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“Mi narración triunfará”: memorias de un tigre de papel

"El ojo de la mente comienza a ver con claridad, cuando se enturbian los ojos exteriores".Platón.

Juan Felipe Galindo Márquez*

Refieren los rumores que a finales del año pasado, en el foro que se realizó con motivo del estreno en Cali de la película “Un tigre de papel”, un joven interpeló a su realizador, Luís Ospina, para preguntarle dónde podía encontrar las obras del artista Pedro Manrique Figueroa. Dicen que ante la respuesta un tanto ambigua de Ospina, el inquisitivo muchacho persistió en su interés, exigiendo una solución satisfactoria a su curiosidad. Hasta aquí la anécdota no parece tener nada especial; bastante comprensible la fascinación de aquel joven por personaje tan particular: “el precursor del collage en Colombia”, trashumante porfiado, militante de todas las causas; coincidencialmente, testigo de los principales acontecimientos que sacudieron al país, inquisitivo y procaz; para su generación, “el poeta del mal ejemplo”; humor acido, mordaz critica política, en extremo divertido; y pese a ello, un completo desconocido hasta el momento, eclipsado por la memoria ingrata de nuestro país, circunstancia que, además, le otorga un aura de misterio. Cómo no sentirse cautivado ante dicho personaje, que el “revelador documental” de Ospina rescata del olvido. Lo curioso de la anécdota es que Pedro Manrique Figueroa jamás existió; el incauto muchacho fue engañado; quién sabe si hasta ahora, y quién sabe cuántos más.

Falsos antecedentes

Sin embargo, esta película no es un intento de engañarnos, ni el extraño experimento de una mente retorcida. Pertenece a un género definido y con una larga trayectoria: el falso documental o “mockumentary” (del ingles ‘mock’: burla) relata, bajo la forma del documental, una serie de acontecimientos, en parte o completamente falsos. Generalmente, no pretende engañar a los espectadores, y ya sea al final o con una serie de pistas dispuestas a lo largo de la película, advierte la ficción. Aunque las intenciones varían entre una película y otra, la mayoría procura generar reflexión en torno a realidades sociales, o en muchas ocasiones, incluso poner en evidencia los mecanismos de sugestión que utilizan los documentales y medios masivos de comunicación.

Tal vez, por su capacidad persuasiva, el falso documental ha sido abordado por grandes del cine como Orson Welles y Woody Allen. En la obra de Welles, por ejemplo, son recurrentes los rasgos de este género, desde su travesura radial con “La guerra de los mundos”, de H.G. Wells (1938), hasta su obra maestra, “Ciudadano Kane” (1941) donde, a través de breves noticieros ficticios, informa acerca de la vida de Charles Foster Kane, como una forma de darle verosimilitud a esta falsa biografía inspirada en el magnate de las comunicaciones, William Randolph Hearst.

Por su parte, Woody Allen ha sido otro de los cultores del género. Para el caso, su obra maestra es “Zelig” (1983), cuyo personaje es un verdadero camaleón humano que puede transformar su apariencia física dependiendo del grupo social o étnico en el que se encuentre. La película reproduce con gran precisión el estilo de los documentales y noticieros de la época. Pero Allen lleva la farsa aún más lejos, apelando a entrevistas verdaderas para darle más veracidad. Estrategia similar utiliza Ospina al recrear a su “tigre de papel”, valiéndose de los creíbles testimonios de figuras como el historiador Arturo Alape, los cineastas Jaime Osorio y Carlos Mayolo, los artistas Beatriz González y Humberto Giangrandi, el poeta Jota Mario Arbeláez, el escritor Joe Broderick y la reconocidísima actriz Vicky Hernández, entre otros.

El ojo de la mente

No obstante, Pedro Manrique Figueroa no es creación exclusiva de Luis Ospina, En 1996 los artistas Lucas Ospina, Bernardo Ortiz y francois Bucher “descubren” su obra, y realizan en los años siguientes una serie de exposiciones “póstumas”, nacionales e internacionales, valiéndose de su difusa figura para tratar de vislumbrar la trocha nebulosa que es la historia colombiana. Años más tarde Luis Ospina  decide realizar una película sobre dicho personaje, pues encuentra que él le permitirá, desde una perspectiva diferente, hablar de su país, de su época, pero sobre todo, saldar una deuda generacional.

A la manera de un Leonard Zelig o un Forest Gump colombiano, Pedro Manrique se inserta en los principales acontecimientos de la historia de nuestro país. Un collage armado con retazos de realidad y ficción es la película, así como lo es nuestra historia. “En tiempos de confusión los falsos documentales ayudan a desarrollar estrategias  reflexivas, que los convierten ya no en distintivos de la ficción si no en marcadores de la realidad, forman parte de una dialéctica histórica nutrida por lo verdadero y lo falso” (afirma Ospina en la nota del director adjunta al dvd de la película). La intención básica de “Un tigre de papel” es cuestionar nuestra representación de lo real y la veracidad de los acontecimientos históricamente documentados. El falso documental actúa como contrapeso de la de información establecida por documentales y medios de comunicación.

La antigua discusión acerca de la veracidad del documental continúa vigente, pues en la conciencia colectiva aún se sigue homologando documental por verdad, ignorando que “no existe la mirada inocente”, todo registro de la realidad, se quiera o no, constituye en sí mismo una interpretación de esta, la simple acción de escoger determinado encuadre en el momento de encender la cámara implica ya una decisión, y toda decisión es una discriminación.

Casi al final de la película, el biógrafo Joe Broderick, tomando como ejemplo al cura Camilo Torres y la biografía que sobre él escribió, hace una reflexión de cómo después de la muerte las personas transmutan su esencia en recuerdo, en memoria, o en un libro o una película, que son la manifestación física de esta. Entonces, Pedro Manrique Figueroa existió, pues si existe en nuestra memoria desde ahora, ya poco importa si algún día vivió o no, es tan real como cualquier otro de que se tenga recuerdo; sólo el olvido es la muerte. La película termina, antes del fundido a negro y la oscuridad, con la frase póstuma de Manrique: “mi narración triunfará”, y así será.

 

*Estudiante de Licenciatura en artes visuales