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FICCIÓN Y REALIDAD EN
‘El niño con
el pijama de rayas”
Inocencia, fantasía y cruda realidad
resaltan en la más reciente película de Mark
Herman. La imaginación infantil resuena en
medio del mundo invisible que creó la Gran
Guerra. Los ojos de dos niños se encargan de
mostrar el genocidio y el holocausto nazi.
Por. Ángela Castro
Berlín, 1942
‘The boy in the striped pyjamas’, que ha
sido traducida al español como ‘El niño con
el pijama de rayas’ no es otra película más
sobre los campos de concentración, la raza
aria contra la judía y la vida del Führer.
Es la mezcla de los anteriores elementos con
la fantasía infantil, mundo inverosímil, al
que les es casi imposible entrar a los
adultos y más si éstos tienen poder. Pero es
también uno de los últimos filmes más reales
sobre el holocausto nazi vista desde los
ojos de dos niños y la mirada penetrante de
un hombre de las SS ('escuadrón
de defensa', organización
militar y de
seguridad del Partido
Nacionalsocialista Alemán)
Esta película es la versión cinematográfica
del best-seller de literatura infantil
escrito por Jhon Boyne. La obra literaria
muestra
una fábula que ha sido catalogada por
críticos de ‘Cines y Letras’ (revista
digital de cultura y tendías española) como
ingenua, que se centra en la improbable
amistad entre Bruno, hijo de un comandante
nazi, y Shmuel, un niño judío, detenido en
un campo de exterminio. Pese a la
desgarradora historia que se muestra en la
obra, hay en el texto un sesgo de cuento de
hadas que contribuye a disipar el horror,
cosa que no sucede en la película, ya que el
ambiente escalofriante se puede visualizar
desde que entran los personajes en escena.
La ficción juega un papel importante en el
desarrollo del film, porque cada personaje
crea su mundo. Al final, la realidad
destruye la mente de algunos y constata la
imaginación creada en la mente de los
personajes protagónicos.
La guerra se convierte aquí en un telón de
fondo en donde el intercambio de visiones
representa el juego y el miedo que se van
descubriendo a lo largo del film creando así
cierta tensión entrelazada con la
simplicidad temática aparente, pero que al
final muestra la realidad individual de
todos los personajes.
Hay que resaltar que la fotografía del film
es impecable, aunque podría ser tachada de
fría. Los escenarios fueron
construidos en Budapest, la capital de
Hungría, ciudad elegida porque su geografía
y los alrededores encajaban muy bien con las
necesidades visuales y cinemáticas del guión
y del rodaje.
El director de fotografía es Benoît Delhomme
(1408,
Breaking and entering,
El mercader de Venecia,
With or without you,
Miss Julie,
El caso Winslow,
The lost of sexual innocence).
En las actuaciones podemos destacar a
Asa Butterfield en el papel de Bruno. Su
interpretación hace muy creíble al niño
introvertido, soñador y un tanto reacio a la
doctrina que sostiene su familia. David
Thewlis interpreta a su padre, un personaje
que mezcla la contradicción, la ternura, el
refinamiento y la barbarie. Pero uno de los
personajes más trabajados es Rupert Friend,
metido en la piel de un oficial de las SS,
“héroe” que alcanza a helar la sangre de
aquellos que ven sus muestras de odio e
insensatez.
El productor de la saga de Harry Potter,
David Heyman, llevaba tiempo interesado en
la novela, aunque fue el director Mark
Herman quien compró los derechos del libro.
Ambos descubrieron que tenían ideas muy
parecidas sobre el proyecto y decidieron
trabajar juntos. Sabían que una historia de
ficción contada en el contexto del
Holocausto podría ser muy polémica, pero a
los dos les apasionaba la idea de llevar a
la pantalla una historia dramática
convincente y a la vez accesible. Los dos
estaban de acuerdo con Boyne en que: Nadie
debería olvidar la historia ni repetirla.
Mark Herman
se formó como animador en la National Film
School de Inglaterra. Su primer proyecto de
largometraje fue
Échale la
culpa al botones
(1992), al que siguió
Brassed Off (1996),
Little
voice
(1999),
¡Qué pasada!
(2000) y Hope springs (2003). Con
esta obra se corrobora su capacidad de
transportar los sentidos: retórica,
imaginación, fantasía, patria, política y
realidad en un mismo acto.
Auchwitz
Bruno ve desde su ventana un campo de
concentración en Auschwitz, para su mente es
una granja en donde los niños juegan a
utilizar números que los identifique. Este
fue el campo de exterminio recreado en la
película. ‘Auschwitz’ fue un complejo
construido por el régimen de la
Alemania nazi en
Polonia durante la
Segunda Guerra Mundial. Fue el
mayor centro de exterminio de la historia
del
nazismo, donde se calcula que
fueron asesinados no menos de 1,3 millones
de personas, de las cuales el 90 % lo fueron
al ser consideradas
judíos por las estrictas
políticas raciales nazis. Cerca de un millón
lo eran. La inocencia,
la fantasía y la devastadora realidad son
las tres particularidades de la película que
se mezclan dejando un halo de desafío al
final. |