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PRODUCCIÓN, COMERCIALIZACIÓN Y EXHIBICIÓN:

Un panorama del negocio del cine en Colombia

Por Gustavo Adolfo Zapata Rico*  

 

Hacia una industria del cine en Colombia

¿Producir cine en Colombia? Hasta hace unos años era una empresa quijotesca, solo se le podía ocurrir a un director loco de amor  por el cine con unos amigos, entre productores, actores, técnicos, todos dispuestos a “perder” tiempo y dinero –siempre ausente- en un sueño que insultaba a la realidad. Hoy la situación es menos hostil, pues desde la sanción de la ley 814 del 2003, conocida como Ley de Cine, se puede observar en la curva de las estadísticas el crecimiento de la cinematografía nacional.

Según cifras del CNACC  (Consejo Nacional de las Artes y la Cultura en Cinematografía) en 1993 se estrenaron sólo dos películas colombianas, mientras que en 2006 hallamos la cifra no estrepitosa, pero sí alentadora, de ocho filmes. De esta manera, el número de espectadores pasó de 987.000 a 2.927.968. Lo anterior obedece al surgimiento de entidades como “Proimágenes en movimiento”,  “entidad privada sin ánimo de lucro que se rige por el derecho privado pero que nació en el ministerio de cultura y la dirección de cinematografía. Dentro de su misión esta la de apoyar el fomento y la consolidación de la industria cinematográfica nacional y la preservación del patrimonio audiovisual,” explica Claudia Triana, su directora.   

Del 2003 a 2006 se recaudaron en el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico $20.377.674.793 pesos, de los cuales se han invertido en estímulos a la producción audiovisual $16.711. Por tanto, un proyecto que gane todos los estímulos: guión, producción y postproducción, tiene un poco más de quinientos $500.000.000 en apoyos. Esto representa un capital semilla para concretar el resto de la financiación. Lo que falta lo deben conseguir los productores con la empresa privada, la cual está alentada a invertir en cine debido a beneficios como certificados de inversión o el hecho de que el gobierno deje de percibir de sus impuestos un 40%  de lo que la empresa invirtió en la película. Es tentativa la posibilidad de titularizar los proyectos cinematográficos, pero hacerlo implica que una película cueste unos $15000 millones, cuando hoy los filmes colombianos oscilan entre los $1500 y $3000 millones. Esa herramienta debe ser reglamentada por la superintendencia financiera, siendo una gran posibilidad para el negocio.

¿Es posible pensar en una industria cinematográfica en Colombia? Claudia Triana afirma: “estamos en camino de y estamos dando los pasos para que de Colombia se pueda decir que tiene una industria cinematográfica, ahora es un proceso de consolidación que no es fácil.” Se debe tener en cuenta que lo conseguido hasta ahora tiene que ver con el capital de financiación, pero aún falta una estructura moderna de empresas que funcionen exclusivamente para el negocio del cine.

Cuestión de negocios y de mercadeo

¿Una película es una obra de arte? Hay unas que sí, pero todas, ante todo, son un producto que hay que vender.

Dynamo, productora afincada en Bogotá,  se establece para brindarles mecanismos de inversión, soluciones administrativas y legales a los proyectos de cine en Colombia, uniendo la producción y la venta. Rodrigo Guerrero, encargado de la parte de proyectos plantea: “El cine es una industria, hay un negocio, la cuestión es entender, reconocer el mercado al que le estas entrando y bajo esas condiciones del mercado poder generar unos productos que den una rentabilidad y, por lo tanto, no den pérdida, y que tengan un margen de ganancia para poder operar por lo menos.”

La comercialización es, quizás, el terreno más incierto de las proyecciones. No se podría decir que el éxito de una película depende de su valor artístico, tampoco del trabajo de mercadeo que se le haya hecho. Pensemos en el caso de Maria llena eres de gracia; en Colombia no tuvo éxito, a pesar de haber sido lanzada dos veces, la segunda con premio de Berlín y nominación al Óscar a  bordo. ¿Posibles hipótesis?: fue estrenada después de la Pasión de Cristo, apareció en Semana Santa o, simplemente, no era una historia para el público colombiano. De lo anterior tenemos que el éxito de una película se mide según las metas propuestas por sus productores y distribuidores.

Por otro lado, la comercialización del cine colombiano, en particular, representa la dificultad de lograr un equilibrio entre la aceptación en el interior como en el exterior. Lo que puede resultar atractivo aquí tal vez no lo sea fuera del país. Además, comercializar tiene costos altísimos, que tienen que ver con la venta de las películas en mercados internacionales y su publicidad, recursos que ameritan ser recuperados. El gran reto es lograr un producto para el cual haya apetito en el mercado  y tener actores reconocidos que con su imagen ayuden a promover el proyecto.

¿Quién vende? Los agentes de ventas “son los que alimentan los festivales de cine, por  tanto, los festivales dan prioridad a aquellas películas que vienen de la mano de un agente de ventas y, a su vez, un agente de ventas va querer involucrarse de manera activa antes de que este terminado, entonces, lo ideal es poder involucrarlo antes de empezar la producción de la película, si eso no se puede, antes de cerrar el corte de edición, para que ellos sepan, tengan voz y votos y participación creativa en el producto final,” comenta Rodrigo Guerrero. El negocio del cine depende de los agentes de ventas, los festivales se mueven por ellos y los distribuidores se basan en éstos para comprar productos. En este momento las películas con más salidas comerciales son las muy grandes o las muy pequeñas. El cine colombiano se encuentra en la última clasificación y esto puede resultar atractivo porque el agente de ventas le ve un gran potencial; es cuestión de tener un “gancho” específico para convencer al distribuidor de venderla.

Comercializar cine depende de la habilidad para vender, algo casi místico, pues no hay exigencia de diplomas; el mercado exige currículo y carrera, es decir, los contactos que se tengan, las llamadas y emails que se envíen, las visitas a los festivales internacionales y a las oficinas de los distribuidores con el producto en las manos. En ese sentido, la Dirección de cine y Proimágenes ha logrado buenos resultados al unir productores colombianos con agentes y distribuidores internacionales. En última instancia la idea es asumir el gran el reto de distribuir cine no norteamericano.

Cuando llega a la pantalla

Los exhibidores son los dueños de los teatros, en Colombia los más grandes son Cine Colombia, Royal-Films y CineMark. Éstos trabajan directamente con las casas distribuidoras. En nuestro país las principales son Warner, Fox, Columbia Pictures y Buenavista, lo que indica que la mayoría del cine exhibido es estadounidense, lo cual se debe a poseer el carácter más comercial en comparación a otros productos.

Hace muchos años, cuando el cine era un teatro ubicado en un barrio, el negocio se manejaba por oferta y demanda; el exhibidor tenia mayores posibilidades de elegir que proyectar ya que el distribuidor le ofrecía hasta tres productos al tiempo. Hoy, los distribuidores no enfrentan sus productos grandes y le determinan al exhibidor con que debe trabajar. Por ello, este último debe tener otras alternativas (cine independiente, películas anteriores) para ofrecer, lo que quiere decir que se encuentra limitado por lo que haya en el mercado.

Otro cambio fundamental es el concepto de los “múltiplex”, donde esta todo el producto o el producto más comercial en una sola sala. Para medir la permanencia de la película en pantallas se promedia el número de espectadores que ingresan por semestre a la sala, y si el filme no cumple el promedio deja de ser rentable para el exhibidor. Éste ultimo trabaja en conjunto con los medios de comunicación, los cuales hacen el “boca a boca”, es decir, la constante publicidad con anuncios, comentarios y comerciales. Éste método de publicidad es determinante en el éxito comercial de un producto.

Con la llegada de la televisión, el Betamax y luego el VHS, el cine sufrió una merma de espectadores. Por ello el múltiplex se convirtió en una opción ante la crisis: “Ir a cine es un programa completo y así lo hemos venido trabajando, de ahí que las salas de cine estén hoy en día en los centros comerciales. Hoy uno va a cine, va a comer o va a rumbear, mucha gente que viene aquí después baja a tomarse unas cervezas o se come algo en la zona de comidas,” explica Juan Manuel Vargas, Gerente de Cine Colombia.

 Y por último, después de ser exhibidas, las películas pasan a ser vendidas en DVD’s, a la televisión, y se comercializan las bandas sonoras, todo para sacar la ultima gota de ganancia posible. Ahora es el turno del cine Colombiano, que debe abrirse paso como un bebé en una industria gigantesca, y lo está logrando con buenos resultados. Ha aprendido de sus vecinos latinoamericanos y, por ahora, promete, por lo menos, ser un buen negocio.  

 

*Estudiante Licenciatura en Literatura. gudazari@univalle.edu.co