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Mayo de película: la
revolución a 24 cuadros por segundo

El cine ha sido un agente sintomático y determinante
en cada época y generación. Y la 'Nueva ola'
francesa fue un movimiento de vanguardia que además
de dar vida nueva al lenguaje cinematográfico se
adhirió a las causas revolucionarias de Mayo del 68,
llevando, una vez más, el cine a las calles y
convirtiendo la realidad en su objetivo principal.
Por Juan Felipe Galindo Márquez*
El jovencito Antoine Doinel, un hijo de la clase
media francesa, evadido del ambiente injusto y
asfixiante de la escuela y de su hogar, vaga a sus
anchas por las calles de París, errabundo pero
pleno. Interminables fachadas, plazas, puentes,
cafés, bulevares, barrios de extramuros, son la
trashumancia del pequeño Doinel en “Los
cuatrocientos golpes” y al mismo tiempo es la mirada
errante de París que Francois Truffaut nos brinda a
través de su joven personaje. Además de “Los
cuatrocientos golpes”, películas como “El signo del
león” (Eric Rohmer), “Sin aliento” (Jean Luc Godard)
y “París nos pertenece” (Jaques Rivette), todas
ellas del prolífico año 1959, son la piedra
fundacional de un movimiento cinematográfico de
vanguardia francés que posteriormente sería
denominado por la critica, no sin cierto dejo
peyorativo, como la “Nueva ola” ('Novelle vagué').
La posguerra es siempre tiempo de bancarrota
espiritual e intelectual y las generaciones
posteriores encarnan entonces la búsqueda de formas
y contenidos expresivos acordes su tiempo: una nueva
pintura, el informalismo; una nueva música, el rock;
un nuevo teatro, el absurdo; una nueva filosofía, la
orientada por Sastre; un nuevo cine, el neorrealismo
italiano, el cine underground gringo, el cine
‘tercermundista’, la nueva ola francesa.
Los “militantes” de la nueva ola supieron necesaria
la revolución del cine francés, anquilosado en las
viejas glorias del “cinéma de qualité”, estructurado
sobre rígidos y caducos preceptos que poco tenían
que ver con la realidad de la época. Los
nuevaolistas, en contraposición, propendieron por un
cine que diera cuenta de la realidad, de las
paradójicas fibras que la componen. 'Recursividad',
un termino que por sus implicaciones sentimos
bastante nuestro, fue factor determinante en los
trabajos de estos cineastas; potenciando sus
limitaciones técnicas y económicas optaron por
cámaras portátiles y no profesionales de 16 y 8
milímetros y usaron como escenario recurrente las
calles de París, sus plazas andenes y suburbios,
desbordando una pasión y un apetito por el paisaje
urbano que el anterior cine con su rigurosidad
técnica, su estudios elaboradísimos y su escasa
sensibilidad había vetado. En líneas generales, las
temáticas de sus primeras películas se erigían como
cantos vitales, ansias de libertad.
La revolución a 24 cuadros por segundo
Casi una década después, en los álgidos días de las
protestas de Mayo del 1968, los mismos hombres que
fueran fundadores de la nueva ola se abocan a las
mismas calles que les habían servido como “estudio”
años atrás hoy escenario de un apasionado drama en
el que confluyera todo el pueblo francés, cámara al
hombro, registrando las marchas estudiantiles, la
represión policial, registrando y haciendo parte
activa de los acontecimientos. Con suficiente razón
afirmaban los cinéfilos de la época que el único
cine que se hizo en ese momento en el país fue en
calles: “El cine no puede quedarse al margen de la
crisis física y espiritual que sacude al país de
arriba abajo”, reza un manifiesto de un grupo de
productores franceses. Las convicciones políticas de
estos realizadores fueron tales que el mismo
Truffaut junto con Godard (fundadores de la nueva
ola) hacen un llamamiento a los participantes del
célebre Festival de Cannes (que casualmente ha
coincidido en su realización con aquellos días de
ánimos tan exacerbados) para que este sea
suspendido; varios miembros del jurado: Mónica Vitti,
Roman Polanski, Luís Mallé, se adhieren de inmediato
a la causa. Atemorizados, muchos productores deciden
retirar sus películas del festival; sin embargo,
otros productores, especialmente los de cine
taquillero, no están dispuestos a asumir las
pérdidas financieras y se empeñan en que el festival
se lleve a cabo. El festival de Cannes se convierte
en una verdadera batalla campal, una replica en
menor escala de los enfrentamientos que se dan en
las calle se presenta dentro del recinto. En un
intento desesperado por impedir el evento Francois
Truffaut, a quién dicho festival concediera la Palma
de oro años atrás por su obra maestra “Los
cuatrocientos golpes”, se aferra a las cortinas del
teatro evitando que se corra el telón, luego todo se
hace golpes y alaridos. Los desordenes dentro del
recinto llegan a tal extremo que los organizadores
deciden cancelar el evento.
Sin duda el cine de aquellos años, y en especial el
de la 'Nueva ola' francesa, marcó una época y una
generación, trascendió el umbral del espectáculo y
el divertimento para convertirse en un agente
generador de conciencia y reflexión.
*Estudiante de Licenciatura en Artes Visuales,
Universidad del Valle. |