Perfil – De Turín Turán, Yuri para el mundo

De Turín Turán, Yuri para el mundo

A lo largo de tres décadas de trashumancia artística, Yuri Buenaventura ha estudiado a África en su velocidad, en sus tiempos, en los valores del ser africano, los de la vida y la tradición, los de la rítmica que lleva el ser humano en la pulsación del corazón y que ha creado el tambor. Perfil de un juglar afropacífico, un conector de mundos, un artesano de la música popular, cuyas canciones celebran la filosofía vitalista y existencialista del Muntu, a palo y cuero, con el viche que no tiene precio.


Por: Maelkum Marley
Comunicador Social, Univalle




Foto: Nathaly Triana, El Espectador.
Tomada de: https://www.elespectador.com/entretenimiento/musica/yuri-buenaventura-en-su-salsa-en-el-petronio-alvarez-galeria-807059


Autorretrato/ Voz en off

“Hay un mito en el Pacífico, de un hombre que vuela sobre una sierpe, la sierpe es la anaconda. Ese titán anaconda le permite al hombre viajar por la selva y en la oscuridad del viaje multidimensional hacia la luz. Y vuelve y empieza el ciclo. Entonces, el viaje es de ida y vuelta porque es cíclico y multidimensional, si no se vuelve, se perdió el ser, los fundamentos de lo humano. El mito es de un tipo africano que llega a las costas del Brasil, en una galera que se rompe. Los mayores vienen del fondo del mar y lo traen a la costa del Brasil. Ahí se encuentra con la sierpe. Hay un pacto de vida, él sube la cordillera de los Andes y muere en el Pacífico colombiano y donde muere nace una mata que da una flor moradita. Y los niños cuando nacemos, respiramos esa flor de ese mito y empieza entonces la canción.

A mí lo que me hace músico es el tambor, es Buenaventura. La ciudad de verdad no es un puerto, es una selva. La razón del caos es el capital en relación con Buenaventura como puerto y como ciudad. Buenaventura es selvática, hay comunidades amerindias, son negros cimarrones, es manglar, es culebra, leña. Eso es África, ¡loco! Es espectacular, hay que vivirlo. Yo me siento muy orgulloso de haber aprehendido la música, de haberla integrado en el instante mismo que nací, porque había músicos tocando marimba y tambores en mí barrio. Eso me puede haber alineado y conectado con el universo primigenio “.
Yuri Buenaventura.

Polaroid festivalera

Es sábado, y la nocturnidad propaga una brisa alucinante del Pacífico sur que se desparrama con autoridad sobre el cuerpo de la multitud, refrescando a los espíritus corrincheros que tienen una cita ineludible con la historia, por su entrega apasionada al oleaje y yenyeré del XXII Festival de Música Petronio Álvarez 2018. Noche de gala, informa la prensa. Yuri en clave Pacífico, con un menú sabroso de salsa y folklore, cuenta la radio bemba, y la Calicalentura prieta y mestiza se coloca su mejor pinta de goce, turbante y kilele, porque el sonero nativo del barrio viento libre, donde aún habita el espíritu aborigen Buscajá, está de regreso al trópico para seguir sembrando semillas de resistencia cultural, abriéndole espacio a la justicia social, con una atarraya de sonidos que huelen a mar, cortero de caña y banano de Urabá, en ese encuentro comunitario de la danza al ritmo de la percusión africana, donde brilla el lenguaje ancestral y el aura de la esperanza de un mundo donde quepan muchos ritmos de todos los mundos.

La cita impostergable de Yuri con la marimba de Esteban Copete, y la trenza sonora de currulao, aguabajo, juga y makerule ocurrió bordeando la media noche para deleite de la cofradía ancestral que venera al legendario maquinista del ferrocarril del Pacífico, a los melómanos vieja guardia de la salsa con mensaje, y las nuevas generaciones que persiguen las hibridaciones de las músicas afro diaspóricas presentes en la discografía world music del sonero de París, mestizada con música raï, hip hop, ska, rock, bolero, latín jazz y la canción francesa.

Allí está el secreto de su propuesta multicultural, la poderosa vibración de su magia aurática que mixtura sus raíces, su pensamiento e intelecto con una puesta en escena impecable como la de aquella noche donde fuimos testigos privilegiados de un laboratorio musical con nuevas versiones de sus míticas composiciones: “ Lumumba, Yo soy, Fuego a la Caña. El sol de buscajá, No estoy contigo, Herencia africana “, entre otras, y con nuevas apuestas como el tema “Cali es sabrosura”, interpretado junto al panasónico Callegüeso de la pandilla Mamba Negra. Puro Ashé pa que bailen hasta los postes.


Foto: Nathaly Triana, El Espectador.
Tomada de: https://www.elespectador.com/entretenimiento/musica/yuri-buenaventura-en-su-salsa-en-el-petronio-alvarez-galeria-807059


Coda

Esa noche sublime de danza y tirada de paso callejero al compás de nuestro héroe satelital del afromestizaje, significa reivindicar la música como la banda sonora de otros territorios posibles, conectando el poder de los griots con nuestra alma urbana, y la defensa del viche como elixir comunitario que se niega a ser esclavizado por las dinámicas fagocitantes de la industria neoliberal, como lo hizo sentir con su voz al regalarnos un nuevo mantra musical “Mi Viche pide respeto “.

Sin ninguna duda sus composiciones, cuentan las tristezas, y las poéticas de alegre rebeldía que habitan nuestra América nativa, orisha y afro pacífica, porque como él mismo afirma: “Un artista es la caja de resonancia de su mundo ancestral, sonoro y espiritual, y nada puede desviar su destino, más allá de cualquier pobreza y tentación del mundo contemporáneo. El sueño más importante que uno tiene como músico es que el público que lo quiera a uno sea el público de la nación de uno. El sueño mío es lograr que mi música sea escuchada en mi país y que tenga la misma relevancia e importancia que tiene en otros países. Ese sería el sueño, que la gente abrace la música de uno, que al país le guste esa música “.

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