Salmonalipsis now

  • Imprimir

 

 

Msica1

 

 


Salmonalipsis now

 


Una noche entregada a la vibración

 No siempre se puede conseguir lo que se quiere cuando escasea el dinero, pero se intenta. A veces uno encuentra exactamente lo que necesita: un happening sensorial provocado por la inteligencia fluvial de Andrés Calamaro. Polaroid letrada, de un momento de amor furtivo con sus canciones infinitas, pues los salmones nos juntamos,

 

porque no tenemos lugar ni en los cementerios, mientras bebemos vino con los fantasmas.

 

 


Por El Zudaca

(Nómada urbano)

 

                                                                                                                                                  

 Advertencia

 

“Como vivir no se estudia en la escuela ni hay facultad para saber la verdad (…) No voy a tomar la ruta de los sacrificios, prefiero el vicio, la música y el amor, (…) Nadie puede ser libre, si no sabe que el día dura verdaderamente veinticuatro horas. La vida es una cárcel con las puertas abiertas”. A.C

 


Música para sentir cosas que están más allá de las palabras
Junio, fiesta de la música, la selección Colombia cada vez más cerca de cruzar Leticia, y diversas notas musicales se mixturan con un calor agobiante, que hace surfear al mismo buziraco por la calle quinta en busca de una cerveza. La apremiante sed por calmar una noche de Rock and roll aumenta con el paso vertiginoso de las horas que anuncian la inminente llegada a Cañaveralejo, de las melodías sensuales y endemoniadamente refinadas, del frenético poeta Andrés Calamaro, cantautor porteño del barrio de once en el paralelo 34. Es noche de juernes trece, y no tengo la guita para pagarle una boleta carísima a los empresarios de la sociedad del espectáculo, apenas cuento con los mangos suficientes para retacar una caja de vino Facundo, y parcharme afuera de la plaza de tortura, a descifrar el  paisaje acústico donde navegan las canciones calamarescas. Para sujetar el viento y la nada, y evitar el suicidio del placer y la felicidad. Camino desde Alameda por la quinta, por esa mítica calle ancha de la calicalavera, y recuerdo que era una noche de otoño en el 2005 en la ciudad de la furia, cuando lo observé por primera vez de cerca, al salmón rockero que nada siempre contra la corriente como un espíritu sublevado desde hace más de 30 años. Allí en el centro del escenario del Luna Park, sin sus habituales lentes oscuros tipo look bobdylanesco y con unos kilos de más que señalaban el inexorable paso del tiempo y de los excesos del espíritu. Estaba vestido con sobria elegancia, con un chaleco negro y una camisa roja, y acompañado instrumentalmente por los músicos de “La Bersuit Vergarabat”, daba inicio a su recital desde el piano con su versión de El Cantante, aquella mítica canción salsera que Héctor Lavoe supo cantar y vivirla durante tantos años con autenticidad para delirio de la periferia.

 

Hoy el hombre que podía cantar debajo del agua, cumple 20 años sin disfrutar la noche terrenal de la calicalentura, que lo homenajea todos los días en sus esquinas, y  mi sonrisa trashumante sigue empeñada al establecimiento.  Devoro el asfalto, atravesando el viento sin documentos,  porque  las composiciones blindadas al lapso del tiempo que nos truequea sin concesiones el parcero Andrelo,  son trazos sonoros que evocan las dolencias del alma,  los momentos de debilidad y a los amores complicados, donde parece que nunca sale el sol, y el psiquiatra se fuma nuestra plata. ¿Alguien escuchó varias veces Honestidad Brutal, Alta Suciedad, El Salmón, El palacio de las flores, y  La Lengua popular?  ¿ o se embriagó en una tribuna popular con sus coros de estadio?, y cantó a todo pulmón: ¡Maradona no es una persona cualquiera…! , y recuerdo entonces que Independiente de Avellaneda se fue a la B Nacional, lo siento Salmón, he probado también esos venenos del descenso con el diablo. No todos los días se puede sonreír en el césped. Maestra vida te quita y te da 

Revolución turra de escaso presupuesto y tono fanzinero

Llegué faltando 10 minutos exactos para el inicio del recital, arrastré a un rapper a la ceremonia bohemia, y la policía carabinera quiso ser protagonista de mi relato con su habitual autoritarismo, nos quitaron de las rejas, pero los quince minutos de fama, de ese momento correspondía a los revendores que ofrecían entradas a mitad de precio. Nos miramos las caras durante  varios segundos, algunos seres desempleados, sub empleados,  y mal remunerados. Algunas chicas intentaban secuestrar alguna boleta con su mirada, pero la realidad tiene sus crudos momentos, no alcanzaba ni para la mitad de la más barata, solo para un par de peches, y sonó el primer track del concierto: “A los ojos”, temazo de su etapa con Los Rodríguez. Sin decir una palabra quedé. El repertorio invencible vieja guardia del rocknroll argento se apoderaba de la atmosfera. Un par de pibes de la hinchada de los cantos corrían como locos, y con tremenda sonrisa guasónica, uno gritaba: “Yo crecí con el viejo”. En ese momento la escritora Violeta Pastorutti, amiga de Julio Cortázar cruzó la rayuela, y se acercó a nosotros con su buena vibra, para compartirnos un relato mágico, sobre  aquella vez que conoció al Salmón en el 2008, en la previa a su primer concierto en calicalabozo. Al rato llegaron más pibes  y pibas de la banda 105’, y se hizo la vaca para otro vino. De repente escuché una lírica que siempre perseguí en varios conciertos, y nunca pude escuchar en vivo: “No sé si prefiero días iguales o días distintos, ya dejé mi instinto asesino en un cajón”. En ese preciso momento recordé a Cortázar, cuando afirmaba con plena convicción que había que ser desmesurado en la creación, que era un juego revolucionario ineludible y el salmón nos hipnotizaba a todos  en la calle y colocaba sus sagradas canciones al servicio de nuestra sublime vaguemia (armonía de vagancia, bohemia y academia). Hicimos el aguante en el andén, dos horas,  y el destino rockanrollero puso en nuestras manos los trapos publicitaritos de la gira. Al final estuvimos más cerca de su aura rocker, que muchos de la alta suciedad. Brindo por la victoria, por el empate y por el fracaso, brindo  porque esta noche, otro amigo paga la otra caja de vino, y le tiro un chorro al gris pavimento, y me voy protegido por el delirio cómplice de los intoxicados salmones euforistas que me encontré sin cita previa. Tiene razón Calamaro: “La música es ese lugar donde nada nos puede hacer mal, incluso es mejor que el tiempo”.

 

Un público satisfecho por las claras y apropiadas ponencias es el resultado de cuatro jornadas de argumentación y debate. Un importante ejercicio que posibilitó poner a la luz los cuatro siglos de las Novelas Ejemplares, lecturas actualizadas y la mezcla de disciplinas; cruces interesantes para ampliar públicos y la comprensión de un autor con merecido reconocimiento, quien con su obra marcó el 23 de abril como el Día de la Lengua, el día de Cervantes; pero que enfrenta dificultades de comprensión por su lenguaje. Combatir esto es el oficio de estos encuentros.Un universo dialógico

Congreso Internacional Cervantes

Escenarios y fronteras de la ficción