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Homenaje

 

Letras de Luto

Recordando a Umberto Eco y Harper Lee

 

El mundo de las letras está de luto. Dos de sus gigantes han fallecido el mismo día: Harper Lee en la mañana y Umberto Eco en la noche. La primera, autora de Matar a un ruiseñor, nació en 1926 en Monroeville, Alabama, en un Sur previamente marcado por Faulkner, Tennessee Williams, Carson McCullers y Flannery O’connor. El segundo, autor de El nombre de la rosa, nació en 1932 en Alessandria, en la misma Italia de Virgilio, Dante y Calvino.

 

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Umberto Eco.

Foto: http://www.montevideo.com.uy

 

Por: Alejandro Maldonado

Estudiante de Licenciatura en Literatura

 

Aunque los logros de ambos son innegables, sus figuras se encontraron, paradójicamente en las antípodas; Lee, una reclusa quien se negó a dar cualquier tipo de entrevista y a publicar obra alguna tras un intento descartado. Eco, un intelectual con presencia pública y una obra prolífica. Más allá de sus diferencias, los lectores de las obras de ambos nos encontramos doblemente consternados. A continuación una serie de anotaciones acerca de estas dos figuras eméritas y eternas en nuestras bibliotecas.

Umberto Eco

Cientos llenaron el Castillo de Sforza en Milán para despedir al autor Italiano. Su féretro, cubierto de rosas blancas, fue llevado a la guardia presidencial al ritmo de La Follia de Corelli, una de sus piezas favoritas que él mismo tocaba en el clarinete.

Se veía en sus silencios que estaba consultando la librería inacabable que llevaba adentro. Gracias, Maestro, por pasarse la vida mirando por la ventana en nuestro lugar, dijo el ministro de cultura, Dario Franceschini.

Su padre le urgió que estudiara leyes y, naturalmente, decidió estudiar filosofía Medieval y Literatura en la Universidad de Turín, graduándose con lauro en 1954 debido a su tesis acerca de Tomás de Aquino. Su primer libro, El problema estético en Tomás de Aquino (1956), fue una expansión de este trabajo. No volvería a publicar hasta tres años después, habiendo cumplido su servicio militar de 18 meses en el Ejército Italiano, regresó con el libro Arte y belleza en la estética medieval (1959).

La fuerza de sus trabajos intelectuales lo llevó a enseñar en las universidades más prestigiosas del mundo: Columbia, Harvard, Bologna, entre muchas otras; así como también recibió treinta y ocho doctorados honoris causa. El único premio que pareció faltarle fue el Nobel, pues ya se había hecho con El Príncipe de Asturias, La Legión de Honor Francesa, Foro de Sabios de la Unesco y la Orden del Mérito de las Ciencias y las Artes.

Su trabajo narrativo es célebre en el mundo entero, pero como bien señala Paul Cobley de The Conversation, la noticia de su muerte y la inmediatez con la que los medios la han cubierto, han dejado un vacío en cuanto al reconocimiento de su trabajo como académico especializado en el área de la semiótica. Llamado por el New York Times como un “campo arcano”, y por otros medios como “un campo abstruso de crítica literaria” y “la teoría esotérica de la semiótica”, es de entender que no todo periodista sea un especialista, pero al menos aquí se tratará de esclarecer algo acerca de su quehacer desde la ingenuidad de un aficionado.

Entonces, en pocas palabras: ¿Qué es la semiótica? Es un área de estudio cuya propuesta es entender el funcionamiento de los sistemas de signos, o la semiosis.

La explicación se queda corta, he aquí una oportunidad maravillosa para adentrarse en el frondoso bosque de la semiótica con las obras de Eco. Para mencionar algunos de sus trabajos más reconocidos: Fenomenología de Mike Bongiorno (1961), un ensayo analizando un popular programa de concurso italiano; Obra abierta(1962), ahondando en la relación texto-lector iniciada por Roland Barthes; continuando la pregunta por los medios masivos en Apocalípticos e integrados (1964); La estructura ausente (1964), Tratado de semiótica general (1975), Lector in fabula (1979), Semiótica y filosofía del lenguaje (1984), y Los límites de la interpretación (1980) se mantienen como algunas de sus obras más significativas en este campo, entre una bibliografía que permanece para ser leída completa.

También su preocupación por los medios masivos se vio reflejada en su última novela, Número Cero (2015). En ella se ataña el tema del periodismo, al cual considera en crisis desde el advenimiento de la televisión. A esto se le suma su angustia por la pérdida de la memoria en las nuevas generaciones: no como una queja de octogenario desdeñoso del mundo, sino más bien como un sabio que entendió, desde su campo de estudio, la importancia del distanciamiento al momento de encararse al desafío de entender el mundo y su relación entre cultura y pensamiento.

Lo despedimos con unas palabras dichas por su nieto, Emmanuelle, en su funeral. A pesar de que hablan desde la familiaridad, sus lectores sentimos que bien podrían ser nuestras, al fin y al cabo, nosotros también viajamos con sus obras.

Gracias por tus historias, por tus libros, por la música que me has hecho escuchar, y por los viajes que hemos compartido. Tenerte como abuelo me ha llenado de orgullo. Gracias, abuelo.

 

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Harper Lee.

Foto: http://mentalfloss.com

 

Harper Lee: “Es mejor quedarse en silencio que ser un tonto”

La cercanía con la genialidad literaria no existió solamente marcada por el pasado, pues en su infancia fue vecina de Truman Capote, también nacido en Monroeville; la amistad que floreció entre ambos escritores hizo que Capote pidiera la compañía y ayuda de Lee para conllevar las entrevistas que le permitirían escribir A Sangre Fría.

Entre las pocas veces que rompió su silencio, se encuentra una alabanza a la adaptación cinematográfica de su novela, realizada por Horton Foote: Creo que es una de las mejores traducciones de un libro a un filme que se ha hecho en la historia. Otra memorable, ocurrió cuando en 1966, trataron de prohibir su novela en las escuelas de Richmond, Virginia, por ser “literatura inmoral”, a lo que ella respondió:

He recibido recientemente ecos de las actividades del Comité Escolar del Condado de Hanover, y lo que he escuchado me hace preguntarme si alguno de sus miembros puede leer.

Seguramente es evidente para la inteligencia más simple que Matar a un ruiseñor deletrea en palabras que rara vez exceden las dos sílabas, un código de honor y conducta, Cristiano en su ética, que es la herencia de todos los sureños. Escuchar que la novela es ‘inmoral’ me ha hecho contar los años entre ahora y 1984, pues hasta el momento no he encontrado un mejor ejemplo de doble pensamiento.

Siento, a pesar de esto, que el problema es de alfabetización, no Marxismo. Por lo tanto, adjunto una pequeña contribución al fondo Beadle Bumble que espero sea usada para inscribir al Comité Escolar del Condado de Hanover en cualquier primer grado de su elección.

Tal fondo terminó usándose para regalar copias de la novela a cualquier niño que escribiera pidiéndola; al finalizar la primera semana ya se habían enviado 81 ejemplares. Como en el pasado, con El guardián entre el centeno, quedó comprobado que la prohibición de un libro sólo incitaba su lectura.

En 2014 su abogado encontró un manuscrito de Ve y pon un centinela en un depósito. En Febrero de 2015 su publicación fue anunciada con justificada polémica: parecía ser un borrador de Matar a un ruiseñor, incluso se encuentran pasajes idénticos en ambas obras. La declinante salud de Lee, y la apenas reciente muerte de su anterior representante legal, Alice Lee, llevó a muchos a pensar en una posible explotación de ganancias por parte de las editoriales.

Reconociendo estas inquietudes como legítimas, es inevitable no sentirse agradecido por la oportunidad de otro pedacito de Lee en Ve y pon un centinela, por más que llene los bolsillos de las editoriales. Quedará su nombre escrito en los anales de la literatura universal, junto a su amigo Capote, y tantos otros que la precedieron.

 

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