Los mares de la luna. Juan Fernando Merino

Los mares de la luna
Juan Fernando Merino



Por Edgard Collazos Córdoba




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Poco les faltó a los personajes de los cuentos de Juan Fernando Merino para volverse héroes de narraciones picarescas. A ese género podían propender por la intensa vicisitud de sucesos que viven, solo que el poder imaginativo de Merino, unido a su destreza escritural, les traza un destino que los aparta de los cánones conceptuales de la literatura de peripecias, como deseando aprobar eso que decía Borges, que los géneros literarios viven de la continua y delicada infracción de sus leyes.

Uno de los elementos que pugnan por el éxito logrado en la apuesta estética de Juan Fernando Merino, es que, aunque cumple con las tareas capitales de todo cuentista, opera diferente a como lo hacen otros autores que escriben cuentos. Merino no solo cumple con los requerimientos de este género: contar un solo suceso, no salirse del hilo narrativo, mantener el interés a causa de la tensión, ganar por nocaut. No, hay otro elemento muy trabajado en estas narraciones, y es la integridad de los lugares escénicos del relato; la idoneidad de los escenarios donde van a suceder los hechos.

Cuando leemos los doce cuentos que componen Los mares de la luna, no sentimos que esas creaciones tienen su origen en creaciones de otros autores, en intertextualidades como dirían hoy en el mundo académico y que en otro tiempo se denominaba el estudio de las fuentes. No lo sentimos porque el final de cada cuento, en vez de proceder bajo el influjo de la literatura, imita los inciertos destinos de la vida que siempre deja una puerta abierta. Eso nos da la sospecha de que son obras de un lenguaje que trata de inspeccionar el recuerdo de una experiencia vital del autor, de sucesos acaecidos en distintos lugares del planeta, a veces cercanos, otras veces remotos, aunque página tras página, entendemos que donde Merino hace actuar sus personajes es en el misterioso fondo del alma humana.

Hay algo particular en la manera como los relatos de esta colección atrapan al lector, y es el orden de las causas, una secuencia de causalidades que nos atrapa, nos erosiona el sentido crítico y nos hace sentir que los personajes son de carne y hueso, conduciéndonos a la curiosidad y deseo por saber qué va a suceder en el próximo renglón.

Todos sabemos que en la literatura el orden cronológico de los hechos no corresponde a un orden lógico y sin embargo en todas las obras ya sean cuentos o novelas, los hechos que suceden por fuera de escena tiene el privilegio de ser ordenados por la mente del lector. En los relatos de Merino el primer renglón ya hace referencia a una historia que ha iniciado antes de la escritura, superponiendo primeros y segundos planos según sea el objetivo literario que se proponga, como sucede en el relato titulado Mar de las olas, donde tres músicos: Mahmadou el africano, trompetista senegalés; Bogdan Burovic, acordeonista de la antigua Yugoeslavia y Rodrigo García, guitarrista colombiano nacido en Ocaña: tres músicos y viajeros asociados en un grupo musical al que llaman el Trío de la lata cuya música está destinada a ser escuchada en los vagones y pasillos del metro, o en la plazuelas y parques de Nueva York.

Como en los mejores cuentos norteamericanos y como en la vida misma, cada uno de los personajes arrastra consigo una superstición, una dolencia de la vida o un capricho. El senegalés, por ejemplo, salía de su casa con el pie izquierdo, seguía a pie juntillas los consejos de su abuelo y no entraba nunca a una mezquita sin su rosario de cuentas. No contento con el talentoso trío y su composición de rarezas psicológicas, el narrador les incorpora un violinista ciego de origen judío, quien además de músico es quien escribe la historia.

Tal vez la historia más entrañable es la titulada Mar de la serenidad, donde se narra la historia de amor (su regocijo y su ruptura) entre Gonzalo Ampudia, un asistente de vuelo de Lan Chile y Pablo, un compositor. Es admirable la delicadeza y la sabiduría literaria como se tratan no solo los instantes del amor, también los momentos del conflicto que causa el desamor en Gonzalo Ampudia.

Es lícito pensar que entre los doce relatos que componen esta colección de cuentos, hay otro que sucede entre líneas, el número trece. El relato de un hombre inteligente y errante que se pasa la vida recorriendo los caminos del mundo, hablando y escuchando idiomas diferentes y preguntándose cuál será su propósito y su destino, y una sorpresiva noche, perdido en las nebulosas de sus sueños, en los confines del mundo, fatigado de errar, las estrellas le revelan que sus andanzas han sido solo el aprendizaje de su arte y que su sino es escribir lo que sus ojos han visto y las historias que ha escuchado y esa revelación luminosa le dicta las páginas de este bello libro que él tituló: Los mares de la luna.

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