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Cine

Sembrar la muerte

 

Para celebrar la vida

 

SIEMBRA, una película que hace memoria frente al desarraigo, un acto de apropiación de la muerte y el territorio.

 

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Por: Alicia País

 

Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra

José Arcadio Buendía

 

Dejé mi tierra, dejé mi gente, dejé mis hijos, dejé mi río

Hecha de semillas está la muerte y compuesta de vida está la tierra; territorio que nos quitaron, terruñito que dejamos, y ahora ésta tierra nuestra en que sembramos la muerte para cantar vida. La película SIEMBRA es una invitación a celebrar la muerte como el acto de sembrar, como la necesidad propia del arraigo sustentado en la frágil memoria.

Una Cali nueva se dibuja en el cine, una Cali a blanco y negro, ciudad-hogar de muchos desplazados, calles abiertas al paso migratorio que dejan las violencias de un pueblo en guerra. Esa es la ciudad que nos presenta SIEMBRA un filme que a través metáforas da cuenta de la realidad de un país.

El cine como ejercicio de memoria

SIEMBRA es una película que por medio de la muerte narra la vida de diversos personajes que se entrecruzan en un barrio popular caleño, territorio de una gran diversidad cultural producto de los asentamientos de miles de desplazados, que huyen de sus tierras a causa de la guerra que hace más de medio siglo soporta este país en sus espaldas.

Es Siembra una experiencia del desarraigo, pero también del destierro, en un país como Colombia donde el conflicto armado ha reconfigurado las ciudades por la migración de las gentes del campo, expresan sus realizadores.

Con sonidos que mezclan la ciudad y sus ritmos urbanos, que rememoran también los ríos, el canto de los pájaros y la tradición oral de nuestra comunidades afro y raizales, se descubre un filme realizado con músicos en lugar de actores, donde los bailes urbanos y el canto de alabaos tradicionales del pacífico Colombiano, se instalan como hilo conductor para trasmitir un mensaje que hace honor al territorio.

Para Santiago Lozano y Angela Osorio, directores del filme, SIEMBRA significa “echar raíces”, es entonces una metáfora porque la siembra, ese proceso natural, termina siendo una adaptación a nuevas formas y posibilidades.

La estética del filme y el discurso narrativo nos propone otras maneras de leer este país de violencia que habitamos. Las prácticas cotidianas como recorrer la ciudad, trabajar, celebrar la navidad o enterrar a los muertos, dan cuenta de una historia común, una historia de duelo por la pérdida de la vida y la tierra, pero que narra también cómo la memoria, al igual que las maticas de romero, reverdece y florece en medio de tanto olvido.

Sembrar en blanco y negro

Un equipo joven y muy completo de realización, un grupo de actores que en su vida se dedican a la música y la danza, una parte de la ciudad que se hace distante de lo que nos han mostrado los audiovisuales que nos relatan, reflexivas tomas en primeros planos, fotografía compuesta de elementos cargados de poesía. Una película que nos plasma la vida en blanco y negro y que siembra así, otras maneras de hacer cine.

Diego Balanta, protagonista de la historia, es un reconocido músico del folclore pacífico colombiano, el filme en sí hace parte de su historia, pues el desplazamiento causado por la violencia, la guerra y el desarraigo coge raíces en su sentir, en el sentimiento que quiere representar y compartir a quienes lo observamos.

La película en su proceso de realización contó con recursos logrados gracias a estímulos otorgados por el Fondo de Desarrollo Cinematográfico, las productoras caleñas Contravía Films y Bárbara Films, la alemana Autentika Films y la Universidad Autónoma de Occidente (UAO).

Una producción joven, opera prima que ha logrado varios reconocimientos a nivel nacional e internacional, entre ellos el Premio Boccalino, otorgado por la crítica independiente del 68 Festival de Cine de Locarno, en Suiza; el Premio del Jurado Internacional en la 15 edición del Festival de Cine de Tarragona (REC), en España; el premio Especial del Jurado de la Competencia de Cine Colombiano del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias; y el Gran Premio Coup De Coeur en la Competencia Oficial Ficción del Festival Cinélatino – XXVIII Recontres de Toulouse, en Francia.

Un duelo que cuesta la vida

Pertenecemos al lugar donde lloramos nuestros muertos, también al lugar donde dejamos a los vivos, somos de donde sombramos nuestras semillas, raíces que brotan entre la tierra para saludar al sol y hacer de la muerte un canto, como el más bello acto de memoria.

 

 


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