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Laura Restrepo: una subjetividad honesta

 

Con gran éxito inició el pasado 16 de septiembre la cuarta temporada de Viernes de Letras, evento que se consolida como cita obligada en la agenda cultural caleña. En esta ocasión, la invitada fue la reconocida escritora colombiana Laura Restrepo, quien conversó sobre su obra y su relación con la literatura y el periodismo. 

 

 

Por: Julio César Pino Agudelo

Estudiante de Lic. En Literatura 

 

La profesora Carmiña Navia y el profesor Óscar Osorio comenzaron el conversatorio indagando por la investigación periodística y la creación literaria. Con un lenguaje cotidiano y desprovisto de acartonamientos, Laura le restó importancia y borró esas líneas divisorias. Uno de los placeres del escritor es brincarse esas categorías, pues son arbitrarias como las fronteras entre los países. Si bien para comercializar libros se necesita saber si es periodismo, ficción, novela o cuento, a la hora de escribir hay que moverse con absoluta libertad. La investigación periodística previa le sirve de insumo a su imaginación: toma la memoria colectiva y luego la reinventa, y así surgen sus novelas. En cuanto a la presunta objetividad del periodismo, pone entre paréntesis su aspiración a la verdad y matiza bellamente sus alcances. Tengo la convicción de que no hay tal cosa como la objetividad; a lo que podemos aspirar es a una subjetividad honesta

 

Siguiendo este camino, reveló por qué pasó del periodismo a la ficción: por su tendencia irrefrenable a inventar. Como periodista tuve un problema: investigaba concienzudamente, pero ciertas piezas se me escapaban. Sin embargo, intuía cómo eran y armaba el rompecabezas. Quizá por eso di el salto. Porque resolví que era mejor decir: esto es mentira, y contar verdades, que decir: esto es verdad, y contar mentiras.

 

 A propósito de algunas huellas autobiográficas en sus novelas, se planteó el tema de los elementos autoficcionales en sus libros y cómo los implementa, a lo que respondió: mezclándolo con gran libertad. Las historias familiares son fascinantes: hay tramas de dolor, de amor, de pactos, de  traiciones, y mi familia no es la excepción. “Demasiados héroes” es mi única novela autobiográfica, y la escribí para dialogar con mi hijo Pedro sobre un tema muy difícil: la ausencia de su padre. Todas las familias tienen secretos, y en mi caso, son ingredientes de un sancocho que manejas como quieras porque te pertenecen.

 

 En cuanto a los personajes inolvidables y entrañables de sus novelas, uno de los elementos más bellos de su obra según Osorio, se le preguntó cómo lograba construirlos. Laura atribuyó esa capacidad a su gran simpatía por el ser humano y la curiosidad que le produce. Conocer a un personaje es parecido a conocer a alguien en la vida real: no lo conoces de buenas a primeras, tienes que convivir con él. Muchas veces te sorprenden porque creías que eran de una manera y resulta que son de otra. Destacó la fuerza que le da a sus personajes femeninos a la hora de construirlos: Yo no hago sino conocer por todo lado mujeres extraordinarias que se le miden a la vida con una fuerza y una libertad asombrosa, que toman la iniciativa y sacan adelante sus propios mundos. Eso está presente en mis novelas.

 

También conversaron sobre su más reciente libro, Pecado, y su preocupación por el tema del mal, transversal en toda su obra. Señaló a la muerte como una presencia turbia  y una de las caras del mal con la que hemos tenido que convivir, que nos ha llevado a no poder separar claramente el territorio de la vida del territorio de la muerte. En este país se olvida que es mejor la vida que la muerte. Cuando los caminos de la vida no ofrecen nada, la gente descubre que la muerte puede ser una pasión, que te puede dar cosas, identidad, y es un terreno de acción que quizá la vida te niega. Esos espacios que nos va ganando la muerte son una presencia muy agotadora del mal.

 

 Finalmente, abordaron el tema de la violencia ligada al narcotráfico en sus novelas Leopardo al sol y Delirio. Se indagó por la incidencia social del fenómeno y por el tratamiento literario que le da. Restrepo resaltó el quiebre de valores y el cambio de mentalidad que irrumpió con el narcotráfico. En “Leopardo al sol” me interesaba saber por qué el país cambia su manera de pensar, no tanto el hecho mismo de la droga. De golpe el valor del dinero, por ejemplo, que no era fundamental en la sociedad, empieza a regir nuestras vidas y crea una mentalidad distinta. Hay un vuelco tremendo allí. En el fondo la ética ha sido mi gran preocupación. En cuanto al tratamiento literario, privilegia la sutileza como recurso narrativo: Siempre he tenido una teoría: lo más evidente hay que hacerlo a un lado. En la novela ni el narcotráfico ni la droga se mencionan. El lector sabe mucho más de lo que uno presupuesta, y va leyendo entre líneas. Si uno le cuenta lo que ya sabe, la novela se torna pesada y redundante. Si quitas lo obvio, sale a flote lo que hay detrás y eso lo obliga a ir más allá.

 

 Si por el desayuno se sabe cómo será el almuerzo, este comienzo de temporada de Viernes de Letras augura un menú literario que los amantes de la cultura y el arte no se pueden perder. La mesa está servida.

 

 

 


 

 

 

 

19 Feria Internacional

Los títeres se toman a Cali

Diversas expresiones artísticas toman lugar en el mes de octubre como una apuesta para posicionar a Cali en un escenario cultural variado y para todos los gustos: danza, teatro, música y también, por qué no, títeres.

 

Por: Luisa María Rodríguez Ast.

Estudiante de Psicología.

La 19 Feria Internacional de Títeres es uno de los espacios que se abren en una ciudad que busca reconstruir una cultura artística que en años anteriores era rica en escenarios, críticas y momentos. Junto al Festival Internacional de Títeres que se pone en escena en el mes de abril, la feria no es sólo una apuesta por mostrar a los títeres como una forma de expresión sino también como una parte importante del ambiente cultural caleño. Sobre todo para los más pequeños. En palabra de Leonor Amelia, miembro del grupo Teatro de Pequeños Muñecos y parte de las fundadores de la feria, el proyecto nace del deseo de traer a Cali la escena titiritera y que los caleños conozcan los títeres, las técnicas y lo bello que es construir y vivir ese espacio.

La primera edición se concibió en 1998 y se sintió realmente como una feria: con una carpa circense prestada por el Batallón Pichincha, se montó en la Plaza de Toros; títeres, juguetes y obras en madera eran objetos que los niños podían encontrar antes y después de las funciones. Desde entonces el principal reto ha sido el presupuesto, a lo largo de los 34 eventos internacionales que se han realizado en Cali, la lucha por los recursos ha sido de nunca acabar. Buscar donaciones y el respaldo del gobierno es uno de los puntos principales para que, tanto la feria como el festival, se lleven a cabo. Leonor Amalia cuenta que hay momentos donde nos lo recortan y tenemos que buscar por todos lados pero lo hemos sacado adelante, con uñas y dientes pero sabemos que vale la pena. Las personas que vienen siempre son tocadas por las historias, por los personajes.

La 19va versión de la feria, que se programó entre el 18 y el 23 de octubre, mantuvo como como eje fundamental el acercar a las familias caleñas a los títeres como una forma de entretenimiento pero también como una oportunidad de representar la vida a través de la magia del teatro infantil que cualquiera puede disfrutar.

A lo largo de la 19 feria, las obras programadas construyeron un repertorio nacional e internacional abarcando historias que navegaron entre la realidad y la fantasía, construyendo mundos que brindaron la oportunidad de pensar y sentir de forma diferente la ciudad, el país y la familia. La apertura en la Biblioteca Departamental, con tres obras seguidas que capturaron la atención y generaron sobresaltos, emoción y risas en los niños y adultos que llegaron a disfrutar del evento, fue sólo una muestra del amplio impacto que la Feria Internacional tiene en la ciudad.

Al principio eran dos o tres personas las que venían a las funciones pero con el paso del tiempo el festival y la feria fueron abriendo un espacio para los niños y las familias; es lo que cuenta Leonor Amalia cuando habla de los alcances que ha tenido a lo largo de los años la feria. La búsqueda de invitados nacionales e internacionales es también la búsqueda de traer a Cali nuevas técnicas en el teatro de los títeres y unas visiones de la vida que provienen de lejos.

Propuestas traídas desde Cuba con los grupos Tocororo títeres, Teatro del Puerto y Teatro Papalote, desde Argentina con el grupo Pizzicatto Teatro y de Venezuela  con Charlot teatro, se complementan con las puestas en escena nacionales, con los grupos Pequeño teatro de muñecos, Compañía escénica Vórtice y Tutruica dan lugar a pensarse la ciudad, el país y la vida de una forma diferente, más tierna, en palabras de una niña que asistió a la obra El duendecillo valiente.

Y aunque no se trata de dejarles una moraleja, muchos vienen buscando una, y por supuesto, no quiere decir que nuestras obras no la tengan pero se trata más de lo que sienten que de lo que queremos que piensen, nuestras obras siempre tendrán algo que decir, depende de cada uno el qué, concluye Leonor. Ella cuenta con una sonrisa de los muchos niños que han pasado por la Casa de los Títeres, principal gestora de la feria, y que han incluido al teatro en sus vidas, incluso para volver con sus propios hijos cada año en las nuevas ediciones de la feria.

Tanto niños como adultos disfrutaron del evento en todo su esplendor: talleres, obras y conversatorios que dieron por cumplido el objetivo de acercar a Cali y a las familias la oportunidad de pensar una ciudad más tierna y más mágica. Creo que la primera vez que vi títeres tenía unos diez años, es lo que cuenta una de las asistentes a la obra El caballero sin caballo del grupo argentino Pizzicato y que se enmarca en la feria, me parecía increíble como esos muñequitos se manejaban solos, cuando descubrí que en realidad habían personas tras ellos, creo que en vez de perder la magia, la aumentó

 



 

Cofradía de lecturas con Mario Mendoza

 

Hace dos meses Mario Mendoza, regresó a la Calicalentura distópica, fue uno de los invitados nacionales del Festival Oiga, Mire, Lea, celebrado en la Biblioteca Departamental. Allí en el salón rojo, presentó su último libro: “La Melancolía de los Feos“, pero sobre todo estuvo haciendo lo que más lo alegra y nutre como escritor, dialogar con una legión de lectores, niñas, niños y jóvenes de El Poblado, el Vergel y Petecuy. La Palabra tuvo la posibilidad de participar en ese ágape de las letras, y conocer un poco más de su filosofía narrativa.

 

Por El Zudaca (Nómada Urbano)

La Palabra: ¿Qué te motivó a  escribir?

Mario Mendoza: El sentirme que no encajaba.  A mí no me interesaba la plata, ni casarme, o tener hijos. No me interesaba triunfar, el éxito, nada de eso me llamaba la atención, entonces me preguntaba si no voy por el camino que va todo el mundo, ¿qué es para mí? Y era la creación de mundos paralelos.  Yo tenía que escribir, tenía que ser un artista.  Por algún momento creí  que  me gustaba actuar, y sí me gustaba, pero no tenía el talento suficiente, entonces me fui quedando con la escritura, donde yo me sentía cómodo.

L.P: Hay una frase de Henry Miller, que siempre que la cito me impacta: No busques la fama, ni el éxito, ni el poder y serás feliz, y pienso  que se relaciona con tu proyecto de escritura. También hay una novela que me gusta mucho de tu obra, Buda Blues. ¿Qué te inspiró a escribirla?, pues  invita a la  resistencia, con alucinantes personajes  anarquistas, budistas, y activistas de la imaginación.

M.M: La verdad, Buda Blues tiene que ver mucho con el budismo, el  nombre lo dice, y  una disciplina que es el Zen. Yo caí en el budismo por un libro de Borges que se llama “Siete noches”, hay una conferencia, la cuarta, que se llama el Budismo, y hay otro libro del  autor argentino, que se llama Introducción al Budismo. Y yo leí eso, y  me cambió para siempre. El origen del budismo, es el origen del no ego, de la no importancia personal. Claro, la frase de Miller es maravillosa por una sencilla razón: Quién no tiene poder interno, lo tiene que buscar hacia afuera, si tú no tienes poder interior buscas el poder, la fama, la belleza, el dinero, ¿por qué tienes que agarrarte de eso? Porque adentro no tienes poder interno. Si lo tienes,  no necesitas nada de eso y el budismo es una práctica sobre eso. Cuando una persona se  sienta a hacer meditación Zen, lo hace para anular su ego, por eso toca hacerlo muchas veces, repetidamente a lo largo de los años porque el ego tiene trampas, da vueltas, y vuelve se instala y jode la vida de uno.

L.P: El ego es tremendante conflictivo en el mundo de las artes.

M.M: Permanentemente, se trata de que al final se hable de mí. Entonces para mí Buda Blues es todo ese aprendizaje que tuve con el budismo. No me interesa el centro, el éxito, el triunfo, lo que nos han inoculado, y  de alguna manera lo que viene patrocinándose desde los 90s. No tengo sensibilidad para eso. Yo creo que es todo lo contrario,  fracasar infinitamente en una línea dura de resistencia interior y de resistencia espiritual.

L.P: Hace algún tiempo leí unos comentarios que hiciste sobre el desaparecido escritor Rafael Chaparro Madiedo, ¿quería saber si lo conociste en Bogotá?, pues él fue un autor que experimentaba mucho con el lenguaje, como le propones a todos estos niños  y jóvenes.

M.M: Sí, maravilloso, pero  Rafa y  yo  no fuimos amigos  ni  cercanos ni próximos.  En realidad lo conocí por el libro Opio en las Nubes,  porque fui un lector apasionado de él.  Lamentablemente nuestros caminos fueron distintos y nunca nos cruzamos pero lo admiro profundamente. Me parece una persona de una dulzura exquisita cuando uno está leyendo, me gusta mucho. Y lo extrañamos, porque  hace falta Chaparro.

Bonus Track/ Manifiesto

Creo en la diferencia. Me declaro xenofílico. Me gusta todo lo que no se parece a mí. Me atraen otras costumbres, otras comidas, otras maneras de entender el mundo. Quisiera ser maorí y tener mi casa junto al mar, ser musulmán y orar varias veces al día mirando hacia La Meca, ser budista y seguir las cuatro nobles verdades y el óctuple camino, ser judío, y rastafari, y sikh, y esquimal, y atravesar las grandes extensiones de nieve subido sobre mi trineo y acompañado por mis perros.

Cuando veo a los músicos en un concierto me encantaría ser ellos, daría lo que fuera por tocar la guitarra o cantar con furia y desesperación. En ciertas noches me sueño subiendo al escenario y tocando la batería junto a Kurt Cobain. Y no soy escritor ni me llamo Mario Mendoza, sino Boris Johnson, y tengo la misma cara pero soy rubio y llevo el cabello largo. He sido invitado a tocar con Pink Floyd y he acompañado a Robert Plant y he rapeado con Nach entre multitudes enardecidas y estadios a reventar. Alguna tarde, en Florencia, Italia, en un concierto de Jethro Tull, le grité a Ian Anderson a voz en cuello que yo era él, que la realidad se había dado la vuelta, que yo estaba allá, cantando sobre la tarima, y que a él le iba a tocar pasar media vida sentado en un escritorio, entre insomnios angustiantes, junto a libros ajeos y propios. (…) Creo en la libertad por encima de todo, incluso hasta el punto de convertirse uno en un anarquista, en alguien que recela y se emancipa siempre frente a todo poder que intente someterlo y doblegarlo. No me gusta sentirme atrapado, vigilado, exigido. Me disgusta cualquier presencia que pretenda dar órdenes o controlar de un modo explícito o soterrado. Nada me parece más agresivo y exasperante. Hay que estar atentos y listos en todo momento para emprender la fuga.

Mario Mendoza