|
|
Memoria de un protagonista Edgar Morin
"Mayo del 68 sigue
siendo un 'electroshock"

Por J. M. Martí Font
"Allí donde reinaba el bienestar, también había una
insatisfacción profunda", afirma el pensador
francés, que analiza los cambios en las últimas
cuatro décadas. El filósofo se ve a sí mismo como
"uno de los últimos dinosaurios"
En mayo de 1968 Edgar Morin (París, 1921) se había
comprometido a sustituir a un profesor y a dar unas
clases en la Universidad de Nanterre, entonces un
lugar inhóspito de la periferia parisiense, en medio
de un paisaje industrial y vecina de un poblado de
chabolas. Poco podía imaginarse, cuando llegó, que
ya había saltado la chispa. "Cuando llegué había un
caos absoluto; los coches de policía hacían sonar
las sirenas y un joven pelirrojo gesticulaba sobre
las tarimas: era Daniel Cohn-Bendit", explica. Morin
se dispuso a dar su clase. "Era un anfiteatro que no
tenía ventanas", recuerda, "y unos cuantos
estudiantes se acercaron a mí gritando: '¡Huelga,
huelga!'. Les dije que si querían hacer huelga
tenían que someterlo a votación. Se votó y la
mayoría optó por dar la clase, así que empecé.
Entonces unos cuantos alumnos se pusieron a gritar:
'¡Morin, flic (policía)!', cortaron la
electricidad, el micrófono y la luz. Y no pude dar
la clase".
"Hubo una cierta liberalización de las costumbres y
éste es uno de los aspectos más interesantes del 68"
"Los comunistas nunca estuvieron presentes en el 68.
Fue el principio del declive de la influencia
comunista"
PREGUNTA. ¿No se lo esperaba? ¿Qué estaba pasando?
RESPUESTA. Creo que fue en febrero o en marzo de
aquel año cuando di una conferencia en Italia, en
Milán, sobre la internacionalidad de las revueltas
estudiantiles, porque el Mayo del 68 francés no fue
la primera, sino todo lo contrario, fue más bien la
culminación. La cuestión era la siguiente: ¿cómo es
que en toda una serie de países con sistemas
sociales y regímenes políticos completamente
diferentes se estaban produciendo revueltas de
estudiantes al mismo tiempo? Las había en el mundo
occidental, pero también en Egipto, en Polonia, en
Checoslovaquia... Por supuesto, el denominador común
era una revuelta contra la autoridad que tenía
características diferentes. En Europa del Este era
contra la dictadura del partido; en los países
occidentales era, a la vez, la de la familia, es
decir, la autoridad paternal, la de los catedráticos
de la Universidad y la del Estado.
P. ¿Y la represión sexual?
R. Se puede decir que fue un elemento desencadenante
de Mayo del 68, ya que en Nanterre la chispa partió
de la prohibición de que los chicos entraran en los
dormitorios de las chicas. Pero hay que decir que no
hubo reivindicaciones sexuales. Las grandes
reivindicaciones relacionadas con el sexo, el
movimiento de liberación de la mujer o el movimiento
de autonomización de los homosexuales, aparecieron
después de Mayo del 68, como consecuencia. El Mayo
del 68 francés tiene su origen en el movimiento del
20 de marzo en Nanterre, que era un movimiento de
raíces libertarias. Hay que ponerlo en relación con
lo que pasaba en California desde hacía algunos
años, donde la juventud del país más rico del mundo,
los hijos de familias extremadamente prósperas
abandonaban la casa paterna para llevar una vida
comunitaria, pero con una aspiración a la vez a lo
comunitario y a la libertad. En fin, dos
aspiraciones que parecen antagónicas pero que eran
vividas conjuntamente. En aquellos años yo ya había
estudiado los fenómenos relacionados con la
adolescencia, y descubierto que los jóvenes, a
través del rock, a través de toda una serie de
cosas, manifestaban una voluntad de autonomía en la
sociedad a través de una cultura propia. Con esta
revuelta, la adolescencia, que se encuentra entre la
burbuja de la infancia y la integración, véase la
domesticación en el mundo adulto, expresaba una
aspiración profunda en evidente contradicción con el
proceso de integración en la sociedad que se les
proponía, consistente en la especialización, el
oficio, la cronometría, etcétera.
P. ¿Cómo se vivió esta dialéctica entre lo
libertario y lo comunitarista?
R. Hay una aspiración que de hecho recorre toda la
historia humana, que se ha expresado en la idea
tanto libertaria como comunista o socialista. Las
primeras semanas de Mayo del 68 son de carácter
verdaderamente espontáneo, porque la ocupación de
Censier, de Nanterre y finalmente de La Sorbona, fue
una explosión a la vez estudiosa y exaltada, que
tenía un componente muy, muy poético. Pero hay que
decir que progresivamente los pequeños grupos
políticos trotskistas, maoístas y otros, no
solamente quisieron adueñarse del movimiento, sino
que lo parasitaron.
P. En una entrevista de 1976, en el
Magazine Littéraire,
usted utiliza la expresión: "Los insectos necrófagos
han devorado el cadáver".
R. Si, de hecho, les decían a los estudiantes:
seremos nosotros los que realizaremos vuestras
aspiraciones por medio de la revolución proletaria.
Lo parasitaban y pensaban responder a estas
aspiraciones por medio del comunismo. En mi opinión,
el Mayo del 68 en Francia tuvo dos fases: un primer
momento de espontaneidad, un impulso, que toda la
población parisiense vio con simpatía. Hay que
decir, también, que la total inhibición del poder
del Estado liberó a mucha gente de sus enfermedades
psicosomáticas, de sus neurosis. Los gabinetes de
los psicoanalistas y los psiquiatras se vaciaron.
Pero luego, cuando empezó a faltar la gasolina y
llegaron los problemas de abastecimiento, apareció
la angustia entre la población y rápidamente la
gente le volvió la espalda al movimiento
estudiantil.
P. ¿Qué efectos inmediatos tuvo Mayo del 68?
R. Después de Mayo, los grupúsculos, especialmente
los maoístas, creyeron que se trataba del ensayo
general de la revolución. El movimiento tuvo varios
efectos inmediatos; por un lado, un relanzamiento
del marxismo como la explicación general de todo;
por otro, un cierto movimiento de gente joven que se
marchaba al campo para cambiar radicalmente de vida.
Pero este segundo movimiento se disolvió rápidamente
porque en 1973 estalló una crisis económica. Hasta
aquel momento los jóvenes podían marcharse pero
sabían que si volvían encontrarían de nuevo un
trabajo. A partir de 1973 ya no fue así.
El otro aspecto, a mi parecer, es que la
civilización occidental o burguesa estaba muy segura
de sí misma hasta 1968. La tesis
sociológico-histórica era que la sociedad industrial
desarrollada iba a disminuir al máximo las
desigualdades, resolver el problema de la pobreza y
consiguientemente generalizar la buena vida. Era la
menos mala o la mejor sociedad posible.
Evidentemente, en la Europa del Este se decía que
era el sistema comunista el que iba a crear el
futuro más radiante. Había dos visiones radiantes
del mundo, aunque en lo que concierne al Este muy
poca gente creía ya en ello. Pero en Occidente
también empezó a ser evidente que allí donde reinaba
el bienestar, también había una insatisfacción
profunda. Yo lo había comprobado en California. Me
marcó mucho la película No down payment (Más
fuerte que la vida, 1957), de Martin Ritt, que
mostraba la profunda infelicidad generada por la
prosperidad económica.
P. ¿Mayo del 68 marca el fin del sueño de la
felicidad?
R. Sí. El mundo maravilloso de las estrellas de
Hollywood, que debían ser felices, tampoco era tal,
como pudimos ver después del suicidio de Marilyn
Monroe y otros. La mitología de la felicidad de esta
sociedad se hundía. Hice una encuesta sobre la
evolución de la prensa femenina después del 68 y
descubrí que las mismas revistas que hasta entonces
les decían a las mujeres que siendo bellas y
cocinando bien podían ser felices y conservar a sus
mariditos cambiaron el mensaje para recordarles que
envejecían, que sus hijos se marchaban de casa y sus
maridos las engañaban. Resistid, era el mensaje. Era
evidente que no se podía vender felicidad. Mi tesis
es que los adolescentes, en tanto que la malla más
débil de la sociedad aún no integrada, sienten de
forma más intensa las tragedias y las carencias de
la sociedad. Mayo del 68 fue una revuelta que iba
más allá de la simple protesta. Malraux la llamó,
acertadamente, crisis de civilización.
P. ¿Hay un antes y un después del 68?
R. Creo que después del 68 el prestigio del modelo
de la sociedad industrial desarrollada baja, y aún
más en cuanto que, por primera vez, aparece una
crisis que pone en duda su viabilidad, la crisis del
petróleo de 1973 que supone que el desempleo se
instale de forma permanente en nuestras sociedades.
Por no hablar de las contaminaciones de todo tipo,
el estrés de las grandes ciudades, la presión de la
productividad, de la cronometrización y el deterioro
de las condiciones de trabajo.
P. ¿Y los cambios en las costumbres y en la moral
social?
R. ¿Qué es lo que cambió en las costumbres? Las
relaciones en el interior de las familias. Hubo una
evolución, a través del movimiento feminista, que
estaba en vanguardia. No es por azar que, poco
después, incluso bajo un Gobierno de derechas,
Simone Veil consiguiera sacar adelante la ley sobre
la interrupción del embarazo, una ley clásica de la
reivindicación feminista. Hubo también la aceptación
de la diversidad, de las diferentes minorías,
sexuales, por ejemplo. Es cierto que hubo una cierta
liberalización de las costumbres y éste es uno de
los aspectos más interesantes de Mayo del 68. Por
esta razón le llamamos la brecha, como una vía de
agua en la línea de flotación del gran navío. Yo
diría, además, que era lo que señalaba la vía de las
revoluciones futuras, porque no pensé en ningún
momento que ni los trotskistas ni los maoístas
podrían tomar las riendas; al contrario, los tenía
por regresivos.
P. ¿Qué lectura política hace ahora?
R. Desde un punto de vista político, se produjo un
fenómeno muy interesante; pese a que los grupúsculos
presentes eran marxistas, hubo una disminución de la
influencia del partido comunista sobre la población
y especialmente sobre los jóvenes. Los comunistas
nunca estuvieron presentes en el movimiento del 68 e
incluso lo condenaron. El propio George Marchais
[secretario general del PCF] condenó explícitamente
a Cohn-Bendit, del que dijo que era "un judío
alemán". Condenaron el aspecto libertario y también,
por supuesto, el hecho de que se declararan
trotskistas y maoístas. Fue el principio del declive
de la influencia comunista.
P. Desde el presente, ¿cuál fue el impacto de Mayo
del 68?
R. Mayo del 68 debe ser relativizado hasta cierto
punto, pero sigue siendo un electroshock. De
entrada, porque fue una sorpresa gigantesca, y
además porque convirtió a Francia en el único país
en el que un movimiento estudiantil pudo
desencadenar una gigantesca huelga obrera.
Ciertamente, hubo un gran malentendido. En realidad,
el movimiento estudiantil estaba apropiándose del
papel revolucionario que se le atribuía a la clase
obrera, pero fue la clase obrera la que se aprovechó
de la situación para conseguir una serie de
importantes aumentos de salario y derechos
sindicales.
P. Y después la derecha ganó las elecciones.
R. Voila. La saturación de Mayo del 68, el
miedo
...
P. ¿Qué queda de Mayo del 68?
R. Para empezar, el acontecimiento fue totalmente
olvidado, escondido, por varias generaciones. Es
ahora, con esta enorme conmemoración mediática,
cuando la historia resurge. No sé lo que piensa la
juventud de lo que pasó entonces, pero hay un
fenómeno francés muy particular que los políticos no
acaban de entender. La juventud pasa de fases
estudiosas, aparentemente despolitizadas, en las que
se diría que se ocupan exclusivamente de sí mismos,
de sus estudios, a despertar bruscamente con una
explosión, a menudo provocada por un proyecto de
reformas, de hecho, de minirreformas secundarias y
estúpidas, que sirve de detonador a una revuelta
estudiantil. Lo que es interesante es que una vez
que ha comenzado la revuelta proporciona un placer
maravilloso a sus protagonistas, porque les permite
desafiar a la autoridad, a la policía. Entonces las
autoridades les hacen caso, les reciben en los
palacios, y cuando el ministro cede y les dice: de
acuerdo, vamos a satisfacer vuestras
reivindicaciones, entonces contestan: no, no.
Queremos más. Y toman la calle y desafían al mundo
adulto y se emborrachan de felicidad. Luego la
revuelta se descompone porque, por un lado, un
cierto número de elementos activistas intentan
controlar el movimiento y se pelean entre ellos, y
el tiempo pasa y el movimiento se deshace. Pero lo
importante es que cada uno de estos episodios
consigue que los jóvenes se politicen, entren en la
polis, en la sociedad política, en el juego de la
cosa pública. Un proceso muy saludable para la
sociedad francesa.
P. El presidente Nicolas Sarkozy quiere acabar con
la herencia de Mayo del 68 pero se apropia de tesis
como la que usted enunció sobre la política de
civilización.
R. No, en realidad sólo se apropió del término. Sólo
dijo aquello de que hay que cambiar la hegemonía de
lo cuantitativo por la de lo cualitativo. Pero no ha
abandonado la idea de que hay que mantener el
crecimiento económico por encima de todo, con lo que
se aleja mucho de mis tesis. Por otra parte, hay una
crisis de esta idea universalista en favor de los
particularismos. Yo soy uno de los últimos
dinosaurios, en este sentido. |