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Marcel Marceau (1923 – 2007): La semiótica del silencio 

Por Jorge  Garcés Borrero*

Marcel, a los 15 años de edad, tuvo que abandonar Francia ante la invasión de las tropas alemanas. Su padre era carnicero y murió ejecutado en Auschwitz. Luego el joven Marcel se unió a las fuerzas de liberación francesas, comandadas por Charles de Gaulle y comenzó a actuar. Gracias a su excelente y fluido dominio del inglés, sirvió de enlace entre las tropas francesas y las fuerzas al mando del célebre general estadounidense George Patton. Después de tantas batallas, Marceau ha muerto dejando un legado teatral de suma importancia. 

Muy pocos saben que en el oficio de mimo de Marcel Marceau hay una influencia decisiva: la Segunda Guerra Mundial. Su cara blanca y su carácter tierno sellaron su principal juramento: “La guerra influyó en mi decisión de optar por el silencio”, manifestaba Marceau. “La gente que volvía de los campos de concentración no podían hablar, no sabían cómo contar esa historia. Tal vez, eso haya influido inconscientemente en mi elección del silencio”, confirmó en una entrevista al diario francés “Le Monde”, en 1997. Inspirado en Charles Chaplin y en Buster Keaton creó el personaje de “Bip”, un payaso con un suéter de rayas presidiarias, un sombrero de copa y una flor prensada. “Bip” se creó dos años después de la guerra, creyendo en la utopía de la paz mundial.  Pero cuando volvieron a empezar las guerras, como Vietnam y Argelia, su arte se hizo más hondo y profundo.

El “vagabundo” de Chaplin o el Quijote, sin la mancha del habla,  reencarnaron en Marcel Marceau,  para recrear todas las fortunas e infortunios a los que se ve sometido, la sensibilidad y la imaginación del alma,  en medio de la cotidianeidad de las máscaras, las representaciones de monstruosos molinos de viento contemporáneos y algunas sátiras de salva. 

Obra y reconocimiento

A mediados del siglo XX, Marcel Marceau obtuvo el premio Deburau, por su segundo mimodrama, "Muerte antes del amanecer", y compuso su propia compañía de mimos, la única de pantomima en el mundo, alrededor de 1950. Además, fue galardonado con dos premios Emmy por sus programas de televisión.

Entre 1959 y 1960 se realizaron retrospectivas de sus mimodramas, que incluían la famosa obra de Gogol "Sobre todo", incluyendo el Pierrot de Montmartre, Las tres pelucas, La tienda de títeres, El 14 de julio, El Lobo de Tsu Ku Mi, París llora, París ríe y Don Juan, obra adaptada del escritor español, Tirso de Molina. En 1993 fue declarado “miembro inmortal” en París.  En entrevista con “La Jornada” confesó que buscaba lo que decía Molière: ser inmortal. “No tengo edad, porque soy un marinero de los aires, dijo el genio de la mímica, alguna vez. Japón, a su vez, lo declaró “tesoro nacional viviente” y en el  2001 se convirtió en embajador para la tercera edad de la ONU, aunque él hubiera preferido ser embajador de la quinta edad, como buen trasgresor del tiempo, porque toda su genialidad era prácticamente atemporal.

El mimodrama, un acto poético

Todos los días  uno retrocede para avanzar. El artista, a través de su búsqueda, no avanza siempre, a veces retrocede, a veces avanza. Tal es el combate de la vida”. Tal  dialéctica no es propiamente occidental, porque el pasado no siempre está atrás en el cuarto de San Alejo, en el polvo del arrepentimiento y el futuro no siempre está adelante, sino bien atrás, con su alma viajando en un perezoso burro. Marceau, también jugó en el cine, en el que alternó con figuras como Jane Fonda, en la cinta Barbarella.  Michael Jackson, confesó que su paso de baile conocido como el moonwalker, lo creó luego de ver la pantomima, Caminando contra el viento, de Marcel. Entre las decenas de películas en las que participó, sólo en  Silent Movie, de Mel Brooks, todo lo que dijo fue: “No”. Y no es la afirmación más valiosa del lenguaje.

Marceau llamaba “mimodramas” a sus actos poéticos y pensaba que: “Las palabras no son necesarias para expresar lo que sentimos”, porque así, como la imagen no supera lo que el lenguaje imagina, las palabras tampoco superan, lo que por dentro sentimos.

Marceau creía firmemente en que los gestos hablan por sí solos: “Para representar el viento, uno se convierte en tempestad. Para hacer un pez, te lanzas al mar. El mimo deber ser un cosmopolita o un  ciudadano del mundo. Si la risa y las lágrimas son las características de la humanidad, todas las culturas son una”. 

Después de deleitarnos con el silencio de la difícil sencillez, Marcel Marceau falleció a los 84 años y fue enterrado en el cementerio parisino, de Père Lachaise, donde no descansan los inmortales, al ser un lugar turístico por excelencia.   

*Estudiante de Comunicación Social – Periodismo. Universidad Autónoma de Occidente. Email: jaygarces@hotmail.com