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De La Colina Para Abajo

FOTO MI BARRIO 

Calle Barrio San Cayetano

Foto: Dayana Obando

 

 

  

 

De la colina para abajo

Porque a la Loma de la Cruz va todo el mundo

 

La comuna 3 de Cali se mantiene intacta en la conformación de sus barrios, sus calles y los recuerdos que evocan una época ya lejana, sin embargo, con el paso de los años los cambios más drásticos han sido los generacionales. El barrio San Cayetano es un barrio antiguo y ahora se enfrenta a la inminente llegada de una generación más joven y comercial.

 

Por: Luisa María Rodríguez

Estudiante de Psicología

 

Doña María Luisa recién cumplió 80 años, 68 de ellos los ha vivido en el barrio San Cayetano de la comuna 3. Corría el año 1.946, ella tenía 12 años, su padre - un trabajador del antiguo ferrocarril del pacifico - compró una casa en la carrera 16 con calle segunda. Con siete metros de ancho y 28 de largo, el diseño de la casa era creación del albañil Ramón Ríos, quien construyó la mayoría de las casas vecinas. Doña María Luisa se ríe mientras cuenta: Don Ramón nunca se puso zapatos, andaba descalzo y se movía entre las paredes de adobe semiconstruidas con una agilidad increíble. Toda la cuadra la construyó él sólo.

A finales del siglo XIX, San Cayetano era sólo un gran pedazo de tierras repartidas en unas pocas fincas propiedad de grandes terratenientes. Pocas casas rodeaban en montículo de tierra donde se ubicaba la parroquia de San Cayetano, que ha vigilado desde mitades del siglo XIX la construcción del barrio, que tomó nombre en la década de 1920, aproximadamente. De esa época proviene una de las leyendas características del barrio y que da lugar a uno de los sitios turísticos más emblemáticos de la ciudad: La loma de la cruz: La leyenda de la mano del negro es del tiempo de los esclavos. Siempre se ha dicho que un moreno le pegó a la mamá y salió corriendo. Entonces la tierra se abrió y se lo tragó como castigo. Sólo le quedó una mano por fuera; es lo que cuenta una de las artesanas mientras abre su local en la mañana.

De esa época, sólo se conservan la leyenda y el monumento en ladrillo, con una mano negra al lado de una cruz blanca que se ubica justo al lado del CAI del barrio. Sin embargo, la cruz no siempre ha estado en ese lugar, la movieron durante la construcción del Parque Artesanal, en la década de los 80, cuando la Loma dejó de ser un montículo de tierra sin ninguna iluminación y comenzaron a pavimentarse y a construirse los primeros locales debido a la inversión de la empresa Artesanías de Colombia, que a principios de los 90, le cedió el parque al municipio y los artesanos locales. Antes de las remodelaciones y la ampliación el parque no era más que una cruz pequeña de color blanco puesta ahí por la misión franciscana, que se vislumbraba con pena en la subida de la carrera 16.

Doña María Luisa y los pocos contemporáneos que aún quedan por las calles del barrio, no olvidan una de las épocas más crudas durante el desarrollo, en los años 50, cuando Rojas Pinilla era presidente; ellos eran adolescentes en ese momento y las callejuelas del barrio sólo podían andarse a caballo. Cuentan con voz suave, que por ahí mataron a varios. Nos asomábamos por las rendijas de la ventana cuando en la esquina se paraba el hombre en el caballo y decía: “apaguen la luz”. Y al que estaba por fuera lo mataban. Lo mataban y atrás venía un carro recogiendo los muertos. Había un tren que le decían “el tren de la muerte”, porque iba y tiraba los muertos al río Cauca. Los muertos casi siempre eran los estudiantes de Santa Librada, porque eran los que iban en contra del gobierno de Rojas Pinilla.

Cuenta también que sí usted quería coger un bus tenía que bajar a la quinta. Nada subía por allá. Era pura tierra. Nosotras cocíamos desde bien muchachitas y lo que ganábamos íbamos al hipódromo a jugarlo. El bus nos dejaba en San Bosco y teníamos que subir a la casa a pie. Las calles del barrio sólo comenzaron a ser pavimentadas a mitad de la década del 70, cuando se cercó el caño que atravesaba el barrio, donde se encuentra actualmente el Centro de Salud de Cañaveralejo hasta la carrera 17. Sin embargo, no todas fueron pavimentadas de inmediato y el proyecto duró algunos años hasta que se completó.

Para ese entonces, una de las anécdotas más curiosas, e incluso fantasiosa, que narra doña María Luisa se relaciona con los capos del narcotráfico del Valle, los hermanos Rodríguez Orejuela, de los que dice que tenían una droguería por la parte de atrás de Santa Librada. Y se las quitó un prestamista. Uno de ellos vivía en la carrera 17, y su esposa hacía toldillos para venderlos. La vida los trató muy mal, incluso fiaban kumis para comer, eso sí, siempre pagaban. Dice que tiempo después se fueron del barrio y que la sorpresa de los vecinos fue descubrir el camino que habían tomado los hermanos.

Sin embargo, no han sido la única figura reconocida que ha pasado por el barrio. Una de las personalidades más recordadas en las calles, no es otro que el Barbero de San Cayetano, Orlando Usma, que ha labrado su historia desde los inicios del barrio, con su pequeño rincón de barbería tradicional y donde los afiches de diversas celebridades – de todos los orígenes e índoles – observan desde las esquinas su magistral trabajo con la cuchilla.

También está Christian Camilo Arayón Espitia, joven atleta nacional de salto, alto ganador de múltiples medallas. En su corta carrera, ha vivido incluso en China y competido en Londres, Rusia y otros lugares; su familia reside en la carrera 17, en una casa que trabajo les ha costado conseguir, mientras él continúa con su promisoria carrera como clavadista.

Sin embargo, en la actualidad el barrio y sus habitantes enfrentan un nuevo reto, ya lejano de las calles de tierra, de las historias de esclavos e incluso, capos del narcotráfico, en palabras del presidente de la Junta de Acción Comunal, Fabio Gómez, el mayor reto de San Cayetano es hacer coincidir las diferentes generaciones que ahora viven él. San Cayetano siempre ha sido un barrio de viejos, he vivido toda mi vida aquí y siempre fueron pocos los niños y jóvenes pero ahora nos vemos acorralados por grandes cambios, y el más importante de todos, es la comercialización de la zona y como eso trae generaciones cada vez más jóvenes.

No sólo se trata de lo comerciales que se han vuelto sus calles, más aún, las cercanas al Parque Artesanal Loma de la Cruz sino las implicaciones que suponen para los pobladores, en palabras del presidente de la JAC, las personas, sobre todo los mayores, han sabido convivir con ese cambio y aceptar de buena gana a los jóvenes pero no todo es bueno y desde la JAC estamos adelantando trabajos constantes para el principal problema del barrio que es el consumo. No queremos que nuestros jóvenes se vean perjudicados por consumo de sustancias o delincuencia, por eso hemos adelantado muchos proyectos, tanto con la policía como con los vecinos.

Doña María Luisa, en cambio, asegura que eso no es problema de ahora, por aquí siempre ha habido ese lío. Consumen y venden droga, sobretodo en el parque; y ha habido muchos por aquí que han tomado mal camino, viciosos, ladrones… pero no todos, no todos. Palabras que son repetidas por varios de los vecinos, sobretodo, los más cercanos al Parque Artesanal, que reconocen las labores que se han venido adelantando por la seguridad de las personas que visitan el sitio turístico y de los vecinos, incluso la Casita de los Ruiseñores, iniciativa adelantada por el ICBF para los menores de la comuna 3 y que terminó su construcción hace poco. Aún queda mucho por hacer, es lo que asegura Fabio Gómez.

Mientras tanto, San Cayetano sigue siendo punto de referencia para conocer la historia caleña, sitio turístico por excelencia de alemanes, ingleses, estadounidenses y muchos más. Vivó aquí hace unos meses, ya casi un año, de Cali ha sido el lugar que más me enamoró y mientras me decido a volver a Alemania, me gustan mucho estas calles, este aire; son las palabras de una extranjera que se sienta en la rotonda del parque a tomar fotografías de los niños que juegan a la lleva. Su cabello rubio ceniza se mece con el viento y se cruza de piernas mientras suena el clic de la cámara, hay algo aquí que no había encontrado en otro lugar, las risas, las miradas… tal vez es algo que se mezcla con magia. El parque es muy bello, la Loma tiene algo de tranquilidad. Y me encanta la vista de la iglesia, allí en su colina, vigilándolo todo. ¿No hay una canción? Creo haberla escuchado… dice que a la Loma de la cruz, va todo el mundo.

 

 

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