“Las mejores columnas son aquellas que te obligan a pensar casi en contra de vos mismo” Leila Guerriero

“Las mejores columnas son aquellas que te obligan a pensar
casi en contra de vos mismo”
Leila Guerriero

El pasado dieciocho de octubre, durante la Feria Internacional del Libro de Cali 2020, la periodista y editora argentina Leila Guerriero conversó junto a Luis Miguel Solano sobre “El periodismo, reflexiones sobre la columna de opinión como género”.



Por: Clara Inés González Libreros
Estudiante de Comunicación social




Foto: http://www.librosdelasteroide.com/-teoria-de-la-gravedad


Mientras presentaba su más reciente libro, Teoría de la gravedad, una selección de columnas escritas a lo largo de más de cinco años, a Leila le preguntaron qué condiciones debe tener un texto para ser considerado una columna de opinión, y ella respondió con una anécdota. “El otro día leí en un taller de periodismo un poema de Louise Glouk sobre la última vez que vio a su padre. Podía ser un párrafo de un cuento. Una de las participantes me dijo: “¿Leila, qué es lo que hace que eso sea un poema?” Me pareció una gran pregunta. Yo la miré y le respondí “no tengo la menor idea”. Creo que en este caso podría responder algo parecido”.

Leila precisa que es una cuestión de extensión y de mirada. “Una columna no puede tener más de siete páginas. La idea del espacio tiene que ver con la naturaleza de la columna, porque se trata de condensar algo muy grande en algo muy pequeño. Cuando el columnista es muy bueno funciona perfectamente, cuando el periodista no es bueno esa condensación sale pésima y la columna pierde blindaje. A mí me encanta pensar en la columna como un texto con el que podés —o no— estar de acuerdo, que te puede parecer repulsivo o no, pero que está blindado en su argumentación. Y por otro lado, creo que es absolutamente inherente a la columna el tema de la mirada, que es absolutamente personal. La primera persona, en las columnas, las uso con gusto, con placer, creería que es un manifiesto, no necesariamente diciendo “yo”, me refiero a estar completamente en el texto, que sea una mirada propia. En ese punto, a mí me gustan mucho algunos autores que son muy altaneros y soberbios. Yo trato de evadir esa altanería de imponer al lector cómo creo que debe ser el mundo, pero sí me parece que es una mirada sobre el mundo sumamente subjetiva, propia, y que la columna gana muchísimo cuanto más genuina, cuanto más propia y cuanto más quede en evidencia. Cosa que no pasa tanto en las crónicas y perfiles, en los cuales el autor se desdibuja muchísimo más.”

El columnismo siempre le interesó. Su primera experiencia como columnista fue en la revista del diario La Nación en la sección Zapping, donde los redactores se turnaban para hacer una columna sobre los más diversos temas. La primera columna fija que escribió fue en la revista Sábado de El Mercurio, y la segunda, con una frecuencia mayor, fue la última página de El País España, que ahora escribe en El País Semanal.

“En los dos casos me dijeron que hiciera lo que quisiera. De hecho, cuando empecé a escribir para El Mercurio, le pedí a mi editor que por favor me sugiriera temas. Me respondió: en lo absoluto, puedes escribir sobre lo que quieras, si quieres comentar un libro o que se enfermó el gato. Que te digan algo así es como que te arrojen un poco al vacío, pero también uno se maneja sobre temas específicos. Yo jamás hubiera podido tener una columna política o sobre economía. Luego, en El País fue lo mismo. Me dio mucho miedo cuando me lo ofrecieron. Pedí por favor pensarlo, lo cual es absurdo, porque es de ese tipo de ofertas que no se pueden rechazar. Pero me dijeron exactamente eso, que escribiera acerca de lo que quisiera, que no había ningún tipo de requisito. Si leía un libro y me gustaba lo podía comentar, o si al otro día iba al supermercado y escuchaba una conversación. Podía escribir sobre España, sobre Rusia, sobre Nueva Zelanda, sobre Argentina, sobre política o literatura. Ahí, dentro de ese universo, es donde uno tiene que saber con qué reverbera mejor, qué cosas le interesan más”.

A Leila le atrae el gran autor, como Fabián Casas, con un universo gigante puesto al servicio de escribir algo en pequeño formato. Su decálogo para la escritura de columnas consta de un solo punto: trabajar como si se fuera a escribir un texto de cuarenta páginas; y las mejores columnas, dice, son aquellas que te obligan a pensar casi en contra de vos mismo, que son casi un ataque terrorista contra todo lo que pensás.




Leila Guerriero, periodista y editora argentina.
Foto: http://www.polvo.com.ar/2019/06/leila-guerriero/

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