Música

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Bob Dylan

Los tiempos están cambiando

 

Todo escritor, y me atrevo a decir que todo artista, crea tomando como referencia sus influencias más cercanas; Dylan no fue la excepción.  La poesía surrealista, los beats, el folclor americano, el rock and roll, la realidad en la que estaba sumergido, todo amalgamado en las letras de Dylan; todos fragmentos de una gran obra.

 

Por: Jorge Sánchez Fernández

Estudiante de Licenciatura en Literatura

 

Un verso bueno no permite que se lo lea en voz baja, o en silencio. Si podemos hacerlo, no es un verso válido: el verso exige la pronunciación. El verso siempre recuerda que fue un arte oral antes de ser un arte escrito, recuerda que fue un canto.

Jorge Luis Borges

 

El Nobel de literatura es un premio intranscendente, como todos los premios. La única persona realmente interesada es aquel quien lo gana. El resto de nosotros nos creemos con la autoridad para celebrar o condenar su entrega. Somos espectadores en el teatro mediático que se crea a su alrededor. Como todo en esta época, se convierte en circo de un solo día; lleno de payasos y malabaristas dando gritos por cada rincón de internet. Luego, como la mosca atraída por la luz, volamos a otra noticia más actual, donde podamos seguir el espectáculo.

Este año la academia sueca de las letras, ha decidido entregar el Nobel al cantautor americano Bob Dylan, rompiendo así con todas las tradiciones al otorgarle el premio a un cantante por vez primera.  A más de un literato tomó por sorpresa esta noticia. Muchos de ellos no entienden cómo Dylan se impuso a figuras literarias del tamaño de Philip Roth, Joyce Carol Oates o Haruki Murakami. Otros tantos siguen sin comprender de qué manera las letras de una canción pueden ser tomadas como poesía y un cantante ser considerado poeta.

En el inicio de la Odisea, Homero conjura a las musas de la siguiente manera Canta, oh musa, la cólera del Pélida Aquiles….  Pocos recuerdan que la escritura fue, antes que nada, un arte oral. Cuando nuestros ancestros se sentaban en la oscuridad, sin ninguna luna que los consolara, temerosos ante las criaturas de la noche, con la leve luz de una hoguera como único consuelo; en ese entonces la palabra se alzó, iluminando nuestros miedos, salvándonos de la oscuridad. Mucho tiempo después el ser humano ideó la manera de transferir, casi de manera mágica, las palabras en símbolos; fue entonces que la escritura nació.

Sin embargo, la tradición oral no se extinguió con la escritura: juglares, cantantes, trovadores, cuentistas, poetas, toda una rama de creadores e intérpretes sobrevivió para seguir contando, y cantando, historias a través del tiempo. Es aquí donde aparece la figura de Bob Dylan, que a corta edad se interesó por la música folk. Artistas como Woody Guthrie, Dave Van Ronk y Pete Seeger, exponentes de la tradición norte americana, sirvieron de influencia al joven Dylan que, ávido de conocer y aprender, se embarcó en la realización de sus propias canciones.

No fue un camino fácil el recorrido por Dylan. Como artista joven sus primeros años estuvieron llenos de necesidades. Tocando en bares de Greenwich Village conoció un estilo de vida muy alejado de su tierra natal. En ese lugar se encontró todo tipo de artistas, desde el teatro más experimental, pasando por la poesía surrealista y, por supuesto, la música. Fue allí donde comenzó a escribir la obra que aún hoy en día nos sorprende. Fue allí también donde se hizo con la fama de ser un cantante de protesta. Mote que lo acompañaría y que al final le acarrearía el disgusto de sus admiradores más acérrimos, tildándolo de traidor por abandonar la causa y convertirse en una estrella pop.

Todo escritor, y me atrevo a decir que todo artista, crea tomando como referencia sus influencias más cercanas; Dylan no fue la excepción.  La poesía surrealista, los beats, el folclor americano, el rock and roll, la realidad en la que estaba sumergido, todo amalgamado en las letras de Dylan; todos fragmentos de una gran obra. Nos damos cuenta que cada obra toma siglos de encuentros y desencuentros para lograr surgir. Debemos recordar, además,  que la literatura avanza y que nosotros, como gregarios suyos tenemos que seguir delante de su mano. En el texto de despedida a Ray Bradbury, el escritor William Ospina, reniega que el Nobel relegue ciertos géneros hermosos, y acaso imprescindibles, como la ciencia ficción. En un futuro acaso no muy lejano, veremos la obra de caricaturistas, músicos, libretistas de cine, compositores de óperas, condecoradas. No es, a mi parecer, una idea irrisoria; sobre todo si entendemos que la literatura está intrínsecamente relacionada con la música, la pintura, el cine, la vida.

Como todo premio es irrelevante, enfrascarnos en la disertación de si debía o no ganar el premio Nobel de literatura un cantautor como Bob Dylan es desperdiciar tiempo y energía. Sin embargo, no debemos creer que las letras de una canción sean menos merecedoras de elogios que las páginas de una novela. Quizá con este premio la Real Academia Sueca de Letras nos esté diciendo que debemos comenzar a ver la literatura desde una perspectiva más amplia. En un mundo cambiante como el nuestro; donde todo lo cercano se aleja, la frase es de Goethe; no es descabellado pensar que un músico es un poeta y que un poeta puede ser premiado como músico. Quizá este galardón sea más para nosotros como comunidad y menos para Dylan como individuo; tal vez nos diga que necesitamos evolucionar y, al retomar el curso de nuestra vida, nos grite que los tiempos están cambiando.