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Para darle nombre a
América
Lo conocí en 1962 en Córdoba 48 y nuestra amistad nació
allí mismo, con la instantaneidad de lo eterno.
Gabo
culminaba en México un joven periplo que lo había
llevado de Aracataca a Barranquilla, de Sucre a
Zipaquirá, y luego de Bogotá a Roma, Londres y
París, en mosaicas tabletas de información escritas
en El Universal, luego en El Heraldo, finalmente en
El Espectador... |
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