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Evento

 

Cabildo Indígena Universitario

Una estrategia de resistencia cultural necesaria en la sociedad

 

Desde el año 2003, en la Universidad del Valle existe el Cabildo Indígena Universitario, resultado de la lucha de jóvenes indígenas frente a la falta de apoyo institucional. El espacio nace como estrategia de resistencia frente al choque cultural en el ámbito universitario. Gracias a esto los jóvenes salen de sus comunidades para formarse con saberes occidentales, saberes que se integran a la formación y nos son una objeción de los conocimientos.

 

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Por: Laura Soto

Estudiante de Comunicación Social

 

Prácticamente los indígenas no estamos incluidos.

Estamos excluidos de ese diálogo de paz que tanto hablan.

Gobernador del resguardo de Guambía, Joaquín Morales Tombe.

 

El CIU se organiza en roles jerárquicos al igual que en las comunidades de base. Es encabezado por el Gobernador, seguido del Vicegobernador, Secretario, Tesorero, Alcalde, Alguacil, Consejero y Fiscal. Por eso anualmente el CIU realiza un Acto de Posesión de las Autoridades estudiantiles con el aval de los líderes de cada etnia y acompañado de actos culturales y simbólicos. Actualmente se adscriben a él los pueblos Misak, Nasa y Yanaconas de Cauca, Pastos de Nariño y Pisamira del Vaupés. El evento representa así, la renovación de las cabezas de mando, de las energías y la reivindicación de permanencia de los pueblos indígenas dentro de la comunidad universitaria.

El Acto de Posesión de este año se llevó a cabo el día viernes quince de abril y se dio inició con un desfile tradicional Misak en la portería de la Avenida Paso Ancho de la Universidad del Valle. A las diez de la mañana y bajo el candente sol, indígenas, así como profesores y algunos estudiantes regulares, se acomodaron en dos filas. En medio de la gente sobresalían las tradicionales Wiphalas –banderas de colores que representan a algunos pueblos indígenas-, la bandera del CRIC –Consejo Regional Indígena del Cauca-, y la chirimía con ritmo caucano alegrando a los marchantes y anunciando la llegada del evento a los desprevenidos transeúntes.

A medida que el desfile se adentraba en el campus y cruzaba por la frutería y la Administración Central era recibido por la comunidad universitaria con sorpresa y regocijo. Unos aplaudían y grababan, otros simplemente observaban como presenciando un gran espectáculo. Sin duda, el colorido, la música y los rostros de las personas reflejaban la presencia de otras formas de vida, otras culturas luchando por un espacio en la academia. Poco a poco, la música contagiaba a los marchantes con el canto y el baile. Algunas niñas se tomaron el frente del magno desfile para moverse al ritmo de la carranga, mientras un médico tradicional indígena esparcía agua con ruda para eliminar las malas energías y armonizar el evento. El calor empezaba hacer meya en los rostros de la gente. Rostros colorados y sudorosos, cuando el desfile estaba cerca de su destino: la Plazoleta de Las Palmas, bajo la Biblioteca Mario Carvajal.

En la Plazoleta se llevó a cabo la toma de juramento de los cabildantes. Con los himnos de los pueblo Misak, Nasa y de la Guardia Indígena, se dio inició al acto simbólico donde los nuevos dirigentes recibían el bastón de mando de manos de los líderes de sus respectivas comunidades. Posteriormente todos los asistentes al evento se trasladaron a la Tulpa del Lago –maloka construida para la realización de encuentros culturales y mingas de pensamiento indígena– a recibir el almuerzo comunitario y a dar inicio al conversatorio sobre la relación de las comunidades indígenas con el Proceso de Paz. Un olor a leña acompañaba el lugar mientras en una improvisada pantalla se presentaban videos sobre el proceso de liberación de la Madre Tierra en el Cauca, los enfrentamientos con el ESMAD y su reafirmación frente al proceso.

A las seis de la tarde, el sol se ocultaba, las personas recibían la merienda y los conversatorios entre los líderes indígenas finalizaban. En ese momento aproveché para hablar con el Gobernador de Guambía, Joaquín Morales, sobre la percepción de su comunidad frente al Proceso de Paz.

En la Habana solo hablan dos actores, la Guerrilla y el Estado –me dice–. Si hubiera un cupo para las comunidades indígenas, iríamos. Les diríamos que nos incluyan dentro del proceso de reparación de víctimas, pero no de la violencia de los últimos años, sino de los atropellos culturales y físicos sufridos desde el año 1942. Reclamaríamos por el etnocidio.

Manifiesta que también reclamarían las tierras y los recursos naturales que les han sido despojados en todos los periodos históricos desde la conquista hasta los días del neoliberalismo. Les pedirían a la Guerrilla y a los Militares respetar sus territorios, pues la presencia de cualquier fuerza armada en sus tierras es considera ilegal. 

Firmen o no firmen, nosotros hemos existido hace milenios y seguiremos luchando contra quien sea, contra el Estado o con grupos por fuera de la ley, manifiesta con firmeza.

Sin embargo, es enfático en decir que a pesar de no estar incluidos en los diálogos, los Misak le apuestan a la Paz. Que vivamos en paz con nuestros vecinos, dice. Es hora de frenar las atrocidades de ambos bandos. Su comunidad se ha venido preparando para recibir a los desmovilizados. La comunidad los acogerá, pero les aplicará sus usos y costumbres con el fin de formar a las personas como debe ser. Instruirlos, reeducarlos bajo los principios de sabiduría Misak y de su carácter pacífico y conciliador. 

 

 


 

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