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Leonardo Padura, el escritor cubano más leído en el mundo es invisible en Cuba

Durante los primeros días del mes de agosto, el reconocido autor de; El hombre que amaba a los perros, la serie Mario Conde y La novela de mi vida, visitó  la ciudad de Cali y nos contó acerca de su poética y su condición humana. 

Por: Daniel Zapata Villa

Estudiante de Lic. en Literatura

El ocho de agosto me dispuse a entrevistar en el Hotel Spiwak a Leonardo Padura, uno de los escritores más importantes de las últimas dos décadas. Supe de su presencia en dicho lugar ya que fue designado como uno de los jurados que decidiría el ganador del premio Spiwak Ciudad de Cali novela del Pacifico.

Había leído varios de sus libros antes de enterarme de su presencia en la Sultana y al gestionar la entrevista nunca imaginé que fuera a solas con él. Mis colegas siempre me previnieron que sería en un panel con muchos periodistas y recomendaban seleccionara dos buenas interrogantes. Al leer los libros del escritor cubano es muy difícil seleccionar pocas preguntas, ya sus obras tocan las fibras del lector con una exposición desgarradora de la condición humana, por eso él mismo define su oficio como “visceral”.

No me sorprendió verlo con una camisa polo anaranjada, un jean y sandalias, ya que en internet se pueden encontrar fotos de él muy bien vestido, listo para recibir el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015, al igual que imágenes donde escribe en un computador no muy novedoso con una gran biblioteca a su derecha, el que quizás sea el próximo éxito de Tusquets.

Al sentarnos en aquella terraza del hotel, sentí como si estuviera hablando con Mario Conde, su detective y personaje más emblemático y al interrogarlo respecto a los giros de este personaje Padura respondió.

Conde  es un hombre que no ha encontrado su camino en la vida, piensa que su vida es una equivocación, que no ha realizado sus sueños, eso tiene mucho que ver con el pensamiento de una generación en Cuba, no sólo el pensamiento sino la realidad de una generación en Cuba, la cual se preparó para una cosa y terminó siendo otra. En el caso de Conde es mucho más, el vio que su vida se torció en un momento y por eso tuvo que ser policía, siempre piensa que su vida es una equivocación, dejar de ser policía tiene mucho que ver con el carácter de Conde.

Padura admite que es un escritor que se involucra mucho con sus personajes,  por ende en todas mis novelas hay un personaje con el que me identifico mucho, en las novelas de Mario Conde mi identificación es evidente, en El hombre que amaba a los perros sería el personaje de Iván el escritor, en La novela de mi vida sería Fernando Terry, el personaje que regresa. Gracias a esta identificación es posible pensar que cuando Padura habla del pensamiento de una generación en Cuba, se refiere a su propia generación, la cual describe de la siguiente manera.

Conde reflexiona esto, sus amigos reflexionan mucho sobre esto, está toda la teoría de la generación cansada o la generación escondida, está la teoría del cansancio histórico qué de ya de tanto vivir en la historia estamos agotados de ser históricos y todo eso son elementos que tienen que ver con lo que ha sido el proceso social cubano, o social y político cubano durante 50 años, visto desde la perspectiva de una generación que nunca tuvo la posibilidad real de decidir, creo que la novela donde con más profundidad  toco este tema es en Herejes, porque es una novela sobre la libertad de la elección del individuo y hasta qué punto el individuo ha tenido, en las sociedades que se dicen más libres, la posibilidad de decidir libremente, eso es única y exclusivamente, a pesar de que hablo de un judío en Ámsterdam en el siglo XVII, un judío en la Habana o en Miami en el siglo XX, o de una joven emo en el presente. Estoy hablando de un tema que tiene que ver conmigo y con mi generación y con las posibilidades de realización de mi generación, y es algo que para mí es muy importante.

Mientras prendía su segundo cigarrillo de fabricación colombiana, el cubano admitió que estas temáticas son de su interés ya que él ha logrado realizarse como escritor en lo que ha querido. Sin embargo, a su alrededor ha visto como decenas de proyectos de vida se han visto frustrados, no solo a causa de asuntos políticos, también económicos o de otra índole.

Ha sido muy importante para mí saber que haciendo esa literatura tengo una editorial que me la publique, porque esa editorial esta fuera de Cuba y no tengo que depender de la mediación del juicio de un funcionario del Estado cubano, porque si la editorial pertenece al Estado, ese editor es un funcionario del Estado cubano y tiene que cuidar su puesto, responder a una política editorial.

Esta es quizás la razón por la que las obras de Padura son tan críticas con la política cubana, y al mismo tiempo él puede habitar sin problemas en dicha isla. Sin embargo, realizar esta actividad laboral y vivir en La Habana tiene un precio, el cual Padura ha tenido que pagar durante más de veinte años.

Pago ese precio de la invisibilidad, a pesar de que tengo los premios más importantes de Cuba, no soy un escritor que inviten frecuentemente a la televisión o a la radio o me entrevisten en los periódicos, tal vez como promedio te pudiera decir que hago una entrevista en Cuba cada 40 entrevistas que hago fuera de Cuba, y he ganado fuera de Cuba premios muy importantes, y he tenido muy escasa difusión en Cuba, difusión  periodística y es un equilibrio muy precario, muy difícil de sostener pero que yo he optado por jugar en esa cuerda floja, no me queda otra porque yo quiero escribir en Cuba y sobre Cuba, y si el precio es no ser visible en Cuba, pues  pago ese precio para poder vivir y escribir en Cuba.

Es común escuchar a los intelectuales en medios nacionales referirse al régimen castrista o el régimen cubano, sin embargo, al hacerle una pregunta al escritor invitado utilizando este adjetivo el decidió corregirme y expresar su punto de vista, el cual me llenó de sorpresa teniendo en cuenta su enorme crítica ante este gobierno.

Porque no puede hablarse en el caso cubano para ser justos de represión, puede hablarse de censura, de control, de preferenciar un tipo de literatura, o un tipo de arte, o un aspecto con respecto a otro, o un tipo de pensamiento con respecto a otro, pero no propiamente de represión. Creo que la palabra le queda grande al sistema cubano a partir de los años 80 y los años 90 hacia acá, en los años 70 si hubo esa represión, hubo un momento en que se marginaron a muchos intelectuales cubanos por las razones más diversas, porque tenían creencias religiosas, porque eran homosexuales, porque no escribían la literatura que se consideraba apropiada y salían de la vida pública, de la vida intelectual cubana, eran muertos civiles pero a partir de los años 80 empieza a ver un cambio que se  concreta de manera muy visible en los 90, en que hay, no pudiéramos decir una apertura pero hay la posibilidad por parte de los creadores de expresarse mucho más libremente, en el cine, en las artes plásticas, en el teatro, en la literatura y todo esto tiene que ver con la crisis económica que se produce en estos años.

El tiempo transcurría y mientras esperaba ansioso la hora en que el escritor me firmara algún libro, quise saber acerca de la estructura de sus novelas, ya que cualquier lector que se acerque a una obra como La neblina del ayer, en seguida pensara que es una novela policial muy diferente, sobre todo, porque en ella el crimen ocurre en la mitad de las páginas.

Las estructuras me sirven como una manera de complejizar la trama y de complejizar los conflictos que se están produciendo con los personajes, y decir algo que me parece que es esencial en mis novelas de carácter más histórico, y es que la historia del hombre es la repetición de actitudes similares ante circunstancias similares, pero que se diferencian por el grado de desarrollo de las sociedades a lo largo de la historia, por supuesto que hay un progreso histórico, pero los conflictos de las tragedias griegas siguen siendo más o menos los mismos conflictos que tenemos las personas de hoy en día, y que pueden tener los personajes de la literatura de hoy día, creo que las reacciones de las personas son más o menos similares a lo largo del tiempo, porque tienen que ver con algo que es histórico y a la vez es ahistorico, Qué es la condición humana.

Y es que la condición humana es uno de los grandes temas de sus novelas, al leerlo podemos encontrar paisajes llenos de miseria, de pobreza absoluta, todo esto en contraste con la belleza del mar o la arquitectura habanera. Así mismo, los personajes se ven enfrentados a situaciones donde puede evidenciarse los más bajos instintos de esta especie, este tipo de detalles son los que llevan al Conde a retirarse de la policía y a ser definido por su amigo “El Flaco” en Mascaras como Un Cabrón sufridor, un incorregible recordador, un masoquista por cuenta propia, un hipocondriaco a prueba de golpes y el tipo más difícil de consolar de los que había en el mundo.

Gracias a las respuestas que poco a poco me brindaba Padura pude comprender algo que sospeché a la hora de la lectura, sus novelas no tienen un fin policial, más bien poseen un fin social e histórico, en el que se busca, por medio de sus tramas recuperar la memoria histórica de la vida cubana, yendo en contra del discurso oficial, el cual, como el mismo lo afirma, en Cuba el relato oficial tiene una sola voz, los medios, las editoriales, la industria cultural, son estatales y responden a ese discurso hegemónico, por lo tanto salir de ese discurso hegemónico y contar otras realidades que no se cuentan habitualmente o nunca en ese discurso hegemónico es muy fácil.

Dos cigarrillos fumó Padura durante nuestra entrevista, al parecer no quiso más y aunque el tiempo transcurría, el cubano no mostró señales de cansancio. Es un buen conversador, hablaba acerca de la posmodernidad y el género Neopolicial, en el cual se encuentra inmerso junto a colegas como Piglia y Taibo II, cada uno en su país natal. Sin embargo, admitió que en la isla estaba prácticamente solo, pese al desarrollo del género en otras partes de América y el mundo.

Finalmente decidí preguntarle acerca de la vida en Cuba después de la caída de la Unión Soviética, ya que este es el periodo más crítico de su economía y a la vez, el mismo en el que se desarrollan la gran mayoría de sus obras.

Cuba era un país virtual porque era un país que dependía de la Unión soviética, que a su vez era un país virtual… era el famoso gigante con los pies de barro, pero cuando ese gigante se derrumbó, por supuesto, el enano con los pies de barro también se derrumbó y ha sido muy compleja la vida cubana. A partir de los años 90, nos hemos tenido que enfrentar a nosotros mismos y hoy llega una etapa en que las decisiones que se tomen en Cuba para poder crear un país eficiente y un país con condiciones de sostenerse a sí mismo, están en un gran debate porque no se ha logrado crear la estructura que permite este sistema.

El sol empieza a caer y ha pasado casi una hora y media desde que inició nuestra entrevista. Leonardo Padura no demuestra estar cansado y responde con la mejor disposición todas mis preguntas. Finalmente me despido de él, con la impresión de que es un hombre muy ilustrado que se encuentra al día en los movimientos literarios y políticos del mundo. Esto por no mencionar que posee una clara visión de su trabajo y de la complejidad presente en sus novelas, este es Leonardo Padura, este es Mario Conde.

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