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EL PORTÓN CALDENSE

 

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 EL PORTÓN CALDENSE
Paisaje de evocaciones

 


La arquitectura del ancestro cafetero en el contexto bailador de Cali, componen la magia de este negocio que el pasado mes de julio celebró sus veintinueve años de rumba y bohemia. El encanto de encontrarse en otro tiempo y espacio dan la inconfundible impronta a este lugar colmado de encanto y alegría.

 

 

Por: Viviana Rodríguez Cruz

Lic. En Literatura

 

 

“Es un pedacito de Caldas en Cali —asegura María Eugenia Velásquez—.  Comencé en El Portón Caldense como clienta y hace dos años soy socia. Me enamoró la música, el buen bailar de su gente, la atención, el sitio”. Un lugar con rasgos únicos, en esta ciudad donde bares y discotecas se envisten de anacronismo y transportan a la nostalgia de otras épocas, pero que también traslada a sus visitantes a otro espacio de la geografía colombiana.



Un pequeño y tradicional puesto de café y una ventana con una vitrina enseñando pasabocas, componen su entrada iluminada por verdes, blancos y rojos, que en principio pareciese un restaurante del Viejo Caldas de doble planta y balcón. Al interior el espacio se reinterpreta sumando al estilo de la fachada una innegable condición de lugar de rumba. La imponente barra resaltada por su iluminación rosa presenta esta revelación. Entre cómodas poltronas los visitantes entablan sus conversaciones mientras aprecian a quienes en la pista hacen gala de su destreza al bailar. Un perfecto telón sonoro conversacional envuelve a los asistentes, la intensidad y claridad del buen manejo acústico de la música, se opera equilibrado para provocar las vibraciones seductoras que arrastran hasta la pista, pero con la adecuada atenuación para no esforzar las voces de quienes comparten sus tragos entre tertulias. Frente a éstos se da espacio la pista de baile, permitiendo una velada tranquila para quienes tienen en sus intenciones disfrutar del show que ofrecen sus visitantes: elegantes y versados bailarines tallados con la maestría del tiempo, quienes llegan para divertirse mientras lucen y perfeccionan su afición.

 

 

En los días cuando el parque Alameda se iniciaba como referente de rumba en Cali, Fernando Nieto Ceballos llegó para aportar a la escritura de esa historia. Hoy su emprendimiento lo reconoce como artífice en Cali de uno de los lugares de mayor maestría y elegancia al bailar, tradición secundada por su clientela. “El único lugar que había aquí era Libaniel, luego llegó Tropicaña, El Habanero, Son Caribe, Quisqueya, y varios que no pegaron”, cuenta Fernando con su acento forjado en las trenzadas faldas del eje cafetero, rememorando los días en que después de retirarse del sector bancario grababa en casete la programación musical de la emisora Valle Stereo para sonarla en los preámbulos de El Portón; Humberto Trujillo Guzmán, aquel programador de la época, asegura Fernando, desde entonces es uno de sus clientes fieles.

 

En el 84 Fernando Nieto tenía subarrendado un pequeño negocio llamado Aquí es Parra, ubicado en la 44 con 13. En el 87 éste fue vendido y Fernando indemnizado. Con ese capital subarrendó en el barrio Bretaña El Rincón Caldense. Duró cinco años allí para y luego se trasladó frente al Parque Alameda en la Cr 23b 7-66 donde inició El Portón Caldense, después de la muerte de su socio. “Cuando empecé la música era distinta: Guasca, en la llegada al barrio Alameda me inicié con tríos; esa fue la herencia que me dejó el señor que tenía El Rincón Caldense.

 

 

Diecinueve años después cerca al anterior local se reinauguró El Portón Caldense en el 2011. Dos pisos donde el primero recibe a quienes ponen en práctica sus dotes de bailarines y una academia de baile en el segundo para perfeccionar el bailar. “La inspiración del recinto formuló como premisa básica, crear un ambiente evocador de las atmósferas domésticas de aquellas casonas antioqueñas, con un amable recibidor que aparece al cruzar el portón de acceso y que acoge al visitante, antes de invitarle a seguir adelante —explica Fernando Silva Romero, Arquitecto encargado del nuevo diseño—. Atmósferas de ambientes claroscuros de luces indirectas que sugieren el haber llegado a una casona antioqueña, con una sala hogareña (la pista de baile), sin evidencia de equipos de sonido y con todo un costado lateral que evoca las chambranas de los corredores mirando el paisaje, donde sucesivos calados a modo de encajes, inspiran una tercera dimensión y rescatan con la luz, el follaje seductor de los guaduales a distintas horas del día”. Todo el espacio es una evocación temática al ancestro geográfico y  raizal cafetero. Sus paredes con el nombre de los municipios caldenses inscriptos compaginan con la frescura del ambiente dentro del lugar, el espacio y su organización. Frente a la pista la barra del bar con su laborioso detalle artesanal se ajusta a la intención alegórica de su diseñador por ambientar  “la tienda campesina de las regiones antioqueñas, con un manejo particular de techo de paja y construcción en guadua, decorado con elementos típicos de tradición paisa”. Un elegante y representativo trabajo, fruto de la labor mancomunada entre el arquitecto y la precisión conceptual de sus propietarios.

 

 

Al fondo del local dos puertas con la imagen de una bailarina y un bailarín de tango, de jueves a domingo presencian la elegancia en el vestir y bailar de los asistentes. Los jueves argentinos: tango, milongas y fox cubren el espectro sonoro entre pasodobles, plana cubana, pachanga y el sonido antillano; en la pista el paso acompasado desfila en las parejas que con destreza impecable lucen el tempo inconfundible de los bailadores de los 80s, y al caer la media noche una pareja profesional salta a la pista para realizar el show de tango que El Portón contrata para sus jueves. Los viernes el salón recibe a su público más rumbero, el de la salsa y golpe, para recordar que ese pedacito de Caldas está en Cali, dejando ver la impronta del bailador caleño, Cuba, Puerto Rico y New York entonan a los asistentes y la pista se desocupa. Los sábados, en un ambiente tropical, transcurre entre porro y la alegría de  Daniel Santos, La Matancera y Celina y Reutilio como antesala del domingo bohemio e inspirador de El Portón. Una variedad de géneros bien agrupados para como dice su propietario “complacer a las generaciones como van surgiendo, con cambios pero manteniendo el sonido que nos identifica”.

 

 

El Portón Caldense nació como un lugar para gente que gustaba de la música de cantina, tal cual los municipios de esa hermosa región cafetera, pero el contexto llevó a un viraje hacia el sonido de esta ciudad festiva. Ese reto lo ha asumido Fernando Nieto y con éxito al lado de María Eugenia hoy disfrutan de la positiva recepción de sus clientes. Ahora Fernando se enfila para dar luz a su proyecto de brindarle a Cali una cantina de la categoría de El Portón, tal como en sus inicios, el segundo piso del mismo sería el escenario para retornar así a las raíces de este emblemático lugar. La música popular, guasca y los ecos bohemios de su amado Caldas, para el retorno y la continuidad de su creación.

 

 

Un público satisfecho por las claras y apropiadas ponencias es el resultado de cuatro jornadas de argumentación y debate. Un importante ejercicio que posibilitó poner a la luz los cuatro siglos de las Novelas Ejemplares, lecturas actualizadas y la mezcla de disciplinas; cruces interesantes para ampliar públicos y la comprensión de un autor con merecido reconocimiento, quien con su obra marcó el 23 de abril como el Día de la Lengua, el día de Cervantes; pero que enfrenta dificultades de comprensión por su lenguaje. Combatir esto es el oficio de estos encuentros.Un universo dialógico

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