logo lapalabra24 anos   

Crítica

La Historia vaciada en el crisol literario de Pablo Montoya

 

“Tríptico de la infamia” es una novela histórica que recrea la época de las guerras religiosas renacentistas a través de la mirada de tres artistas europeos. Su autor nos brinda, a través de la Literatura, lo que la Historia nos niega.

 

Por: Julio César Pino Agudelo

Estudiante de Lic. En Literatura

 

Tríptico de la infamia

Pablo Montoya

Penguin Random House, 2014

305 páginas

 

Pablo Montoya nació en Barrancabermeja en 1963. Décimo entre once hijos, creció en Medellín en un hogar que califica como manicomio. Hijo de una fanática religiosa quien lo quería cura y de un médico íntimo de la botella que murió asesinado por delincuentes comunes y quien veía en su hijo a un médico, Montoya fue la oveja negra al rebelarse a su destino.

 

Desde niño mostró sensibilidad artística. La música y la literatura fueron su refugio. Siguiendo los designios de su padre, en 1982 ingresa en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, mientras a la par aprendía a tocar la flauta traversa. En cuarto semestre acata el llamado del arte y parte a Tunja a estudiar música, gusto heredado de su padre, melómano dominical de óperas italianas, no sin su desaprobación, quien juzgó de insano abortar un prometedor futuro como médico por un extravío de serenatas y conciertos.

 

Dos años después abandonó la Escuela Superior de Tunja tras constatar que su oído no estaba lo suficientemente dotado, y se dedicó a dar conciertos y recitales de flauta. La escritura comenzó a llenar un fuerte vacío y se entregó, imbuido de Álvaro Mutis, Alejo Carpentier y Jorge Luis Borges,  a la creación literaria. Cuando los ensayos y las presentaciones le daban tiempo, estudiaba Filosofía y Letras a distancia en la Universidad de la Sabana de Bogotá.

 

Con flauta en mano y un cartón de pregrado debajo del brazo, emigró a París, ciudad donde vivió once años. Tocó flauta en el metro, bares y tabernas, amenizó fiestas, repartió volantes, cuidó niños, aseó casas, y dio clases de español para sobrevivir. Logró realizar una maestría y se doctoró en Estudios Hispánicos y Latinoamericanos en la Sorbona y trabajó como profesor en un par de universidades francesas. Tras poco más de una década afuera, regresó a Colombia en busca de lectores, pues vislumbró que en Europa habían muy pocos para su obra.

 

Tras una prolífica pero poco conocida obra, gana en 2015 el Premio de Novela Rómulo Gallegos por su libro “Tríptico de la infamia”, se acuesta profesor universitario anónimo y se levanta celebridad literaria. Desde entonces no tiene tiempo de sentarse a escribir, que es lo único que sabe hacer. Si dejara la literatura, confiesa, se dedicaría solo a escuchar música.

 

“Tríptico de la infamia” es una novela histórica que recrea la época de las guerras religiosas renacentistas entre cristianos y protestantes, en pleno descubrimiento de América, desde la perspectiva de tres artistas protestantes de la época: los pintores Jacques Le Moyne y Francois Dubois, y el grabador Théodore De Bry.

 

La novela se estructura en tres partes. El primer capítulo se titula “Le Moyne” y se narra en tercera persona el fracaso de la misión francesa en su conquista del norte de la Florida, en donde vivían los nativos indígenas Timucua, de la cual hizo parte el pintor de Diepa como asistente del famoso cartógrafo Philippe Tocsin. Su trabajo consistió en registrar por medio de dibujos y pinturas todo lo que el capitán solicitara, así como también de aquellas situaciones que le causaban admiración y curiosidad en el Nuevo Mundo. El intercambio artístico con los nativos, los enfrentamientos entre tribus, las sublevaciones de sus compañeros de expedición, así como la inminente llegada de los conquistadores españoles católicos, hicieron de esta travesía una experiencia que le cambió la vida a Le Moyne.

 

El segundo capítulo se titula “Dubois”, y es narrado en primera persona por este pintor de Amiens. El relato es una larga lamentación humanista en su exilio de Ginebra, años después de huir espantado de París por la masacre de hugonotes en la tristemente célebre noche del 23 de agosto de 1572, quien inmortalizó en una desesperanzada pintura al óleo titulada “Masacre de San Bartolomé”, definida por el como una “coreografía de la abominación”, en la que una vez tronaron las campanas de la iglesia de Saint Germain l’Auxerrois, cientos de católicos furibundos saltaron a las calles para dar muerte a diez mil protestantes, entre ellos a su familia.

 

El tercer capítulo se titula “De Bry” y relata la obsesión del grabador luego de leer la “Brevísima relación de la destrucción de las Indias” de Bartolomé de las Casas, obsesión que lo lleva a denunciar el crimen que fue la conquista de América desde Europa. El narrador de este capítulo es un novelista latinoamericano que viaja a Europa gracias a una beca para terminar su novela sobre tres pintores que denuncian el catolicismo a través de su obra. Este personaje cierra la brecha entre la distancia histórica y la indolencia pasada, puesto que se dedica a comprender, a partir de lo estético, el salvajismo de la violencia religiosa. Este capítulo se construye como una narración polifónica en la que se concede un espacio singular a diversas figuras históricas como Durero, Raleigh o el soldado Staden, que vivió en cautiverio en un poblado de Brasil y cuyas experiencias registró en el libro que divulgaría en Europa el canibalismo de los nativos. Todo ello mediante estampas de época que enlazan el tiempo histórico y el presente, la biografía y el ensayo, indelebles en el devenir histórico, que para De Bry “es la herida irreversible provocada por la propiedad privada, el Estado y la religión”.

 

Busqueda
Versiones Anteriores
Descargar PDF

portada

Agenda