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Brasil: entre el fuego de la nueva guerra fría

 

 

Un par de semanas de visita al Brasil, en tiempos de turbulencia política y social, apenas si dan para entender lo que está pasando en este gigantesco país, hoy la 7ª economía del mundo y factor decisivo para los rumbos de América Latina.  Crónica de una crisis que apenas comienza.

 

 

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Por Darío Henao Restrepo

Director Periódico La Palabra

 

Hilvanar en fragmentos de crónica los rumores de las calles y las conversaciones en los bares y restaurantes, en el metro, en los buses y taxis,  junto a lo noticiado por los grandes medios favorables al golpe (O Globo, Folha de Sao Paulo e O Estado de Sao Paulo), y para contrastar, los medios alternativos y las redes sociales,  permite comprender algo de lo que está pasando. En cuestión de meses Brasil, el país del futuro, epicentro de grandes cambios económicos y sociales, visto como modelo de redistribución de renta y democratización para el mundo, entra en la encrucijada de una crisis sin precedentes en su historia.

 

¿Cómo explicar la complejidad de lo que está pasando? ¿Cuál es el ABC de esta crisis fabricada por unas élites con el claro fin de dinamitar un proyecto tan exitoso como el iniciado por Lula, el presidente que tras su segundo mandato salió con el 87% de popularidad, cifra jamás alcanzada por ningún líder político en el mundo? ¿Por qué su sucesora,  la presidenta Dilma Rousseff,  acaba siendo apartada de su cargo por el senado, sometida a un proceso de impeachment, la figura jurídica que se aplica en la ley brasileña  al presidente, caso se compruebe crimen de responsabilidad?

 

Brasil tiene que dar certo, dice un trabajador de la construcción mientras almuerza en una de las obras para las Olimpíadas en la zona portuaria de Gamboa en Rio de Janeiro. Lula demostró que un peón con cuarto año de primaria podía cambiar al Brasil. Gobernó al país mejor que todos los ricos que lo hicieron durante 500 años; demostró que nosotros los pobres no éramos el problema, éramos la solución en la medida de nos dieran oportunidades. 40 millones de brasileños salieron de la pobreza con los programas de empleo y educación de Lula. Y no quieren que Dilma continúe con ese legado de Luz para todos, los subsidios de Mi Casa mi Vida y la Bolsa Familia. Eso es lo que no quieren los ricos. Por eso orquestaron el golpe, una cortina de humo para tapar la corrupción de la oposición en el Congreso en el caso de Petrobras. Eso se sabía y lo que no le perdonan a Dilma el PMDB y el PSDB (los dos grandes partidos de la oposición a su gobierno) es haber destapado la olla podrida y ordenado las investigaciones. Los grandes periódicos del mundo han mostrado esa corrupción de la élite política. Lo complicado, dentro de Brasil, es que mucha gente se deja engañar por las noticias tendenciosas de los grandes medios como Globo. Los trabajadores y los movimientos sociales estamos en estado de alerta y vamos a salir a defender la democracia, Dilma tiene que volver y terminar el mandato que le dimos 54 millones de brasileños.

 

Las medidas tomadas por el presidente interino, Michel Temer, explica un historiador paulista, desmontan todas las políticas del Estado de bienestar social. El recorte es para los programas sociales que beneficiaban a los sectores más pobres de la sociedad brasilera. Es increíble que las élites de este país sean tan ciegas y tiren por la borda todo lo construido para profundizar la democracia en un país tan brutalmente desigual. Hasta el mayor periódico del mundo, The New York Time, publicó un reportaje en el que calificó el proceso de impeachment de absurdo, un proceso conducido por parlamentarios corruptos, contra una presidenta de no es objeto de investigación alguna. Si el golpe pasa, tendremos una nueva república bananera. No hay derecho, vocifera indignado el profesor.

 

El golpe fue un plano concebido desde el inicio del segundo gobierno de Dilma Rousseff, afirma un  sociólogo, llevado a cabo por operadores políticos nacionales (sobretodo los grandes medios y los sectores industriales agremiados por la FIESP – Federación de industrias del Estado de Sao Paulo) e internacionales (E.U y su embajada) en coordinación con los líderes del PMDB y el PSDB. Eso explica muchas de las medidas tomadas por Temer y el cambio de la legislación para que las petroleras norteamericanas puedan participar de la explotación de las  reservas encontradas por la Petrobras, las segundas más grandes del mundo. La política nacionalista de los gobiernos del PT resulta insoportable para los intereses norteamericanos, así como la participación del Brasil en el bloque de países llamado BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), una política de independencia que no le conviene a los Estados Unidos, pues el potencial de estas economías las puede llevar a convertirse en las dominantes en el mundo hacia el año 2050. La pelea es por razones de la geopolítica mundial. Volver a controlar el Brasil es estratégico para los Estados Unidos. Por eso el gobierno de Obama reconoció de inmediato al gobierno interino de Michael Temer y ofreció toda su colaboración, pese a que los grandes medios de su país consideran como golpe de estado lo que ha sucedido con el gobierno democrático de Dilma Rousseff.  Temas como el del petróleo y los desarrollos de energía nuclear del Brasil son vitales para los Estados Unidos, a quien para nada conviene la cooperación económica y política que se está generando por el bloque de las BRICS.

 

Noam Chomsky y otros analistas brasileños advirtieron que los Estados Unidos no van a tolerar una potencia como el Brasil en el Atlántico Sur que tenga un proyecto de autonomía, vinculado a las BRICS. Para la política externa norteamericana no conviene la presencia de China, su principal contendor, en varios países de América Latina, especialmente en el Brasil. Contrarrestar a las BRICS implica atacar y debilitar al Brasil, uno de sus miembros con mayores riquezas.

 

Leonardo Boff, teólogo de la liberación, sostiene que sería erróneo pensar la crisis del Brasil apenas a partir de su situación interna. El país está inserido en el equilibrio de fuerzas mundiales en el ámbito de la llamada nueva guerra fría que envuelve principalmente a Estados Unidos y a China. El espionaje norteamericano, como reveló Snowden, alcanzó a Petrobras y las reservas petroleras y no se ahorró con la presidenta Dilma. Esto es parte de la estrategia del Pentágono bajo el lema: un solo mundo, un solo imperio. Para Boff hay una ascensión visible de la derecha en el mundo entero, a partir de los propios Estados Unidos y Europa. En América Latina se está cerrando un ciclo de gobiernos progresistas que elevaron el nivel social de los más pobres y afirmaron la democracia. Ahora están siendo azotados por una onda derechista que ya triunfó en Argentina y está presionando en todos los países latino-americanos. Hablan de democracia, como en Brasil, pero en verdad  quieren entregarle todo al mercado y a la internacionalización de la economía.

 

En las manifestaciones de las últimas semanas en todos los Estados del país impera la consigna por la democracia y la vuelta de Dilma para  culminar su mandato. Está en juego si el país retrocede al modelo neo-liberal o continua por la senda  de la democracia social, modelo de redistribución de riqueza e inclusión social que tantos beneficios le ha traído a los sectores más necesitados de la población.

 

 

Una maestra jubilada, preocupada con los recortes de Temer, dice con mucha sabiduría: Estamos efectivamente en un vuelo ciego. Nadie sabe que va a pasar con nuestra economía, con el petróleo y todas las fabulosas riquezas del Brasil. Tenemos todo para ser un gran país, pero las élites conservadoras se resisten a dejar que la democracia sea real para el pueblo brasileño. El pobre se acostumbró a sufrir y a encontrar salidas como puede. Yo salgo a las manifestaciones por el regreso de Dilma porque hay que defender la voluntad popular. Nadie puede ser indiferente a la miseria de nuestra gente, a la falta de educación y asistencia médica. Tenemos que rebelarnos exclama con la dignidad de sus 76 años. Esas élites (71.440 personas que ganan 600 mil dólares por mes) conquistaron los medios de comunicación masivos, el congreso y el sistema judicial para dar el golpe y seguir manejando el país.