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LA LEY DEL CINE: ¿PARA TODOS Y TODAS?

Por Ana Maria Ortiz y  Judith Colombia González E.

La meta primordial de la Ley de Cine es que la producción de películas en Colombia deje de ser una actividad utópica, casi irrealizable, donde unos pocos y pocas soñadoras se atrevan a incursionar, para constituirse gradualmente en una industria viable, rentable y sostenible.

 

ENTRE LA LEY Y EL CINE

El cine constituye uno de los fenómenos sociales, artísticos y culturales más importantes para las múltiples culturas que integran la comunidad mundial. De esta manera, hemos sido testigos de su nacimiento y su masificacion, así como de sus innumerables tropiezos y avances.

Sin embargo, existen diferentes aspectos que desconocemos y que han tenido y continuarán teniendo una gran trascendencia en el desarrollo cinematográfico mundial y nacional. Entre estos encontramos la Ley 814 de 2003, que se presenta como una herramienta que garantiza el desarrollo de proyectos cinematográficos de pequeña y gran envergadura.

 Según ésta, busca motivar a cineastas, inversionista y a la sociedad nacional, para que aprovechen los nuevos beneficios y construyan mediante el cine una industria y una herramienta que permita vernos y reconocernos, así como que incentive la constitución de una determinada identidad nacional.

La meta primordial de la Ley de Cine es que la producción de películas en Colombia deje de ser una actividad utópica, casi irrealizable, donde unos pocos y pocas soñadoras se atrevan a incursionar, para constituirse gradualmente en una industria viable, rentable y sostenible. Desde este marco, el gobierno nacional ideó y organizó unos incentivos de inversión y así mismo generó mecanismos que tendrán como fin desarrollar integralmente el sector cinematográfico y promover la cadena productiva del mismo.

Esta ley, posiblemente una de las más importantes a lo largo de la historia cinematográfica colombiana, apuesta por la descentralización de la cultura nacional y del cine mismo, con miras a promover su democratización y accesibilidad, proceso que se ha topado con innumerables obstáculos económicos, políticos y burocráticos. Con esta ley, el cine en Colombia cuenta con un mayor respaldo, que le brinda una  oportunidad para adquirir dinamismo y posicionarse económicamente.

Los múltiples reconocimientos que producciones colombianas han obtenido en algunos de los más destacados festivales del mundo han abonado el terreno para una mayor efectividad de la legislación cinematográfica, así como han puesto en evidencia la inequívoca transformación del cine nacional. Es posible pensar que producto de la ley del cine, la cinematografía colombiana pasa por un momento gratificante.

Según Oscar Campo, cineasta y profesor de la escuela de comunicación social de la Universidad del Valle la ley del cine fue un trabajo de los cineastas de Colombia por un lado, y por otro, de la Fundación de Nuevo Cine Latinoamericano, quienes aportan proyectos que enriquecerán la cinematografía nacional: “la ley del cine permite por un lado que una parte de los impuestos vaya a financiar el cine colombiano, eso hace que se amplié la posibilidad de hacer una película, por otro lado se puede por descuentos tributarios y en tanto que el capital privado se interese en financiarlas”, dice Campo.

EL MELODRAMA EN EL CINE

A propósito de los planteamientos de Campo, múltiples investigaciones han demostrado que el melodrama como género narrativo en el cine constituye un escenario cultural donde se encuentran las identidades, las representaciones y los reconocimientos de la gente del común de una determinada nación o cultura.

Para Jesús Martín Barbero, el melodrama como género es un escenario privilegiado de encuentro de la industria y los problemas sociales; halla su fuerza en ser una formula narrativa que lleva a que las y los productores encuentren una lógica para contar sus historias. El éxito del melodrama es que juega con las identidades, las representaciones y los reconocimientos de los y las consumidoras, generando una demanda positiva para este tipo de cine, lo que consolida su viabilidad económica y financiera. Es evidente entonces la relación directa que guarda la legislación cinematográfica nacional, con el melodrama como un género explotable ampliamente. Es lógico que entre más demanda cree un producto fílmico, mayores son las posibilidades de adquirir incentivos para la realización de determinado proyecto.

Sin embargo, es importante señalar que el desarrollo de narrativas fílmicas alternativas muchas veces es desconocido y poco desarrollado. Frente al melodrama, éstas deben ser reconocidas y promovidas, con miras a cumplir con una de las premisas bases de la ley del cine y que nos remite a la democratización de este mismo.

Por tanto, esta ley constituye una herramienta clave para el desarrollo fílmico nacional, que no debe excluir la diversidad de proyectos que se vienen gestando en diferentes localidades, los cuales no se reducen al melodrama y que proponen una mirada diferente para realizar cine.

 

BIBLIOGRAFÍA:

-BARBERO, Jesús. Melodrama & identidad.

-La Ley del Cine para todos. Ley 814 de 2003.

*Estudiantes  de Licenciatura en Historia. judithgonzalez81gmail.com ortizanam@gmail.com