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La Estremecedora Embriaguez de Iván

 

 

Un conjunto de ensayos sobre arte y literatura compilados de manera concienzuda, exacta y delicada es ´Variaciones sobre la embriaguez´. Letras que componen un vendaval de poesía, páginas impregnadas de los sentimientos más sutiles y voraces de Iván Olano Duque, un joven escritor, que se estremece hasta el alma ante la insuperable belleza de la creación artística.

 

 

Por: Nathali Aguirre Salcedo.

Est. Licenciatura en Historia

 

Versos musicales sus páginas destilan, la esencia más profunda de las artes, el amor en la eterna espiral de sus variaciones, el estremecimiento estético como objeto preciso de la creación, la historia sobre un frágil hilo que se despliega entre la repetición y el asombro, que elude el tiempo y le llama con nombre de mujer; Olano se aferra al ensayo como vehículo literario, su prosa, lejana de lo concreto y hermana de la poesía, es una búsqueda constante en el infinito mar del conocimiento, un camino entre el placer y las angustias.

Muchos acontecimientos componen el libro 'Ensayos sobre la embriaguez', publicado en diciembre de 2012 por la editorial independiente Hombre Nuevo Editores, muchas metáforas urdidas por el pensamiento que se sabe necesario, mucha reflexión que se manifiesta crítica y ansiosa. Un libro que incita al dialogo, al debate y la discusión, que invita a la embriaguez como sustancia pura del sentimiento artístico, que se refiere al amor como punto de llegada, como inicio de la vida.

Iván abre las puertas de su casa como un corazón dispuesto, su hogar refleja las más profundas obsesiones de un hombre que se enfrenta a las artes con mano, razón y lágrimas; letras en los muros, paredes rebosantes de libros, una nevera casi vacía, varios escritorios colmados de textos desordenados y un diáfano bailoteo de velas iluminan sus noches.

Esta vez me recibe como muchas otras en nuestra larga amistad, y repetimos lo que parece un ritual familiar, un trago para alentar la conversación y un sinnúmero de temas que orbitan con tranquila espera nuestro encuentro. Admiración y cariño habitan mis sentimientos; la música nos amaina con un tango de Gardel y un poema de Fernando Déniz da inicio a nuestra conversación: “La poesía es la casa de los pájaros, la casa del lenguaje. Un ajedrez de mármol soñado por la música y por la luz, las piezas se mueven como palabras en la página del hombre, con estas tres líneas comienza mi vida, con ellas sigo viajando a través de muchos mapas, de muchos cuadros, cortejando metáforas para los días de lluvia”.

 

Las artes, todo aquello que se ve bajo el sol, toda sombra que la noche devela

Es el estremecimiento estético la esencia de las artes, y esa esencia es lo realmente transformador” manifiesta Olano en su ensayo ´El aedo y los colores´, una premisa en su búsqueda insaciable por el origen, por descubrir desde el primer asombro la poesía, la música, la escultura y la arquitectura. Todas sus palabras pintadas de canto defienden las artes en su trasegar histórico y estético, argumenta que éstas parten de un mismo lugar y de esta forma llegan juntas a un final común, que son en conjunto, una esencia que se manifiesta con diversas variaciones. De esta manera Iván asegura, que acercarse a un arte es acercarse a todas a la vez.

Sin embargo, no se resta a críticas y tristezas por un devenir de las artes en un sistema de mercado y consumo, no evita un disgusto ante la vanguardia artística que se evidencia al servicio del dinero; se enfrenta a la publicidad y las pantallas de manera lejana y desconfiada, de esta manera lo expresa, “yo siento, como dice Thomas Mann, que si hay un síntoma que nos indique una verdadera degeneración mental de nuestro tiempo, es la trivialización del arte”.

Acaso la poesía le es una obsesión, la cita y la contempla, la llora y la recita. Dice Olano a palabra firme, “la poesía no nace en los salones tibios, ni en los jardines de los filósofos, yo creo que la poesía nace como un conjuro salvaje, nace al frente de la hoguera. La poesía es la relación estética con el mundo. ¡Es un modo de sentir el mundo!”.

 

El ensayo, género del pensamiento

Con el legado de Borges a la diestra, Iván se aferra a este género indagador, lo hace suyo y con él se deleita, “es muy importante para mi que soy joven, poder escribir ensayos, porque ese ejercicio me obliga a la confrontación, a la discusión. Me encanta la poesía, me encanta la narrativa, pero el ensayo, tiene la virtud de la disciplina y el estudio constante que agradezco”.

Es el género del pensamiento, dice entre sus letras, tal vez recordando a Montaigne pero a su vez rememorando toda literatura que le sea posible. De sus páginas no escapa Shakespeare, Cervantes, Dante, Goethe, muchos menos Homero; el abanico de referentes y exponentes literarios, así como de la música y la pintura, danzan de manera continua e insistente entre sus letras, así Bach, Zuleta, Da Vinci, Thomas Mann, Beethoven, William Blake, Hölderlin, Van Gogh, Oscar Wilde, Rimbaud y muchos otros, le acompañan nutriendo y acompasando sus pensamientos.

Su ensayo ´La locomotora y el silencio´, con el cual mereció una mención especial en el IX Concurso Internacional de Ensayo 'Pensar a Contracorriente', convocado por el Ministerio de Cultura de Cuba; es un texto lleno de pasión, donde el autor expresa de manera extensa y crítica sus sentimientos frente al arte, la tecnología y la cultura, en contraposición con el hombre moderno, y un siglo XX de incesante crecimiento, de avances científicos desmesurados, que impulsan a un detrimento artístico incontenible.

Es el mismo Iván un crítico acérrimo de sus propias creaciones, reflexiona sobre su publicación e indica que, “el ensayo tiene que tender más hacia la concisión, así como se refería Poe al cuento, el cual debe leerse de una sola sentada; y tal vez puede ser un defecto que los ensayos de este libro sean muy largos, porque el lector tiende a cortar la lectura y así también corta los argumentos”.

Olano elige dedicarse a la literatura, haciendo mucho énfasis en la lectura como su mayor vocación, a su vez escoge el ensayo como el género más indicado, lo añora y desprecia con altiva impaciencia de joven soñador, aunque sabe que muchos lo han sentido suyo también, que varios lo han adornado y deconstruido, “hay muchas personas que están haciendo ensayo hoy en Colombia, Willian Ospina, por ejemplo es un grandísimo ensayista”, dice con admiración y respeto.

Una marcada añoranza a Europa sus páginas revelan, una evidencia más de su formación clásica, y aunque mira hacia el continente americano, hacia estas tierras de maíz y flauta hecha canción, de fríjol, de indio, chamán y creación; y aunque admira con anhelo el tambor africano, las pieles negras de la resistencia, creadoras de música y son; una constante Europa se desnuda frente a él, quien la hace suya como un territorio propio a solo un océano de distancia.

Nuevos versos el viento sopla

La omnipresente y temprana muerte de su padre, evidencia en Iván una necesidad inigualable de vida, su seno familiar divagó siempre por las letras y por ello son los libros la herencia más hermosa; en ese hogar nace el escritor, que luego concentrado en soledad rodeado de versos y tristezas, produce su obra. Tal vez rememorando a su padre, el libro es en parte un homenaje a él, así, la portada es un bello óleo del pintor Manolo Torres, al que Iván Olano Henao, su padre, llamó “Retrato anticipado de mi vejez”, una anécdota de sus adentros.

El autor asegura que su temprano contacto con las artes y la cultura, legado de su padre, así como su estancia en la Universidad del Valle, son la clara inspiración poética que lo acercó por completo al mundo literario; de esta forma se enfrentó a la difícil decisión de dejar la composición musical como carrera artística y profesional, la pluma diezmó al piano en su enorme batalla interna de artista implacable, pero asegura que son las artes un mismo objeto con diversas variaciones, así que de esta manera continua haciendo música con sus palabras.

 

Iván Olano es un hombre colmado de sueños, de presencia cálida y corazón amable, de mirada taciturna y sonrisa constante; ahora su espíritu lo aleja más de estas tierras que le vieron crecer y le incita a seguir escribiendo al otro lado del Atlántico, tal vez en la Europa inicial, o en la Francia de Baudelaire, cercano a los jardines floridos de alguna lejana primavera.

 

 

 

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