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BARRIO EL JARDÍN

 

 

1 Barrio

 

 

 

BARRIO EL JARDÍN

 

La 27 está tupida de arboles que sirven de casa a los azulejos, canarios, torcazas y pechirrojos. El viento de la tarde llega para dar refresco a los caleños y los pájaros trinan cada vez más fuerte: Siempre hay un nuevo día que viene con la experiencia de amar la vida a pesar de los gavilanes circundando los nidos.

 

 

 

Por: Jonathan Bravo

Estudiante de Licenciatura en Literatura

 

Caminan los recuerdos frescos de doña Margarita, una de las fundadoras de ‘la cuadra de los adoquines’, quien transita a través de la calle 26B del barrio el jardín. Pasa cerca de una de las pocas ceibas  representativas de Cali. Siente el viento de occidente danzar con las araucarias, acacias y almendros; los mira y sonríe. Es un jardín. Las flores de los guayacanes se desprenden rosadas y amarillas a su paso, y su rostro se ilumina de alegría.

 

Cuando los conquistadores llegaron al Valle del Cauca, trasladaron varias veces a Cali hasta donde hoy está la Iglesia La Merced. Desde ahí, los primeros pobladores pudieron divisar cómo los ríos Meléndez, Cañaveralejo y Lilí, se unían cuando crecían por las lluvias, creando diferentes lagunas, humedales y ciénagas que albergaban diversidad de flora y fauna, hoy ya extintos y documentados en El alférez real de Eustaquio Palacios.

 

Los pobladores de antaño decidieron secar los humedales para convertirlos en zona ganadera. Luego, tras la explosión del 7 de agosto de 1956, comenzó la necesidad urgente de vivienda y muchas familias buscaron la solución en estos terrenos ubicados al sur oriente caleño. Inicialmente en 1957 fueron construidas las casas del barrio Agua blanca (No confundir con el Distrito de Aguablanca) durante el gobierno del General Gustavo Rojas Pinilla con el fin de ayudar a los damnificados; en 1959 se construyeron las primeras casas del barrio El Jardín y un año después comenzaron a ser habitadas.

 

El Jardín debe su nombre a que en esta región abundaba una gran variedad de flores, de colibríes y mariposas. Es estrato 3 y se encuentra ubicado al extremo occidental de la comuna 11, constituida gracias al instituto de crédito territorial que compró los predios donde se establecían las haciendas La Fortaleza, Agua Blanca, La Independencia, Periquillo y Balboa. El barrio limita al norte con los barrios Agua Blanca y El Recuerdo (carrera 29), al Oriente con los barrios Fortaleza y San Carlos (calle 29); al occidente con los barrios Santa Elena y Boyacá (calle 25) y al sur con el barrio Maracaibo (carrera 39).  Está atravesado por la Avenida Calle 27, también conocida como La 27. Vía que en el vaivén diario se transforma en un río vehicular, bullicioso de motos y colectivos, que van del oriente hacia el centro o viceversa.

 

“Soy fundadora de este barrio, vivo aquí desde 1960”, dice doña Margarita. Con una memoria envidiable, se lleva las manos a la cabeza: “Esto era un zancudero después de las 6 de la tarde. Al otro lado de La 27 se encontraba la Hacienda La Fortaleza. Esto era puros potreros donde ordeñaban las vacas… Yo pasaba y compraba la leche allá. Después de las 6, estas ciénagas se llenaban de zancudos y de sapos”, cuenta entre risas. “Desde que llegamos a este barrio, doy gracias a Dios todos los días. Siempre pienso y siento que en la vida no hay más que Dios y trabajo. Saqué adelante a mis hijos para que estudiaran y se hicieran un futuro para ellos y sus familias”. Y es verdad, dice Joseph: “A este barrio llegó mi abuela y me contó una vez que una vaca se metió al patio de la casa, esto era zona ganadera en los años 50’s cuando habían haciendas alrededor”.

 

Muchos fundadores se convirtieron en viejos que conservan en la memoria un pasado de trabajo para tener casa propia y disfrutar de una pensión; el orgullo de ellos está en los nietos que ahora van a la universidad.

 

Sonriendo, doña margarita continua: “Eran casas sin puertas ni ventanas, en algunas faltaban los servicios básicos, pero dos meses después nos instalaron el agua y la energía”. En 1963 el municipio donó el adoquín para poner en las calles del barrio. Actualmente sólo una de las manzanas los conserva, llamada “la cuadra de los adoquines”. Cierra los ojos y rescata de su memoria: “El gobernador Rengifo hizo la donación, pero la gente no la quiso para sus calles y presionó por medio de la junta comunal a los concejales para que se pavimentara con asfalto…Vaya y mire como han durado esos adoquines”.

 

Por la calle 25 y al lado del canal de aguas negras, pasaba el tren ruta Cali – Jamundí. Ahora en lugar del tren se ve el Transur y los diferentes buses intermunicipales que se dirigen al sur del país a través de La 27 para salir a la Av. Simón Bolívar. Del tren no quedan sino unas cuantas líneas de la carrilera junto a la galería de Santa Elena, terminada en 1964, hacen recordar ese pasado. “El mal olor de la galería de Santa Elena es porque a la gente no le importa tirar al caño la basura o lo que se ha descompuesto y por eso es que mantiene lleno de gallinazos –Afirma Ligia, mientras se acomoda su platón de chontaduros en la cabeza-  ¿la inseguridad? eso en todo lado roban y hay muchachos desocupados por falta de oportunidades de estudio o trabajo… Pero volviendo a lo que le decía, venir a la ‘galemba’ es encontrar todo fresco, aunque digan que es la más cochina, las fruticas y las verduritas están a buen precio pa’hacer de comer y ayudar al bolsillo”.

 

El barrio tiene el Autoservicio El Jardín, junto a una gasolinera de Texaco, es ícono para ubicar el barrio. Su color naranja inconfundible empezó hace treinta años como una revueltería. Cuenta el señor Alirio, mientras se apoya en su bordón: “uno viene al autoservicio porque el mal olor de la galería fastidia a cualquiera, así como la delincuencia y todo lo que hay allá. Este barrio es muy bonito aquí vive gente decente, pero la galería trae mugre”.

 

Los años pasan y las calles se transforman, la dinámica de la galería causando trancones en la calle 29 y el flujo vehicular en aumento liderado por las motos – el medio de transporte más usado por quienes transitan estas calles-. Pasan los pocos buses que aún quedan junto a las rutas del MIO. La P50A que va hacia el centro o va al oriente por La 27 y la P21A que va a Jardín Plaza o sube hacia la Terminal. “No hay opción de transporte, o toca esperar el MIO o pagar taxi. Acabaron con la ruta pance 9 que me llevaba a la U y ahora obligan la gente a usar un servicio malísimo que pasa cada media hora. Si no está lleno, una es muy de buenas… ¡Mas buses por favor!”, dice Beatriz, estudiante de Univalle. El transporte es lo que más molesta a los habitantes en horas pico, la poca circulación de buses hace a la gente lance improperios al servicio MIO.

 

A lo largo de La 27 se encuentran el colegio Francisco de Paula Santander, la escuela Santo Domingo Savio y la institución educativa Agustín Nieto Caballero donde funcionan la Central Didáctica y la Red de Bibliotecas Públicas El Jardín. El barrio cuenta con dos canchas de baloncesto, cuatro parques y variedad de locales comerciales, brindando múltiples servicios a la comunidad.

 

Son las 4:30 de la tarde, el viento que viene de occidente sopla fuerte y causa ventarrones que sacuden techos. Hay un rumor general que dice: “Si no fuera por la galería, este barrio seria uno de los mejores”. Pero gracias a ella, las amas de casa consiguen buenos precios en la canasta familiar. Aquí en esta tierra la paz envuelve el momento, las personas se encuentran en su mundo, viviendo la vida en una rutina que caracteriza a los colombianos de a pie. Algunos vecinos buscan embellecer el barrio para hacer un mejor vividero ese barrio que sus padres construyeron.

 

Un público satisfecho por las claras y apropiadas ponencias es el resultado de cuatro jornadas de argumentación y debate. Un importante ejercicio que posibilitó poner a la luz los cuatro siglos de las Novelas Ejemplares, lecturas actualizadas y la mezcla de disciplinas; cruces interesantes para ampliar públicos y la comprensión de un autor con merecido reconocimiento, quien con su obra marcó el 23 de abril como el Día de la Lengua, el día de Cervantes; pero que enfrenta dificultades de comprensión por su lenguaje. Combatir esto es el oficio de estos encuentros.Un universo dialógico

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