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Reportaje

El suelo es más que química

Un descubrimiento que sirve a la gente.

 

Orlando Zúñiga Escobar, profesor de física ambiental, junto al grupo investigativo ILAMA del cual es director, ha elaborado una patente que hoy beneficia a cañeros y campesinos del Valle del Cauca.

 

 

Por: Cindy Tatiana Solimán y Yan Carlos Romero

Estudiantes de Lic. En ciencias sociales.

 

 

El suelo que pisamos y nos alimenta, no es solo química. En él se encuentran fuerzas como la electromagnética y bilógica, geotérmica y metabólica, las cuales forman la energía productiva del suelo (EPS) y lo hacen ideal, o no, para el cultivo agrícola. Como lo señala el profesor Zúñiga en la entrevista que nos concedió: Esta patente trata de determinar que el suelo no es solamente química. Contrario a lo que plantean los agrónomos tradicionales del Valle del Cauca con el cultivo de la caña de azúcar, ellos la fertilización la hacen química, y con esto estamos contaminando los suelos. Pero hemos encontrado que el suelo tiene una fuerza biológica, térmica, química y la suma de todo esto es la energía, entonces, el suelo tiene una energía, así como nosotros tenemos energía también.

 

El descubrimiento de Orlando Zúñiga fue producto de la fuerza que mueve casi todas las invenciones, la curiosidad, cuando en uno de los laboratorios de Física de la universidad, junto a estudiantes de ingeniería, realizaban un experimento que consistía en calentar agua usando un calorímetro. Un día, para escapar a la monotonía de la clase, el profesor puso café común en el calorímetro. En otro momento le puso café orgánico y descubrió que los dos tipos se calentaban de forma diferente. Un día, para escapar a la monotonía de la clase, el profesor puso café común en el calorímetro. En otro momento le puso café orgánico y descubrió que los dos tipos se calentaban de forma diferente.

 

Cuando quiso llevar el experimento a otro nivel, probó con tierra; estudió la manera como  se comporta frente al calor. Impulsado por los hallazgos y los descubrimientos hasta en ese momento obtenidos, el profesor y su grupo de investigación trabajaron durante doce años en un dispositivo que midiera la energía del suelo, razón por la cual en enero de este año le fue otorgada la patente a manos de la USTO, oficina de patentes y marca de los Estados Unidos.

 

Las palabras del profesor no se ufanan en sus triunfos, expresan el esfuerzo de un colectivo muy diverso que busca impactar a la comunidad con su trabajo. En el caso de la patente, esta acarrea grandes beneficios. Con los instrumentos desarrollados se mide la energía productiva de los suelos determinado su calidad. Con base en la medición, se desarrolla un mapa que retrata las zonas fértiles, representadas en color verde, y las de menos fertilidad en color rojo. Porque al igual que los seres humanos, el suelo no es homogéneo, en él habrán zonas más fructíferas que otras. Entonces, las partes que encierran mayor energía necesitarán menos agroquímicos. El agrónomo sabrá abonar de acuerdo al estado de las zonas, reduciendo hasta un 30% los costos en fertilizantes y el uso de maquinaria pesada, minimizará la contaminación del suelo y el uso de agua.

 

El dispositivo desarrollado por el profesor con ILAMA ya ha empezado a dar sus frutos. Uno de estos es AGRANOVA, empresa creada por tres de estudiantes ya graduados de ingeniería agrícola, quienes trabajaron con el profesor Zúñiga. La empresa y  la Universidad del Valle comercializan la patente. La comunidad es lo más importante, porque si la investigación no sirve para mejorar la calidad de vida de la gente, no tiene sentido. A mí no me interesa investigar para que la tesis del señor aquí de maestría o doctorado quede allí en la biblioteca, inclusive en la biblioteca no hace nada, indica el profesor.

 

Con ese sentimiento de mejorar la vida de la gente, el grupo ILAMA lleva tres años trabajando un proyecto financiado con regalías en nueve comunidades de los municipios de Guacarí, Yumbo, Ginebra y Dagua, para la siembra de ají, zapallo y cúrcuma. Con estas comunidades nació la cooperativa Biovalle. Ahí se aplica la patente permitiendo a los campesinos ahorrar esfuerzos en riego, labranza y fertilización. Además, se les ha enseñado a fabricar fertilizantes orgánicos que no apuñalan el medio ambiente. Con esas medidas y muchas otras, la producción de estos cultivos es el doble. Pero todo no acaba allí, se creó una planta de procesamiento donde las comunidades son los dueños, como lo indica el profesor: la planta es de ellos, yo solo soy un vocal de la Universidad del Valle, porque  creo en este sueño. Ellos tienen que ser dueños de esto y entender esta patente. Pero lo más difícil de este proceso es que la gente tenga fe y tenga sueños.

 

En la planta se transforman los frutos obtenidos en extracto de ají, extracto de zapallo y curcumina. La idea es exportar los productos procesados a diferentes países, como Alemania. Lo mejor es que el proyecto ha cambiado la vida de las comunidades, quienes anteriormente no tenían puestos de salud y ahora los poseen. Los excedentes de la cooperativa se invierten en las necesidades de la comunidad. Próximamente se planea realizar un preuniversitario para la nivelación de los jóvenes que desean continuar sus estudios. La cooperativa aportará en la materialización del proyecto. Y con eso se está contribuyendo a la paz, como menciona Orlando.

 

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