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Entrevista

 

 

Un soñador de mirada fija

 

El pasado 15 de junio falleció Guillermo Restrepo Sierra, Premio Nacional de Matemáticas y docente titular de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas de la Universidad del Valle desde 1975. Su legado no fue solo como investigador sino sobre todo como ciudadano. Cuatro años atrás concedió esta entrevista.

 

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Por: Haivert Sáenz

Docente Comunicación Social y Periodismo - Universidad Del Valle

 

Detrás del título de magíster y doctor en matemáticas de la Universidad de California, hablaba un ciudadano inquieto y activo: Guillermo Restrepo Sierra. Un hombre alto, de barba cana, boina y suéter, que no solo se imponía por su presencia sino por sus ideas. En este encuentro, compartió un poco su pensamiento sobre la sociedad en la que vivió, las luchas en las que participó y las motivaciones que lo llevaron a ser una voz preponderante en momentos coyunturales de la Universidad del Valle, donde ejerció como profesor por más de 40 años.

En un artículo de su autoría, usted dice lo siguiente: El estado colombiano es muy exigente en virtudes y proyecciones humanas de los jóvenes y no puede resolver los problemas de la corrupción ni utilizar un lenguaje franco, veraz y directo que inspire respeto y adhesión y compromiso con los destinos nacionales. Los jóvenes detestan este lenguaje porque tienen corazón y luego, al bordear los 40, lo adoptan porque adquieren cabeza, según dicen con cierta razón los cínicos.

¿Adquirió usted cabeza?

Eso es lo que dicen los cínicos. El cínico es una persona que en algún momento de su vida se siente decepcionado y no cree en nada. Entonces cuando una persona es mayor de 40 años y sigue adherido a un pensamiento utópico, liberador y democrático, dicen que esa persona está loca. Asumen que uno es revolucionario entre los 18 y los 23 años, que de los 23 a los 40 se convierte en una persona pragmática y de los 40 en adelante es una persona indiferente. Entonces, que uno más allá de los 40 siga pensando en ciertas ideas revolucionarias, está loco. Ese es el pensamiento de los cínicos. Ahora, los hechos se están burlando de esas personas, que además creen que nos tenemos que conformar al capitalismo.

Hábleme sobre ese sistema económico.

El capitalismo tiene exigencias que a su vez impone a la cultura, que a su vez se encuentra ligada al sistema económico. Las exigencias que impone a la cultura son: primero, hay que ser individualista, solo pensar en conseguir el fin que se propone sin importar los medios. Segundo, saque el mayor provecho mientras viva.

Ese sistema está colapsando en lo político, en lo moral, en la corrupción que abunda, en el consumo de drogas y hasta en la duda del alma. Hay una fuga de goce desenfrenado del sexo, sin ninguna provisión por la vida afectiva, esto es lo que se llama decadencia moral, gozar la vida como sea. Ahora vemos que en Estados Unidos un muchacho sale con un arma disparando. Mata al abuelo, a la abuela, a todo el mundo ¿qué piensa ahora? Usted, que era tan individualista, que no pensaba sino en sí mismo ¿qué va a hacer ahora? Es un pobre náufrago. Esos náufragos están por todo el mundo y comienza el desespero. Por eso digo que es un sistema en bancarrota.

Ese declive ¿cómo se refleja en la educación de Colombia?

Se dice que entre más grados de educación, más dinero se va a ganar y mejor le va a ir en la vida. Por lo tanto, la educación está llamada a mejorar el sistema dando más capacitación de tipo técnico, logrando un empleo más calificable de tal manera que todos salgamos adelante y seamos más felices.

En últimas, es la tesis de la venta. Entonces, la educación va dirigida por ese lado, sin ninguna preocupación por la relación entre el individuo y la sociedad. La educación está absorbida en esos valores decadentes del sistema capitalista. Eso es lo que estamos experimentando.

¿Cómo influyen los medios de comunicación en la educación actual?

La cosa más perversa de los medios de comunicación es presentar el sistema de cosas como un hecho neutral que tiene que suceder. No quiero decir nombres, pero esos presentadores que aparecen con ese sentido de objetividad, me parece el caso más aberrante de impunidad cultural. Las noticias presentadas en función de las políticas del sistema.

Levantándose sobre ese sistema capitalista de nuestra sociedad, se han vuelto comunes las huelgas como forma de lucha. Sin embargo, parece que no se logra mucho.

¿Dónde está la eficacia de una lucha? Ese es el problema. La eficacia a veces se ve en el sentido pragmatista: propongo un fin, hago mi lucha y al final, mido el resultado.

Hay ciertas luchas de las cuales no se puede ver el resultado inmediatamente. Si se hacen bien esas luchas, si el que lucha no se desboca por un resultado inmediatista, se va ganado un espacio muy grande en la conciencia, sobre lo que es educación pública por ejemplo, sobre lo que es la universidad, sobre lo que es cultura participativa.

Uno lo ve acá. Las luchas resultan más efectivas cuando se comunica y se agita el problema que cuando se cierra y se bloquea la universidad. 

Hay mucho inmediatismo en las luchas. Ir y taponar aquí o allí no va a lograr que se reversen las cosas. Cuando usted lucha a largo plazo, tiene que ganar espacios de racionalidad pública donde se sienta que las luchas son importantes y son buenas. En la universidad existen luchas así. Por ejemplo, dentro de comunicación social con el profesor Jesús Martín Barbero con esas denuncias que hace de los sistemas de comunicación totalmente sesgados sin bases humanistas. En historia, con el fortalecimiento del estudio de historia latinoamericana. Eso ayuda a que nos sintamos orgullosos de nuestro pasado histórico y de las luchas positivas. Personas que entregaron todo, todas sus riquezas por un ideal. Una cosa bonita ¿no? Un cínico diría: “tan bobo. Teniendo todo. Tan bobo”. Pero no, porque fueron felices entregando todo.

Ese tipo de cosas son las que creo, hay que lograr.

Profesor, ¿qué piensa de las decisiones que se está tomando el gobierno frente a la educación y la salud, un tema que afecta tanto a la Universidad del Valle?

El problema es que tenemos un gobierno cesarista. En Roma el emperador era el que se imponía. Este gobierno tiene una concepción muy fea de lo que es la economía y la cultura. Ese proyecto Visión Colombia 2019, es un proyecto de estilo neoliberal, que cree que aumentando el tamaño de la torta se le va a dar a todos de comer, pero hay quienes cogen los pedazos más grandes. Eso es lo que no se ve.

Ahora, la cuestión de la salud. La gente por la salud, gasta lo que sea. Entonces, sí hay fondos que son muy grandes. Es una manguera de succión que no beneficia a la gente cuando se puede dar salud con menos si se piensa en función de la salud, no de la enfermedad. Darle salud a la gente, que tenga su leche, sus elementos nutricionales, un ambiente digno, entonces la gente se levanta sana y los gastos para la enfermedad se reducen. No se necesitan medidas especializadas para eso.

Y en cuestiones de infraestructura, las instituciones educativas están creciendo en cobertura mientras se deteriora su planta física. Ve uno la plaquita que dice que en 1960 se arregló. Y ¿ahora qué? ¡Nada! Hay un deterioro, ambientes que no son propicios para educar.

Es una visión bastante pesimista.

Eso demuestra que la educación pública debe cambiar… miré: hay que buscar salidas en el campo de la política.

Necesitamos un pueblo que sea capaz de exigir de forma organizada.

¿Qué papel deben tener los profesores en ese cambio?

Esa totalidad no existe. Está el profesor ciudadano que no es lo mismo que el profesor de clase. Hay profesores que cuando piensan políticamente, más parece que no pensaran. Lo mismo pasa con el estudiantado ¿qué eso? No existe como totalidad, existe como individuos.  Por eso uno no ve líderes estudiantiles.

Lo que pasa es que son personas y cuando toman poder tienen dificultades para dirigir.

Ese es un divorcio que hemos venido encontrando en la política, muy buenos en el discurso pero un desastre en el poder.

Eso me preocupa bastante. Hay que buscar la manera de romper con eso. Se debe fortalecer un partido con fuerza popular, un partido democrático. Que esté anclado en la vida popular, en las comunas, en las aspiraciones universitarias. Esos vínculos son los que deben confluir en una propuesta política. Estamos medio frenaditos con eso.

Usted está en la rama de las ciencias exactas. Contrario a lo que uno puede pensar hay mucho interés político en esas áreas.

Sí, en ciencias hay mucha conciencia política ¿Quién lo creyera? —dice entre risas.

Yo he estado en sus comités estudiantiles y es muy interesante lo que pasa allá. En la universidad hay variadísimos círculos de estudiantes que se interesan y que piensan el país. Hay que ligar esos proyectos. Deben hacerlo los que pensamos, los que tenemos inquietudes. Porque claro, si no se vinculan los proyectos, unos cuantos suben al poder y es lo mismo que si no se hubiera hecho nada.

Es que el poder y la representación es muy difícil. ¿Qué se representa realmente? Si no hay una fuerza desde la base social, entonces el que sale elegido no cumple. Eso es importante. Usted que fue elegido, tiene que ir allá, representar y cumplir con la gente que votó. Tiene que ser fiel a eso.

Recuerdo una vez en la que usted se levantó en la Cátedra de Estanislao Zuleta y golpeando una mesa dijo: no nos vamos a dejar amedrentar por esos pajarracos horribles, refiriéndose a las amenazas que circularon en ese entonces contra algunos estudiantes y profesores por parte de las Águilas negras ¿Por qué lucha? ¿Cuál es su motivación?

Es un problema de ética. Hay éticas liberadoras y éticas cínicas. Las éticas cínicas dicen: “bueno, este mundo está así y yo me acomodo y saco el mejor partido posible”, pero hay una ética liberadora, en la que el hombre tiene que romper con la esclavitud.

¿Sin importar el riesgo?

Sí, porque es algo de ética. La ética tiene postulados de dignidad que no se pueden refutar ni demostrar, ni lo uno ni lo otro. Usted los tiene y lo motivan a la acción. Uno se siente a gusto, contento con eso, no sé por qué. Hay cierto egoísmo ilustrado. Porque no faltaba más que uno en la vida no pudiera sacar placer de las cosas que hace.

En ese punto, es decir, en el fondo de las luchas hay un problema ético de liberación humana, utopía, llámelo como quiera. Es el pensamiento de que se puede ser mejor. El cínico se burlará. Como en el caso del naufragio, pero cuando se tiene la idea, el sentimiento de que sí hay posibilidades, la voluntad humana, individual y colectiva, se activa para influir en los acontecimientos. Esa es la esencia del asunto. 

 

 

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