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Literatura sin papel

Novelas cibernéticas, comunidades culturales en
internet, librerías y bibliotecas virtuales, autores
online, marketing en la red, información en las
wikis y soportes electrónicos de lectura muestran el
comienzo de una revolución digital. El ciberespacio
y las tecnologías emergentes aceleran la
transformación hacia una nueva era cultural.
Winston Manrique Sabogal*
Imperturbables ante la algarabía matinal, Lucía y
Friedrich parecen estatuas vivas sobre la hierba de
un parque de Atenas. Están sentados espalda con
espalda, con un ciberlibro abierto entre las manos
cada uno. Es como sostener sólo las portadas de un
libro en el que van pasando páginas virtuales. Él
lee una novela y ella corrige su exposición para
defender a un cliente. De repente, él dice que le
apetece leer otra cosa y toca con el índice uno de
los iconos de la página izquierda, tras lo cual
aparece un catálogo de novelas. Las mira, y toca la
portada del último título de Fred Vargas, que al
instante despliega sus primeras páginas. Empieza a
leer, pasa página y se sorprende de una palabra, la
toca y de ella surge un rótulo con su definición y
referencias y enlaces relevantes. A su espalda,
ella, con un bolígrafo en la mano, tacha y añade
apuntes sobre el texto. Minutos después: "Ya está.
Lo voy a enviar". Así es que toca otro icono y
desaparece el texto. Entonces gira el ciberlibro que
se convierte en un ordenador portátil. Escribe un
‘e-mail’, adjunta el texto corregido y lo envía a su
bufete de abogados. Pone el ciberlibro de nuevo
verticalmente y toca el icono de los periódicos para
echarles una ojeada, hasta que pregunta: "¿Nos
vamos?". Él responde cerrando su lectura. Se
levantan y él abre de nuevo el ciberlibro donde,
ahora, aparece una guía de viajes de Atenas. Buscan
el parque donde están y seleccionan una ruta visual
con GPS, y pasean mientras siguen sus instrucciones
y escuchan la información de los sitios de interés
por donde pasan hasta perderse por las calles
atenienses...
Eso se vería en un asomo a un tiempo borgeano que
fluye hacia este presente que vive una
transformación derivada del ciberespacio. "Estamos
en el comienzo de una revolución de cambio
comparable a la invención de la imprenta de
Gutenberg en 1440 y al largo proceso de la
Revolución Industrial hace 200 años", afirma
Rosental Calmon Alves, catedrático de la Universidad
de Austin en Tejas, Estados Unidos, periodista
brasileño y uno de los expertos y pioneros de
periódicos en internet. Una revolución digital con
una decisiva influencia en el mundo del libro
porque, advierte Calmon Alves, se trata de una gran
ruptura de los modelos de creación, promoción, venta
y lectura donde no hay fronteras y todo está por ver
y descubrir. ¡Conquistar!
Un salto hacia el futuro que ya se ve en las
búsquedas de un lenguaje más acorde a las
tecnologías emergentes, en una literatura que
explora nuevas formas de escribir y narrar, en la
redefinición de la industria editorial, en las
transformaciones del soporte del libro digital y en
la evolución de hábitos de los lectores.
Es el ‘big bang’ del ciberlibro
Porque aunque internet cumplirá en 2009 cuatro
décadas, éstos son los primeros y trascendentales
destellos de los cambios que se avecinan en las
prácticas sociales, profesionales y culturales, dice
José Antonio Millán, filólogo, escritor, experto en
la red y ‘bloguero’ de ‘El futuro del libro’. Un
proceso imparable de magia tecnológica con más de
1.200 millones de usuarios de internet que lleva a
los adultos a cambiar de chip para, poco a poco,
adaptarse a una época que empieza a poblarse de
generaciones que tienen en la red su espacio casi
natural.
Como esa futurista pareja que pasea por Atenas con
un ciberlibro en el cual convergerían servicios hoy
dispersos, como internet, telefonía, reproductor de
música o GPS. Una cosa los une: el ciberespacio e
internet donde todo lo que él contiene y de él sale
y hacia él va gana fuerza y popularidad. Así es que
los predecesores de ese ciberlibro platónico, a
punto de abandonar la caverna de las ideas, tienen
nombres que se prestan tanto a un juego como a un
trabalenguas: Bookeen Cybook, Kindle, Reader, Keitai
Shousetsu, Starebook STK-101 o Hanlin ebook. Y otros
cuantos prometidos para este año. Las empresas saben
que parte de su éxito estará en no traicionar al
libro como artefacto casi perfecto en forma y
contenido.
Siguen la ruta de la música. Buscan ser el iPod de
los libros...
"Estos avances no son una amenaza para el libro. Es
una forma distinta de hacerlos. Una oportunidad de
crecer que obliga a modificar el negocio", asegura
Antonio María Ávila, director ejecutivo de la
Federación de Gremios de Editores de España (FGEE).
"La red ya es parte de la vida y debemos sacarle el
mejor provecho para avanzar", reconoce Ángeles
Aguilera, directora de Comunicación y Marketing de
Santillana y una de las responsables del viaje de
este grupo editorial al ciberespacio.
Es un periodo de transición donde la literatura roza
la idea babélica de su biblioteca ideal. Y más allá.
No sólo es el acceso casi infinito a los libros y a
la información, sino también a las posibilidades de
su propia creación como instrumento del saber, del
arte y del entretenimiento. De tener claro que más
que conocer la información lo que importa es saber
dónde hacer clic para encontrarla, bajo la trinidad
de creer, arriesgar e interactuar.
La reinvención del escritor
Dos dimensiones paralelas y convergentes que se
retroalimentan conviven hoy en el mundo del libro:
lo tradicional y lo digital. "Más que la concepción
de libro, lo que ha cambiado internet es la
concepción de arte o de expresión artística", aclara
Jaime Alejandro Rodríguez, escritor de hipernovelas
y profesor de literatura de la Universidad Javeriana
de Colombia. Y recuerda que esto ha traído nuevos
soportes para la expresión: "Los ‘e-books’
(versiones digitales de libros), los hipertextos,
los ‘hipermedias’, que posibilitan nuevas formas de
expresión donde, por un lado, la palabra se hace
relativa frente al poder de otros medios, frente al
poder del ‘multimedia’, y por el otro, se entrega el
poder al lector gracias a la ampliación de la
interactividad".
Una vez en el ciberespacio, la creación literaria ha
inaugurado dos eras: la del creador novato y la del
lector interactivo. La primera tiene que ver con el
hecho de que una de las ventajas de la democracia
abierta de internet es que permite a cualquier
persona exponer, o colgar, allí sus ideas y
trabajos. ¿El resultado? Una fiebre de autorías
amparadas en la protección de la anonimia de la red.
Es la parte más popular de este ‘big bang’ que
incentiva la creación literaria en múltiples
versiones.
Es el ciberedén de la literatura
Y a él acuden toda clase de autores. Desde los que
ponen en la red su novela en ‘e-book’, como hizo
Stephen King en el año 2000 con ‘Riding Bullet’,
hasta aquellos que buscan la multiautoría con los
cibernautas. Uno de los pioneros fue John Updike
cuando en 1997 escribió en la red el comienzo de
‘Murder makes the magazine’, que continuaron los
internautas con la condición de que él mismo
escribiría el final un mes después. Una variante de
la multiautoría es la del escritor que empieza a
escribir en la red y los cibernautas le sugieren por
dónde y cómo debe continuar. En España, uno de los
primeros en explorar este campo fue Lorenzo Silva,
cuando en 2001, y durante diez semanas, escribió ‘La
isla del fin de la suerte’. Una de las nuevas
puertas la abrió Paulo Coelho cuando colgó en la red
la cuarta parte de su novela ‘La bruja de
Portobelo’, dos meses antes de su publicación, abrió
un ‘blog’ y un foro con los lectores. Una iniciativa
con la que un autor podría cambiar la obra, según
los comentarios de los lectores.
Pero todo esto son recursos demasiado terrenales
para las verdaderas posibilidades que ofrece la red
al permitir adentrarse en el ADN de sus circuitos.
Ahí están las novelas electrónicas que utilizan el
hipertexto, el vídeo y el audio. El colombiano Jaime
Alejandro Rodríguez ha contribuido a despejar ese
camino con su hipernovela ‘Gabriela infinita’, una
obra metamórfica que primero fue libro, luego
hipertexto y finalmente ‘hipermedia’. Después
conquistó nuevos predios ciberliterarios con Golpe
de gracia, con la cual obtuvo el año pasado el I
Premio UCM/Microsoft a Literatura en español del
texto ‘hipermedia’. Una obra donde el lector
interactúa en un juego literario multimedia (www.javeriana.edu.co/golpedegracia/).
Más populares son los formatos del ‘blog’ y ‘videoblog’.
Penúltimo hallazgo y legado de estas rutas
divergentes forjada por los cibernautas. Apenas
sobrepasa la década de su nacimiento y ya hay 27
millones de ‘blogs’, una insospechada cifra de
seguidores-lectores y un incalculable número de
‘blognovelas’ y ‘bloglibros’ para los que ya se ha
creado un premio literario, si pasan al formato
libro: el Blooker. La primera edición la inauguró en
2007 el soldado estadounidense Colby Buzzell, que
contó ‘online’ sus vivencias en la guerra de Irak
desde una tienda de campaña. La experiencia del
‘blog’ fue recogida en el libro ‘My war. Killing
time in Irak’ (‘Mi guerra. Matando el tiempo en
Irak’). Un hecho que agita el debate sobre si los
blogs son un nuevo género literario. En esta
convivencia y ajuste de eras, las galeradas
originales de los libros empiezan a ser reliquias.
Los autores envían sus obras en formato digital o
PDF a agentes y editores, que los leen en su
ordenador o en un soporte de lectura digital
portátil. Una de ellas es la agente Mónica Martín,
que ha reconocido que algunos autores sólo le
entregan los manuscritos como un gesto simbólico.
Blanca Rosa Roca, de Roca Editorial, cree que los
lectores digitales son "un buen medio para leer
manuscritos, se pueden cargar muchos y se ahorra
papel e impresión". Y cuenta que Hachette ya ha
entregado a sus editores los Sony Reader. Además,
las editoriales ya tienen en sus webs un apartado
donde los escritores pueden enviar sus propuestas
literarias.
*Periodista y novelista colombiano. Tomado y
adaptado de ‘Babelia’, El País digital |