existencial; tal vez por su juventud
y escasa experiencia no tiene la tenacidad del cura
italiano. Pero a falta de temple moral, éste
personaje tiene decisiones llenas de miedo, sí, de
miedo, pero definitivas para su vida. Inolvidable su
entrega a un pueblo con el que no comparte la sangre
ni la tradición, pero sí el sentido de hermandad,
por encima del bautismo como sí lo consideran sus
superiores.
Riccardo, como Don Pietro, evocan esos personajes que
invitan a sentir, por encima de la crueldad humana,
deseos de defender una causa hasta la muerte; un
fenómeno muchas veces inexplicable, pero aceptable
cuando se está convencido de que nadie puede dictar
sobre la vida de los demás. El cura Fontana se
encontraba más que cerca al Papa, la máxima
autoridad, pero su corazón, por darle algún nombre,
estaba más próximo a los judíos. Él convirtió a Dios
en una experiencia, inescrutable, pero eso sí,
apartada de la búsqueda de conveniencias del
Vaticano.
Dios: ¿en la iglesia? ¿En el cielo? ¿Dónde?
“… Dios del cielo, cómo puedes no ver estas cosas, a estos
hombres y mujeres que habiendo inventado un dios se
olvidaron de darle ojos, o lo hicieron adrede,
porque ningún dios es digno de su creador y por
tanto no deberá verlo”. Así Escribe José Saramago en
‘Levantado del suelo’; de igual manera se pregunta
Pina en ‘Roma…’: “¿es que Cristo no nos ve?, ¿por
qué la guerra?”; también lo hace Riccardo en ‘Amen’:
“Dios permite que sus hijos sean devorados, quiero
entender por qué”. Ambos filmes cuestionan las
promesas eternas del catolicismo –en mayor medida
‘Amen’-, y sus autores exponen en ellos la angustia
de los hombres por el abandono de Dios. Es un
abandono en relación con todas las verdades
existentes establecidas, como aquellas que dicen que
Dios todo lo ve. Ambas películas nos dejan la
sensación de que Dios todo lo puede ver pero no
tiene nada por hacer.
Para Don Pietro los hombres tienen que ver cuantos pecados
han cometido, de cuanto tienen que arrepentirse, su
relación con Dios es menos conflictiva que la de
Riccardo. La oración es su fuerza y su esperanza, él
lo único que sabe es que después de tanto dolor
estará al lado de su Señor. Por el contrario,
Riccardo vive más en la contradicción, como cuando
afirma frente al militar nazi que el cielo nunca
está desierto, pero la resolución de su vida
demuestra lo contrario.
Gavras y Rossellini, comprometidos con el arte y la
versión de las victimas, logran, cada uno a su
manera, dos obras que vale la pena ir a buscar para
respirar aire sin contaminación comercial. ‘Amen’
y ‘Roma, ciudad abierta’ son ejemplos de cómo el
cine ha evidenciado, valiéndose del arte, la actitud
complaciente de la Iglesia para con el Poder, la
incoherencia entre sus actos y sus sermones. Nos
demuestran que ver una película es satisfacer los
sentidos y leer la Historia.
* Estudiante Licenciatura en Literatura
gudazari@univalle.edu.co |