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Giovanni Quessep:  

La costa Caribe y la metamorfosis de la escritura

Por Yolanda López Durango*

 

El poeta que nació en San Onofre, Sucre, en la Costa Atlántica colombiana, es hijo de la tradición oral que se entremezcla con las corrientes del Siglo de oro español y los versos modernistas. Ahora Giovanni Quessep acaba de obtener el Premio Nacional  de Poesía de la Universidad de Antioquia, al tiempo que en España fue publicada su obra completa por  Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores bajo el título ‘Metamorfosis del Jardín'. Nuestra colaboradora viajó a Popayán y conversó con el poeta colombiano.

 

Giovanni Quessep es un hombre que proviene de la tierra de los gritos de palenque, de sudor de tambores y de gaitas, pero también de un pueblo cruzado por la risotada maluca de la  muerte, la misma que ha cobrado vidas y exilios. De la Costa Caribe, que ha trashumado el fabular de la tragedia; la que abrió los ojos a la literatura universal y salió del anquilosamiento saltando los muros de la literatura colombiana --presa en el laberinto de la Colonia y en el geografismo de la literatura del terruño-- gracias al Grupo de Barranquilla que integraron los célebres José Félix Fuenmayor, Álvaro Cepeda Samudio y  Gabriel García Márquez, pero también a manos de autores como Germán Espinosa, Fernando Charry, Jaime García Maffla, Jaime Jaramillo Escobar, Lara y el mismo, entre otros.

                                EL POETA: SU OBRA Y SUS ORÍGENES

Giovanni Quessep se erige hoy como uno de los grandes poetas de la lengua española. Actualmente reside en Popayán y acaba de obtener el Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia. Además, su obra completa, ‘Metamorfosis del jardín’( 1968-2006), ha sido publicada en España  por el Círculo de Lectores Galaxia y Gutenberg, en un libro que recopila doce libros del poeta: Después del paraíso (1961), El ser no es una fábula (1968), Duración y leyenda (1972), Canto del extranjero (1976), Madrigales de vida y muerte (1978), Preludios (1980), Muerte de Merlín (1985), Un jardín y un desierto (1993), Carta imaginaria (1998), El aire sin estrellas (2000), Brasa lunar (2004), así como un libro que se mantenía inédito: 'Las hojas de la Sibila.’

Nicanor Vélez nos cuenta en el prólogo del libro (todo un acontecimiento para la cultura colombiana) que a finales del siglo XIX llegó un barco de Marsella que había zarpado en Cartagena donde venía un hombre llamado Jacob Quessep, un libanés que buscaba donde sosegarse con su familia, puesto que venía huyendo de la invasión del imperio otomano. Jacob Quessep, al radicarse en Colombia definitivamente con su esposa Venut Chadid, tiene varios hijos, entre ellos Luis Enrique Quessep. Posteriormente se unió a Paulina Esguerra, la madre de nuestro poeta, Giovanni Quessep Esguerra,  con quien conversamos una fría mañana payanesa mientras preparaba su papel de jurado en el concurso de poesía Contrababel, evento que  tuvo lugar en Bogotá el pasado 15 de noviembre en la Casa Silva.

“SOY ESQUIVO POR TIMIDEZ”

“La verdad, me he sentido muy conmovido por el premio en Medellín. Sin embargo, no creo que yo sea tan importante como para recibir reconocimiento, sólo pienso que algunas cosas se dan cuando tienen que darse.  Es un poco lo que dice Serrat desde el gran poeta Machado: Caminante no hay camino/ se hace camino al andar y ya, es eso. Ahora, por ejemplo, cuando estuve en Cartagena en la presentación de mi libro me sentí muy gratificado; yo no soy un hombre de homenajes, siempre me he mantenido al margen, incluso de los grupos poéticos. Soy esquivo por la timidez. Pero creo que los homenajes, como por ejemplo el de Popayán, que me realizaron los estudiantes,  son encuentros cordiales; estar cerca de los estudiantes me mantiene vivo, porque en estos días mi estancia en Popayán --que sea convertido en una ciudad caótica--, es triste para mí.  Antes caminaba sosegado y tranquilo, ahora la ciudad anda de prisa y con muchos problemas. Por eso el encuentro con los estudiantes, es el encuentro con la alborada, es el nuevo amanecer”.

¿Cómo fue que finalmente usted termina encaminado en la poesía,  cuando su padre, el señor Luis Enrique Quessep, quería que usted siguiera una carrera de corte liberal?

Mira niña, yo era estudiante del San Pedro Claver en Popayán, tenía 14 años, y uno de los profesores me regaló la “Divina Comedia”. Me fascinó la gran imaginación de Dante, y desde entonces mi pasión por ese libro. Luego estuve en Italia, hice algunos cursos, me especialicé en lectura Dantis, y bueno, lo pude leer en italiano, eso fue maravilloso. Pero bien, yo antes había estudiado derecho, hice dos semestres y me aburrió; luego estudié filosofía y Letras en Bogotá y mi padre tuvo que resignarse.

¿Qué significa para un poeta la poesía en términos de exilio, de naufragio, del llamamiento del amor, del canto de la naturaleza, de los sueños y de las hadas?

Esa es una pregunta muy larga y difícil porque no es fácil definir la poesía. Pero te puedo decir que la poesía es  un encuentro con lo sagrado, es el despertar de un sueño, después de conversar con un espíritu. Por ejemplo te puedo decir que en  Un verso griego para Ofelia yo escuché una voz interior, era como la voz de un sueño. Es que el poeta sueña la palabra convertida en realidad. El verdadero poeta debe predecir, ser una suerte de oráculo; debe escuchar la palabra sagrada, y  en ese ejercicio la fantasía es la realidad.  Así sucede con Borges, pero también con Homero,  Góngora, Garcilaso de la Vega, San Juan de la Cruz, Bécquer, Rubén Darío, Keats, Shelley, Shakespeare, y también con los poetas que considero mis maestros, poetas intimistas como José Asunción Silva, Fernando Charry Lara, Aurelio Arturo, etcétera. Pero igualmente está la realidad, la vivencia misma que viene desde la tradición oral, que aprendí por influencia de mi padre, cuando de niño él me contaba allá en San Onofre los cuentos judíos, árabes, todo ese legado de mi abuelo que a mí me llegó.

Maestro: ¿qué significa para usted que su obra sea recogida por las editoriales españolas de tanto prestigio como las que publicaron sus obras completas?

Sorpresa, mira niña, imagínate, Nicanor Vélez, el prologuista de mi obra Metamorfosis del Jardín’, ni me conoce. Sólo leyó mi poesía, la que se encuentra referida en algunas revistas de Italia y de España, y se interesó por indagar sobre mí. Quiero comentarte:  me da vergüenza el hecho de que sea tan poca la poesía que llega de Colombia a las editoriales españolas. Creo que la suerte de los poetas está signada por las editoriales, pero también por la promoción de la obra en nuestro país. Ya casi ni se difunde la poesía, y eso es preocupante; ver sólo tres poetas mencionados por fuera de Colombia es una verdadera lucha. Y que le realicen a uno el compendio de la obra completa lo es más. Por otro lado la culpa que no llegue la poesía es en gran parte de las editoriales, que no miran hacia los escritores, sumado esto a que muchas veces en el país no se promueven las obras y los libros terminan siendo inasequibles porque son publicados en ediciones de lujo. Pienso que debería haber una política para promover las obras y sus autores,  pero que también debe acabar el adormecimiento de algunos escritores que no muestran su obra, porque vale decir que en Colombia hay mucha genialidad.

¿Qué le puede decir un poeta que hoy representa un hito poético a “un aprendiz de mago” que apenas empieza a transitar el camino de la poesía?

Escribir libremente, no tener miedo de la influencia, más bien copiar a los grandes poetas, retomar si se quiere; leer, escribir, y otra vez leer.  Escribir sin horarios ni planeación.  Se escribe cuando se siente la necesidad, un poco lo que dice Cepeda Samudio: “Golpear las palabras”. En la escritura uno siempre es el resultado de sus vivencias. También es importante creer en lo que se hace.

Al final es imposible dejar de pensar en el enorme caudal poético intuido por Quessep debajo del árbol de cedro en  su casa en San Onofre, o por las calles de Berruga cuando era adolescente, andando a lomo de caballo, o ahora que ha atravesado  los confines de la misma literatura donde la única patria es la lengua. 

“Contó que era de Arabia, ese nombre

De arena que dice el cielo estéril

Cuando es roja la luna

Vivía siempre al borde de los aljibes,

Como si tuviese dos alas para amar el abismo”

Grabado en piedra: ‘Metamorfosis del Jardín’. Giovanni Quessep.