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Música

El Callegüeso y la Mambanegra

¡Puro Ashe, con el blues marino de Yema­yá y el rayo de Changó!

Querida especie melómana, La Mamba Negra ha regresado al trópico luego de atacar con los venenos sonoros de su break salsa, las caderas de un océano de almas en Australia y Nueva Zelanda, y compartir tarima con “Emir Kusturica and the  No Smoking Orchestra” en el festival WOMAD.  Con una creativa puesta en escena inspirada en la narración oral y la cosmogonía yoruba, ésta cofradía de músicos e investigadores de la cultura tropical caleña, liderada por el Callegüeso, son capaces de poner a bailar al diablo sin que éste se enoje.

 

Por Maelkum Marley (Tripulante del Remolque Garvey)

 

Advertencia

“Cuentan los que recuerdan el futu­ro que yo soy un polizón y un trafi­cante de recuerdos… ya no sé quién soy, solo sé que tengo que recuperar mi flauta, esa arma mágica que me hace recobrar la memoria cada vez que la hago sonar; forjada en Senegal y bautizada por un antiguo Jeli con el nombre del animal más peligroso de África, la Mambanegra. El mis­mo nombre que le di a mi orquesta cuando llegué ilegalmente a Nueva York en los años cuarenta, venía de la Habana, escondido como polizón en un carguero Japonés. Esa flauta me la regaló el legendario Chano Pozo, allá en un solar de la Habana vieja, donde se reunían los mejores a tocar Guaguancó “. El Ca­llegüeso.

Flash back

Oiga mi gente, les cuento que un martes santo del 2012 me encontré con el Ca­llegüeso, en el backstage callejero de un concierto de “Manu Chao y La Ventura” en la plaza Bolívar de la gélida urbe. Hablamos del poder sonoro del Sergent García, el alucinante legado de Mano Negra para la escena alterlatina,  y como señalaron un camino de mestizaje sonoro a  músicos colombianos como él, un devoto de la rayuela mágica del jazz con maestros que cambiaron su vida como John Coltrane, Miles Davis y Eddy Martínez, agrupaciones  como Irakere y Van Van de Cuba, la literatura de ciencia ficción, y el cine de Caliwood.

Andaba bastante pensativo y en pleno trance creativo, el saxofonista que conocí en los corrinches de la calle del pecado, con muchas ganas de no seguir en la capital por la malegría que le evocaba “La Mojarra eléctrica“, y me contaba con un aura febril que dibujaba su rostro, que deseaba retornar a su patria cinéfila, para aletear al trópico salsero con una propuesta de artes narrativas, que maquinaba en su mente desde el 2008, y cuya conspiración con la periodista Julia Díaz: “La Mambanegra”,  tendría su primer performance  en la clausura del Festival Iberoamericano de Teatro.

Plano melomaníaco

Calicalentura. Abril 2017. Han pasado exactamente cinco años, y el Ca­llegüeso sigue siendo el mismo rizoma sonoro, continúa agitando el pentagrama con su proyecto musical afrolatino en clave narrativa transme­dia, con formatos –que mezclan la ficción y la no ficción–, donde ellos son los cronistas sonoros y médiums de otras voces. Su primer trabajo, considerado por la crítica entre los 5 mejores discos del 2015, celebra el legado y la historia cultural de su bisabuelo, Tomás Rentería, un vaguemio de kilos con una hoja de vida que acredita aventuras fantásticas como polizón, náufrago y flautista en el tridente afrodiaspórico: Cali, Cuba y New York.  Siempre lo observo muy claro en sus convic­ciones y con su habitual mala maña que seduce a los programadores de los mercados culturales que permiten que las nuevas músicas colombianas circulen por las capitales globales del ritmo, (Alemania, Argentina, Reino Unido y Francia), con una estrategia bien pensada por  la pandilla  orientada por el reconocido manager Cédric David y el sello Afropicks.

Como buen capitán, el inquieto y rumbero Callegüeso permanece firme al frente del navío, navegando por las esquinas del barrio obrero, en los jam sessions de la Topa tolondra, Amalgama y Allegro Bistro en San fercho, donde su tío Memo en Otra parte, una aguerrida trinchera de tímpanos fanáticos de la world music, o en los festivales caleños.  Ataviado de blanco, con su sombrero caribeño, la protección espiri­tual de los orishas, vive alborotando el avispero con su pandilla sónica y mutante; donde una bella fémina, le hace el aguante en los coros, y danza miran­do al infinito, mientras su poderosa orquesta de malungos caleños nos ofrenda un menjurje de 777 mil toneladas cúbicas con puro love, don­de se dejan escuchar las texturas mulatas de la salsa made in siglo XXI. Una mezcla que cocina en la misma paila los sonidos setenteros de New york con picantes dosis de jazz, hip hop, funk y el aderezo mágico de la rebel music jamaiquina como el ragga muffin y del dance hall. Puro potenkem en el barrio caliente, que resumen 40 años de la banda sonora del Callegüeso y su relación con ese núcleo incandescente de la mamá África.

Soliloquio Trashumante

“A mí me dicen el Callegüeso porque cerca del puerto de la Habana, un Babalao me rescató antes de mo­rir ahogado en el mar y me puso ese nombre después de haber sido golpeado y lanzado al agua por los furiosos tripulantes de un trasatlán­tico donde ingresé como polizón en el puerto de Buenaventura. Cuando desperté, luego de desmayarme el Malembe, como le decían a mi sal­vador, me dijo que tuvo que hacer un pacto con la muerte pa que no me llevara, pero como volví a nacer, me bautizó: El Callegüeso “. La razón de ese apodo es que con­tiene la clave de las virtudes que me transmitió, me contó que “Ca­lle”, es mi primer nombre porque me otorgó los poderes del barrio, el ajì picante, la rumba, la clave y el Guaguancó, y el segundo nombre “Güeso”, tiene que ver directamente con el fin de mi vida. Según el, mi segundo nombre es Güeso porque soy yo quien decide acercarse a la muerte cuando me quiera largar de este mundo “.

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