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Evento


 

Cofradía de lecturas con Mario Mendoza

 

Hace dos meses Mario Mendoza, regresó a la Calicalentura distópica, fue uno de los invitados nacionales del Festival Oiga, Mire, Lea, celebrado en la Biblioteca Departamental. Allí en el salón rojo, presentó su último libro: “La Melancolía de los Feos“, pero sobre todo estuvo haciendo lo que más lo alegra y nutre como escritor, dialogar con una legión de lectores, niñas, niños y jóvenes de El Poblado, el Vergel y Petecuy. La Palabra tuvo la posibilidad de participar en ese ágape de las letras, y conocer un poco más de su filosofía narrativa.

 

Por El Zudaca (Nómada Urbano)

La Palabra: ¿Qué te motivó a  escribir?

Mario Mendoza: El sentirme que no encajaba.  A mí no me interesaba la plata, ni casarme, o tener hijos. No me interesaba triunfar, el éxito, nada de eso me llamaba la atención, entonces me preguntaba si no voy por el camino que va todo el mundo, ¿qué es para mí? Y era la creación de mundos paralelos.  Yo tenía que escribir, tenía que ser un artista.  Por algún momento creí  que  me gustaba actuar, y sí me gustaba, pero no tenía el talento suficiente, entonces me fui quedando con la escritura, donde yo me sentía cómodo.

L.P: Hay una frase de Henry Miller, que siempre que la cito me impacta: No busques la fama, ni el éxito, ni el poder y serás feliz, y pienso  que se relaciona con tu proyecto de escritura. También hay una novela que me gusta mucho de tu obra, Buda Blues. ¿Qué te inspiró a escribirla?, pues  invita a la  resistencia, con alucinantes personajes  anarquistas, budistas, y activistas de la imaginación.

M.M: La verdad, Buda Blues tiene que ver mucho con el budismo, el  nombre lo dice, y  una disciplina que es el Zen. Yo caí en el budismo por un libro de Borges que se llama “Siete noches”, hay una conferencia, la cuarta, que se llama el Budismo, y hay otro libro del  autor argentino, que se llama Introducción al Budismo. Y yo leí eso, y  me cambió para siempre. El origen del budismo, es el origen del no ego, de la no importancia personal. Claro, la frase de Miller es maravillosa por una sencilla razón: Quién no tiene poder interno, lo tiene que buscar hacia afuera, si tú no tienes poder interior buscas el poder, la fama, la belleza, el dinero, ¿por qué tienes que agarrarte de eso? Porque adentro no tienes poder interno. Si lo tienes,  no necesitas nada de eso y el budismo es una práctica sobre eso. Cuando una persona se  sienta a hacer meditación Zen, lo hace para anular su ego, por eso toca hacerlo muchas veces, repetidamente a lo largo de los años porque el ego tiene trampas, da vueltas, y vuelve se instala y jode la vida de uno.

L.P: El ego es tremendante conflictivo en el mundo de las artes.

M.M: Permanentemente, se trata de que al final se hable de mí. Entonces para mí Buda Blues es todo ese aprendizaje que tuve con el budismo. No me interesa el centro, el éxito, el triunfo, lo que nos han inoculado, y  de alguna manera lo que viene patrocinándose desde los 90s. No tengo sensibilidad para eso. Yo creo que es todo lo contrario,  fracasar infinitamente en una línea dura de resistencia interior y de resistencia espiritual.

L.P: Hace algún tiempo leí unos comentarios que hiciste sobre el desaparecido escritor Rafael Chaparro Madiedo, ¿quería saber si lo conociste en Bogotá?, pues él fue un autor que experimentaba mucho con el lenguaje, como le propones a todos estos niños  y jóvenes.

M.M: Sí, maravilloso, pero  Rafa y  yo  no fuimos amigos  ni  cercanos ni próximos.  En realidad lo conocí por el libro Opio en las Nubes,  porque fui un lector apasionado de él.  Lamentablemente nuestros caminos fueron distintos y nunca nos cruzamos pero lo admiro profundamente. Me parece una persona de una dulzura exquisita cuando uno está leyendo, me gusta mucho. Y lo extrañamos, porque  hace falta Chaparro.

Bonus Track/ Manifiesto

Creo en la diferencia. Me declaro xenofílico. Me gusta todo lo que no se parece a mí. Me atraen otras costumbres, otras comidas, otras maneras de entender el mundo. Quisiera ser maorí y tener mi casa junto al mar, ser musulmán y orar varias veces al día mirando hacia La Meca, ser budista y seguir las cuatro nobles verdades y el óctuple camino, ser judío, y rastafari, y sikh, y esquimal, y atravesar las grandes extensiones de nieve subido sobre mi trineo y acompañado por mis perros.

Cuando veo a los músicos en un concierto me encantaría ser ellos, daría lo que fuera por tocar la guitarra o cantar con furia y desesperación. En ciertas noches me sueño subiendo al escenario y tocando la batería junto a Kurt Cobain. Y no soy escritor ni me llamo Mario Mendoza, sino Boris Johnson, y tengo la misma cara pero soy rubio y llevo el cabello largo. He sido invitado a tocar con Pink Floyd y he acompañado a Robert Plant y he rapeado con Nach entre multitudes enardecidas y estadios a reventar. Alguna tarde, en Florencia, Italia, en un concierto de Jethro Tull, le grité a Ian Anderson a voz en cuello que yo era él, que la realidad se había dado la vuelta, que yo estaba allá, cantando sobre la tarima, y que a él le iba a tocar pasar media vida sentado en un escritorio, entre insomnios angustiantes, junto a libros ajeos y propios. (…) Creo en la libertad por encima de todo, incluso hasta el punto de convertirse uno en un anarquista, en alguien que recela y se emancipa siempre frente a todo poder que intente someterlo y doblegarlo. No me gusta sentirme atrapado, vigilado, exigido. Me disgusta cualquier presencia que pretenda dar órdenes o controlar de un modo explícito o soterrado. Nada me parece más agresivo y exasperante. Hay que estar atentos y listos en todo momento para emprender la fuga.

Mario Mendoza

 

 

 

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