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Cine colombiano y melodrama

Realizadores caleños opinan

Juan Felipe Galindo Márquez*

A lo largo de su historia, el cine colombiano ha sido una empresa utópica, tanto por la dificultad para conseguir recursos de producción como por el interés casi nulo que hasta hace un tiempo despertaba en el  público en general. En los últimos años, aunque no ha dejado de ser una empresa difícil, ha habido mayor continuidad en la realización cinematográfica y sobre todo una creciente aceptación del público. Una gran cantidad de personas se siente atraída por  las propuestas del cine colombiano, y ya no parece un plan descabellado o aburridísimo ir un fin de semana a ver una película colombiana. Esta  nueva atracción que genera el cine colombiano podría rastrearse en algunas características comunes en la mayoría de películas realizadas últimamente: personajes que hacen parte de las clases populares (clase media o baja) con los que fácilmente la mayoría de colombianos podemos sentirnos identificados en sus pretensiones y sueños de asenso económico. Como ejemplo,producciones como El carro y Soñar no cuesta nada, dos películas que aunque con tramas bastante diferentes presentan el mismo tema. En la primera es un codiciado automóvil con el que una familia espera conseguir el estatus social que siempre ha deseado, en la segunda son unos soldados con una guaca.Es común también a muchas películas la utilización de un humor  de chistes coloquiales  fácilmente reconocibles.

 

Los relizadores opinan

Las anteriores son solo algunas de las caracteristicas propias del melodrama, género que, a diferencia de lo que puede creerse comunmente, no se agota en la novela rosa si no que puede adoptar diversas formas y temáticas.  Oscar Campo, realizador audiovisual y profesor de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle opina que el melodrama es  predominante en la mayoría del cine que se realiza actualmente en Colombia, y, que en términos generales se han dejado de lado otras posibilidades narrativas. Agrega que este cine traza sus historias en términos bastante maniqueos,  “donde aparecen buenos y malos y voz identificas rapidamente cual es el bueno y cual es el malo, por lo general los buenos son gente familiar, ustedes ven por ejemplo Sumas y restas (la última película de Víctor Gavíria), un señor que es bueno de clase media y se mete con el hijo de la sirvienta que es mafioso y él se vuelve malo, hasta el punto que se ve obligado a matarlo, por que lo volvió malo. Entonces de alguna forma ahí aparece toda una ideología, matizada a través del melodrama.”

Desde una óptica distinta, Antonio Dorado, director de la película El rey y también docente de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del valle, no considera que la categoría de melodrama sirva para definir la producción cinematográfica colombiana actual. Afirma que el cine colombiano es muy diverso como para encasillarlo en un solo género. Lo que sí reconoce es que puede hablarse de elementos melodramáticos dentro de las películas, como secuencias o diálogos, pues los géneros, por su misma naturaleza, están inter-relacionandose continuamente, por lo que es factible ver en una película cómica, dramática o de terror, algunas secuencias melodramáticas, ademas, el melodrama, al apelar a las emociones y sentimientos es un elemento presente en la mayoría de producciones artísticas.

 

La hegemonía de la T.V.

A pesar de la divergencia de opiniones con respecto al melodrama, lo que sí es indiscutible (y en esto ambos relizadores están de acuerdo) es que  gran parte de la producción cinematográfica de nuestro país está soportada por una infraestructura proveniente de la televisión: “Los ocho o nueve largometrajes que se han hecho en Bogotá el año pasado es gente que viene de la televisión la mayoría, ha habido como una cierta privatización difusa del estado por la gran industria televisiva. Cada vez que hay  concursos siempre que hay un jurado colombiano por lo general es una persona de la televisión, la mayor parte de guiones también vienen de guionistas que vienen de la televisión, y lógicamente también tiene toda la caja de resonancia de la televisión para toda la publicidad. Por ejemplo esta película de la guaca ( Soñar no cuesta nada ) hecha por un muchacho que es director de televisión de RCN, la productora también es de televisión, y fue pensado como un proyecto televisivo, lanzado a gran escala; casi todos los proyectos son de gente que esta en la televisión... hay un predominio que hace que este tipo de trabajos sean mas publicitados y tengan un éxito periodístico,” explica Oscar Campo.

En resumen, la cinematografía colombiana esta influenciada por una dramaturgia melodramática propia del formato televisivo, cuya mayor y más difundida expresión es la telenovela.  Acerca de cómo comienza a tejerse esta relación nos cuenta Antonio Dorado: “Durante mucho tiempo el cine colombiano no encontraba su publico; es  Dago García ( guionista de famosas telenovelas colombianas) quien comienza a trazar unas directrices para encontrar su publico. Sabe que la televisión tiene gran eco en el publico colombiano, por eso hace su propuesta muy similar a la televisiva, el suyo es un cine estrictamente melodramático.”

Hablar de melodrama fácilmente puede suscitar polémica, pues es un género que carga con el estigma de lo cursi, lo frívolo, y que por muchos intelectuales es visto como plebeyo, con el que sólo se regocijan las “masas incultas”. Sin embargo, para algunos teóricos de la comunicación, como  Jesús Martín  Barbero, el melodrama colombiano es una forma de expresión en la que podemos reconocernos como colombianos, y que además da cuenta de realidades del país que ni siquiera los noticieros evidencian.

Lo que es claro es que el cine, más allá de ser un negocio de entretenimiento, es una forma de arte, y como tal, directa o indirectamente habla de la realidad del país en donde se produce. Habría que plantearse entonces el interrogante de si el melodrama que actualmente vemos en el cine

colombiano es la forma mas apropiada para hablar de la realidad de nuestro país.

 

Fuentes:

- Jesús Martín  Barbero. De los medios a las mediaciones. Comunicación cultura y hegemonía.

- Seminario melodrama e identidad nacional. 1999.

*Estudiante de Licenciatura en Artes Visuales.