Libros MZO

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Tierra mojada, la propiedad como maldición

Tierra mojada (1947) es una novela vigente, refleja una realidad que se niega a desaparecer: el violento predominio sobre la tierra por parte de los terratenientes mediante el despojo, el desplazamiento y el asesinato.


Por: José Luis Garcés González
Escritor y catedrático universitario


Tierra mojada fue escrita entre 1943 y 1946. (…) Con la novela, escribiéndola y corrigiéndola, realizó Manuel Zapata Olivella su peregrinaje por América Central, México y Estados Unidos. Era su primer libro, el joven escritor tenía 27 años y el entusiasmo no le cabía en el cuerpo.

(…)La novela narra la historia de un grupo de campesinos pobres de San Bernardo del Viento en el Sinú colombiano, que son sacados de sus tierras por un latifundista, político, prestamista y senador, Jesús Espitia, quien se cree dueño de vidas, haciendas, aguas y cosechas. Gregorio Correa, el campesino que expropiado arbitrariamente se va con sus hijos, su mujer y su perro a la desembocadura del río, convence con su actitud a otro grupo de expoliados, quienes en la tierra que al bajar el río dejan libre las inundaciones, forman lo que llaman Los Secos, nombre apropiado para unas cuantas casas de palmas y unas milagrosas cosechas de arroz que representan la esperanza de no ser molestados por nadie.

Pero la vida es contradictoria, y mucho más para los pobres. Por eso cuando todo parece mejorar y la cosecha de arroz es enseñada con orgullo por los sequeños que han demostrado que pese a ser desplazados sí se puede cuando hay decisión y valentía, aparece la avalancha del río o la penetración del mar para pudrir la semilla. (…) Cuando el río retrocede, y todo vuelve a la normalidad, irrumpe el latifundista, acompañado por la ley, exigiendo para sí, documentos en mano, las tierras que el sudor de los campesinos le había arrancado a la desembocadura.

(…)Tierra mojada, entonces, es un documento de múltiples lecturas. En ella se encuentra lo sociológico, lo político, lo económico, lo estético y lo legendario. Su texto conjuga todos los elementos que han hecho de la colombiana una sociedad atrofiada, en donde la historia se ha rezagado, y algunos hechos de la postmodernidad conviven sin rubor con realidades ancladas en la premodernidad o en la edad de piedra. (…) El problema de la tierra, aún insoluble en Colombia, tiene en esta novela de obligatoria lectura una referencia indispensable.


Un vagabundo narrador de la opresión y la marginalidad

En He visto la noche (1953) Manuel Zapata Olivella, desde diferentes sujetos y lugares, transparenta una radiografía, con trazos vigentes, de los padecimientos, las tristezas, pero también las alegrías de la población negra de Estados Unidos. Es una sentida y colorida pintura cuya actualidad sorprende.


Por:Luz Adriana Ossa Valencia
Magíster en Literatura Colombiana y Latinoamericana y Comunicadora Social Periodista.


Entre los 23 y los 27 años, el escritor colombiano Manuel Zapata Olivella parte de viaje sin dinero ni documentación legal y alcanza a recorrer en solitario ocho países americanos de mediados del siglo XX. Durante este periplo, que inicia en su país en 1943, continúa por Centroamérica y termina en los Estados Unidos en el año 1947, escribe sus relatos de viaje Pasión vagabunda (1949) y He visto la noche (1953), dos libros que comparten una continuidad cronológica y nos acercan a este emprendimiento al azar que resultó ser una experiencia transformadora para el autor.

(…)Atento entonces a los llamados de su destino y dispuesto a morir o a “romper su crisma para conocer el mundo”, abandona México para empezar a relatar en He visto la noche (1982) su tránsito por Norteamérica, en el periodo inmediatamente posterior al fin de la Segunda Guerra Mundial donde se lidiaban las luchas civiles de los afronorteamericanos como consecuencia de la segregación racial y económica soportadas por la “línea de color” de la Ley Jim Crow.

(…)En He visto la noche acudimos a una mirada personal de aquel fenómeno racial norteamericano, donde Manuel pasa de ser un observador imparcial que narra lo que ve desde lo anecdótico, a tener un cambio de actitud y una toma de conciencia racial dentro del contexto sociohistórico del continente, ya con un tono beligerante frente a los efectos de aquella dominancia y opresión que tocarían directamente su humanidad.

(…)Tanto en Pasión vagabunda como en He visto la noche, el “hambre física” de Manuel es un tema recurrente. Ante una lectura desatenta resulta anecdótica, espontánea, difícil de callar, sabemos que se trata de la peor carencia humana. Pero, ¿qué nos quiso decir el escritor si trascendemos su estómago vacío? De ahí que coincidimos con Santiago Arboleda que el hambre es el máximo personaje, además de que nos lleva a inferir otros apetitos intelectuales y espirituales durante este periodo de vida del viajero.


Caronte liberado, la experimentación escénica de Manuel Zapata Olivella

Caronte liberado, editada en 1972 y nunca llevada a escena, es una obra política que refleja la encrucijada latinoamericana de los años 70 y de décadas anteriores, con el tema de las dictaduras como fenómeno político que afectó a nuestro continente.


Por: Alejandro González Puche
Dramaturgo, director y profesor de teatro


Caronte liberado es una obra editada en 1972 y, curiosamente, nunca llevada a escena, en la que el dramaturgo coloca a Caronte, el legendario personaje que conduce a las almas de los difuntos por el río Aqueronte en la mitología griega, como carcelero en una de las dictaduras latinoamericanas. El Caronte de Manuel Zapata es un personaje perverso que sirve al “amo” y que conduce a los prisioneros políticos al fusilamiento, dejándose para sí la potestad de elegir el orden en que serán ejecutados.

(…)Caronte liberado es una obra política que refleja perfectamente la encrucijada latinoamericana de los años 70 y de décadas anteriores, con el tema de las dictaduras como fenómeno político que afectó a nuestro continente (…). La exploración dramática de Zapata Olivella pertenece a esa generación y, al principio, parece una obra completamente maniquea: el personaje principal es terriblemente perverso, un ser que tiene un poder ilimitado sobre la vida de los condenados: guerrilleros, poetas y ciudadanos, víctimas de la dictadura. Pero Caronte, el personaje amo de la situación cambia sorpresivamente de bando, su personalidad inflexible es debilitada y pasa a atentar contra el dictador. El cambio es provocado por varios aspectos: la valentía de Paula, una guerrillera altiva que enfrenta al patíbulo sin declinar en sus convicciones; la ofensa que el dictador le hizo a su pierna ofreciéndole unas botas que sabía que no podría utilizar, y el otro aspecto novedoso, es el bullying poético de Medievida. El dramaturgo convierte la palabra de un poeta, de un León de Greiff, condenado a muerte, como la causante de la liberación del malvado cancerbero del dictador. El hecho de que Mediavida, un conspirador detenido, tenga el valor de llamarlo en varias oportunidades como “Cojo”, lo destruye, lo debilita para reivindicarlo ante la historia. Caronte le da una segunda oportunidad al cobarde poeta, quien tiene la posibilidad de liberar a su pueblo. Al final de la obra, Zapata Olivella propone que la poesía y las personas con convicciones finalmente dejen de ser cobardes y acaben con la tiranía.


Hotel de vagabundos y el teatro como una herramienta de concientización social

En Hotel de vagabundos, Zapata Olivella delinea los Estados Unidos magistralmente. Entre el ocio y la lucha por la sobrevivencia, sus personajes retratan un cotidiano opresivo que oscila entre la bebida, las drogas, el juego, pequeños fraudes y el deseo de retornar a su sitio de origen.


Por: Carolina Virgüez
Actriz, traductora y maestra


Después de recorrer Centroamérica, Zapata Olivella llega a los Estados Unidos. Allí vive la difícil experiencia del hambre y la pobreza. En su estadía en Nueva York compartió amarguras con latinoamericanos, afrodescendientes, exiliados y desplazados, seres marginados por la mirada imperativa de una ciudad que todo lo devora. Todo ello fue campo fértil para la escritura de Hotel de vagabundos. La obra, cuya acción transcurre en un mundo afectado por la Segunda Guerra Mundial, relata parte de la experiencia de su exilio voluntario y trae a la escena un grito de libertad esculpido en palabras, silencios y gestos que trascienden fronteras: voces que se levantan. ¿Estamos ante un drama social? ¿Una autoficción? ¿Ambas? ¿O un concierto polifónico de voces en el cual no hay protagonistas?

(…)Dividida en tres actos, siete cuadros y cuarenta y tres escenas con 56 personajes, la acción dramática transcurre en el interior de un hotel. Si, por un lado, dicho lugar reproduce las relaciones espaciales de poder(…); por otro, es el lugar que acoge a los expatriados y les concede, temporalmente, la sensación de seguridad ante el peligro externo que los atemoriza.

(…)Ante la carencia de recursos mínimos para poder sobrevivir, como sucede en la guerra, y en medio de la soledad y la incertidumbre, los más de cuarenta hombres que habitan temporalmente el mismo techo comienzan a conformar, pese a las discordias, diferencias y disensos, su propio país: el de la solidaridad y afecto.

(…)El eje temático y las cuestiones abordadas en esta obra siguen siendo vigentes y tienen resonancia con hechos de la actualidad, no solo en nuestro continente, sino a nivel mundial, donde el racismo y otras formas de discriminación siguen afectando a los grupos más vulnerables justificando la desigualdad y exclusión. Hotel de vagabundos plantea el teatro también como una herramienta de concientización social, en cuya trama una diversidad de voces silenciadas rompen con un grito de libertad los muros de la arquitectura de la opresión, fortaleciendo el rescate de nuestras raíces ancestrales.


Manuel Zapata Olivella y el rostro negro de Cartagena

Publicada en 1963, la Chambacú, corral de negros nos presenta una historia ambientada en la década del 1950 en un barrio de Cartagena, levantado desde su suelo por empobrecidos pobladores negros que sobreviven en un contexto de marginalidad y resistencia al desalojo y la exclusión.


Por: Orlando Deávila Pertuz
Investigador y Doctor en Historia de Améica Latina


Tras un largo periplo por el interior andino, Centroamérica y Estados Unidos, Manuel Zapata Olivella regresó a Cartagena en 1958. Tenía 38 años, y recién se había titulado como Médico en la Universidad Nacional. En Cartagena había vivido una buena parte de su juventud, y aunque nació en Lorica (Córdoba), siempre sintió una conexión cercana con la ciudad, y alguna vez afirmó que su conciencia racial había germinado entre los rigores de la sociedad jerarquizada y aristocrática de los cartageneros. En cierta medida, Chambacú, corral de negros narra la historia de esa ciudad y, más específicamente, la historia de opresión de los hijos de África en las Américas. Manuel describe a Chambacú como el rostro negro de Cartagena, y como un enclave histórico-cultural habitado por los descendientes de los cimarrones que alguna vez se rebelaron en contra de la esclavitud, pero que luego terminaron viviendo confinados y empobrecidos en miserables casas de tabla y cartón en las afueras de la ciudad amurallada.

(…)La historia de la novela gira en torno a la familia de la Cotena, una viuda que a pesar de la pobreza ve por el bienestar de sus cinco hijos: el mayor, Máximo, el héroe/mártir de la novela que da la vida por sus similares de Chambacú, José Raquel, la antítesis de su hermano mayor —un inescrupuloso oportunista, alcohólico y drogadicto— Medialuna, boxeador, Críspulo, peleador de gallos, ambos de modestos talentos, y Clotilde, que cría por su cuenta, y con el apoyo de la Cotena, a Dominguito, el hijo ilegítimo que tuvo con un hombre blanco para quien trabajó como empleada doméstica.

(…)Chambacú, corral de negros no solo es un testimonio sobre las luchas encarnizadas de los afrodescendientes por defender el espacio habitado en las Américas, o sobre la historia de la Cartagena moderna. Es, al mismo tiempo, una obra que permite reconstruir la trayectoria intelectual de Manuel Zapata Olivella, y entender cómo la raza se convierte en el centro de sus preocupaciones y de su labor creativa.


Detrás del rostro, una ficción tejida sobre el testimonio personal

Detrás del rostro es una novela sobre la Violencia en Colombia que no insiste en el horror, ni en las atrocidades sucedidas; habla de los vivos, de los sobrevivientes. Zapata Olivella estaba en “mitad del camino de la vida” cuando la publicó.


Por: Julio Olaciregui
Escritor, guionista, dramaturgo y maestro de danzas africanas


Entre 1961 y 1965 Manuel Zapata Olivella se encuentra en pleno ejercicio de su profesión de médico-social en Bogotá, al frente de la sección de Educación para la Salud del Distrito Especial. También es para él una época de intensa producción literaria que le merece un cierto reconocimiento internacional y nacional: en 1962 obtiene una mención en el Premio Casa de las Américas, en Cuba, con Chambacú, corral de negros y en Bogotá gana el Premio Esso de Novela con Detrás del rostro. En Chimá nace un santo será finalista en el concurso de la editorial española Seix Barral que gana Mario Vargas Llosa con La ciudad y los perros.

(…) en Detrás del rostro podemos decir que Zapata Olivella cumple con el requisito que Gabriel García Márquez juzgaba necesario para escribir una buena novela sobre la Violencia: hablar de los vivos, de los sobrevivientes, y no insistir en el horror de los “cortes de franela” y las violaciones.

(…)En Detrás del rostro Zapata Olivella cuestiona instituciones como la Policía, la Justicia, la Cárcel, la Medicina, la Prensa. Sentimos su indignación y su afán de denunciar lo que no funciona bien. Lo que se esconde detrás de la apariencia de normalidad de nuestra sociedad. El médico-novelista desea contribuir a sanar, a que se aplique una justicia social.

(…)Otro aspecto que podemos destacar en Detrás del rostro es su manera de darnos en algunas frases el pulso de la metrópolis, el ambiente de la gran ciudad, Bogotá en este caso, su deshumanización, su indiferencia ante los gamines, la velocidad, los embotellamientos, el caos de su tráfico. “La ciudad era una gran caldera de átomos humanos recalentados”. Esta novela es sencilla y tremenda a la vez, se lee con facilidad y nos impresiona. Zapata Olivella estaba en “mitad del camino de la vida” cuando la publicó. Faltaban 21 años para que diera a conocer su gran obra, Changó, el gran putas.


En el Sinú de la infancia nace un santo

En la novela En Chimá nace un santo el mundo de la religiosidad popular se mezcla con el mestizaje y se destaca el minucioso conocimiento de costumbres, sentimientos, saberes y decires de los pobladores de la cuenca sinuana.


Por: Darío Henao Restrepo
Decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle


Chimá es un pequeño pueblo bañado por la ciénaga grande del río Sinú, habitado por unos pocos terratenientes y comerciantes, y una mayoría de campesinos, pescadores y artesanos. Zapata Olivella recrea las supersticiones, idolatrías y creencias en las que se encuentra sumido este pueblo olvidado. Los dramas y conflictos de los personajes se expresan a través del mito y la violencia vividos por esta pequeña comunidad sobre la cual pesa una arraigada religiosidad, llena de creencias, miedos y fantasías. (…) Al leer la novela reconocemos los escenarios del Sinú natal del autor, ahí acontecen los conflictos provocados por la historia de cómo Domingo Vidal, un parapléjico al cuidado de su madre y sus hermanas, se transforma en santo para los campesinos de la región del Sinú, creencia forjada el Día de Difuntos al salir ileso del incendio del rancho, de donde lo rescata el padre Berrocal.

(…)Zapata Olivella consigue develar en el entramado de la novela la confrontación entre prácticas de religión católica y prácticas de saberes mestizos, aquello que esconde desde el punto de vista social este choque. La figura de santo Domingo introduce la inversión del orden jerárquico y de las formas de miedo, pues desafía al santo instituido por el fundador español en 1777, san Emigdio; promueve el contacto libre y familiar entre los hombres y su santo, algo más acorde con el ethos de los chimaleros y su tradición cultural híbrida entre las prácticas aborígenes indígenas, las prácticas africanas y las prácticas de la religión católica; provoca una amalgama de opuestos, nada compresible para la visión dogmática del catolicismo; y por último desata la profanación de la iglesia y su santo tradicional. (…) Al final, pese a la violencia y el asesinato de Jeremías, el alcalde Cipriano debe huir de Chimá a causa de la férrea resistencia que realiza el pueblo en defensa de los despojos de santo Domingo. Los negros, indios, mulatos, zambos y mestizos han salido en defensa de su identidad cultural.


La cuentística en Manuel Zapata Olivella

¿Quién dio el fusil a Oswald? (1967) contiene el espíritu de una literatura moderna, con su lenguaje, sus diálogos precisos y sus atmósferas claro-oscuras, en las que la violencia y la discriminación racial, que son el leitmotiv de su obra, le agregan a sus cuentos el aditivo emocional propio de la literatura negra y de suspenso.


Por: Fabio Martínez
Escritor, profesor y doctor en Semiología


Cuando en 1967 salió de imprenta el libro de relatos ¿Quién dio el fusil a Oswald? por la Editorial Revista Colombiana de Bogotá, el escritor colombiano Manuel Zapata Olivella había publicado diez libros, entre novelas, cuentos, dramas y relatos de viaje. Contaba un sinnúmero de artículos sobre música y cultura popular y había fundado Letras Nacionales, que fue la primera revista literaria que destacó la importancia de la literatura colombiana.

(…)Manual Zapata Olivella escribió dos libros de cuentos a lo largo de su vida: Cuentos de muerte y libertad (1961) y ¿Quién dio el fusil a Oswald? (1967).

(…)¿Quién dio el fusil a Oswald? es una obra de transición y ruptura con las formas narrativas tradicionales que estaban en boga en el país en los años cuarenta y cincuenta.

En su segundo libro de cuentos publicado en 1967 —el primero, Cuentos de muerte y libertad apareció en 1961— vemos a un Zapata Olivella instalado en la narrativa estadounidense de la época, propuesta por William Faulkner, Ernest Hemingway, John Steinbeck y Erskine Caldwell, autores que leyó en sus búsquedas como escritor.

¿Quién dio el fusil a Oswald? se distancia del realismo social de sus primeros libros —Tierra mojada, He visto la noche, Pasión vagabunda, La calle 10, Chambacú, corral de negros, Detrás del rostro y En Chimá nace un santo— y contiene el espíritu de una literatura moderna, con su lenguaje, sus diálogos precisos y sus atmósferas claro-oscuras, en las que la violencia y la discriminación racial, que son el leitmotiv de su obra, le agregan a sus cuentos el aditivo emocional propio de la literatura negra y de suspenso.

(…)¿Quién dio el fusil a Oswald? está compuesto por seis relatos, titulados: “¿Quién dio el fusil a Oswald?”, “La telaraña”, “Un acordeón tras la reja”, “Un extraño bajo mi piel”, “El ausente” y “Los lentes pleocrómicos”.

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