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Miles Davis: un estilo musical para todas las épocas
del jazz

Hace 15 años falleció Miles Davis, uno de los más
influyentes músicos del jazz. La vigencia de su
producción artística ha superado la prueba del
tiempo, aquilatada por las generaciones posteriores
Por Roberto Carlos Luján*
Su nombre es sinónimo de radicalidad, ruptura y
autenticidad musical. Músico especial por diversas
razones, entre otras por haber poseído una capacidad
singular de renovación constante, lo cual le
permitió estar presente en los grandes momentos de
la historia de este género: El jazz, la gran música
afromericana del siglo XX, encontró en él a un
artista de ideas musicales de avanzada, profunda
fuerza renovadora y conciencia artística plena.
Para los músicos del jazz esta forma expresiva
representa además de un ejercicio creador estético,
un desarrollo ético de considerable compromiso y
magnitud.
¿Julliard o Mintonas?
Davis nació en 1926 en Alton, Illinois hijo de un
odontólogo, su origen no era precisamente humilde
como el de tantos otros músicos afroamericano, su
crianza se había desarrollado en el seno de una
familia de clase media de su época. Se convirtió en
músico profesional en la década de 1940, en pleno
auge del jazz moderno. Comprendió que la práctica
musical ejercida en los clubes, especialmente en el
mítico Mintons Plays House, donde se presume
comenzó el Be Bop, fue más aleccionante y
determinante por su practicidad , que las lecciones
aprendidas en la escuela de música Julliard. El
hecho de estar en contacto con la esencia musical
del jazz moderno fue demasiado significativa. El
aprendizaje cotidiano brindado por sus mentores y
máximos puntales del Be Bop ( Charlie Parker y Dizzi
Gillespie), ayudarían a moldear al músico y también
al hombre. Desde entonces habría de erigirse en
paradigma del músico-transgresor que gestaría
rupturas -individuales y colectivas – con lo
establecido y convencional. Su modo de tocar sin
vibrato y con su sordina harmon se
convertiría en modélica y legendaria como la
introspección de su naturaleza interpretativa.
Entre tanta reproducción sonora, presente de hecho
en todas las músicas, pocos artistas consiguieron
forjar un sonido propio como lo hizo él, ese sonido
propio que significa para los buenos intérpretes una
necesidad de identificación, un sello distintivo más
que necesario entre tantos estilistas importantes de
la música del jazz. Confiaba en gran medida en sus
dotes individuales y en ellas cifraba sus
esperanzas de ascender y ser reconocido socialmente.
De ahí el empeño inmenso por edificar una manera
personal y genuina de expresión, así como de
ocuparse con responsabilidad de su oficio al cual
dedicaría su vida.
El
jazz en blanco y negro
Es conocido que Davis tuvo que superar muchos
prejuicios propios de la época que le tocó vivir.
Entre los músicos negros de aquel tiempo existía la
creencia que internalizar la parte teórica de la
música podría resentir el sentimiento natural y
expresivo del músico, así como la posibilidad de
terminar tocando como los intérpretes blancos lo
hacían. En el contexto musical y social los unos
no pueden ser entendidos sin los otros. Davis opuso
resistencia a tales premisas fortaleciendo un gusto
por la música universal, superando la influencia de
su entorno inmediato y de paso posibilitándose
aperturas interpretativas. Este último aspecto
evidencia que los blancos – y lo “blanco” en general
- forman una parte inseparable de la vida mental
del negro en Norteamérica. Las vidas de unos y
otros están dinámicamente interrelacionadas y viven
bajo una serie de reglas impuestas por la sociedad
blanca. En Davis se manifestaba con especial
intensidad un desprecio por la sociedad anglosajona
. Su amargura provenía también de su experiencia
vivencial y de la experimentada por su propia
familia paterna. El relato de algunos sobrevivientes
a la masacre de decenas de personas negras
perpetrada por hombres blancos en 1917 en el East
St.Louis, dejaría una huella indeleble en su
conciencia social, según lo relatara en su
autobiografía**. Una y otra vez se ha hecho énfasis
en la actitud que tuvo hacia el público blanco- no
así para algunos músicos blancos a quienes admiraba
profundamente - en sus presentaciones cuando
inclusive tocaba de espaldas a él, y no es que se
tratara de una excentricidad era simplemente la
postura deliberada del individuo y artista que
encarnaba.
El efecto Davisiano
Algunos de sus “ problemas personales” más graves
estaban asociados a su adicción a la heroína, hábito
del cual se sobrepuso, según él, gracias a su
fuerte voluntad y deseo de redireccionar su vida en
función de las metas trazadas que nada ni nadie le
impedirían alcanzar. Su influencia en la música fue
tal que algunos músicos coetáneos y posteriores
persiguiendo la inspiración que le asistía se
sumergieron en el mundo de los alucinógenos creyendo
encontrar en aquel el camino a la lucidez creativa.
Davis cultivó las más diversas corrientes del jazz ,
desde la década de 1940 hasta las postrimerias de
su carrera cuando unió fuerzas con exponentes de la
escena del hip hop. El eclecticismo bien podría
definirle. Sus discos tan diferentes como modélicos
se convirtieron en referentes insoslayables para
cualquier músico del jazz de las siguientes
generaciones, por ejemplo Kind of Blue
en el cual trabajó de manera importante con la
improvisación modal. In a silent way , Britches
Brew y muchos más que a pesar del tiempo
transcurrido no han perdido un ápice de vigencia y
sobre los que centenares de músicos han de volver
una y otra vez. Quizá por su renuencia a dividir la
música en categorías es que pudo moverse con tanta
naturalidad entre los extremos, compartiendo y
asimilando distintas experiencias. Davis falleció el
28 de Septiembre de 1991 en Santa Mónica,
California luego de casi cinco décadas de carrera
artística en las que aprovechó los diferentes
momentos para tocar lo que quería, lo que decidía
que estaba bien.
** Miles Davis. La autobiografía , ediciones B
1989/
* Estudiante de Sociología, Univalle janlujazz@yahoo.com |