El Mes Literario

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Critica 1 Resena


 

El Mes Literario

Año 1

 

Por: Jacobo Arango Llanos

Estudiante Lic. en Literatura

 

Primero, una declaración de principios: “Acometer una publicación de carácter cultural ha sido, en todo tiempo en Colombia, una empresa arriesgada y difícil, que raras veces se corona con éxito. Pudiera pensarse que, dada la  tecnología fantástica que ha dotado las comunicaciones con la velocidad de la luz, editar hoy un periódico literario es, poco menos, o poco más, una locura. Hasta podría hacerse el símil de una  carreta tirada por caballos viejos y cansados rengueando por una autopista en la que cruzan y corren vehículos con rapidez vertiginosa.”  La prosa, predecible, recargada, de esta editorial sirve como aviso secreto de una impresión que el lector confirmará al desplegar el periódico. El mes literario es una iniciativa liderada por reconocidos personajes de nuestro sobrio ámbito cultural que suele circunscribirse a Bogotá, como Enrique Santos Molano y el ex rector de la Universidad del Valle, Jaime Galarza.


El lector, animado por estas autoridades patrocinadoras, continua leyendo: “Creemos que para los terrícolas del Siglo XXI reducir el ritmo endemoniado de vida que les ha impuesto la llamada «tecnología de las comunicaciones» es una necesidad suprema. Hay que tomarse el tiempo indispensable para vivir sin continuos sobresaltos y para dominar y someter a nuestra voluntad una tecnología que nos domina y somete a la suya. Hay que recuperar la  calma si de verdad queremos gozar de la vida y de las miles de bondades que nos brinda”. Ciertas palabras, la presencia de una queja hecha lugar común, contribuyen a que la sospecha, por fin, adquiera un contorno preciso: El mes literario es un periódico que bien pudo escribirse en 1950 y se edita en el 2013.


En efecto, así como la revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo, pretendía traer cierto aire vanguardista a la Argentina de comienzos de siglo XX, es posible notar un enorme interés por el pasado en El mes literario. En el primer número, por ejemplo, como celebración de los 45 años de la primera edición de Cien años de Soledad, se reproduce un ensayo del ínclito escritor uruguayo Mario Benedetti (1920-2009) y un cuento inédito de Balzac. Las ediciones siguientes continúan en la misma línea,  con un ensayo de Rubén Darío, dos poemas de Whitman y media página que recuerda el centenario de la muerte de Soledad Acosta de Samper. Si bien hay espacio para algunas reseñas de libros recientes, artículos sobre el Teatro Libre, Coetzee y Le Clézio, el recuerdo, a falta de mejor palabra,  es una constante que predomina en el periódico cultural.


El lector, que conoce ese enfermizo gusto  de las revistas y panfletos locales por exhibir un cosmopolitismo falso, que se reduce a traducir artículos menores y buscar, en lo posible, columnistas con apellidos ingleses, acaso sepa agradecer el tiempo desplazado en el que es posible adentrarse desde las páginas de El mes literario. Las futuras ediciones dirán si este rasgo (ciertamente original en los “tiempos que corren”) irá más allá del lenguaje y ciertos nombres que todos enuncian, a salvo del olvido que caerá sobre los autores de hoy. La inmortalidad le pertenece al pasado.

 

 

 

 

 

 

 

Un público satisfecho por las claras y

AUSTIN TV:
Descarados enmascarados

 

“Sin palabras exigimos la verdadera libertad.

Realmente, la boca no abarca lo que el corazón siente”.

-Proverbio Filipino

 

Por: Alirio Delirio

 

Esa noche, en la mitad de la pista donde muchos bailamos, se alinearon los cinco enmascarados “cuyo rostro no importa”. Más de cuatro años esperamos desde el anuncio de tenerlos por vez primera en Cali, ciudad caliente que amenaza con lluvia a su gente. Austin TV, tanto fue y no se cumplió. Más de cuatro años y esta vez el cielo se dispuso a escuchar melodías extranjeras, sin refutar con argumentos de llovizna. Esa noche no llovió como es costumbre en esta fecha. Aquél concierto no sonó como uno más. Ese no fue otro recital de los que se hacen en Cali. Fue el mejor que podíamos dar.

 

La última noche del mundo

El miércoles 8 de mayo en un lugar llamado Alterno Bar, vimos el renacer de la escena independiente. Tres bandas locales -una de ellas ya reconocida en la escena underground, Null- se encargó de abrir la voluntad de los oídos asistentes; Los Hotpants, una banda de shoegaze post-rock con poco menos de dos años, y Desnudos en Coma, ya radicada en Bogotá y de gran futuro, calentaron la noche y dispusieron la tarima para darle paso a los invitados de honor, por quienes asistimos sin importar el día siguiente y sus deberes.

 

Como pólvora sonó su primera canción, “El Secreto (de las Luciérnagas)”, fue cerrar los ojos mientras con los brazos abiertos bien se puede imaginar tener alas, volar o pasear en bicicleta. No desesperen, observen… Siguió una canción tras otra sin dar tiempo para asimilar la magnitud de música que escuchábamos. Al poco tiempo nos enteramos, ya iban por una de las mejores, “Rucci”.

 

Un viaje

Al bajar las distorsiones de las guitarras, más no las palpitaciones del corazón, logramos percibir un Austin TV más maduro, enamorado de su qué hacer. Armonías melancólicas trajeron por un momento la calma a quienes, desde abajo -con o sin pareja-, bailábamos tal vez una suerte de vals post-rock. A pesar de la calma no hubo pasividad, pues el voltaje no descendió; levantando la cabeza entre quienes necesitan comparaciones musicales para saber a qué nivel ubicar la banda, quedamos complacidos al escuchar “Around the World” de Daft Punk, que por cierto salió perfecta.

 

Después de alargar lo suficiente la noche, llegó el turno de “Shiva” y aunque todos esperábamos que fueran ellos quienes se lucieran con la interpretación de su himno, la realidad fue otra. Una cosa es subirse a la tarima y tocar para un público, y otra muy distinta es dejar al público subirse a la tarima y que ellos toquen la canción por el artista. Error mío sería no citar en este momento su lema insignia “Tu cara no importa, importas tú”, y eso fue lo que demostraron cuando permitieron a tres asistentes manejar los instrumentos a su antojo, mientras Austin TV disfrutaba bailando, siendo un público más, otro encantado espectador.

 

Asrael o Cali

Es difícil imaginar que después de pasar por festivales como Coachella o Rock Al Parque, una banda mexicana y de renombre internacional -casi universal- termine tocando en la desolación de una ciudad enfatizada en percusión más que armonías. Y digo universal en este caso, pues el lenguaje de su música no es otro que la misma; las letras no son más que adiciones para complementar el sonido. Seguro este fue uno de los mejores conciertos que Cali ha vivido y pensado tener, por y para la escena independiente.


Y así fue la noche. Mágica. Con la luna sonriendo entre dientes. El baile de la música instrumental encaró lo que se creía en un comienzo perdido. La cantidad de asistentes no era acorde con la energía que cada uno de sus cuerpos expiraba entre sudor, y pese a sentirnos rendidos por no saciar al tope un sitio como Alterno, se llenó más que de público, de buena música, algo que ha hecho falta por acá en esta ciudad, algo abandonada desde hace tiempo.


“Hombre Pánico” fue la última canción, y la única en la cual usaron los micrófonos para cantar y acabar el show, de forma emotiva y al unísono “Un Dos Tres Cuatro. Un Dos Tres. Un Dos Tres Cuatro Cinco. Un Dos”, se entonó el coro que, a pesar de estrepitoso e inmemorable, todos
supieron enumerar al corte y con el tiempo que debe ser.

 

Con lo sucedido el miércoles 8 de mayo quedó demostrado el compromiso del público alternativo asistente -aunque poco para lo que prometía-, con una excelente acogida a shows internacionales y de calidad. Cali como público, dejó la mejor impresión esta vez. Seguro así seguirá siendo, pues la importación de nuevos sonidos al territorio estaba casi sujeta a la acogida de aquél concierto. Por cierto, hay que prepararse para lo que viene más adelante, pues las bandas locales prometen una nueva y excelente representación de la ciudad.

apropiadas ponencias es el resultado de cuatro jornadas de argumentación y debate. Un importante ejercicio que posibilitó poner a la luz los cuatro siglos de las Novelas Ejemplares, lecturas actualizadas y la mezcla de disciplinas; cruces interesantes para ampliar públicos y la comprensión de un autor con merecido reconocimiento, quien con su obra marcó el 23 de abril como el Día de la Lengua, el día de Cervantes; pero que enfrenta dificultades de comprensión por su lenguaje. Combatir esto es el oficio de estos encuentros.Un universo dialógico

 

Congreso Internacional Cervantes

Escenarios y fronteras de la ficción